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Archive for the ‘Tercer Tomo’ Category

Nota: este es un flashforward, ocurre muy adelante en los eventos actuales de la historia.

Era tarde, muy tarde al menos para una visita.

Sobre todo si tomaba en cuenta que la personita que solía visitarlo tarde hacia un buen rato que se había marchado a su cuarto. De hecho habían estado conversando, planeando hasta altas horas de la noche, la cacería de los horrocruxes por fin parecía tener una dirección a la cual dirigirse, lo cual era bueno ya que el tiempo era lo que escaseaba, involuntariamente flexiono su mano y el dolor volvió como un viejo conocido, un agudo y centelleante viejo conocido.

Así que, solo quedaba preguntarse, ¿Quién era la persona que había hecho aquel ruido? Aun a regañadientes notó que había descuidado la atención que debió ponerle desde un principio, divagando en la conversación con Harry y la carga que pensaba dejarle.

Intentó encender la luz de las velas con su mano afectada y ese dolor volvió a invadirlo, la carne parecía retorcerse y consumirse, tendría que pedirle a Severus más poción por la mañana, pero ahora era importante verificar el ruido, no eran tiempos para que un estudiante estuviera fuera de su habitación a esas horas de la madrugada, aunque dudaba que fuese un estudiante quien hubiese podido entrar a su oficina sin haber pasado por la gárgola de la entrada, ¿quizás un elfo cometiendo alguna torpeza? Lo dudaba, a menos que fuese Dobby lo cual sería muy bueno, le gustaba ese elfo.

Logró al fin encender la luz, para encontrarse con una varita apuntando amenazadoramente hacia él desde un ángulo donde la luz ocultaba la forma exacta del chico, sin embargo los ojos verdes eran inconfundibles, bastante astuto. Aunque… la barrera para encontrar sus pensamientos era demasiado fuerte, Harry nunca había sido tan bueno en oclumancia, pero sin duda era Harry revestido en alguna especie de traje a todas luces de escamas de dragón.

-Tengo una varita- anuncio Albus como quien opina sobre el clima que hace -Cálculo que podría atacarte aun antes de que lanzases algún hechizo pero sabes que no quiero hacerlo- dijo en voz neutra Albus.

-Inténtalo y será tu fin vejete.

La sonrisa afloro al rostro de Albus, y notó que la varita titubeo en manos del nuevo Harry, pero solo un instante, pasadas unas milésimas la mano que la empuñaba seguía tan firme como si fuese de piedra.

-Bien entonces estamos en un dilema, no creo que la mitad de la escalera y detrás de un armario sea la mejor manera de entablar una conversación.

-¿Y quién dijo que quiero conversar?- respondió Harry.

-Entonces ¿Por qué no has atacado?- replico Albus serenamente.

-Haremos esto- subió ambos brazos muy lentamente y se giró de espaldas también muy lentamente, empezando a avanzar escalón por escalón, bajó deliberadamente lento su mano para extraer su varita entre los dedos índice y pulgar y la colocó sobre una mesa llena de artefactos de plata, siguió de espaldas hasta llegar a una poltrona donde tomo asiento.

-Bien, creo que ahora ya puedes salir y podremos hablar.

-No es contigo con quien quiero hablar, ¿Qué has hecho con la Directora Mcgonagall?

-Bueno, Minerva debe estar durmiendo en su habitación en el segundo piso, ¿quieres que la mande llamar? Y el director de Hogwarts, al menos hasta donde recuerdo, soy yo.

La varita bajó lentamente hasta dejar de apuntar a Albus, mientras Harry salía hasta mostrarse bajo la luz de las velas.

-Que extraordinario, en verdad extraordinario.

-¿Qué tiene de extraordinario?

-Tu Harry, porque eres Harry, de eso no me queda la menor duda, pero tu cicatriz, o mejor dicho, la ausencia de esta me dice que no eres el Harry que conozco, sin embargo…- Albus dejó que sus palabras se perdieran mientras seguía contemplando a Harry.

–Bien me queda claro que estás metido en alguna otra aventura y por azares del destino has llegado hasta aquí, así que dispara ¿en qué puedo ayudarte?, o mejor dicho ¿Qué has venido a buscar?

-Al director de Hogwarts, aunque no esperaba que tú lo fueses, en mi mundo eres el Primer Ministro, todos te apodan el Brujo Blanco, y eres un dictador.

-Te creo, el poder político no es mi fuerte, ya tengo otro motivo para no aceptar el cargo si me lo vuelven a ofrecer- comento Albus sonriendo.- Pero no nos preocupemos por mí, sino por lo que te ha traído aquí.

-Hay una habitación aquí, en Hogwarts, mis padres murieron y he pasado mucho tiempo entrenándome, hay una habitación especial al final de ella, controla los diferentes mundos, universos o algo así, se supone que esto me debe ayudar con los enemigos que esperan afuera.

-¿Enemigos dices?

-Con quien hablamos mencionó tres, el que mantiene el puño de hierro sobre la sociedad, básicamente tu otro yo. El que engañó a mi padre haciéndose pasar por su amigo, mi padrino Sirius Black, y un enemigo que viene más allá del mar. Los tres pelearán por la supremacía y el que gane buscara eliminarme.

-Lo lamento, pero yo no puedo ayudarte- si esos poderes entran en pugna, discúlpame mi poca modestia pero, lo más probable es que el vencedor sea yo. No existe mago más calificado o poderoso en estos tiempos, sin embargo…

-Sin embargo ¿qué?

