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Archive for 30 julio 2011

Las mariposas en el estómago se habían convertido en murciélagos y Harry estaba convencido de que sus intentos por desayunar serian inútiles, por lo que solo bebió un vaso de jugo y salió de prisa del comedor con destino a los vestidores. Su nueva Nimbus 2000 reposaba sobre su hombro pareciendo una parodia de vagabundo. Ron, Neville y Hermione  le habían prometido que estarían en las gradas alentándole, Neville le había dicho que lo haría de manera discreta por estar en la casa de Slytherin, pero que podía estar seguro que contaba con su apoyo, por algún motivo este pensamiento le provoco una risa clara y firme, lo que aligeró un poco los murciélagos que tenía en el estómago. De cualquier manera, la sensación que había tenido durante la mañana, aquella que le decía que todo iba a ser estupendo ese día, parecía haberse evaporado de manera tan sutil que ni siquiera lo había notado, este pensamiento le produjo un resquemor en el pecho haciendo latir su corazón más de lo normal como si hubiese corrido más que caminado el trayecto a los vestidores.

Oliver ya se encontraba ahí, y tenía cara de haber pasado la noche en vela estudiando su tabla de quidditch.

-Hola- dijo Harry de modo desganado.

Oliver se tomó unos segundos para terminar de ver los movimientos de las flechas y despues respondió con algo parecido a un “Hooeeoola” acompañado de un prolongado bostezo.

-Ya tengo listo el esquema de juego para nuestro equipo, nos basaremos en nuestra velocidad y agilidad para eludir la fuerza de los golpeadores de Slytherin.

Harry intento sentirse reconfortado con la sonrisa de Wood, peor no lo consiguió del todo, aguardo recargado contra la pared y dejo que Wood se sumiera de nuevo en su estudio de su tabla. El resto del equipo fue llegando en los siguientes treinta minutos, con los acostumbrados “Hola” y “¿Qué tal?” mascullados para todos y para ninguno en especial.

Harry medio oyó la explicación que Wood dio sobre el sistema de juego, asintió con vehemencia fingida cuando se le arengó sobre sus intenciones de “destrozar a Slytherin” como el más entusiasmado de ellos, pero sin sentirlo realmente, tenía en mente lo que iba a hacer y confiaba en que no le diese dificultad, lo había practicado mucho tiempo y creía dominar el movimiento a la perfección. Quizás a eso se debía, el sabia por anticipado el resultado del partido que iba a tener en (ya solo) 10 minutos y la imaginación que había puesto en vivirlo nítidamente una y otra vez a lo largo de la semana anterior y de la anterior y del año anterior a su ingreso a Hogwarts parecían haberle quitado la emoción al momento real. En fin, él tenía que cumplir y conseguir la victoria para su equipo, sus papás estarían ahí y también su tío Sirius además de sus nuevos amigos, y no le importaba que Neville disimulara su apoyo a Gryffindor siempre y cuando fuese sincero.

Al momento de saltar el campo y escuchar el grito de “…y Potter” del anunciador terminando la presentación de Gryffindor no vino a su mente ninguna idea de estar en la copa del mundo representando a Inglaterra ni la etérea ovación de miles de gargantas coreando su nombre que en tantos sueños lo había acompañado. Lo único que interesaba a Harry, por un impulso que no entendía, era encontrar en el público a su familia y a sus amigos, encontró a estos últimos, al menos a dos de ellos, Hermione estaba en las escaleras a un lado de los Gryffindor, en actitud parecida a un espontaneo de esos que ingresan a hacer locuras a los campos de vez en cuando y que están a la espera de que la autoridad descuide el hueco elegido para colarse, Neville por su parte se encontraba en las butacas de Slytherin, lo bastante cerca del campo por lo que Harry creyó ver una sonrisa y un leve movimiento de labios que solo podía significar “Buena Suerte”.

