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Archive for 20 octubre 2016

No tengo ni padre ni madre,
no tengo ni patria ni Dios,
no tengo ni cuna ni sudario,
no tengo ni sombra de amor.

Hace tres días que no como
siquiera un pedazo de pan.
El poder de mis veinte años
se lo venderé al mejor postor.

Y si nadie quiere comprármelo
al diablo se lo ofreceré.
Robaré, puro el corazón,
y, si es preciso, mataré.

Seré atrapado y luego ahorcado.
La santa tierra me cubrirá
y la fatal hierba crecerá
desde mi hermoso y puro corazón.

Attila Jozsef

La calle permanecía desierta y el clima parecía empeorar a cada segundo, desde el estrecho pasillo se observaban las ventanas débilmente iluminadas a su alrededor, por entre los edificios, todos buscando un refugio mientras las sombras iban ganado terreno a la tenue luz de un nublado atardecer.

Moradas pobres, cenas paupérrimas probablemente, en todas y cada una de ellas, un caserío muggle igual que cualquier otro, y aun así envidiaba su suerte, la de sentarse en un hogar alrededor del calor de una chimenea, disfrutar de una amena charla que reconforte el alma y algún liquido caliente que reconforte el cuerpo, aunque sabía de antemano que no habría charla que pudiera reconfortar su alma maldita, y no había liquido caliente que pudiera calmar este dolor aunque últimamente era difícil distinguir entre el dolor físico y el que le apretaba el pecho. Entre el rio de lava que desafiaba la gravedad de su muñón al hombro y la piedra fría que atenazaba su corazón.

Más que difícil, imposible era la palabra para describir que había pasado esa noche, sus ropas desgarradas y la ausencia de su varita, un ligero recuerdo de su última noche en Hogwarts le dieron la certeza que no había existido la cura, y los periódicos olvidados y la ausencia de su brazo le indicaban que, de algún modo que no terminaba por entender, había tomado parte de alguna manera en el asesinato de James y Lily.

La resistencia estaba acabada, eso le quedaba claro, con James asesinado, con Black a la fuga probablemente como cabeza de turco y con el ministerio buscando a Tom y Bella y Weasley tras las rejas por actos de terrorismo no había nada que la mantuviera en pie.

La chica también había desaparecido, Sam, quizás Sirius la hubiese llevado consigo, no ahí había algo que no concordaba, ¿Cómo habían aparecido James y Lily asesinados en casa de Sam cuando se suponía que Sirius la había abandonado hace meses? Algo no estaba claro, el único respiro que pudo tener fue que Lily y James cayeron bajo maldiciones asesinas y que Sirius había sido culpado por ello, injustamente por supuesto, ni por un segundo le cupo en la cabeza que Sirius llevase a cabo algo así, el cazador sin duda armado con la varita de Sirius lo había hecho, pero ¿cuál había sido el papel del lobo? Un estremecimiento detuvo sus cavilaciones, el frio ahora parecía adentrarse en sus huesos, quizás lo mejor era olvidarse de todo, acomodarse en una esquina de este callejón y esperar su hora, quizás por la mañana todo hubiese acabado, de una vez y para siempre, aun así tuvo la esperanza, esta era la hora que pasaba frente a su escondrijo, la calle seguía viéndose desierta desde su perspectiva, pero sabía que ella aparecería por la calle a su espalda, siempre con una pieza de pan y algo de beber, el fantasma de un sentimiento de vergüenza le paso por el pecho, pero era solo un fantasma, su vergüenza se había ido con su brazo, con sus amigos, con su inútil esperanza de curarse un día, quiso voltear, asegurarse que llegaba pero no soportaría observar una calle vacía igual a la que estaba frente a él.

Esperó unos minutos, tratando inútilmente de abrazarse a sí mismo, era imposible ahora con un solo brazo por supuesto pero seguía olvidándolo, y el dolor lo atacó inmisericorde y despiadado, la calle se desdibujaba en un haz luminoso, pero un calor lo invadía, los muggles decían que era una muerte agradable, era como flotar, solo había que abandonarse y el dolor y el frio lo abandonaban, incluso un aroma delicioso flotó a su alrededor.

Si, esto era el fin y Remus le daba la bienvenida agradecido, unas manos lo tomaban de su cuello y le erguían la cabeza, un líquido caliente, salado y jugoso le pasaba por el paladar y de ahí a su garganta escociéndole un poco y haciéndolo toser, pero a la vez un instinto primitivo lo hizo levantar ávidamente su boca mientras sus entrañas rugían ansiando más de ese delicioso néctar.

-Tranquilo hijo- le dijo una voz conocida, era ella– La sopa esta algo caliente y puede hacerte daño si comes demasiado, tómatelo con calma.

Cuatro, cinco porciones más de aquella sopa aclararon su vista y su mente, ya no estaba en el callejón, estaba sobre un sofá mullido, un fuego débil ardía a unos cuantos pasos de él y la anciana lo observaba con una sonrisa levemente desdentada mientras apuraba una cucharada más.

 Gracias quiso decir, pero solo salió un quejido ronco de su garganta.

-No intentes hablar hay algo mal con tu garganta, este clima no es bueno para la salud. Quizás mañana pueda conseguir algo de medicina, por el momento deberá bastar con remedios caseros y un poco de calor de hogar.

Remus asintió y trato de poner en su mirada todo el agradecimiento que no podía expresar verbalmente.