-La magia es extraña Harry, es algo que no se atiene a la lógica, pero de algún modo siempre encuentra el camino del equilibrio, aquí, tu otro yo enfrenta peligros que aún no sabemos si serán solventados… No sin graves repercusiones al menos –Albus cerró los ojos y por un momento pareció mucho más anciano que antes. – Solo puedo hacer conjeturas y ponerte al tanto de las similitudes entre este mundo y el otro, lo cual puede ayudarte o confundirte más, yo solo puedo darte la información, lo que hagas con ella dependerá de lo que tu creas correcto.

Albus se levantó de golpe revitalizado, lo cual tomó por sorpresa a Harry quien inconscientemente levantó la varita, aunque la bajó de inmediato aparentemente apenado.

-Buenos reflejos Harry, siempre los has tenido, primero lo más importante. ¿La señorita Granger y el joven Weasley están contigo?

-¿Cómo lo sabe? Yo no…

-Son tus incondicionales aquí, te serán de mucha ayuda, confía en ellos. El joven Longbottom también es digno de confianza, al menos aquí. Respecto a tu padrino, Sirius Black, ¿tienes pruebas de que él mato a tus padres?

-Su varita probó haber… Bueno eso me lo dijiste tú, bueno usted, digo, su otro yo.

-Pero estamos conscientes que mi otro yo no es la persona más confiable, ¿verdad? Dime ¿tu padrino fue atrapado, está preso?

-No, escapó, yo solo vi su varita me la mostró usted y salí corriendo no volví a investigar solo me dijeron que la habían encontrado en el lugar donde murieron mis padres.

-Aquí tu padrino fue culpado por la sociedad y murió protegiéndote, al final se declaró su inocencia, tú descubriste su inocencia. No estoy seguro pero sería la primera apuesta que deberías hacer, verificar si tu padrino es culpable.

-Pero si no es él, ¿qué es del enemigo que era su amigo y lo traicionó?

-Tendrás que ver cuantos amigos conocías de él.

-Pues está el señor Marsh, el profesor Lupin, y la señora Mathis que es vecina de nuestra casa, hemos cenado un par de veces con ella, también están el señor Pettigrew, al profesor Ryddle lo saludo una vez que fuimos a San Mungo pero…

-¿Ryddle, Tom Ryddle?

-Sí.

-Harry, déjame decirte algo y espero toda tu atención a lo que te voy a decir, Tom Ryddle aquí se hace llamar Lord Voldemort, asesinó a tus padres e intentó asesinarte a ti también cuando eras un bebe, en fin es una historia larga, pero el punto es que es el mago oscuro más poderoso y temible que se haya conocido. Esta deberá ser tu segunda apuesta, no confíes en él bajo ninguna circunstancia.

-Pero el profesor Ryddle fue sanador en San Mungo, hay una placa sobre él en la entrada, es famoso por la ayuda que presta sin cobro a los muggles y pobres, además no estoy tan seguro si es amigo de mi papá, solo lo vi saludarlo una vez en San Mungo.

-Pues no suena al Ryddle que conozco…- Albus meditó un momento antes de preguntar- Lo llamaste profesor, ¿enseña aquí en Hogwarts?

-Sí, Estudios Muggles, le fascinan los muggles y como han sobrevivido a pesar del yugo de los magos.

-¿Puedes decirme cuanto tiempo ha estado el otro Albus como Primer Ministro?

-La tía Bathilda dice que desde mediados de los 30’s. ¿Por qué?

-Harry, puedo asegurarte sin lugar a dudas que no debes confiar en él. Perdóname mi falta de modestia, pero el único obstáculo, obviamente aparte de tu otro yo, que impide que Lord Voldemort lance un ataque directo para conquistar el mundo mágico es tu servidor, y si en tu mundo estoy en una posición de poder y según me cuentas con muchos menos escrúpulos no dudaría que Tom este esperando el momento en que no pueda interferir en sus planes. ¿Sabes cuánto tiempo estarás aquí?

-No, ella solo me dijo que regresaría cuando obtuviera lo que necesitaba.

-Bien, el último enemigo, el que viene más allá del mar, ¿hay algún otro mago poderoso que tenga conflicto con mi otro yo?

-No, quizás el Señor Crouch, era su rival en las elecciones antes de lo de mis padres, pero no estuve ahí cuando se hicieron las votaciones.

-Barty era un mago que se jactaba de su sangre pura, además su familia ha estado por generaciones en el país, así que no puede ser alguien que venga de más allá del mar. Sin duda es algún extranjero, o alguien que viajó y regresó, de cualquier forma lamento decirte que no se me ocurre ningún nombre significativo… a menos que.

-A menos que ¿qué? Señor, esto… Profesor Dumbledore.- carraspeo Harry.

-Harry, ¿mi otro yo, no tiene un… digámoslo así “mago de confianza”, una mano derecha que le ayude con los asuntos del gobierno, alguien que tenga gran predilección por exhibirse delante de la gente y hablar en público?

-No señor, el único que dirige palabras al público es el encargado de relaciones exteriores, aunque antes de entrar a Hogwarts escuche a mi padre hablar con mi padrino sobre que tenía meses fuera del país, mencionaron algo sobre Alemania e Italia.

-¿Y este encargado tiene algún nombre?

-Scrimgeour, Rufus Scrimgeour, pero son muy raras las presentaciones que da.

Dumbledore paseo por el frente de su escritorio con las manos enlazadas a su espalda, murmurando por lo bajo, finalmente parecio decidirse y se detuvo frente a la mesa donde habia dejado su varita.

