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Archive for the ‘Historia Alternativa’ Category

No tengo ni padre ni madre,
no tengo ni patria ni Dios,
no tengo ni cuna ni sudario,
no tengo ni sombra de amor.

Hace tres días que no como
siquiera un pedazo de pan.
El poder de mis veinte años
se lo venderé al mejor postor.

Y si nadie quiere comprármelo
al diablo se lo ofreceré.
Robaré, puro el corazón,
y, si es preciso, mataré.

Seré atrapado y luego ahorcado.
La santa tierra me cubrirá
y la fatal hierba crecerá
desde mi hermoso y puro corazón.

Attila Jozsef

La calle permanecía desierta y el clima parecía empeorar a cada segundo, desde el estrecho pasillo se observaban las ventanas débilmente iluminadas a su alrededor, por entre los edificios, todos buscando un refugio mientras las sombras iban ganado terreno a la tenue luz de un nublado atardecer.

Moradas pobres, cenas paupérrimas probablemente, en todas y cada una de ellas, un caserío muggle igual que cualquier otro, y aun así envidiaba su suerte, la de sentarse en un hogar alrededor del calor de una chimenea, disfrutar de una amena charla que reconforte el alma y algún liquido caliente que reconforte el cuerpo, aunque sabía de antemano que no habría charla que pudiera reconfortar su alma maldita, y no había liquido caliente que pudiera calmar este dolor aunque últimamente era difícil distinguir entre el dolor físico y el que le apretaba el pecho. Entre el rio de lava que desafiaba la gravedad de su muñón al hombro y la piedra fría que atenazaba su corazón.

Más que difícil, imposible era la palabra para describir que había pasado esa noche, sus ropas desgarradas y la ausencia de su varita, un ligero recuerdo de su última noche en Hogwarts le dieron la certeza que no había existido la cura, y los periódicos olvidados y la ausencia de su brazo le indicaban que, de algún modo que no terminaba por entender, había tomado parte de alguna manera en el asesinato de James y Lily.

La resistencia estaba acabada, eso le quedaba claro, con James asesinado, con Black a la fuga probablemente como cabeza de turco y con el ministerio buscando a Tom y Bella y Weasley tras las rejas por actos de terrorismo no había nada que la mantuviera en pie.

La chica también había desaparecido, Sam, quizás Sirius la hubiese llevado consigo, no ahí había algo que no concordaba, ¿Cómo habían aparecido James y Lily asesinados en casa de Sam cuando se suponía que Sirius la había abandonado hace meses? Algo no estaba claro, el único respiro que pudo tener fue que Lily y James cayeron bajo maldiciones asesinas y que Sirius había sido culpado por ello, injustamente por supuesto, ni por un segundo le cupo en la cabeza que Sirius llevase a cabo algo así, el cazador sin duda armado con la varita de Sirius lo había hecho, pero ¿cuál había sido el papel del lobo? Un estremecimiento detuvo sus cavilaciones, el frio ahora parecía adentrarse en sus huesos, quizás lo mejor era olvidarse de todo, acomodarse en una esquina de este callejón y esperar su hora, quizás por la mañana todo hubiese acabado, de una vez y para siempre, aun así tuvo la esperanza, esta era la hora que pasaba frente a su escondrijo, la calle seguía viéndose desierta desde su perspectiva, pero sabía que ella aparecería por la calle a su espalda, siempre con una pieza de pan y algo de beber, el fantasma de un sentimiento de vergüenza le paso por el pecho, pero era solo un fantasma, su vergüenza se había ido con su brazo, con sus amigos, con su inútil esperanza de curarse un día, quiso voltear, asegurarse que llegaba pero no soportaría observar una calle vacía igual a la que estaba frente a él.

Esperó unos minutos, tratando inútilmente de abrazarse a sí mismo, era imposible ahora con un solo brazo por supuesto pero seguía olvidándolo, y el dolor lo atacó inmisericorde y despiadado, la calle se desdibujaba en un haz luminoso, pero un calor lo invadía, los muggles decían que era una muerte agradable, era como flotar, solo había que abandonarse y el dolor y el frio lo abandonaban, incluso un aroma delicioso flotó a su alrededor.

Si, esto era el fin y Remus le daba la bienvenida agradecido, unas manos lo tomaban de su cuello y le erguían la cabeza, un líquido caliente, salado y jugoso le pasaba por el paladar y de ahí a su garganta escociéndole un poco y haciéndolo toser, pero a la vez un instinto primitivo lo hizo levantar ávidamente su boca mientras sus entrañas rugían ansiando más de ese delicioso néctar.

-Tranquilo hijo- le dijo una voz conocida, era ella– La sopa esta algo caliente y puede hacerte daño si comes demasiado, tómatelo con calma.

Cuatro, cinco porciones más de aquella sopa aclararon su vista y su mente, ya no estaba en el callejón, estaba sobre un sofá mullido, un fuego débil ardía a unos cuantos pasos de él y la anciana lo observaba con una sonrisa levemente desdentada mientras apuraba una cucharada más.

 Gracias quiso decir, pero solo salió un quejido ronco de su garganta.

-No intentes hablar hay algo mal con tu garganta, este clima no es bueno para la salud. Quizás mañana pueda conseguir algo de medicina, por el momento deberá bastar con remedios caseros y un poco de calor de hogar.

Remus asintió y trato de poner en su mirada todo el agradecimiento que no podía expresar verbalmente.

-Tranquilo, habrá tiempo de charlar, ahora termina tu porción y descansa.

Dio cuenta de la sopa restante por su propia mano y se recostó nuevamente, mientras la anciana lo cubría con un grueso edredón. El sueño lo venció casi de inmediato, no alcanzó a notar cuando la anciana le besó la frente, tampoco cuando su espalda doblada bajo el peso de los años se irguió recta y fuerte nuevamente y su abultado abdomen desaparecía mientras elevaba su estatura varios centímetros y su pelo anteriormente cano brillaba con un alegre tono rosa.

***

El atardecer parecía estar asomándose en el extremo del lago mientras que de su lado era ya noche cerrada, el espectro de la luna se reflejaba y bailaba distorsionándose al compás de las piedras que eran lanzadas a sus aguas.

-Deberíamos ir a descansar Harry- la voz de Hermione sonaba temblorosa, -Mañana continuaremos el entrenamiento al amanecer y por lo que he notado las noches suelen ser el único tiempo normal que ocurre aquí.

-¿Y cuál es el punto de continuar entrenando?- contesto Harry tomándose una pausa para lanzar una última piedra antes de levantarse, se sacudió las manos en las perneras como tomando tiempo para formular su pensamiento.

-Empiezo a dudar si realmente esto nos va a servir de algún modo, por más que intento recordar no logro escuchar las palabras exactas que nos dijo ese tipo, o lo que sea que haya estado en esa habitación, quisiera al menos tener la certeza que me aseguro que el reloj era para mí.

-No lo hizo.

-¿Cómo?

-La sombra, no lo hizo, en ningún momento menciono que el reloj fuera tuyo, sus palabras exactas fueron que el reloj que corre hacia atrás era un artefacto muy raro y que solo puede ser usado una sola vez, y que podía regresar en el tiempo a una persona hasta donde esta lo desee y en el lugar que esta elija. Lo ves Harry, a “una persona” en ningún momento te menciono exclusivamente a ti.

-Gracias Hermione ya me siento mejor.

-No necesitas ser tan grosero- respondió Hermione dándose la media vuelta.

-Lo siento- Harry corrió hacia ella sosteniéndola por su hombro, – es solo que acabas de confirmarme lo que me temía, el reloj es para Ryujan y lo regresara a Kamigawa cuando esto termine.

-No, eso tampoco pasara.

-¿Cómo dices?

Hermione reprimió su deseo de poner los ojos en blanco y trato de explicárselo con la mayor paciencia que podía reunir.

-No tiene caso meter a alguien aquí mil años y esperar a un chico que ingrese a Hogwarts para después regresar el tiempo hasta el inicio, ¿no te parece ilógico? ¿Qué sentido tendría eso? Ryujan solo menciono que el reloj le serviría en un futuro, pero sospecho que tampoco a él le va a servir de la forma que espera.

-O sea que tenemos esperanza, podemos regresar a un día antes de Halloween, puedo hablar con mis padres y prevenirlos…

-Harry.

-…puedo contarle a Ron sobre su padre, no tendrá que pasar nada de eso.

-HARRY- grito Hermione exasperada, -Eso tampoco va a pasar, él lo dijo, ¿no lo escuchaste? “No hay magia capaz de regresar a los muertos, yo solo te ofrezco esperanza” “La habitación puede conceder todo aunque no siempre del modo que se imaginan”, él fue muy específico en una cosa, “se te concedió el poder de traer de vuelta a tu hermana y derrotar a los asesinos de tus padres, de darle esperanza al mundo mágico”. ¿Cómo podía regresarte el tiempo a cuando tus padres estaban vivos y derrotar al mismo tiempo a sus asesinos?