-Tranquilo, habrá tiempo de charlar, ahora termina tu porción y descansa.

Dio cuenta de la sopa restante por su propia mano y se recostó nuevamente, mientras la anciana lo cubría con un grueso edredón. El sueño lo venció casi de inmediato, no alcanzó a notar cuando la anciana le besó la frente, tampoco cuando su espalda doblada bajo el peso de los años se irguió recta y fuerte nuevamente y su abultado abdomen desaparecía mientras elevaba su estatura varios centímetros y su pelo anteriormente cano brillaba con un alegre tono rosa.

***

El atardecer parecía estar asomándose en el extremo del lago mientras que de su lado era ya noche cerrada, el espectro de la luna se reflejaba y bailaba distorsionándose al compás de las piedras que eran lanzadas a sus aguas.

-Deberíamos ir a descansar Harry- la voz de Hermione sonaba temblorosa, -Mañana continuaremos el entrenamiento al amanecer y por lo que he notado las noches suelen ser el único tiempo normal que ocurre aquí.

-¿Y cuál es el punto de continuar entrenando?- contesto Harry tomándose una pausa para lanzar una última piedra antes de levantarse, se sacudió las manos en las perneras como tomando tiempo para formular su pensamiento.

-Empiezo a dudar si realmente esto nos va a servir de algún modo, por más que intento recordar no logro escuchar las palabras exactas que nos dijo ese tipo, o lo que sea que haya estado en esa habitación, quisiera al menos tener la certeza que me aseguro que el reloj era para mí.

-No lo hizo.

-¿Cómo?

-La sombra, no lo hizo, en ningún momento menciono que el reloj fuera tuyo, sus palabras exactas fueron que el reloj que corre hacia atrás era un artefacto muy raro y que solo puede ser usado una sola vez, y que podía regresar en el tiempo a una persona hasta donde esta lo desee y en el lugar que esta elija. Lo ves Harry, a “una persona” en ningún momento te menciono exclusivamente a ti.

-Gracias Hermione ya me siento mejor.

-No necesitas ser tan grosero- respondió Hermione dándose la media vuelta.

-Lo siento- Harry corrió hacia ella sosteniéndola por su hombro, – es solo que acabas de confirmarme lo que me temía, el reloj es para Ryujan y lo regresara a Kamigawa cuando esto termine.

-No, eso tampoco pasara.

-¿Cómo dices?

Hermione reprimió su deseo de poner los ojos en blanco y trato de explicárselo con la mayor paciencia que podía reunir.

-No tiene caso meter a alguien aquí mil años y esperar a un chico que ingrese a Hogwarts para después regresar el tiempo hasta el inicio, ¿no te parece ilógico? ¿Qué sentido tendría eso? Ryujan solo menciono que el reloj le serviría en un futuro, pero sospecho que tampoco a él le va a servir de la forma que espera.

-O sea que tenemos esperanza, podemos regresar a un día antes de Halloween, puedo hablar con mis padres y prevenirlos…

-Harry.

-…puedo contarle a Ron sobre su padre, no tendrá que pasar nada de eso.

-HARRY- grito Hermione exasperada, -Eso tampoco va a pasar, él lo dijo, ¿no lo escuchaste? “No hay magia capaz de regresar a los muertos, yo solo te ofrezco esperanza” “La habitación puede conceder todo aunque no siempre del modo que se imaginan”, él fue muy específico en una cosa, “se te concedió el poder de traer de vuelta a tu hermana y derrotar a los asesinos de tus padres, de darle esperanza al mundo mágico”. ¿Cómo podía regresarte el tiempo a cuando tus padres estaban vivos y derrotar al mismo tiempo a sus asesinos?

Harry volvió a sentarse de forma mecánica en el suelo, se sentía nuevamente aplastado por esa sensación de responsabilidad, como esa vez en la habitación cuando le revelaron…

-El mencionó algo, dijo que todo iniciaría con un niño negando su existencia, ese soy yo, ¿quiere decir que yo ocasione todo esto?

-No, los eventos se desencadenaron antes de que tú llegaras a esa habitación. ¿Cómo hubieras querido desaparecer teniendo a tu lado a tus padres?

-Se revuelve mi cabeza, ¿Por qué diablos terminamos aquí?

-Quizás es como dice Ryujan- Hermione tomo asiento a su lado tomándolo por el brazo y recargando su cabeza en el hombro de Harry –Estamos aquí porque alguien tiene que hacerlo.

La figura espigada se apartó de entre los árboles, había escuchado la conversación desde el principio cuando fue detrás de Hermione para… ya había olvidado para qué. Así que no habría rescate heroico, que se habían metido en una aventura sin pies ni cabeza y que iban a sacrificar su niñez por nada. Se apartó con coraje una lágrima de la mejilla y se meció su rojiza cabellera, ella parecía cómoda al lado de Harry, quizás era momento de dejar de seguir a todos como borrego y empezar a ver la manera de terminar con esto, y cuanto antes mejor. La puerta apareció súbitamente sobre un viejo tocón una sola perilla reposaba en ella, no había consistencia de humo solo metal sólido y pulido  y el marco de la puerta  brillando contra la noche. No lo dudo más, la perilla se sentía caliente y Ron la sintió girar entre sus manos un calor abrazador lo invadió mientras sentía que caía al vacío. La puerta se cerró con estrepito a su espalda cuatro perillas con la consistencia del humo permanecieron en ella.

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