-Harry, acercate por favor, necesito que me ayudes con algo, observa detenidamente mi varita, puedo asegurarte que no encontraras otra igual en toda tu vida, y ningun otro mago posee algo similar, podrias confirmarme si esa varita esta en poder de mi otro yo, es una pieza de informacion muy importante, crucial quizas para tu cruzada.

Harry observo detenidamente aquel pedazo de madera, con un rictus de esfuerzo marcado en su rostro, finalmente pasados unos segundos asintio –Si es la misma, su otro yo la tiene.

Albus parecio respirar aliviado, y se tomo un segundo para guardar su varita dentro de su tunica – Bien Harry, eso es un gran alivio, ahora dejame decirte algo sobre esta varita, esta varita fue creada por…- el silencio era mas profundo y las fuertes barreras mentales habian desaparecido, Albus se dio la vuelta para encontrarse con que el muchacho de hecho habia desaparecido, de alguna manera tan misteriosamente como llegó se habia ido. La sonrisa se dibujo en su rostro mientras caligrafiaba un pedazo de papel, -Fawkes, por favor.

El ave fenix desaparecio en una vistosa llamarada de colores, Albus se recostó en su poltrona favorita esperando, pasados unos minutos la llama de su chimenea creció cediendo el paso a Remus y Kingsley.

-Albus que ha pasado- preguntó de inmediato Lupin.

-Voy a ausentarme, en un tiempo muy cercano por un tiempo que desconozco, dejaré abierta esta conexión con tu casa Kingsley abusando del favor que tan amablemente me has concedido, Fawkes les avisara el momento, la guardia debe doblarse, no quiero que mi ausencia signifique un peligro para mis alumnos. Remus, Nimphadora quizas quiera ayudar.

-Si, yo lo arreglo.

-Debemos irnos- anuncio Kingsley, estabamos de camino a los suburbios de Kent, otra familia de Muggles desaparecio misteriosamente.

-Entiendo, tanto por hacer y tan poco tiempo- dijo pensativo Albus mientras Remus y Kingsley se dirigieron a la chimenea.

-Solo otra cosa mis amigos…

-Harry es la mejor esperanza que tenemos, confien en El.

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Las escaleras eran simples trozos de roca socavados, y descendían en espiral de forma tan pronunciada que prácticamente cada tres pasos se encontraban en dirección opuesta a la anterior.

Tom no alcanzaba a vislumbrar más allá del siguiente escalón aun con la ayuda de la luz de su varita, la oscuridad reinante parecía impenetrable, incluso el sol de la tarde no les proporciono claridad más que para iniciar su marcha, como si la luz se rehusase a ingresar a ese lugar.

El cuerpo de Loria había quedado a buen resguardo bajo un hechizo desilusionador recargado contra uno de los pilares de roca, Hugo había insistido en que debían conservarla.

Tras lo que parecieron cientos de escalones Tom empezó a vislumbrar una pequeña luz a escasos metros por debajo de ellos, la luz provenía de dos velas colocadas sobre una especie de altar de piedra, apenas más pequeño que Hugo, las velas parecían nuevas y no se apreciaban gotas de cera escurriendo por sus lados.

Detrás del altar existía un pequeño espacio hasta llegar a una pared lisa de alabastro, sin adorno alguno a excepción de las vetas del mineral, una corriente de aire entro por alguna parte haciendo recorrer un escalofrío por la espalda de Tom. Su garganta pareció cerrarse durante el camino, por lo que tuvo que carraspear antes de preguntar.

-¿Ese es el lugar?

-Sí, detrás del muro encontraremos lo que hemos estado buscando.

-El Grimorio- murmuro Tom, Hugo le dirigió una mirada sonriente.

-Vaya que los chicos de hoy son conformistas, pero allá tú- Hugo paso por detrás del altar y recorrió el muro con sus manos, con los ojos cerrados. –Acércate- le dijo a Tom.

 –Toca, siéntelo.

Tom recorrió el muro con sus manos, la piedra era dura y fría pero ahí donde entraba en contacto con la piel absorbía calor, la piedra misma parecía respirar y latir bajo su mano.

-Hay que hacer un pago- dijo Hugo –Pero no se aun como- bajo su varita y con ella hizo un corte en la palma de su mano, intento acercarla al muro pero la herida cicatrizo inmediatamente, ni una sola gota de sangre salió de ella.

-Déjame intentar a mí- Tom repitió la operación, esta vez de la muñeca y el resultado fue el mismo, la sangre se negaba a salir por la herida.

-Su casa, sus reglas -dijo  Hugo- Apoyo ambas manos contra el muro y Tom lo imitó

-Queremos entrar- el muro pareció leer su pensamiento, varios pinchos de la piedra se materializaron directamente contra sus palmas, la sangre escurrió, generosamente esta vez,  y fue absorbida por el muro, las vetas del mineral se retorcieron dando la apariencia de enfurecidas serpientes, se enroscaron y estiraron hasta formar un contorno que se fue contrayendo sobre sí mismo hasta dejar un hueco suficiente para permitirles el paso.

El pasillo era corto y conducía a lo que parecía una cueva, un círculo de piedra se encontraba en el centro de la misma, y destacaba por su blancura casi cegadora. Mediante un tácito acuerdo ambos se colocaron en el círculo bloqueando sus mentes y preparándose para lo que venía.

Un sonido como de garras sobre madera sonó a la distancia, parecía acercarse ya que cada vez el sonido aumentaba y parecía rebotar en las paredes hasta que termino convirtiéndose en una autentica cacofonía. Una fina lluvia de polvo y guijarros cayó desde el techo de la cueva, aunque este no se podía adivinar a que altura se encontraba debido a la oscuridad reinante, y el suelo tembló ligeramente bajo sus pies, sin embargo los magos permanecieron serenos con la mirada fija al frente.