Harry volvió a sentarse de forma mecánica en el suelo, se sentía nuevamente aplastado por esa sensación de responsabilidad, como esa vez en la habitación cuando le revelaron…

-El mencionó algo, dijo que todo iniciaría con un niño negando su existencia, ese soy yo, ¿quiere decir que yo ocasione todo esto?

-No, los eventos se desencadenaron antes de que tú llegaras a esa habitación. ¿Cómo hubieras querido desaparecer teniendo a tu lado a tus padres?

-Se revuelve mi cabeza, ¿Por qué diablos terminamos aquí?

-Quizás es como dice Ryujan- Hermione tomo asiento a su lado tomándolo por el brazo y recargando su cabeza en el hombro de Harry –Estamos aquí porque alguien tiene que hacerlo.

La figura espigada se apartó de entre los árboles, había escuchado la conversación desde el principio cuando fue detrás de Hermione para… ya había olvidado para qué. Así que no habría rescate heroico, que se habían metido en una aventura sin pies ni cabeza y que iban a sacrificar su niñez por nada. Se apartó con coraje una lágrima de la mejilla y se meció su rojiza cabellera, ella parecía cómoda al lado de Harry, quizás era momento de dejar de seguir a todos como borrego y empezar a ver la manera de terminar con esto, y cuanto antes mejor. La puerta apareció súbitamente sobre un viejo tocón una sola perilla reposaba en ella, no había consistencia de humo solo metal sólido y pulido  y el marco de la puerta  brillando contra la noche. No lo dudo más, la perilla se sentía caliente y Ron la sintió girar entre sus manos un calor abrazador lo invadió mientras sentía que caía al vacío. La puerta se cerró con estrepito a su espalda cuatro perillas con la consistencia del humo permanecieron en ella.

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Nota: este es un flashforward, ocurre muy adelante en los eventos actuales de la historia.

Era tarde, muy tarde al menos para una visita.

Sobre todo si tomaba en cuenta que la personita que solía visitarlo tarde hacia un buen rato que se había marchado a su cuarto. De hecho habían estado conversando, planeando hasta altas horas de la noche, la cacería de los horrocruxes por fin parecía tener una dirección a la cual dirigirse, lo cual era bueno ya que el tiempo era lo que escaseaba, involuntariamente flexiono su mano y el dolor volvió como un viejo conocido, un agudo y centelleante viejo conocido.

Así que, solo quedaba preguntarse, ¿Quién era la persona que había hecho aquel ruido? Aun a regañadientes notó que había descuidado la atención que debió ponerle desde un principio, divagando en la conversación con Harry y la carga que pensaba dejarle.

Intentó encender la luz de las velas con su mano afectada y ese dolor volvió a invadirlo, la carne parecía retorcerse y consumirse, tendría que pedirle a Severus más poción por la mañana, pero ahora era importante verificar el ruido, no eran tiempos para que un estudiante estuviera fuera de su habitación a esas horas de la madrugada, aunque dudaba que fuese un estudiante quien hubiese podido entrar a su oficina sin haber pasado por la gárgola de la entrada, ¿quizás un elfo cometiendo alguna torpeza? Lo dudaba, a menos que fuese Dobby lo cual sería muy bueno, le gustaba ese elfo.

Logró al fin encender la luz, para encontrarse con una varita apuntando amenazadoramente hacia él desde un ángulo donde la luz ocultaba la forma exacta del chico, sin embargo los ojos verdes eran inconfundibles, bastante astuto. Aunque… la barrera para encontrar sus pensamientos era demasiado fuerte, Harry nunca había sido tan bueno en oclumancia, pero sin duda era Harry revestido en alguna especie de traje a todas luces de escamas de dragón.

-Tengo una varita- anuncio Albus como quien opina sobre el clima que hace -Cálculo que podría atacarte aun antes de que lanzases algún hechizo pero sabes que no quiero hacerlo- dijo en voz neutra Albus.

-Inténtalo y será tu fin vejete.

La sonrisa afloro al rostro de Albus, y notó que la varita titubeo en manos del nuevo Harry, pero solo un instante, pasadas unas milésimas la mano que la empuñaba seguía tan firme como si fuese de piedra.

-Bien entonces estamos en un dilema, no creo que la mitad de la escalera y detrás de un armario sea la mejor manera de entablar una conversación.

-¿Y quién dijo que quiero conversar?- respondió Harry.

-Entonces ¿Por qué no has atacado?- replico Albus serenamente.

-Haremos esto- subió ambos brazos muy lentamente y se giró de espaldas también muy lentamente, empezando a avanzar escalón por escalón, bajó deliberadamente lento su mano para extraer su varita entre los dedos índice y pulgar y la colocó sobre una mesa llena de artefactos de plata, siguió de espaldas hasta llegar a una poltrona donde tomo asiento.

-Bien, creo que ahora ya puedes salir y podremos hablar.

-No es contigo con quien quiero hablar, ¿Qué has hecho con la Directora Mcgonagall?

-Bueno, Minerva debe estar durmiendo en su habitación en el segundo piso, ¿quieres que la mande llamar? Y el director de Hogwarts, al menos hasta donde recuerdo, soy yo.

La varita bajó lentamente hasta dejar de apuntar a Albus, mientras Harry salía hasta mostrarse bajo la luz de las velas.

-Que extraordinario, en verdad extraordinario.

-¿Qué tiene de extraordinario?

-Tu Harry, porque eres Harry, de eso no me queda la menor duda, pero tu cicatriz, o mejor dicho, la ausencia de esta me dice que no eres el Harry que conozco, sin embargo…- Albus dejó que sus palabras se perdieran mientras seguía contemplando a Harry.

–Bien me queda claro que estás metido en alguna otra aventura y por azares del destino has llegado hasta aquí, así que dispara ¿en qué puedo ayudarte?, o mejor dicho ¿Qué has venido a buscar?

-Al director de Hogwarts, aunque no esperaba que tú lo fueses, en mi mundo eres el Primer Ministro, todos te apodan el Brujo Blanco, y eres un dictador.

-Te creo, el poder político no es mi fuerte, ya tengo otro motivo para no aceptar el cargo si me lo vuelven a ofrecer- comento Albus sonriendo.- Pero no nos preocupemos por mí, sino por lo que te ha traído aquí.

-Hay una habitación aquí, en Hogwarts, mis padres murieron y he pasado mucho tiempo entrenándome, hay una habitación especial al final de ella, controla los diferentes mundos, universos o algo así, se supone que esto me debe ayudar con los enemigos que esperan afuera.

-¿Enemigos dices?

-Con quien hablamos mencionó tres, el que mantiene el puño de hierro sobre la sociedad, básicamente tu otro yo. El que engañó a mi padre haciéndose pasar por su amigo, mi padrino Sirius Black, y un enemigo que viene más allá del mar. Los tres pelearán por la supremacía y el que gane buscara eliminarme.

-Lo lamento, pero yo no puedo ayudarte- si esos poderes entran en pugna, discúlpame mi poca modestia pero, lo más probable es que el vencedor sea yo. No existe mago más calificado o poderoso en estos tiempos, sin embargo…

-Sin embargo ¿qué?

-La magia es extraña Harry, es algo que no se atiene a la lógica, pero de algún modo siempre encuentra el camino del equilibrio, aquí, tu otro yo enfrenta peligros que aún no sabemos si serán solventados… No sin graves repercusiones al menos –Albus cerró los ojos y por un momento pareció mucho más anciano que antes. – Solo puedo hacer conjeturas y ponerte al tanto de las similitudes entre este mundo y el otro, lo cual puede ayudarte o confundirte más, yo solo puedo darte la información, lo que hagas con ella dependerá de lo que tu creas correcto.

Albus se levantó de golpe revitalizado, lo cual tomó por sorpresa a Harry quien inconscientemente levantó la varita, aunque la bajó de inmediato aparentemente apenado.

-Buenos reflejos Harry, siempre los has tenido, primero lo más importante. ¿La señorita Granger y el joven Weasley están contigo?

-¿Cómo lo sabe? Yo no…

-Son tus incondicionales aquí, te serán de mucha ayuda, confía en ellos. El joven Longbottom también es digno de confianza, al menos aquí. Respecto a tu padrino, Sirius Black, ¿tienes pruebas de que él mato a tus padres?

-Su varita probó haber… Bueno eso me lo dijiste tú, bueno usted, digo, su otro yo.

-Pero estamos conscientes que mi otro yo no es la persona más confiable, ¿verdad? Dime ¿tu padrino fue atrapado, está preso?