El ánimo subió un poco pero no lo suficiente, sus padres se perderían el partido, aunque estuviesen en el castillo de camino al estadio, no les daría tiempo para ver lo que Harry había preparado.

El silbato sonó y la snitch fue liberada junto con ambas bludgers mientras Madame Hooch elevaba la quaffle la cual quedaba en posición de Alicia Spinnett…

Spinnett le lanza un pase a Bell, esta elude una bludger lanzada por un golpeador de Slytherin, ¡Vaya movimientos de esta chica! Lanza un pase a Johnson, Angelina esta de frente a los aros lanza y… hay un pitido del árbitro, ¿Qué marcó?… – el murmullo crecía y las miradas estaban dirigidas al buscador de Gryffindor que estaba de pie en el centro del campo con aire de autosuficiencia.

-Woow No me lo creo, Gryffindor ha ganado, el marcador es de 150 a 0 Harry Potter tiene la snitch, déjenme ver, de verdad esto tengo que verlo- Tomó un par de binoculares que tenía a un lado y observo a través de ellos, cambio la pantalla hasta que el apellido Potter apareció.

Harry había emprendido un vuelo ascendente justo despues del pitido, la snitch siguió una trayectoria desde los aros de Slytherin hasta el centro del campo, Harry calculó el momento exacto dejándose caer en picada para interceptar la Snitch justo a tiempo para frenar su escoba y aterrizar de forma suave en el centro del campo, todo en un tiempo de 47 segundos.

Siii!, Harry Potter atrapó la snitch y, a menos que la Directora Mcgonagall diga lo contrario creo que tenemos un nuevo record, este chico promete, se los digo en serio…

Abajo los compañeros de Harry se unían al festejo abrazando, palmeando y felicitando a Harry los gemelos Weasley lanzaban sus puños al aire en señal de victoria, con todo y eso Harry seguía sintiéndose ausente, busco de nuevo en las butacas a sus padres pero lo único que vio fue a Hermione y Neville acercándose a él.

Harry levanto la palma derecha en dirección a Neville pero la bajo a medio camino al ver el semblante en las caras de ambos.

-¿Qué pasó?- la sensación en su pecho creció haciendo parecer que un camión estaba pasándole por encima triturándole.

-Creo que deberías venir con nosotros Harry- dijo Hermione, la cual tenía los ojos nublados por una película de agua.

-Y ustedes también deberían venir dijo Neville dirigiéndose a los gemelos.

El trayecto hacia el gran comedor se convirtió para Harry en un borrón de personas que intentaban felicitarlo a las cuales eludía sin la más mínima consideración, el comedor parecía estar vacio a excepción de unas pocas personas que rodeaban a uno de los alumnos el cual parecía haber perdido todo el color de su rostro.

-Ron ¿qué pasó? Pregunto Fred.

Ron no pudo contestar, hizo un ademán dirigido a un ejemplar del profeta abierto por la mitad donde se observaba a un hombre haciendo movimientos de negación con la cabeza, una cabeza con una calva incipiente en su rojiza cabellera, mientras era conducido a una celda.

El titular rezaba “Empleado del ministerio detenido por actos terroristas”

George se adelantó a su gemelo y de un tirón tomo el periódico de la mesa leyó de forma pausada como si el aliento le faltase.

El día de ayer fue detenido el Sr. Arthur Weasley  acusado de supuestos actos de terrorismo al destruir un edificio con una bomba de manufactura muggle. Dicha bomba había sido decomisada por un grupo de aurores a un grupo delictivo, del que se cree Weasley forma parte, toda vez que expresamente había solicitado la custodia del aparato detonador alegando que era “inofensivo” y “para el estudio de sus componentes”.

La sustancia explosiva fue robada ayer por la tarde por un mago, en lo que los expertos calificaron como “un trabajo interno” al ser detenido la varita del Sr. Weasley demostró haber realizado los hechizos para robar dicha sustancia.