Súbitamente el suelo desapareció bajo sus pies y cayeron en un pozo profundo y helado, la temperatura disminuyo de golpe, no hubo temblores sin embargo ni quejas por la repentina perdida de la solidez debajo de ellos, el miedo estaba perfectamente guardado en capas más subterráneas de su mente, cayeron por lo que se les antojo interminables minutos hasta que fueron depositados en una sala muy amplia.

Los tesoros apilados a ambos lados se elevaban hasta perderse de vista en las alturas, el sonido de las garras volvió a hacerse presente, esta vez de forma más pausada, al final un enorme ciempiés apareció por el fondo del pasillo, la criatura traía montado un hombre gordo en cual aparentemente carecía de cabeza. Sin embargo ello no parecía ser una limitante para comunicarse, la voz que sonó no fue dura, por el contrario, era melodiosa y embriagadora, y tenía el tono de un anfitrión contento por recibir a sus invitados.

-¡Ya están aquí, han tardado mucho!

Los magos no contestaron, Hugo hizo una ligerísima inclinación de cabeza a modo de saludo y Tom lo imitó.

-Ya veo, pueden hablar con confianza, ahora son mis invitados- el ciempiés inclinó su cuerpo dejando que el hombre gordo resbalara sobre su lomo hasta caer aparatosamente.

Una vez en el suelo el ser rodó grotescamente hasta quedar recostado sobre unos almohadones, unos rastros de baba color azulado, que probablemente le ayudaban a desplazarse quedaron sobre el suelo.

-Vamos no sean tímidos, pero que mal anfitrión soy los tengo de pie- movió ligeramente sus manos y pudieron notar que en sus palmas tenia bocas repletas de colmillos, dos sillas se materializaron tras de ellos- Por favor tomen asiento y cuéntenme ¿Quiénes son?

-Mi nombre es Hugo, y el de mi compañero es Tom- dijo el más joven de ellos despues de tomar asiento, su voz sonaba alegre pero su cara permanecía dura como roca.

– Y ¿a qué debo el honor de su visita?- el ser se dio un fingido golpe en la inexistente frente- Pero que torpeza la mía, ni siquiera me he presentado, aunque… Por supuesto ustedes ya saben mi nombre.

-Por supuesto que lo sabemos- dijo esta vez Tom su cara no dejaba traslucir ninguna emoción.

-Lo saben ¿eh?- el tono adulador había desaparecido de su voz. – ¿Y que buscan aquí?- la voz se tornó un poco más grave esta vez.

-Sabiduría y conocimiento- dijo Hugo.

-Pues yo no los tengo. – Dijo el ser, el ciempiés había vuelto y con sus tenazas echo encima de su lomo nuevamente al hombre gordo- Adiós, siéntanse libres de tomar lo que gusten cuando salgan, mis tesoros están a su disposición.- dio media vuelta y empezó a alejarse de ellos.

-No nos interesan sus tesoros.- dijeron Tom y Hugo al mismo tiempo, hasta ahora todo había salido como habían practicado.

El ciempiés se detuvo y el hombre gordo bajo por su propio pie esta vez, el cuello surgido firme y poderoso detrás de los hombros, el cuerpo se ensanchó, una armadura y un hacha de guerra se materializaron sobre el ser, que arremetió violentamente contra ellos blandiendo el hacha mientras gritaba.

-¿Se atreven a rechazar mi generosidad?

-Si- dijeron nuevamente al unísono.

El hacha se detuvo a milímetros del cuello de Tom, sin que el mago alterase ni un ápice su rostro.

-¿Qué buscan aquí? –Trono el ser, convertido ahora en un gigante de más de dos metros y con una voz atronadora.

-Sabiduría y conocimiento- dijo Tom esta vez.

– ¿Y porque habría de dárselos?, ¿por un alma mutilada? o ¿por un trozo de alma que no sirve para nada? ¿Qué me darán a cambio ustedes?

-Nada- dijeron los dos magos.

El guerrero desapareció, y tuvieron enfrente un caballero elegante, un trono alto de oro apareció detrás de él, o quizás estaba ahí desde el principio. Una vez estuvo sentado en el preguntó a los magos.

-Si no voy a tener sus almas, y no me van a dar nada a cambio, no veo el motivo por el que deba darles conocimientos o sabiduría, he vivido eones y he negociado con los de su especie desde que aparecieron en este miserable planeta, pero a menos que haya cambiado el concepto de transacción en los últimos tiempos, creo que debo obtener a cambio algo por mis “servicios”.

– Oscuridad – dijo Hugo.

– Caos – añadió Tom.

El caballero se puso de pie – Bien, si pueden exponer los conocimientos que solicitan en tres preguntas accederé a sus deseos, ¿quizás quieran unos minutos para decidir quien hará las preguntas y como las dividirán?

-No es necesario- respondió Tom,- solo necesitamos dos preguntas una para cada uno.

El rostro del caballero palideció levemente y apretó los puños fuertemente, sin embargo recuperó su control de inmediato.

-De acuerdo. Empecemos por el remedo de alma.

-Los primigenios, el cierre y la llave ¿dónde lo encuentro? –pregunto Hugo.

El caballero extendió la mano y un pergamino apareció Hugo lo tomo con una leve reverencia y sin decir palabra dio media vuelta y empezó a alejarse a los pocos pasos una puerta se materializó frente a él, sin ninguna duda la cruzó.