-No, escapó, yo solo vi su varita me la mostró usted y salí corriendo no volví a investigar solo me dijeron que la habían encontrado en el lugar donde murieron mis padres.

-Aquí tu padrino fue culpado por la sociedad y murió protegiéndote, al final se declaró su inocencia, tú descubriste su inocencia. No estoy seguro pero sería la primera apuesta que deberías hacer, verificar si tu padrino es culpable.

-Pero si no es él, ¿qué es del enemigo que era su amigo y lo traicionó?

-Tendrás que ver cuantos amigos conocías de él.

-Pues está el señor Marsh, el profesor Lupin, y la señora Mathis que es vecina de nuestra casa, hemos cenado un par de veces con ella, también están el señor Pettigrew, al profesor Ryddle lo saludo una vez que fuimos a San Mungo pero…

-¿Ryddle, Tom Ryddle?

-Sí.

-Harry, déjame decirte algo y espero toda tu atención a lo que te voy a decir, Tom Ryddle aquí se hace llamar Lord Voldemort, asesinó a tus padres e intentó asesinarte a ti también cuando eras un bebe, en fin es una historia larga, pero el punto es que es el mago oscuro más poderoso y temible que se haya conocido. Esta deberá ser tu segunda apuesta, no confíes en él bajo ninguna circunstancia.

-Pero el profesor Ryddle fue sanador en San Mungo, hay una placa sobre él en la entrada, es famoso por la ayuda que presta sin cobro a los muggles y pobres, además no estoy tan seguro si es amigo de mi papá, solo lo vi saludarlo una vez en San Mungo.

-Pues no suena al Ryddle que conozco…- Albus meditó un momento antes de preguntar- Lo llamaste profesor, ¿enseña aquí en Hogwarts?

-Sí, Estudios Muggles, le fascinan los muggles y como han sobrevivido a pesar del yugo de los magos.

-¿Puedes decirme cuanto tiempo ha estado el otro Albus como Primer Ministro?

-La tía Bathilda dice que desde mediados de los 30’s. ¿Por qué?

-Harry, puedo asegurarte sin lugar a dudas que no debes confiar en él. Perdóname mi falta de modestia, pero el único obstáculo, obviamente aparte de tu otro yo, que impide que Lord Voldemort lance un ataque directo para conquistar el mundo mágico es tu servidor, y si en tu mundo estoy en una posición de poder y según me cuentas con muchos menos escrúpulos no dudaría que Tom este esperando el momento en que no pueda interferir en sus planes. ¿Sabes cuánto tiempo estarás aquí?

-No, ella solo me dijo que regresaría cuando obtuviera lo que necesitaba.

-Bien, el último enemigo, el que viene más allá del mar, ¿hay algún otro mago poderoso que tenga conflicto con mi otro yo?

-No, quizás el Señor Crouch, era su rival en las elecciones antes de lo de mis padres, pero no estuve ahí cuando se hicieron las votaciones.

-Barty era un mago que se jactaba de su sangre pura, además su familia ha estado por generaciones en el país, así que no puede ser alguien que venga de más allá del mar. Sin duda es algún extranjero, o alguien que viajó y regresó, de cualquier forma lamento decirte que no se me ocurre ningún nombre significativo… a menos que.

-A menos que ¿qué? Señor, esto… Profesor Dumbledore.- carraspeo Harry.

-Harry, ¿mi otro yo, no tiene un… digámoslo así “mago de confianza”, una mano derecha que le ayude con los asuntos del gobierno, alguien que tenga gran predilección por exhibirse delante de la gente y hablar en público?

-No señor, el único que dirige palabras al público es el encargado de relaciones exteriores, aunque antes de entrar a Hogwarts escuche a mi padre hablar con mi padrino sobre que tenía meses fuera del país, mencionaron algo sobre Alemania e Italia.

-¿Y este encargado tiene algún nombre?

-Scrimgeour, Rufus Scrimgeour, pero son muy raras las presentaciones que da.

Dumbledore paseo por el frente de su escritorio con las manos enlazadas a su espalda, murmurando por lo bajo, finalmente parecio decidirse y se detuvo frente a la mesa donde habia dejado su varita.

-Harry, acercate por favor, necesito que me ayudes con algo, observa detenidamente mi varita, puedo asegurarte que no encontraras otra igual en toda tu vida, y ningun otro mago posee algo similar, podrias confirmarme si esa varita esta en poder de mi otro yo, es una pieza de informacion muy importante, crucial quizas para tu cruzada.

Harry observo detenidamente aquel pedazo de madera, con un rictus de esfuerzo marcado en su rostro, finalmente pasados unos segundos asintio –Si es la misma, su otro yo la tiene.

Albus parecio respirar aliviado, y se tomo un segundo para guardar su varita dentro de su tunica – Bien Harry, eso es un gran alivio, ahora dejame decirte algo sobre esta varita, esta varita fue creada por…- el silencio era mas profundo y las fuertes barreras mentales habian desaparecido, Albus se dio la vuelta para encontrarse con que el muchacho de hecho habia desaparecido, de alguna manera tan misteriosamente como llegó se habia ido. La sonrisa se dibujo en su rostro mientras caligrafiaba un pedazo de papel, -Fawkes, por favor.

El ave fenix desaparecio en una vistosa llamarada de colores, Albus se recostó en su poltrona favorita esperando, pasados unos minutos la llama de su chimenea creció cediendo el paso a Remus y Kingsley.

-Albus que ha pasado- preguntó de inmediato Lupin.

-Voy a ausentarme, en un tiempo muy cercano por un tiempo que desconozco, dejaré abierta esta conexión con tu casa Kingsley abusando del favor que tan amablemente me has concedido, Fawkes les avisara el momento, la guardia debe doblarse, no quiero que mi ausencia signifique un peligro para mis alumnos. Remus, Nimphadora quizas quiera ayudar.

-Si, yo lo arreglo.

-Debemos irnos- anuncio Kingsley, estabamos de camino a los suburbios de Kent, otra familia de Muggles desaparecio misteriosamente.

-Entiendo, tanto por hacer y tan poco tiempo- dijo pensativo Albus mientras Remus y Kingsley se dirigieron a la chimenea.

-Solo otra cosa mis amigos…

-Harry es la mejor esperanza que tenemos, confien en El.

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-Entonces ¿nos van a salir alas y escamas?- pregunto Ron.

-Obvio que no Ron, es una metáfora, solo esta hablando en sentido figurado si no…

-Espera.- Dijo Harry interrumpiendo la perorata de Hermione e ignorando la mirada ofendida que le lanzó- Debe haber un error, ese reloj es mio, nuestro, quiero decir, o lo será, una vez que terminemos con todo esto.

-¿Y quien te ha dado derecho sobre el? Si es posible saberlo, ese reloj fue creado por la señorita Helga y ella misma fue la que me prometió que me serviría en… en el futuro.

-Pues el tipo que nos metió en todo esto fue el que nos prometió ese reloj, con ese reloj pienso regresar a mis padres, con ese reloj puedo atrapar a Sirius antes que les haga daño…

-Con ese reloj podemos sacar a mi papá de la cárcel- dijo Ron interrumpiendo, aparentemente siguiendo su propia línea de pensamiento.

-Cierto Ron, de hecho nunca tendrá que entrar podemos avisarle antes y será como si nunca hubiera pasado nada.

-¿Y los enemigos que se supone que tenemos que vencer, también volverán cuando activemos el reloj?- pregunto Hermione.

-No importa mi papa será capaz de vencer a quien sea, si no hubiese estado confiado con mi padr… con Sirius nunca hubiera podido vencerlo.

-Muy bellos planes,-lo interrumpió Ryujan aparentemente molesto-  pero aun no me has dicho quien te dio poder para decidir el uso que se le dará al reloj.

-Ya te lo dije, el tipo ese que nos convenció de entrar nos dijo…

-Y este “tipo” ¿tiene algún nombre? O ¿de donde saco él el derecho de prometer lo que no es suyo?

-Pues… -Harry cavilo mientras veía los rostros de sus compañeros, y en ellos pudo ver las palabras que no podía expresar, no sin sentirse un perfecto estúpido, habían entrado en esa habitación sin siquiera haber visto la cara del tipo, se habían embarcado en esa misión y ni siquiera sabían quien los había enviado, cierto, el dolor por sus padres lo había impulsado, pero ahora ese impulso parecía haberse perdido ante la demoledora lógica de Ryujan. El hecho era que no sabia ni quien ni porque lo había enviado y quizás estaba apostando su vida y la de sus amigos por obtener algo que quizás no le correspondía por derecho y las palabras que siguieron a su silencio no hicieron mas que aumentar su incertidumbre.