El Sr Weasley tiene una larga experiencia en artefactos de manufactura muggle, lo que algunos de sus compañeros califican de obsesiva en extremo…

-Mentiras- dijeron George y Fred al unísono, arrojando el periódico sobre la mesa.

Para Harry la ligera hoja de papel que ofrecía la portada del periódico representó en su mundo lo mismo que la bomba había representado para el edificio de la resistencia, esa ligera hoja de papel cayó como un mazazo sobre su cabeza, la portada exhibía las fotos de sus padres, sonrientes y ajenos a que el mundo de su hijo se derrumbaba por completo. Harry leyó varias veces el titular en negándose a aceptar lo que decía.

“Asesinan al Jefe de Aurores y a su esposa. El ministerio busca pistas del asesino”

-No, no, no, no, no… –Harry seguía negando con su cabeza mientras gruesas lágrimas escurrían sobre su rostro nublándole la vista.

La directora Mcgonagall fue la primera en dirigirse a ellos, se acercó a Harry y paso un brazo por encima de sus hombros, esperaba ser rechazada por el chico, pero este solo atinó a seguir llorando y a hundir su cara en la túnica de la maestra.

-Eso, desahógate, Harry, por favor acompáñame a mi despacho, hay alguien que quiere verte, -despues se dirigió a los Weasley.

-Estas personas son aurores del ministerio quieren hacerles unas preguntas, el profesor Snape estará como testigo para cualquier cosa que necesiten, Sr Longbottom, Srita Granger, les agradezco su ayuda, pueden retirarse a sus salas comunes.

– Quisiera acompañar a Harry – dijo Hermione- Claro, si es posible. -Dijo  bajando la voz ante la mirada de la directora.

-Entiendo pero, comprenderás que con la presente situación…

-Está bien, yo quiero que venga- dijo Harry con voz acartonada, la directora dedico solo unos instantes antes de tomar una decisión.

-De acuerdo, acompáñanos.

Emprendieron el camino seguidos por la vista de un cabizbajo Ron que se sentía, si era posible, aún más triste.

El despacho de la directora Mcgonagall era una habitación circular a la cual se llegaba por unas escaleras ocultas tras una gárgola. Harry, quien parecía un poco más controlado, subió las escaleras con la sensación de que cada paso le suponía un esfuerzo inconcebible, pero el letargo en su pecho crecía de forma que ardía como un fuego que amenazara con salirse de control, sabía que su padre tenía una profesión peligrosa, pero él era un excelente mago, no concebía la idea de que alguien pudiese derrotarlo en un duelo, no en un duelo justo al menos. Asesino, había un asesino y en la mente de Harry se formaba un grotesco rostro al que podía culpar y en quien podía volcar toda esa ira que quería consumirlo.

Harry reconoció al hombre que estaba frente a la ventana del  despacho, había estado compartiendo la cena con ellos en la festividad de Halloween, quizás ayer para el resto de las personas, pero para Harry parecía haber pasado hace años, cuando el mundo aún tenía sentido y sus padres y su hermana… Su hermana.

-¿Que paso con Ellie?- preguntó sin ceremonias dirigiendo su mirada alternadamente a la directora y al ministro de magia.

-Lamento Harry, y no sabes cuánto, tener que decirte que desconocemos el paradero de tu hermana. –Pronuncio el ministro con voz queda pero que sin embargo fue perfectamente audible.

-¿Y ya saben quién fue?- preguntó Harry nuevamente, al demonio las condolencias de este viejo inútil que no pudo proteger a sus padres, lo que él quería era al culpable y hacerlo pedacitos pieza por pieza y arrancarle el paradero de su hermana con pedazos de su piel si era posible.

-Cierto fuimos inútiles en defender a tus padres- dijo el ministro.

Aparentemente estaba enterado de los pensamientos de Harry, o quizás había hablado en voz alta, para lo que importaba.