-El Caos reptante y los diez mil vástagos, ¿Dónde los encuentro?- preguntó Tom

De igual manera otro pergamino apareció sobre las manos del caballero, Tom se acercó a tomarlo, pero justo antes de asirlo el caballero cerro el puño sobre el pergamino.

-¿Sabes? Yo te puedo ofrecer un trato más jugoso que el de tu compañero, he visto tu alma Lord Voldemort, he visto lo que has hecho y lo que puedes llegar a ser si te lo propones, diez mil vástagos sangre de tu sangre con tu alma atada a cada uno de ellos en los que vivirás diez mil vidas es algo muy tentador para quien tanto teme a la muerte, pero las diez mil vidas se agotaran, las diez mil vidas verán su ocaso jóvenes o viejas, pero sin duda lo verán en algún momento, yo te ofrezco inmortalidad plena, juntos podemos dominar el universo, podemos controlar al estúpido omnipotente que sigue a la flauta y regir el universo, y a cambio yo te daré este planeta exclusivamente para ti.- un halo rojizo brillo momentáneamente en los ojos de Tom.

-Tardaste un poco- le dijo Hugo una vez que se reunió afuera del altar con él, a diferencia de su ingreso la puerta que aparecía llevaba directamente al exterior, la noche había caído ya afuera.

-El muy idiota aún quiso hacer un último intento- Tom soltó una risita, sus ojos parecían brillar en la oscuridad, sin duda estaba contento.

Hugo caminó hasta adonde habían dejado el cuerpo de Loria, levanto el hechizo desilusionador, con un movimiento de varita el cuerpo floto junto a ellos mientras caminaban alejándose del circulo de piedra.

-¿Para qué nos la llevamos?- Tom no había dejado de notar el ligero movimiento en el pecho de Loria, probablemente sus últimos halitos de vida.

-Siempre he querido tener una hermanita- respondió Hugo, mientras continuaba su camino hacia el campo fúnebre.

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[Nota: Este es un flashforward, vendría a ser la continuación de “Suelo Macabro”]

Después de dos porciones de patatas algo de queso añejo y tres copas más de vino, el cinturón de Hugo se sentía más apretado de lo que había estado en los últimos meses, reprimiendo un bostezo con la mano dirigió su atención a su invitado.

La atención de Tom no se había despegado de los pergaminos en todo el tiempo que ocupó Hugo para comer.

-¿Seguro que no tienes hambre? Te notas bastante pálido, además este queso esta exquisito.

-¿Cómo llego?- pregunto Tom sin despegar los ojos del pergamino que sostenía entre sus manos el cual parecía un mapa muy antiguo.

-Llegar, llegar. Es tan estúpidamente divertido como todos creen que solo se trata de eso ¿no? En llegar, y ¿a donde es que tú quieres llegar?- pregunto Hugo con una sonrisa en el rostro.

-Sin juegos esta vez- respondió Tom y armándose de toda la paciencia que era capaz de reunir agregó – ¿Sabes llegar?

-¿Y que harás una vez que llegues?, ¿morir, como todos los otros que los han intentado?, no se de uno,- la voz de Hugo dejo su tono infantil y este se incorporó de su asiento imprimiendo vitalidad a cada paso que daba- Óyelo bien, uno solo que haya durado mas de un minuto ahí sin perder la cordura, la vida o su alma.

-La leyenda dice que uno si lo logró. -respondió Tom, recriminándose por no poder esconder el tono de esperanza en sus palabras.

-¿Y porque demonios crees que el resto de su vida le apodaron “El Loco”? ¿Porque se oía genial combinado con su nombre?

-El punto es que sobrevivió y que un mago mas capacitado que el podría salir indemne de ahí y traer el conocimiento y el poder de…

-No lo digas, ni siquiera lo pienses- la voz de Hugo por primera vez sonaba ligeramente asustada- a veces eso es suficiente, sobre todo con tipos como nosotros, esconde su nombre y lo que sepas de el en la capa mas recóndita de tu mente o estaremos perdidos.

-Bien – asintió Tom, a pesar de que consideraba exagerada la reacción de ese niño era evidente que sabia de que hablaba y no pudo evitar preguntarse  ¿Qué demonios quería decir con “tipos como nosotros”?

-Tipos como tu y como yo o me vas a decir que estas completo.- dijo Hugo aparentemente adivinando el pensamiento de Tom.

-¿Completo? – Preguntó Tom sonriendo por primera vez como si lo que había dicho Hugo fuese increíblemente gracioso -No, no enteramente, a pesar de que nunca pude preservarme, por eso necesito llegar, y me sorprende que a tu edad sepas sobre lo que esta “completo” y lo que no.

-Digamos que solo soy una parte que decidió hacer su vida por otro lado.

El rostro de Tom se mostró inquisitivo cuando preguntó.

-¿Y el origen?

-Eliminado, apenas hace unos meses pude despertar gracias a un amiguito bastante útil y confiado.

-Pero ¿como pudiste? ¿De donde obtuviste la información? Todo lo que hablaba sobre el tema fue destruido por Dumbledore hace décadas y convirtió ese conocimiento en algo punible, cualquiera que lo tuviese estaba condenado al beso del dementor sin piedad o perdón posible.

-Dumbledore, siempre le desagradó ese tema- Hugo sonrió de manera amarga hundiéndose en sus pensamientos por unos segundos.