-No hace falta que nos fatiguemos en pensamientos inútiles, el reloj de la señorita Helga es un objeto mágico muy poderoso, y solo puede ser usado por aquel para el que fue creado, seamos tu o yo, lo sabremos en su momento. Es hora de volver, necesitan descansar para lo que les espera mañana.

***

Parecía deambular sola por la amplia sala de espera, los pasajeros esperaban su respectivo turno en una larga fila donde una hilera de cubos marcados por un número se alineaba. Tan pronto empezaban a brillar un puñado de personas se acercaban colocando una parte de ellos, generalmente un dedo, en contacto con el cubo para desaparecer súbitamente. Todo mundo parecía saber a donde dirigirse, excepto la pequeña niña que, con sus ojos cubiertos por una fina película de lágrimas volteaba a todos lados con evidentes señas de estar totalmente perdida.

-Hola pequeña, ¿estas perdida?- le pregunto un mago que se acerco a ella, parecía pertenecer a algún tipo de vigilancia encargada del lugar.

-Si- la vocecita sonaba como campanillas de cristal mientras sorbía su nariz de forma estruendosa -Mi hermano se cayó en las escaleras y parece que se lastimó su pierna, y no encuentro a mi papá por ningún lado, y…y.. yo no se que hacer… – unos sollozos rompieron la frase de la niña.

-Vamos, vamos, tranquila. Vamos a ayudar a tu hermano, en cuanto le echemos un vistazo a su pierna buscaremos a tu papa, ya veras como se soluciona todo.

-Gracias señor- la carita de la niña se ilumino con una sonrisa mientras permitía que el guardia la cargase- mi hermano esta por allá, detrás de esas escaleras, le señalo la niña.

El guardia dio vuelta al pasillo y aun alcanzo a ver al joven rubio que lo esperaba aunque no se veía lastimado, tuvo unos segundos de alivio donde pensó que los niños podían ser bastante exagerados antes de sentir como sus miembros parecían rebelarse y toda sensación de control sobre su cuerpo desaparecía, solo una voz retumbaba en su cabeza, la voz cantarina de aquella niña que ordenaba con el tono de alguien acostumbrado a ser obedecido.

-Boletos, para mí, para mi padre y mi hermano, rápido.

***

Los muelles solían ser un bullicio durante el día, pero a esa hora de la noche el comercio había menguado para todo aquel que no estuviese buscando una noche de juerga o algo aun más fuerte. Los guardianes que el ministerio había asignado a esa área solían hacerse de la vista gorda a cambio de una porción de los beneficios por lo que solo paseaban a determinada hora y en determinado lugar, aun así el hombre tomo todas las precauciones. Su aparición coincidió con el silbato de un barco lo que amortiguo el sonido del “crack”, camino por una calle estrecha alejándose de la costa hasta llegar a un suburbio donde varias casas se amontonaban juntas sin saberse bien donde iniciaba la una y terminaba la otra, camino a lo largo de la acera hasta llegar a una de ellas que se diferenciaba del resto, si bien los materiales y los acabados eran de baja calidad comparada con el resto parecía una mansión.

Toco la puerta con golpes secos y cortos, como un acto reflejo intento apartarse el cabello sobre su cara, solo para recordar que la acostumbrada capa de cabello estaba cómodamente atada en una coleta.

La luz de una vela se abrió paso desde el fondo de la casa, la puerta se entreabrió dejando ver a un hombre que si bien no era viejo, había entrado en esa etapa fofa de decadencia, la cara de caballo de su esposa  asomo detrás de el y, aunque no pareciera posible, su pálido rostro palideció aun más al ver al hombre y reconocer en el a aquel niño de otros tiempos, y sin poder evitarlo e ignorando la mirada de reproche de su esposo terminó de abrir la puerta.

-Pasa Severus-

-Mi estancia será corta, solo he venido a ver como esta.

-Esta bien, la estamos cuidando bien, ahora duerme, si quieres verla…

-No, no es necesario, solo asegúrate que siga bien y que cumples mis indicaciones al pie de la letra.

-Si, ella duerme y cubrimos su cuna con la capa todas las noches.

-Y tanto que van dos veces que me golpeo un dedo con esa cochina cuna, no se porque tenemos que tomarnos tantas molestias solo porque a tu hermana se le ocurrió morirse Petunia.

La jarra con agua que se encontraba sobre la mesa estalló en mil pedazos con un sonido escalofriante y el clima pareció descender varios grados dentro del pequeño cuarto mientras Severus se dirigía hacia Vernon el cual parecía tener dificultades para respirar y estaba tomando un feo color púrpura.

-Agradece… que aun sirves a mis planes, mil vidas muggle como la tuya no se compararían con el polvo que ella pisó. Si vuelves a mencionarla en mi presencia me olvidare de mis planes y desearas la muerte un millón de veces antes de que te la haya concedido.

La presión sobre la garganta pareció aflojarse y Vernon tomo aire como un pez fuera del agua, Severus arrojo un saquito sobre la mesa el cual hizo un tintineo metálico y salió rápidamente, el ruido de la puerta al cerrase oculto el sonido de su desaparición.

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Los días se sucedían uno tras otro, aunque no con la fluidez con que recordaba, parecía que el sol no sentía la necesidad de ocultarse tanto como en el mundo exterior, por lo que los días parecían eternos en aquel lugar, mientras las noches pasaban como un suspiro. El clima permanecía impertérrito, aquel aire estival, que se sentía sin oírse, seguía soplando su cálida brisa y apenas si refrescaba por las efímeras noches.

El entrenamiento era, si bien muy exigente, bastante rutinario, corrían todas las ¿mañanas? Por un tiempo indefinido, pero de alguna forma aquel chico sabía exactamente el momento para decir basta, quizás contaba con algún reloj adecuado para esa habitación. El desayuno se componía invariablemente de las frutas que recolectaban del bosque despues de correr, lo que logró que los primeros días desayunasen lo que había en los arbustos más bajos, ya que no había fuerzas para trepar a los arboles donde se adivinaban las frutas más apetitosas y aquel chico se rehusaba a proveerles más comida de la que ellos pudiesen recolectar. Una vez terminado el desayuno seguía la invariable lección de pociones, puesto que Ryujan no era un mago, lo único que podían obtener de magia de él eran los libros que se encontraban en el segundo piso de sus habitaciones. Había ahí una gran colección de libros y un estante que, según sus propias palabras, le había regalado la señorita Helga, el cual parecía no vaciarse nunca de los ingredientes para las más diversas pociones.

Durante ese tiempo el joven solía ausentarse, más de una vez Hermione lo había visto dirigirse al bosquecillo en el que se adivinaba la silueta de un pequeño lago. El resto del día consistía en practicar su resistencia muscular con ejercicios raros en una sola postura pero que exigían un considerable esfuerzo, aunque a Neville parecían no serle desconocidos.

Cuando la luz menguaba en lo que podía llamarse el atardecer generalmente Ryujan encendía alguna fogata en la que colocaban algunos pescados atrapados en el lago, también por regla general estas cenas estaban acompañadas de un silencio incómodo, ya que ninguno de los que estaban ahí parecía ganar algún premio por ser un buen conversador, y la única vez que Harry había preguntado cómo había conocido a Helga Hufflepuff, Ryujan lo había ignorado olímpicamente para dirigirse a su habitación. Sin embargo Hermione decidió intentarlo de nuevo.

-¿Por qué haces esto?- le pregunto sin más mientras comían.

-¿Entrenarlos? Porque es lo que la señorita Helga me pidió que hiciera.

-Si pero, esperar mil años dentro de este lugar solo para eso me parece bastante…- Hermione no estaba segura de la palabra con la que podía definirlo pero Ryujan le evito la incomodidad interrumpiéndola.

-A veces uno debe hacer las cosas porque no hay nadie más quien las pueda hacer. En mi pueblo mi padre era el mejor maestro y yo había aprendido y dominado todas sus técnicas a muy corta edad. La señorita Helga me encontró cuando fue a buscar a mi hermana, y a pesar de que ella era especial fui yo el elegido para esta misión.

-¿Especial? ¿Quieres decir?

-Como ustedes, ella podía hacer magia.

-¿Y qué fue de ella?- pregunto Harry, al parecer los demas habían seguido el hilo de la conversación.

-¿Qué crees que le pasa a las personas una vez que han pasado mil años?- pregunto Ryujan en tono hosco.

-Cierto, perdón, pero me refería a durante, el tiempo que vivió.

-La señorita Helga le ofreció un lugar en su escuela, donde aprendería a dominar la magia, pero ella lo rechazó, nuestra familia se hacía cargo de Kamigawa desde que el primer antepasado nuestro estuvo ahí, los hombres se dedicaban a entrenar guerreros y las mujeres eran las curanderas del pueblo, no podíamos dejar de lado esa responsabilidad, asi había sido siempre, hasta que yo rompí la tradición. Mi padre estaba furioso cuando le dije que iba a ayudar a la señorita Helga, pero yo había tomado una decisión, asi que partí y unos días despues estábamos ingresando por esa puerta de dos perillas y..