-Sin embargo tenemos pistas que nos pueden aclarar la identidad del asesino de tus padres y esperábamos que tu pudieses ayudarnos, sé que es difícil en estos momentos, pero comprenderás que mientras más pronto identifiquemos al culpable más posibilidades hay de atraparlo y de recuperar a tu hermana.

-Dígame como puedo ayudarlo, lo que sea, puede estar seguro que lo hare con gusto.

Albus mostro una sonrisa de satisfacción, todo iba sobre ruedas.

-Esperábamos que pudieras identificar esto.- y uniendo la palabra a la acción extrajo una varita envuelta en un pañuelo.

Una varita pulida y recta, con un mango ajustable, un mango que tanta admiración le había despertado a Harry durante tanto tiempo, un mango con flamas coloridas y el logo muggle de Harley – Davidson, un mango que siempre lo había visto unido a la varita de su padrino, su tío. Sirius Black.

Las lágrimas recorrían el rostro de Harry en abundancia y asintió lentamente.

-¿La reconoces Harry? ¿De quién es esta varita?

-De… mi pad… de Sirius Black.

La boca de Minerva se contrajo en una mueca de sorpresa y las palabras “No puede ser, no puede ser” escapaban con y sin sonido.

-Bien creo que es suficiente con eso, te aseguro que pondremos todo nuestro empeño en buscar y atrapar a ese hombre que mató a tus padres, ahora si lo deseas, puedo darte un poco de tiempo para que descanses de este duro trance al menos hasta mañana- Albus extrajo su varita y la apuntó a la cabeza de Harry- sobra decir que estarás dispensado de tus clases el tiempo que necesites para superar esto.

-No quiero sus hechizos, no quiero nada, quiero estar ¡SOLO! -La última palabra la soltó en forma de grito, desembarazándose del brazo del ministro y de su varita la cual rodo por el suelo a causa del empellón.

Sin esperar respuesta Harry salió corriendo sin cerrar la puerta.

-Quizás sería buena idea que lo acompañaras- le dijo la directora a Hermione.

-Si claro- asintió Hermione y salió corriendo tras de él.

Harry corrió hasta que las fuerzas le fallaron se detuvo en un pasillo solitario, mejor, todo le causaba repugnancia por el momento, no mentía cuando grito que quería estar solo, no le importaba haber sido grosero con la directora y con el ministro, no le importaba nada excepto encontrar a su tío – Ja, su “tío”– encontrarlo y arrebatarle a su hermana y despues… ¿despues que? ¿Matarlo? ¿Entregarlo a las autoridades? No se sentía capaz ni de lo uno ni de lo otro y eso le dolía en el alma.

Oyó unos pasos subiendo por la escalera, pasos ligeros.

-¿Harry?

-Vete Hermione- contestó Harry de forma neutra, por algún motivo si le importaba el ser grosero con Hermione, ella había insistido en acompañarlo, era su amiga, probablemente Ron también lo hubiera hecho y Neville pero ahora ellos tenían sus propios problemas, había reconocido al papa de Neville entre los hombres que interrogarían a los Weasley y sabía que no podía apartarse de ahí.

-¿Estas bien?

¿Por qué siempre preguntan eso? Mataron a mis padres, secuestraron a mi hermana, y para colmo él que los mató fue mi tío, mi padrino, casi mi segundo padre y todavía preguntas que si estoy bien.

Sin embargo lo que salió de la boca de Harry fue muy diferente a sus pensamientos.

-No, Hermione, no estoy bien, nunca he estado más cerca de sentirme bien, quiero morirme quiero desaparecer, no, no estoy bien. Todo me repugna, me repugna el ministro con sus preocupaciones por mí, me repugna la humanidad, no se puede confiar en nadie, me repugno yo mismo porque sé que no puedo atrapar al asesino de mis padres, porque toda la estúpida mañana me he pasado pensando porque mis padres no vinieron a verme jugar Quidditch, me repugna hasta este estúpido cuadro y esos estúpidos trolls de montaña intentando bailar ballet, quiero desaparecer, lo oyes ¡DESAPARECER, DESAPARECER!- grito al final Harry a pleno pulmón.