-Te voy a contar una historia, hace ya bastante tiempo había un muggle, un niño muggle para ser mas exacto, con una capacidad asombrosa para imaginar toda suerte de estupideces locas acerca de monstruos y dioses que vivían encerrados detrás de puertas dimensionales ocultas en los lugares mas increíbles- Hugo tomo un respiro para tomar un poco de vino, aclaró su garganta y prosiguió.

-Por supuesto, su familia no daba crédito a sus palabras pensando que eran desvaríos propios de su edad, pero el niño se convirtió en adolescente y el adolescente en hombre y los desvaríos seguían, utilizaba casi cualquier cosa para dibujar los entes con los que soñaba, el afirmaba que lo perseguían, que solicitaban su ayuda para ser liberados a cambio de riquezas y poder, la noticia se filtró mas allá de los muros de su vivienda donde sus padres lo tenían confinado a su cuarto atado con un grillete del tobillo y sacerdotes y ministros acudieron a “salvar su alma”, obviamente sin éxito alguno, pero entre todos ellos hubo uno como nosotros, un mago que se hizo pasar por sacerdote y, con unos cuantos hechizos de confusión, consiguió convencer a los padres de que dejasen a su cargo al joven, lo instaló en su casa y le proveyó de utensilios para que dibujara y escribiera para él todo lo que sabia, esos pergaminos que sostienes son el resultado del trabajo de ese joven. Una vez que el mago estuvo en poder de los pergaminos dedicó tiempo a estudiarlos y poco a poco fue descifrando el lenguaje, ubicando lugares que le resultaban conocidos en sus mapas y cuando tuvo suficiente información decidió hacer el viaje al primer lugar que ubicó, una vez ahí estudio las leyendas locales, la coincidencia entre los hechos y lo que había en sus pergaminos era poco menos que idéntica así que una noche hizo la primera incursión en la puerta donde se encontraba, dicha puerta exigía un tributo así que el mago utilizó a su pupilo para pagar el tributo, la puerta se abrió y el mago dejó su cordura ahí, los pergaminos junto con su diario pasaron por varias manos hasta que Herpo lo encontró y sucedió la misma historia, esta vez mucho mas rápido ya que en el diario del mago se encontraba todo escrito con detalles así que Herpo solo necesito seguir instrucciones y llegó al lugar entro y obtuvo lo que quería a cambio de su cordura, el diario sobrevivió y en una de sus ultima ideas lucidas antes de morir Herpo hechizó el diario para que actuara como escribano de cualquiera que decidiera hacer la búsqueda, ya que por alguna razón todo aquel que hacia la búsqueda perdía la razón o moría y no había evidencia de lo que había hecho y al paso del tiempo el diario ha sido el mudo testigo de todo aquel que intenta “llegar”. –Hugo terminó con un marcado énfasis en la ultima palabra, mientras Tom se mostraba pensativo como meditando lo que había escuchado.

-¿Porque fue diferente con Herpo? –preguntó Tom.

-Tengo mis teorías, la más sólida apunta a que Herpo era un muy buen oclumante y no pudo penetrar en todas sus defensas mentales, lo que me recuerda, ¿Qué tan bueno eres en oclumancia?

-Bastante bueno.

-Bien demuéstralo, quiero ver enanitos verdes.

-¿Enanitos verdes?

-Liberare una capa superior de mi mente enfocaré mi pensamiento en la imagen que yo tengo de un enanito verde, será lo suficiente para que penetres en ella y me hagas ver esos mismos enanitos verdes corriendo por toda la casa.

-Es completamente estúpido lo que pides.

-Lógralo y terminare el relato, aun falta lo mas interesante.

A regañadientes Tom concentro su mente enfocándose en penetrar la de Hugo ubico la imagen y en menos de un minuto Hugo pudo apreciar un montón de enanitos que correteaban alegremente por la cabaña.

-Bien suficiente, eres bastante bueno, ahora lo importante, lo que nos vamos a encontrar ahí es ciego, totalmente ciego se alimenta de emociones y sentimientos, cualquier mención o pensamiento sobre su nombre será suficiente para que pases al olvido, si demuestras alguna emoción igual, la única manera de entrar y salir de ahí indemne es que alguien sin emociones entre o en su defecto alguien que esconda sus emociones perfectamente. Intentara asustarnos, convencernos y confundirnos, incluso ofrecernos regalos, oro, la inmortalidad, el poder absoluto, a todo debemos negarnos ya que son ofrecimientos falsos para despertar la avaricia en el que esta ahí y poder poseerlo, después de un tiempo el ofrecerá responder tres preguntas las cuales rechazaremos y pediremos solo dos preguntas una para ti y una para mi. ¿Qué te parece?

-Y toda esta información viene de…

Hugo le lanzó un viejo diario enmarcado en piel de reptil con una gran “H” dorada en el centro, Tom lo abrió en una pagina cualquiera y leyó unos pocos párrafos, lo cerró y agregó con una sonrisa tendiéndole la mano a Hugo.

-Parece que tenemos un trato.

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El abrazo se prolongó por algunos segundos hasta que Santi pregunto con voz alegre.

-¿Tienes hambre? He traído unos bocadillos.

-Si muchas gracias, ¿cuanto tiempo esta vez?

-Tres años, mis padres no habían querido regresar a España hasta concluir algunos negocios.

-Tres años, eso quiere decir que ahora tienes doce años.

-Si, ya estoy por cumplir los trece en unos meses más, justo después de navidad, sabes, he estado pensando en tu situación, quizás si hablásemos con mis padres ellos podrían conseguir alguien que ayudase con tu problema y…

 -No -la cara de Hugo mostraba una expresión horrorizada- me encontraría y acabaría conmigo como lo hizo con mi familia.