-¿Dos? La nuestra tenía cuatro- dijo Ron.

-Es obvio, la puerta aparece con la cantidad que se requiere para entrar Ron- contesto Hermione con tono condescendiente, y se volvió hacia Ryujan ignorando la probable replica que Ron estaba a punto de pronunciar.

-En realidad no lo sé- dijo Ryujan- pero aún recuerdo esas perillas con la consistencia del humo que por un momento crees que no vas  a poder tomarlas hasta que lo haces. La señorita Helga construyó este lugar y hechizo las plantas y los estantes para que nunca faltase comida o ingredientes, también le hicieron algo a la habitación, por eso los días duran tres veces más y el aire es más pesado.

-También creo eso- dijo Ryujan despues de una pausa señalando hacia el bosquecillo.

-¿Que hay ahí?- pregunto Hermione.

-Kamigawa- contesto Ryujan levantándose- y creo que ya va siendo hora de que lo conozcan.

Caminaron hacia el bosque sin decir una palabra, las sombras del atardecer se iban haciendo más oscuras y cuando llegaron a la orilla del lago la noche era plena sin embargo el lago parecía estar indeciso ya que, mientras la mitad más cercana a ellos se encontraba sumida en sombras, la mitad más alejada parecía ser mediodía de un día de otoño, las hojas de color oscuro decoraban un caminillo de piedras en el que se adivinaban apenas unos pocos edificios que parecían abandonados hace siglos.

-Eso que ven ahí es Kamigawa tal como está ahora, a través de este lugar he podido observar a la gente ir y venir a lo largo de mi estancia aquí, o al menos de algún tiempo de mi estancia, por algún motivo, la gente empezó a dejar de venir a los templos, poco a poco el lugar se ha ido quedando vacio.

-¿Esos son templos?- pregunto Harry

-Son los templos de los antiguos dioses de Kamigawa, los dragones imperiales, espíritus muy poderosos que protegían el plano físico de las amenazas del mundo espiritual. Eran 5, El Dragón Azul  Keiga, la estrella de la marea, Guardián del mar, de las criaturas marinas y del tiempo.  El Dragón Blanco Yosei, la estrella de la mañana, Guardián del día, de las criaturas aladas y de la energía del sol. El Dragón Rojo  Ryusei, la estrella fugaz, Guardián de los seres terrestres, de la fuerza interna y del poder. El Dragón Verde  Jugan, la estrella ascendente, Guardián de la naturaleza y de la energía vital. Y por último el Dragón Negro Kokusho, la estrella del atardecer, Guardián de la noche y la obscuridad, amo y señor de la muerte.

-Cada uno de ellos representa la parte necesaria para derrotar el mal que se avecina, cada uno de ellos debe encontrar su esencia para liberar el potencial que guarda dentro y cumplir con la profecía, por eso vine aquí, la señorita Helga prometió que si venia aquí podría entrenar a los nuevos dragones… y ser parte de ellos.

-O sea que nosotros, ¿somos ellos? –pregunto Hermione.

-Asi es.

-¿Pero porque nosotros?- pregunto Harry.

-Ya se los dije, a veces nadie más puede hacer las cosas por nosotros. Además, una vez que terminemos con esto recibiré la recompensa que me prometió la señorita Helga, el reloj que marcha hacia atrás.

Siguiente Capitulo.

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La puerta se abrió para los cuatro a la vez, curiosamente ninguno recordaba haber cerrado la puerta, el primero en dar un paso hacia dentro fue Ron, sus pie se dobló por el tobillo y cayo de bruces al suelo, Harry y Neville intentaron ayudarlo a incorporarse solo para correr la misma suerte.

-¿Sintieron eso?- pregunto Hermione que no se había movido de su sitio. -Fue como atravesar por niebla y… – se detuvo a media frase al observar a sus compañeros que se incorporaban lenta y trabajosamente.

-Chicos sus ropas.

– ¿Que tienen nuestras ropas?- pregunto Ron volteando a ver a Hermione y abriendo la boca en una cómica “o” para despues soltar una carcajada. –Hermione ¿cuándo te encogiste?

A pesar de ser casi idénticos en estatura cuando entraron en la habitación, ahora Ron sobresalía más de cinco centímetros por encima de Hermione.

-Yo no me encogí tonto- le respondió Hermione ácidamente- Eres tú al que le crecieron los pies, tanto que no puede dar un paso sin tropezarse con ellos.

Las orejas de Ron parecieron fundirse con su cabello, Harry y Neville habían terminado de incorporarse y aunque habían aumentado un poco de estatura su diferencia no era tan notoria como la de Ron.

-Wow- exclamo Harry al observar las prendas que vestían.

Sus túnicas parecían haberse perdido al traspasar la puerta y fueron sustituidas por ropas al parecer de lino adornadas con caracoles, blancas para Hermione, rojas para Ron, negras para Harry y verdes para Neville, sus ropajes estaban adornados con botones de conchas marinas y ahora calzaban unas zapatillas bastante ligeras y cómodas.

-Chicos, miren- dijo Neville llamando la atención del resto.

Los otros voltearon hacia donde surgía la voz de Neville y tuvieron que hacer un esfuerzo para cerrar sus bocas, ante ellos se extendía un prado con un pasto verde y fresco, no había techo visible y si lo había compartía el hechizo del gran comedor puesto que el sol brillaba esplendorosamente en un cielo con apenas unas pocas nubes, el clima era bastante caluroso a pesar que en Hogwarts ya se empezaban a notar los estragos de los vientos otoñales que anuncian el inminente invierno.

A lo lejos se observaba una construcción, rudimentaria, caminaron en esa dirección. A pesar de que el sitio parecía el ideal para realizar un día de campo, no desestimaron el hecho de que había un silencio antinatural, ni siquiera el viento sonaba a pesar de que lo podían sentir en el rostro, y fluyendo a través de las ligeras ropas, las cuales más de uno mentalmente agradecía, puesto que con las túnicas aquel clima estival hubiese sido insoportable.

-No parece estar lejos- dijo Ron-  voto porque nos acerquemos allá.

-Me parece que no tenemos opción -dijo Hermione quien no estaba mirando la construcción a la distancia- cuando voltearon pudieron notar que la niebla que los había envuelto al cruzar la puerta había desaparecido, y el prado se extendía también en la otra dirección hasta donde alcanzaba la vista.

Parecieron ponerse de acuerdo sin agregar nada más y emprendieron el camino hacia la construcción, aunque no parecía lejana les tomo más de diez minutos hacer el recorrido. El edificio era una construcción de piedra con una puerta sin perilla que se abrió al primer empujón de Neville. La estancia era grandísima más del doble del salón comedor de Hogwarts, al final se apreciaba una escalera que daba acceso a un piso superior, la única iluminación partía de la luz del sol que entraba por las múltiples ventanas.

-¿Hola?- pregunto tímidamente Hermione mientras entraban en la estancia, sus pasos resonaban de forma lúgubre.

– ¿Hay alguien aquí? Qué tontería siempre preguntaban lo mismo en las películas que solía ver con sus padres –pensó y no pudo evitar una punzada de dolor al recordarlos en esas tardes.

-Parece que no hay nadie- dijo Harry carraspeando para poder darle volumen suficiente a su voz, de repente un vaso de agua o de zumo frio se convirtió en el mayor anhelo de Harry. Una sombra pareció deslizarse entre la luz de dos ventanas hacia la izquierda, instintivamente saco su varita y los demas lo imitaron, para sorpresa de todos, estas estaban sujetas por un cordel que lo hacía muy práctico para llevarlas.

-¿Ya es hora?- dijo la sombra, la voz sonó distorsionada y les dificulto ubicar el lugar de origen.

–¿Hora de qué? -pregunto Ron.

–Discúlpenme- dijo la sombra de nuevo y sin ningun aviso se precipitó sobre Ron, algo parecido a una espada surco el aire golpeando la muñeca de este lanzando su varita por los aires, Harry disparó un hechizo que rebotó sobre la espada de la sombra y fue a impactar a Neville, o lo hubiera hecho, si este no hubiese saltado hacia un lado apartándose de la trayectoria, Ron intentó buscar su varita pero un golpe con el canto de la espada lo puso fuera de combate, Hermione se unió al ataque lanzando un hechizo que fue hábilmente desviado y que esta vez sí impacto a Neville derrumbándolo contra una pared, la espada se movió hábilmente y desarmó a Hermione, Harry intentó lanzar otro hechizo pero la sombra le lanzo una cadena que se enredó sobre sus pies, y un segundo despues yacía en el suelo y su varita rodo fuera de su alcance.