Un crujido a su espalda lo sobresaltó, instintivamente sacó su varita, era un reflejo que había visto hacer infinidad de veces a su padre, y lo había adquirido perceptivamente, una enseñanza de James Potter a su hijo de la que Harry quizás nunca fuera consciente del todo. La pared parecía encogerse y deformarse como si alguien estuviese taladrando detrás de ella, al fin la piedra rígida tomo la forma de una sencilla puerta de madera. La imprudencia formaba parte del espíritu de Harry en muchos sentidos, pero en su estado actual era capaz de aferrarse a cualquier clavo ardiente, quería respuestas y algo le decía que detrás de esa puerta las encontraría, sin guardar su varita cruzo el pasillo con paso decidido, al girar el pomo la puerta cedió fácilmente, en cuanto la hubo cruzado Harry supo de inmediato que esa puerta lo había estado esperando mucho, mucho tiempo.

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El momento de duda pasó, Sam corrió hacia la sala intentando volcar las cosas que estaban en su camino para obstaculizar el paso a la bestia que se había introducido en su casa, sentía su corazón acometer furiosamente su pecho, como si le hubiesen salido pies e intentase escapar a la carrera de la bestia, dejando sola atrás a la pobre Sam, la idea le hizo soltar una carcajada histérica mitad sollozo mitad grito al momento de cruzar la puerta batiente de la sala.

Un reflejo le hizo, de un manotazo, encender la luz de la sala mientras el lobo soltaba otro aullido poderoso, la puerta batiente fue arrancada de sus goznes gracias a un poderoso empuje del lobo, el cual no bien puso un pie en el dintel retrocedió aullando mientras un olor acre como a carne quemada inundaba el ambiente.

El lobo se había quemado con el piso de alguna forma, y parecía haber perdido todo su instinto asesino mientras se encorvaba a oler la puerta, el dintel parecía brillar de forma extraña, según le pareció a Sam y eso había hecho que se quemara el lobo, una serie de pensamientos cruzaron a la velocidad de la luz por la mente de Sam, recordó las películas de serie B que había visto sobre hombres lobo, la plata dañaba a los hombres lobo, y el dintel parecía de plata. ¿Había gastado ella en colocar dinteles de plata en sus puertas? Lo dudaba, pero… parecía brillar tanto, un rápido recorrido por la sala le envio mas destellos a sus ojos, varios marcos para fotos, un jarrón, una estantería llena de pequeñas figuras, de repente parecía la sala de un chiflado coleccionista de artículos de plata y, a pesar del peligro, pugno por recordar cuando había adquirido esos artículos… Nada, no recordaba en absoluto, pero maldita la importancia que tenía aquello ahora, tomo uno de los marcos con fotos, donde estaba ella sentada en una moto, (Vaya parece que también manejaba motocicletas) y lo lanzó con un estilo de frezzbe, el marco impactó sobre la ceja del lobo dejando la marca de una quemadura en diagonal sobre esta, haciendo un sonido seseante, como el de un trozo de carne especialmente jugoso que es restregado contra el fondo de una sartén caliente, el lobo aulló de dolor, pero el golpe, más que lastimarlo, pareció eliminar su indecisión, traspasó el umbral de la puerta teniendo especial cuidado en no rozar el dintel de plata, el gruñido surgió bajo desde su pecho pero iba ganado fuerza a cada paso, mientras el vello detrás de su nuca se erizaba cada vez más haciéndole ver más grande de lo que era.