-Pero ha pasado ya tanto tiempo.

-Tu sabes que los magos son mas longevos que ustedes los muggles, mi padre ofreció su vida para asegurarme que podría sobrevivir, aunque fuese solo por las noches y con la ayuda de alguien mas… – las palabras se fueron perdiendo junto con la voz cada vez mas baja de Hugo.

-Pero no hay nadie que pueda enfrentarlo quizás ese Dumbledore del que hablan en las noticias.

-¿Dumbledore?- pregunto Hugo con renovado interés.- ¿Quién es el?

-Es el líder de los magos, mi padre dice que fue el que tomo el control de los gobiernos del mundo junto con los otros magos de los diferentes países hace ya algunos años, según lo que he leído en periódicos y lo que dicen los otros magos no hay mago mas fuerte que el, aunque ya esta bastante viejo.

-No se, suena bien, si el lograra derrotar a ese mago oscuro que asesinó a mi familia podría librarme de mi maldición y entonces…-Hugo elevó su vista, sus ojos se perdieron en la inmensidad del espacio mientras observaba la noche estrellada- Marte – murmuró.

-¿Y entonces? -Pregunto Santi trayendo de vuelta a Hugo de sus cavilaciones.

 -Seria libre, podríamos ser hermanos de verdad.

Ambos niños sonrieron y Hugo apuro el último de los panecillos junto con el resto del jugo que Santi le había llevado.

-Pero antes necesitamos planearlo cuidadosamente, no puedo simplemente aparecerme enfrente de tus padres y decirle, “hola soy la estatua que ha estado viviendo en su jardín estos últimos años, ¿pueden adoptarme?”

Santi rió. -Si tienes razón, ¿pero entonces que haremos?

-Necesitamos jugar con el tiempo, los muggles son muy supersticiosos y la noche les trae malas ideas y yo no puedo permanecer como humano en el día, de modo que…

Hugo caviló por un rato y después corrió hacia donde había dejado su libro y lo hojeo febrilmente hasta detenerse en una página.

-Aquí esta, es un hechizo antiguo, necesitamos elementos mágicos que nos sirvan de soporte, ya que yo no tengo una varita.

-¿Elementos mágicos? ¿Y donde demonios los vamos a conseguir?-pregunto Santi con desilusión.

-En tu cocina, necesitamos sal, vinagre y velas, necesito que los traigas todos mañana y un cuchillo.

-¿Para que el cuchillo?- pregunto Santi por primera vez receloso.

-Con el romperemos el libro que me ata a ser una estatua y así podré ser humano durante el día, creo que es hora que vuelvas a tu casa, descansa y duerme bien, necesitaremos fuerzas mañana.

Se fundieron nuevamente en un abrazo, Santi se dirigió a su casa sin volver el rostro hacia atrás, así que no pudo ver la sonrisa de satisfacción en la cara de Hugo, el cual siguió viendo las estrellas.

***

Estaba de un humor de perros, lo cual dada su condición ya era bastante risible, ¿como era posible que todo hubiese ido tan mal de manera tan rápida? ¿Qué acaso solamente el veía las conexiones? Y ¿como se atrevía James a confiarle su plan a él después de lo que había hecho?

Caminó unas calles en el Londres muggle hasta llegar a un viejo bar donde entró y se sentó en el rincón mas apartado, pidió una cerveza y la empezó a beber con el rostro hundido entre los hombros y la mirada fija en el desgastado acabado de la barra, pensando en lo que había dicho a su amigo, no notaba la discusión que tenían dos borrachos a su lado la cual iba subiendo de tono.

-Ellos tienen la culpa, yo no de…debería estar aquí, debería te… tener mi amplia… oficina y una linda secretaria llevándome café, solo porque no puedo agitar un…maldito palo y hacer algo de hocus pocus.

Sirius adivinó más que comprendió la conversación que se traía el borracho, sin duda un muggle más de los desempleados, después de todo- ¿quien necesita profesionistas muggles cuando tienes un mago? –pensó con una mezcla de orgullo y pesar, tomó el resto de su cerveza y pagó dispuesto a retirarse, dejo una moneda sobre la barra y ese fue su error, la esplendidez Black había aflorado y había dejado un galeón sobre la barra para cubrir el importe de la cerveza.

El hombre que estaba discutiendo con el otro miró fijamente la moneda por unos instantes, el borracho captó la mirada fija de su amigo y observo la moneda, su mano se dirigió al bolsillo de su chaqueta mientras gritaba a la espalda de Sirius

-TÚ, Eres uno de esos malditos magos.

-¿Y que si lo soy?- Sirius ni siquiera volteo a ver al hombre pero su mano derecha se tenso dentro del bolsillo de su chamarra.

-Transforma esto anormal- el estampido fue ensordecedor y Sirius sintió un dolor lacerante sobre su hombro izquierdo, extrajo su varita y la apuntó directo a la cabeza del hombre, un latigazo de color plata impacto en el rostro al borracho estrellándolo contra las mesas del fondo, Sirius sentía el calor de la sangre recorrer su brazo mientras los compañeros del desmayado se aproximaban desde varios flancos intentando cercarle la huida.

-Un paso mas y no seré tan benévolo la próxima vez- advirtió Sirius, chispas rojas volaban de su varita amedrentando a sus atacantes, ganó con pasos calculados la salida y la atravesó hacia la calle.

La muchedumbre se abalanzó en tropel pero cuando salieron el mago se había esfumado, quizás alguno advirtió el perro que doblaba la esquina pero no le dio importancia, tampoco advirtieron el rastro de sangre que iba dejando tras de si.