Rodo sobre sí mismo por el suelo hasta alcanzarla, Neville y Ron ya estaban incorporándose también, con las varitas en ristre, la espada finalmente se desenvaino de su funda con un sonido escalofriante y la punta quedo a milímetros de la garganta de Hermione.

-Bajen sus varitas, ahora- los tres solo dudaron un instante y soltaron sus varitas que cayeron al suelo con un repiqueteo.

-Déjela en paz- dijo Ron.

-¿Cómo pueden ser tan idiotas?- Pregunto la sombra- Les dije que bajaran sus varitas, no que las tiraran, he esperado cientos de años y me envían a solo un montón de muchachitos tontos. ¿Qué hubiera pasado si el enemigo hubiese sido real? ¿Eh? Los hubiera matado a todos.

La sombra dio unos pasos hacia la pared olvidándose de Hermione y con un tajo de su espada cortó un cordel, la luz entro a raudales una vez que la cortina semitransparente dejo de cubrir las ventanas. El chico vestía ropas muy similares a las suyas, pero de un color azul rey rematado con un sombrero vietnamita cuya sombra le cubría la mitad del rostro.

El joven, no se le podía llamar de otra forma, Harry calculo que no llegaría a la mayoría de edad, tomo varios frascos de una mesa y ofreció uno a cada uno de ellos.

-Tómenlos, les hará bien, y síganme- y sin esperar respuesta salió por la puerta.

***

Loria estaba muriendo, sus latidos eran lentos y pausados y su piel se tornaba más pálida con cada minuto que pasaba.

-Casi es momento- dijo Hugo, aspiro el aire profundamente y una sonrisa de satisfacción llenó su rostro.

-Observa y aprende- le dijo a Tom, ahora tendrás el conocimiento que buscabas cuando nos conocimos.

-Muy gracioso, porque no me lo mandas por lechuza a hace una hora cuando aún me importaba- respondió Tom, aunque sin acritud, al parecer la situación le divertía bastante.

-Aquí estas- dijo Hugo -Hermana mía, hoy renacerás y compartirás mi venganza, vivirás para resarcirte de todo el daño que sufriste- las sombras parecieron agitarse a su alrededor y el viento se desató en el exterior de la tumba.

–Sangre de mi sangre renace y vive- Hugo empezó a entonar un cantico, un cantico que sin duda Santi reconocería desde su eterna prisión pétrea. Una sombra más oscura que las demas descendió sobre el cuerpo de Loria mientras Hugo cortaba con su varita su muñeca. Las últimas gotas de sangre de Loria se mezclaban con la sustancia alquitranada de la sombra, una vez hubo ingresado por completo la herida sanó por si sola.

Loria abrió los ojos y dirigió a Hugo una sonrisa radiante. –Lo logré, funcionó, recordamos el lugar.

-Sí, sí, si- respondió Hugo con ademan maternal acariciando la sedosa cabellera de Loria.-Lo logramos, ahora descansa, hermana mía.

***

Se sentaron a la sombra de uno de los árboles, la bebida los reconforto de manera instantánea y les recobro las fuerzas gastadas en el trayecto y la pelea.

-¿Quién eres? – pregunto Hermione la poción había teñido su rostro levemente y parecía mas despierta de lo normal.

-Mi nombre es Ryujan Mabuza, he estado esperando desde hace mucho tiempo a que el guía llegara para su entrenamiento, la señorita Helga me proporciono un lugar idéntico a donde yo nací para esperar.

-¿Helga? ¿Helga Hufflepuff? La…

-Si, la fundadora de Hogwarts- completo Ryujan la frase de Hermione.- Ella me puso aquí hace tanto tiempo que ya perdí la cuenta.

-Deben ser mas de mil años- tercio Ron con cara de asombro- ¿Cómo pudiste aguantar tanto tiempo aquí?

-Mil años- la mirada de Ryujan se dirigió a un bosquecillo colina abajo donde se adivinaba la silueta de un estanque.

-Bueno, supongo que si ya esperamos tanto un día mas no hará diferencia, les mostrare sus habitaciones y la biblioteca para que puedan instalarse, mañana iniciaremos con el entrenamiento.

-¿Que clase de entrenamiento nos darás?- pregunto Neville.

-Es obvio, hechizos de ataque y defensivos, y algún tipo de magia oriental- respondió Harry que no le había pasado por alto la indudable apariencia asiática de Ryujan.

-No, su entrenamiento será más físico, les ayudare a aumentar su resistencia y su agilidad, y por las tardes aprovecharan la biblioteca para adiestrarse en la preparación de pociones.

-¿Quieres decir que no nos vas a enseñar ningún hechizo? No pretenderán que nos enfrentemos a lo que sea que venga como si fuéramos una especie de Bruce Lee- dijo airada Hermione, su pelo, que ahora ya no estaba trenzado, se alboroto aun mas con los ademanes que hacia.

-No se quien sea ese tal Lee que mencionas, pero yo voy a hacer lo que la señorita Helga me pidió que hiciera.

-Pero algún hechizo habrás de conocer, algo que le hayas aprendido a Helga- dijo esperanzado Neville.

-No podría aunque quisiera, yo no puedo hacer hechizos, creí que era obvio, yo… soy un muggle.

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Las escaleras eran simples trozos de roca socavados, y descendían en espiral de forma tan pronunciada que prácticamente cada tres pasos se encontraban en dirección opuesta a la anterior.

Tom no alcanzaba a vislumbrar más allá del siguiente escalón aun con la ayuda de la luz de su varita, la oscuridad reinante parecía impenetrable, incluso el sol de la tarde no les proporciono claridad más que para iniciar su marcha, como si la luz se rehusase a ingresar a ese lugar.

El cuerpo de Loria había quedado a buen resguardo bajo un hechizo desilusionador recargado contra uno de los pilares de roca, Hugo había insistido en que debían conservarla.

Tras lo que parecieron cientos de escalones Tom empezó a vislumbrar una pequeña luz a escasos metros por debajo de ellos, la luz provenía de dos velas colocadas sobre una especie de altar de piedra, apenas más pequeño que Hugo, las velas parecían nuevas y no se apreciaban gotas de cera escurriendo por sus lados.

Detrás del altar existía un pequeño espacio hasta llegar a una pared lisa de alabastro, sin adorno alguno a excepción de las vetas del mineral, una corriente de aire entro por alguna parte haciendo recorrer un escalofrío por la espalda de Tom. Su garganta pareció cerrarse durante el camino, por lo que tuvo que carraspear antes de preguntar.

-¿Ese es el lugar?

-Sí, detrás del muro encontraremos lo que hemos estado buscando.

-El Grimorio- murmuro Tom, Hugo le dirigió una mirada sonriente.

-Vaya que los chicos de hoy son conformistas, pero allá tú- Hugo paso por detrás del altar y recorrió el muro con sus manos, con los ojos cerrados. –Acércate- le dijo a Tom.

 –Toca, siéntelo.

Tom recorrió el muro con sus manos, la piedra era dura y fría pero ahí donde entraba en contacto con la piel absorbía calor, la piedra misma parecía respirar y latir bajo su mano.

-Hay que hacer un pago- dijo Hugo –Pero no se aun como- bajo su varita y con ella hizo un corte en la palma de su mano, intento acercarla al muro pero la herida cicatrizo inmediatamente, ni una sola gota de sangre salió de ella.

-Déjame intentar a mí- Tom repitió la operación, esta vez de la muñeca y el resultado fue el mismo, la sangre se negaba a salir por la herida.

-Su casa, sus reglas -dijo  Hugo- Apoyo ambas manos contra el muro y Tom lo imitó

-Queremos entrar- el muro pareció leer su pensamiento, varios pinchos de la piedra se materializaron directamente contra sus palmas, la sangre escurrió, generosamente esta vez,  y fue absorbida por el muro, las vetas del mineral se retorcieron dando la apariencia de enfurecidas serpientes, se enroscaron y estiraron hasta formar un contorno que se fue contrayendo sobre sí mismo hasta dejar un hueco suficiente para permitirles el paso.

El pasillo era corto y conducía a lo que parecía una cueva, un círculo de piedra se encontraba en el centro de la misma, y destacaba por su blancura casi cegadora. Mediante un tácito acuerdo ambos se colocaron en el círculo bloqueando sus mentes y preparándose para lo que venía.

Un sonido como de garras sobre madera sonó a la distancia, parecía acercarse ya que cada vez el sonido aumentaba y parecía rebotar en las paredes hasta que termino convirtiéndose en una autentica cacofonía. Una fina lluvia de polvo y guijarros cayó desde el techo de la cueva, aunque este no se podía adivinar a que altura se encontraba debido a la oscuridad reinante, y el suelo tembló ligeramente bajo sus pies, sin embargo los magos permanecieron serenos con la mirada fija al frente.