Desesperada Sam lanzo una estatuilla, pero el nerviosismo hizo que su tiro saliese desviado, el lobo ni siquiera se inmutó manteniendo fija la vista en ella y enseñando los brillantes colmillos, la señal de amenaza era inminente, y Sam decidió que si no hacía algo estaba perdida, detrás de ella estaba un estante con varias de las estatuillas quizás podría echárselo encima al lobo y quizás podría aprovechar su distracción para… ¿Para qué?, no creía que pudiera ganar corriendo contra esa bestia, la distracción le daría unos pocos segundos pero nada más, sus ojos se movieron frenéticos alrededor de la habitación y se permitió un microsegundo de alivio cuando vio un escudo de armas atravesado por sendas espadas en cruz, apostaría su vida, (de hecho la iba a apostar) a que también eran de plata.

Entonces era un plan, echaría el estante encima del lobo, lo que le daría tiempo para coger el escudo y la espada (gracias a quienquiera que lo haya puesto ahí) y hacerle frente a la bestia, lo peor de estar hasta el cuello en una mala situación, era estarlo y además no tener un plan. Hizo un mohín divertido y su carácter, el carácter que le hizo a Sirius acercarse a ella, salió a relucir.

-Ven por mí… Hijo de loba.

***

Ambos chivatoscopios sonaron de forma estridente, lo hicieron con una diferencia de unos pocos minutos, minutos que decidirían el resto de sus vidas, (o el resto del tiempo que les quedara de vida), pero respondían al mismo hechizo, estaban conectados con personas específicas, el de Sirius le alertaba de cualquier peligro que amenazara a Sam y el de Lily le avisaba cuando su marido se metía en un grave peligro, al menos más grave de lo que suponía su trabajo como auror, eran los avisos de peligro de muerte.

El de Sirius se activó justo cuando Sam encendió la cerilla y giraba la manivela de gas, para su infortunio tomo a Sirius en la segunda planta lo que le quito un minuto de tiempo al desaparecerse hacia la casa de Sam, pero a veces un minuto es demasiado tiempo.

En cuanto oyó el ruido Sirius se desapareció directamente hacia la sala de Sam a tiempo para ver una garra ensangrentada, a Sam de rodillas mientras un brazo humano yacía tirado en el suelo y un olor acre a carne quemada llenaba el ambiente.

El de Lily sonó cuando James oyó la advertencia desde fuera de la casa y le dio tiempo para desaparecerse junto con Ellie hacia la casa de Severus, al cual no vio por los segundos de precaución que Snape tomo al ver el resplandor que predominaba en su casa debido al patronus convocado por Lily, apareció en la sala de Sirius justo detrás de su marido el cual se movía en un ágil salto para esquivar una maldición asesina dirigida a él, la maldición impactó en Lily justo cuando Snape ingresaba a su casa, y a Lily le dio tiempo aun de pensar en que había dicho “adiós” en su mensaje a Severus, aún se preguntaba si debió haber dicho “volveré pronto” mientras caía ya privada del halito de vida.

***

Sam empujó el estante en el momento en que el lobo se abalanzó sobre ella, alcanzó a tener un momento de júbilo rabioso mientras veía como el lobo se retorcía de dolor al contacto con las estatuillas de plata, de dos saltos llego hasta el escudo, la espada salió fácilmente, pero el escudo parecía estar sujeto sobre algún gancho, si hubiera tenido más tiempo o si hubiese sido unos centimetros mas alta (como Sirius) lo hubiese podido descolgar con facilidad, pero no tenía tiempo asi que empuño la espada y volteo hacia el lobo que ya se había desembarazado de las estatuillas y se impulsaba con su garra izquierda dispuesto a partir en dos a su enemiga, la hoja de la espada centelleo en un movimiento contrario al de la garra del lobo, cortando de tajo por encima de donde un hombre tendría el codo el brazo del lobo, el grito – aullido fue desgarrador, Sam giro para intentar huir… y ese fue su error, la garra derecha del lobo con uñas filosas cual cuchillas giraron de lado a lado sobre la espalda de la chica desgarrando carne y músculos, alcanzando la más larga de ellas a romper parte del hueso de alguna vertebra de la espalda baja, un –Oh- de sorpresa se dibujó silenciosamente en el rostro de Sam, el cual fue perdiendo su color mientras caía de rodillas y despues se desmadejaba dejando caer la espada con un golpeteo mudo contra la alfombra mullida, no hubo dolor, solo una sensación de vacio, el aire, la luz, la vida se le escapaban en forma de sangre a través de unos tajos en su espalda, y a cambio le traían el vacio y la oscuridad.

***

El rostro de Sirius se contrajo en una mueca furiosa, su llegada antecedió a la de James por segundos, segundos que bastaron para que dejara salir el furor en forma de hechizos contra el lobo mutilado que lamia ahora la sangre de la garra, ahora el muñón cauterizado por la plata.

-Desmaius- grito Sirius, temblaba de pies a cabeza de rabia e indignación, la cual aumento cuando vio que el lobo intentaba huir.

El lobo razonaba lo poco que su entendimiento le daba, su enemiga estaba eliminada, y si le había causado dolor, en ese momento en que sintió su brazo desprenderse su instinto decidió que si daba oportunidad a su enemiga ella culminaría su obra y lo eliminaría definitivamente, por lo que haciendo un esfuerzo logro atacarla con su otra garra.

Ahora que ya no había peligro, aparecía otro ser, pero de este no sabía nada, excepto que estaba furioso de alguna forma contra él, pero él no era su enemigo, y él se encontraba lastimado por lo que era mejor huir, sabía que huyendo el peligro quedaría atrás.

-De mi huyes cobarde- grito Sirius- pero a ella si pudiste matarla monstruo asqueroso. Voy a hacer lo que debí hacer hace mucho tiempo.

Levantó su varita apuntando cuidadosamente para no fallar. –Avada Kedabra– un sonoro “crack” a su lado lo distrajo en el último segundo y la maldición no impacto al lobo por milímetros.

-Detente Sirius – grito James.

-Apártate James o vas a correr la misma suerte- gritó un enloquecido Sirius que nuevamente apuntaba su varita al lobo.

Avada

Expelliarmus– gritó James y la varita de Sirius se arrancó de sus manos describiendo un arco y yendo a caer junto a la repisa que había volcado Sam.

El lobo no espero explicaciones y rompiendo una ventana escapó hacia la calle.

-¡Nooo!– Gritó Sirius –tu maldito lo dejaste escapar- se dirigió hacia James que estaba arrodillado junto a Sam

-Aún está viva, tiene pulso y respira aún al menos- dijo James mientras intentaba con su varita sellar las heridas de Sam.

Todo sentido de pelea murió en Sirius al instante para correr al lado de Sam y James.

-Tienes que llevarla con Tom, rápido, sin tiempo que perder- le dio su varita y una mirada de Sirius le indicó que parecía querer hablar.

-Despues, sálvala, yo tomare tu varita.

Sirius desapareció con Sam cuando tronó la voz en el exterior.

-Por orden del ministerio de magia quedan los presentes en esta casa quedan arrestados.

-El- James cubrió de una zancada la distancia hacia la varita de Sirius y la apuntó hacia la bombilla del techo con lo que la habitación quedo en penumbras, débilmente iluminada por la luz de la luna que parecía sonreír desde la ventana rota.

-Soy James Potter jefe de la oficina de aurores y esto es una escena del crimen, quienquiera que sea (por supuesto que sabía quién era) puede entrar caminando (hizo énfasis en esta palabra) con las manos en alto y sin varita.

-Lo siento James- dijo una voz a su izquierda, -pero esta vez no pondrás tú las condiciones.

La maldición asesina y el “crack” que sonó detrás de James al lanzarse fuera de la trayectoria de la primera fueron simultáneos.