Súbitamente el suelo desapareció bajo sus pies y cayeron en un pozo profundo y helado, la temperatura disminuyo de golpe, no hubo temblores sin embargo ni quejas por la repentina perdida de la solidez debajo de ellos, el miedo estaba perfectamente guardado en capas más subterráneas de su mente, cayeron por lo que se les antojo interminables minutos hasta que fueron depositados en una sala muy amplia.

Los tesoros apilados a ambos lados se elevaban hasta perderse de vista en las alturas, el sonido de las garras volvió a hacerse presente, esta vez de forma más pausada, al final un enorme ciempiés apareció por el fondo del pasillo, la criatura traía montado un hombre gordo en cual aparentemente carecía de cabeza. Sin embargo ello no parecía ser una limitante para comunicarse, la voz que sonó no fue dura, por el contrario, era melodiosa y embriagadora, y tenía el tono de un anfitrión contento por recibir a sus invitados.

-¡Ya están aquí, han tardado mucho!

Los magos no contestaron, Hugo hizo una ligerísima inclinación de cabeza a modo de saludo y Tom lo imitó.

-Ya veo, pueden hablar con confianza, ahora son mis invitados- el ciempiés inclinó su cuerpo dejando que el hombre gordo resbalara sobre su lomo hasta caer aparatosamente.

Una vez en el suelo el ser rodó grotescamente hasta quedar recostado sobre unos almohadones, unos rastros de baba color azulado, que probablemente le ayudaban a desplazarse quedaron sobre el suelo.

-Vamos no sean tímidos, pero que mal anfitrión soy los tengo de pie- movió ligeramente sus manos y pudieron notar que en sus palmas tenia bocas repletas de colmillos, dos sillas se materializaron tras de ellos- Por favor tomen asiento y cuéntenme ¿Quiénes son?

-Mi nombre es Hugo, y el de mi compañero es Tom- dijo el más joven de ellos despues de tomar asiento, su voz sonaba alegre pero su cara permanecía dura como roca.

– Y ¿a qué debo el honor de su visita?- el ser se dio un fingido golpe en la inexistente frente- Pero que torpeza la mía, ni siquiera me he presentado, aunque… Por supuesto ustedes ya saben mi nombre.

-Por supuesto que lo sabemos- dijo esta vez Tom su cara no dejaba traslucir ninguna emoción.

-Lo saben ¿eh?- el tono adulador había desaparecido de su voz. – ¿Y que buscan aquí?- la voz se tornó un poco más grave esta vez.

-Sabiduría y conocimiento- dijo Hugo.

-Pues yo no los tengo. – Dijo el ser, el ciempiés había vuelto y con sus tenazas echo encima de su lomo nuevamente al hombre gordo- Adiós, siéntanse libres de tomar lo que gusten cuando salgan, mis tesoros están a su disposición.- dio media vuelta y empezó a alejarse de ellos.

-No nos interesan sus tesoros.- dijeron Tom y Hugo al mismo tiempo, hasta ahora todo había salido como habían practicado.

El ciempiés se detuvo y el hombre gordo bajo por su propio pie esta vez, el cuello surgido firme y poderoso detrás de los hombros, el cuerpo se ensanchó, una armadura y un hacha de guerra se materializaron sobre el ser, que arremetió violentamente contra ellos blandiendo el hacha mientras gritaba.

-¿Se atreven a rechazar mi generosidad?

-Si- dijeron nuevamente al unísono.

El hacha se detuvo a milímetros del cuello de Tom, sin que el mago alterase ni un ápice su rostro.

-¿Qué buscan aquí? –Trono el ser, convertido ahora en un gigante de más de dos metros y con una voz atronadora.

-Sabiduría y conocimiento- dijo Tom esta vez.

– ¿Y porque habría de dárselos?, ¿por un alma mutilada? o ¿por un trozo de alma que no sirve para nada? ¿Qué me darán a cambio ustedes?

-Nada- dijeron los dos magos.

El guerrero desapareció, y tuvieron enfrente un caballero elegante, un trono alto de oro apareció detrás de él, o quizás estaba ahí desde el principio. Una vez estuvo sentado en el preguntó a los magos.

-Si no voy a tener sus almas, y no me van a dar nada a cambio, no veo el motivo por el que deba darles conocimientos o sabiduría, he vivido eones y he negociado con los de su especie desde que aparecieron en este miserable planeta, pero a menos que haya cambiado el concepto de transacción en los últimos tiempos, creo que debo obtener a cambio algo por mis “servicios”.

– Oscuridad – dijo Hugo.

– Caos – añadió Tom.

El caballero se puso de pie – Bien, si pueden exponer los conocimientos que solicitan en tres preguntas accederé a sus deseos, ¿quizás quieran unos minutos para decidir quien hará las preguntas y como las dividirán?

-No es necesario- respondió Tom,- solo necesitamos dos preguntas una para cada uno.

El rostro del caballero palideció levemente y apretó los puños fuertemente, sin embargo recuperó su control de inmediato.

-De acuerdo. Empecemos por el remedo de alma.

-Los primigenios, el cierre y la llave ¿dónde lo encuentro? –pregunto Hugo.

El caballero extendió la mano y un pergamino apareció Hugo lo tomo con una leve reverencia y sin decir palabra dio media vuelta y empezó a alejarse a los pocos pasos una puerta se materializó frente a él, sin ninguna duda la cruzó.

-El Caos reptante y los diez mil vástagos, ¿Dónde los encuentro?- preguntó Tom

De igual manera otro pergamino apareció sobre las manos del caballero, Tom se acercó a tomarlo, pero justo antes de asirlo el caballero cerro el puño sobre el pergamino.

-¿Sabes? Yo te puedo ofrecer un trato más jugoso que el de tu compañero, he visto tu alma Lord Voldemort, he visto lo que has hecho y lo que puedes llegar a ser si te lo propones, diez mil vástagos sangre de tu sangre con tu alma atada a cada uno de ellos en los que vivirás diez mil vidas es algo muy tentador para quien tanto teme a la muerte, pero las diez mil vidas se agotaran, las diez mil vidas verán su ocaso jóvenes o viejas, pero sin duda lo verán en algún momento, yo te ofrezco inmortalidad plena, juntos podemos dominar el universo, podemos controlar al estúpido omnipotente que sigue a la flauta y regir el universo, y a cambio yo te daré este planeta exclusivamente para ti.- un halo rojizo brillo momentáneamente en los ojos de Tom.

-Tardaste un poco- le dijo Hugo una vez que se reunió afuera del altar con él, a diferencia de su ingreso la puerta que aparecía llevaba directamente al exterior, la noche había caído ya afuera.

-El muy idiota aún quiso hacer un último intento- Tom soltó una risita, sus ojos parecían brillar en la oscuridad, sin duda estaba contento.

Hugo caminó hasta adonde habían dejado el cuerpo de Loria, levanto el hechizo desilusionador, con un movimiento de varita el cuerpo floto junto a ellos mientras caminaban alejándose del circulo de piedra.

-¿Para qué nos la llevamos?- Tom no había dejado de notar el ligero movimiento en el pecho de Loria, probablemente sus últimos halitos de vida.

-Siempre he querido tener una hermanita- respondió Hugo, mientras continuaba su camino hacia el campo fúnebre.

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Hugo y su padre caminaban por el pueblo a unos pocos kilómetros al poniente de Salisbury en el condado de Wiltshire, Amesbury que era como se llamaba la localidad, de pequeña población, era perfecta para sus planes inmediatos. Decidieron colocarse en un hostal a las afueras del pueblo, del lado opuesto de su destino real donde pasaron por turistas de vacaciones, el señor Tom era un medico retirado que con su risa amable, y una consulta gratuita sobre la calvicie del hostelero se ganó rápidamente la confianza de este.

Al día siguiente de su llegada se dedicaron a recorrer las ruinas de un campo fúnebre de la edad de bronce, según palabras de Hugo, nadie conocía de su paradero. El, le explico a Tom, valiéndose de algunos experimentos, lo ubicó en su “otra vida” como solía referirse a cualquier cosa de su pasado.

Estaba compuesta por escasamente dos tumbas pero la gran cantidad de objetos valiosos dentro de la cámara mortuoria revelaban que los ahí enterrados eran de la realeza o como mínimo pertenecientes a la alta aristocracia, caminaron hasta llegar a la que sin duda era la más importante de las dos, los grabados  a pesar del paso del tiempo y de las enredaderas que se habían apoderado del lugar, eran exquisitos y en su mayoría se encontraban ribeteados de oro, lapislázuli y algunos engastes de piedras finas.

-Muy interesante, pero lo de turistas es solo una pantalla por si no lo recuerdas, estamos aquí por asuntos más importantes que ver un par de estúpidas tumbas.- tronó Tom alzando cada vez más la voz.