Haciendo gala de su flexibilidad James volvió el rostro en el aire justo a tiempo para ver a la recién llegada Lily recibir el impacto de la maldición asesina, el tiempo pareció detenerse mientras el cuerpo de Lily caía como flotando hacia el suelo como un títere cuyas cuerdas han sido cortadas.

El grito mudo de dolor permaneció marcado en su rostro mientras una sonrisa baja se oyó.

Parecía llegarle a James desde muy lejos, en forma inconexa, el mundo no podía seguir girando si Lily había caído sin posibilidad de volver a levantarse, una sola lagrima cayo de sus ojos deteniéndose parcialmente en el arco inferior de sus anteojos como negándose a caer y morir de la misma forma que James se negaba a aceptar lo ocurrido, la voz llego más clara esta vez y le quemó los oídos cual acido corrosivo aumentando una rabia, que hasta ese momento, James Potter no había conocido.

-No te lamentes, en pocos segundos te reunirás con ella.- apuntó cuidadosamente su varita a James mientras se acercaba un poco, James parecía fuera de este mundo y muy pronto lo estaría reprimió la sonrisa que pugnaba por salir en su rostro, era más prudente esperar hasta haber finiquitado el asunto, lo que no era prudente fue el haber esperado tanto, James reaccionó con velocidad desplazo su pierna al ras del suelo desequilibrando al cazador a la vez que con la varita de Sirius lo desarmaba.

El cazador cayo golpeándose el torso contra la estantería privándole del aire de los pulmones por un momento y haciendo que en su vista estallaran millones de luces brillantes, para cuando recupero el control de sus ojos James le apuntaba la varita a la cara, su propia varita parecía haberse perdido en algún lugar de la desordenada sala, una espada sobresalía a unos metros pero James podría matarlo cuarenta veces antes de que pudiese alcanzarla, bien esto era el fin.

-La mataste, maldito- dijo James con una voz baja y peligrosa- Y ahora lo vas a pagar- acercó su varita a la cara del cazador de la cual salieron chispas iluminando la cara del cazador… y haciendo estallar el gas que se colaba ahora libremente desde la cocina.

La explosión envió a James volando hasta el otro lado del salón y haciéndole una fea quemadura al cazador en la parte derecha de la cara, la sangre escurría libremente y el colgajo en que se había convertido su parpado parecía fundirse con la mejilla, del ojo ni rastro había quedado.

El cazador se levantó pesadamente, el impacto había hecho a James perder la varita y el conocimiento.

-Eres afortunado James Potter, pasaras al otro mundo en el dulce sueño de los inocentes, te despertaría para que sufrieras algo más, si no fueras tan peligroso. El cazador tomo la varita (la de Sirius) y sin ceremonia alguna escupió de ella una luz verde que atravesó el cuerpo de James Potter.

***

Los dioses o quienquiera que se encargara de regir el universo parecían haberse puesto de acuerdo para fastidiar a Sirius Black esa noche, con Sam en brazos y con los ojos atónitos contemplo el edificio donde se asentara el cuartel general de la resistencia… demolido hasta sus cimientos, apenas una montaña de escombros llameantes. La esperanza se fue de su mente y las fuerzas abandonaron su cuerpo, la negrura de la locura probablemente vendría en su ayuda, ya la sentía sobre el. Solo que la negrura estaba acompañada de un rostro y de unos brazos que lo sujetaban.

-Vámonos Sirius atenderemos a tu amiga, Bucky.

-No se preocupe amo-chilló una voz de elfo- yo los llevare.

***

La mañana estaba radiante, había disfrutado de una cena opípara y un festejo espectacular, incluso el ministro de magia había estado presente en la cena del colegio, con una sonrisa en su rostro todo el tiempo, y ahora amanecía a un día esplendoroso y en unas horas estaría asombrando a todos en el campo de quidditch, Harry estaba seguro, este seria uno de los mejores días de su vida.

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