Hugo lo ignoró olímpicamente adentrándose más en la tumba.

-Antes pensaba que cuando muriera me hubiese gustado que mis restos descansasen aquí.

-Todavía se puede- dijo Tom con mordacidad.

-Ja, ja que divertido- Hugo se detuvo frente a lo que parecía un altar con varias copas de oro adornadas con rubíes.

-He vuelto- gritó de repente.

Como respuesta las copas se tambalearon hasta caer al piso donde el sonido se acrecentó por el eco de la tumba.

-Excelente- pensó Hugo para despues dirigirse a Tom.

-Debemos conseguir el tributo para abrir el portal, despues regresaremos aquí, para conseguir un nuevo aliado.

***

Lentamente vació la poción en los labios inertes de Sam, su piel había perdido bastante color y se notaba marchita y traslucida. Ya habían pasado varios días desde que Tom lo había dejado, Bucky le llevaba puntualmente alimento para él y la poción restauradora para Sam.

El Profeta también era parte de la entrega diaria, donde cada mala noticia lo apuñalaba arteramente. El cazador había sobrevivido, aunque su rostro había sufrido bastantes estragos, probablemente causados por James, todavía era reconocible.

La gente lo tomaba como un héroe que había intentado rescatar al jefe de aurores y su esposa del enloquecido Sirius.

Peter había fungido como testigo, “James me llamó y yo solo atine a avisarle al segundo al mando en la oficina de aurores” Aquello era mentira por supuesto, James no había mandado ningun mensaje, ahora le quedaba bien claro quien había sido el traidor a la resistencia, y solo el recuerdo del juramento que había hecho a Tom le impidió lanzarse a la caza de Peter, pero lo peor llego dos días despues, ya bastante malo era saber que Ellie había desaparecido sin rastro, pero saber que Harry y algunos de sus compañeros de curso habían desaparecido de igual forma y dentro del castillo donde se suponía que debían estar a salvo acabó por desmoralizarlo. Desde entonces solo se había dedicado monótonamente a cuidar a Sam, permaneciendo horas a su lado, hablándole esperando una respuesta que sabía que no iba a llegar, hasta que el cansancio lo sucumbía y era despertado por Bucky, ansiaba el momento que regresara Tom y salir a luchar, a destrozar al maldito cazador y al traidor Peter, y sobre todo a intentar encontrar a Ellie y a Harry.

***

La habitación estaba exactamente igual a como Harry la recordaba, Ron y Neville habían aceptado de inmediato, cuando Harry y Hermione les propusieron acompañarlos para ver que había detrás de la puerta. La figura permanecía en las sombras aun, para Harry le parecía bastante raro que no se hubiese movido del mismo lugar donde se había quedado hace dos días, luego recordó que el tiempo no transcurría igual en esa habitación y que probablemente para el no habían pasado más que unos segundos desde que habían salido.

-Hola, hemos vuelto con las personas restantes como nos había pedido – dijo Hermione.

-Ya veo- dijo la sombra- ¿y los restantes están dispuestos a aceptar el pago que hay que hacer?

-Si nos explica esa parte del pago, estaríamos más tranquilos- dijo Neville.

-Bien, debo advertirles que una vez crucen esa puerta no habrá marcha atrás, una vez iniciada esta aventura deberán llevarla hasta el final, les guste o no.- la sombra hizo una pausa, como si intentase aclarar su ideas.

-Detrás de esa puerta hay cuatro habitaciones, que deberán ir sorteando una a la vez, lo que ahí encontrarán es producto de los muchos viajes de una de las fundadoras de Hogwarts, en cada habitación habrá una puerta idéntica a esa que lleva a la siguiente habitación, pero de igual forma que esas perillas son de humo para sus compañeros restantes, aquellas lo serán mientras no se ganen el derecho de pasar a la siguiente habitación. Cada habitación está equipada de diferente manera y está habitada por una persona elegida especialmente para instruir al guia que nos ayudara en esta cruzada.

-¿Que cruzada?- pregunto Ron.

-¿No los has puesto al tanto de todo?- preguntó la sombra dirigiéndose  a Harry.

-Yo, omití lo de los enemigos… creo

-¿Que enemigos?- pregunto esta vez Neville.

-No importa- dijo la sombra- solo deben saber que tiempos oscuros se acercan y que deberán estar listos para enfrentar a enemigos poderosos si quieren salir triunfantes de esto.

-¿Y porque nosotros? -Preguntó Ron- Digo no es que me asuste- agrego rápidamente despues de mirar discretamente a Hermione.

-¿No eres tu un Gryffindor? – dijo burlona la sombra, las orejas de Ron se mimetizaron con el rojo de su cabello- Sepan que la alternativa es esperar a que esos enemigos lleguen y los tomen desprevenidos, si ese es su gusto adelante.

La sombra dio tiempo para esperar una respuesta pero ninguna otra protesta apareció.

-Bien, como les decía, cada persona les ira dando un poco de ayuda e instrucción para salir bien librados de esto, deben recordar una cosa, no importa el tiempo que duren en cualquiera de las habitaciones, el tiempo no se moverá, pero en cuanto crucen una puerta, automáticamente habrá pasado un año en el mundo exterior, es igual si duran un milenio o quince minutos en lograr su objetivo, de igual forma habrá pasado un año.

-¿Quiere decir que tendremos -Harry hizo una pausa para contar mentalmente- quince años en cuanto salgamos de las habitaciones?

-Dieciséis, olvidas la puerta que debes cruzar para regresar aquí, en la cuarta habitación, encontrarán una puerta que los traerá de regreso hasta mí, y también encontraran el reloj.

-¿Reloj? –preguntaron todos al mismo tiempo, Ron soltó una risita nerviosa que no tuvo eco en sus compañeros, asi que mejor guardo silencio.

-Sí, el reloj que corre hacia atrás, es un artefacto muy raro y que solo puede ser usado una sola vez, puede regresar en el tiempo a una persona hasta donde esta lo desee y en el lugar que esta elija.

-De esa forma recuperaríamos el tiempo perdido- Dijo Hermione- pero eso no afectará a las demas personas.

-Sera como si nunca se hubieran ido- contestó la sombra.

-Entonces hagámoslo- dijo Ron.

Las perillas se materializaron en las manos respectivas, Harry conto hasta tres para sincronizar el movimiento, la puerta cedió y ellos entraron en la siguiente habitación.

***

Loria era una pequeña niña de 10 años, con un pelo platinado que le llegaba por debajo de los hombros. Le encantaba pasar el tiempo cazando mariposas y recolectando flores en el amplísimo prado a espaldas del convento, ahí fue donde conoció a Hugo un niño algunos años mayor que ella, el cual estaba de vacaciones con su padre que era doctor, pronto trabo amistad con él, Hugo era un chico especial, sabía hacer cosas sorprendentes, podía poner a bailar a las hormigas y lograr que las mariposas la cubrieran por completo haciéndole cosquillas. Hugo le dijo que su padre y el estaban planeando una excursión a las grandes rocas a la salida del pueblo por si quería acompañarlos.

-¿Excursión?, pero si las rocas están a quince minutos del pueblo y eso a paso lento.- dijo la niña –eso no es una excursión.

-Pero pondremos un mantel en el suelo y comeremos bocadillos además de quie te enseñare unos trucos nuevos, ¿Qué dices?

-Claro, mis papas me dejan ira a donde sea, siempre y cuando regrese antes de que anochezca, Amesbury es un pueblo muy chico y casi todos nos conocemos.

Quince minutos despues, en compañía del papa de Hugo “llámame Tom” había insistido, subían la pendiente que los conduciría el montón de rocas. Para Loria las rocas no eran ninguna novedad, las veía más de tres veces por semana, asi que espero afuera del círculo mientras Hugo y su padre se dirigían a lo que llamaban “el altar”

De reojo vio que Tom sacaba un palito, a lo lejos un trueno retumbo en el cielo, por alguna razón Loria se empezó a sentir inquieta. Decidió que iría a decirle a Hugo que se iba a casa, amenazaba tormenta y su madre no quería que ella estuviese fuera. Se acercó y descubrió que Hugo y su papa habían desaparecido, se fue acercando más y más hasta el altar que es donde los había visto por última vez, quizás estuviesen tendiendo el mantel, a lo mejor y hasta le daba tiempo de tomarse un bocadillo, la sonrisa de este pensamiento se quedó grabada en su rostro mientras sintió que caía sobre el altar, algo pegajoso y caliente escurría de su cuello y manchaba el altar el cual empezó a brillar y a moverse lentamente revelando una escalera y un agujero negro y profundo, y a pesar que los ojos de Loria estaban fijos en el Loria en realidad ya no veía.

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