***

El día había transcurrido lento, las guarniciones estaban guardadas en la mochila y los elementos necesarios estaban preparados, el cuchillo incluido, la noche llego y todos en la casa acudieron a su cita con Morfeo mientras Santi se deslizaba por los arriates hacia la fuente del bosque, repitió el conjuro empapando de agua la estatua, esta vez Hugo acudió mas rápido que la noche anterior.

-Aquí esta lo que pediste.

-Gracias hermano, falta poco, muy poco. -dijo Hugo sin poder contener una sonrisa en el rostro.

Hugo puso manos a la obra y dibujo un pentagrama con la sal en el suelo, dibujando óvalos encontrados en el centro del pentagrama y colocando las velas en cada esquina del mismo, escribió unos símbolos raros entre los espacios de las puntas y prendió fuego a las velas. Estudio un momento el libro y después lo entrego a Santi.

-Entrare con el cuchillo y realizare el ritual, en algún momento te entregare el cuchillo y deberás rasgar las paginas del libro ¿de acuerdo?

Santi se limito a mover la cabeza de arriba abajo, bastante impresionado con el espectáculo.

Hugo se colocó en el centro del pentagrama y ungió sus manos con el vinagre restante e hizo lo mismo con el cuchillo, empezó a entonar un canto en tono grave, era bastante repetitivo y provocaba ecos, involuntariamente Santi empezó a temblar, de repente Hugo se llevo las manos al pecho y su mirada se torno vidriosa por la forma en la que gesticulaba parecía faltarle la respiración y con mucha dificultad pudo articular dos palabras.

-A…yudame… her…man…o.

Santi arrojó el libro y se introdujó en el pentagrama para intentar ayudar a Hugo que había caído al suelo, lo tomó de las manos e intento levantarlo, entonces las manos de Hugo se convirtieron en garfios poderosos que aprisionaban sus muñecas y el cántico volvía a resonar, mas fuerte, mas profundo, Santi lo sentía retumbar dentro de su cabeza mientras el cuchillo cobraba vida y hacia cortes en las muñecas de ambos entremezclando su sangre, roja como una rosa la de Santi y algo parecido al alquitrán emergiendo de Hugo.

Se miraron un instante de frente uno al otro intercambiando sus miradas por un instante, Santi dos cabezas mas alto que Hugo y cayeron de rodillas ambos sin soltarse con la cabeza baja.

Instantes después la lucha comenzó de nuevo ambos se pusieron de pie pero esta vez Santi aprisionaba las manos de Hugo y lo obligaba a ponerse de rodillas de nuevo y juntar sus manos, el libro voló hacia ellas y su consistencia cambio lentamente tornándose dura como la piedra, Santi se apartó y dejo a Hugo de rodillas convirtiéndose centímetro a centímetro en estatua.

Santi en el cuerpo de Hugo alcanzó a suplicar.

-Por… f…av…or.

-De verdad lo siento Santi, me empezabas a caer bien, pero mi destino es mucho mas grande de lo que tu estúpida mente muggle pueda imaginar, gracias por cuidar de este cuerpo para mi. Adiós.

Hugo se retiró del bosque a paso rápido, no dirigió siquiera una mirada a la estatua que había dejado atrás, subió los arriates y se recostó sobre la cama, mucho tiempo había transcurrido desde que había estado en una, el primer paso estaba dado y debía ser muy cuidadoso de ahora en adelante, pero estaba seguro de salir victorioso, si a Dumbledore le gustaban los cuentos para niños, a el le gustaban las historias de terror.

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[Nota: Este capitulo es un flashforward, ocurre en un futuro no muy lejano, en unos cuantos capitulos mas podrán identificar su correcta ubicación.]

Era cerca de medianoche, el hombre se apareció cerca de un claro y camino hacia la cima de la colina, se quito la capucha y dejo al descubierto el rostro de un hombre que inicia su etapa de la vejez, atractivo pero en franca decadencia, inspeccionó lentamente el lugar andando en círculos pequeños primero y mas amplios a medida que avanzaba por momentos se detenía y cerraba sus ojos estirando su cuello parecía intentar olfatear el aire, como un viejo grizzli buscando el mejor viento para cazar.
Finalmente se detuvo en un claro bastante amplio cerca de un grupo de pinos pequeños, observo hacia la nada como si tuviese enfrente una curiosa obra de arte que necesitaba estudiar detenidamente.
Bajo la cabeza como meditando y después dio vuelta enérgicamente retirándose unos pasos hacia atrás de su posición inicial, saco una varita de su túnica y empezó a describir círculos y complicadas florituras mientras murmuraba una especie de cántico repetitivo que aumentaba y disminuía de intensidad a intervalos mas o menos idénticos.
El aire a su alrededor pareció agitarse violentamente, los pinos intentaban no ser arrancados desde su raíz doblándose hasta donde su rígida naturaleza les permitía, mientras lentamente una figura iluminada empezó a surgir en medio de la nada, tenuemente al principio, pero cada vez mas clara, cada vez mas nítida, el mago no pudo reprimir una sonrisa satisfecha pero súbitamente todo ceso, el viento se calmó dejando solo unos troncos tirados donde habían estado los pinos antes y la figura luminosa, que ahora dejaba ver una antigua construcción desapareció, dejando solo su imagen grabada en la retina del mago, desvaneciéndose mas con cada parpadeo que daba.
Agotado, con la frente perlada de sudor cayó con las palmas en la tierra.
-Maldición, tan cerca, tan cerca.

Clap, clap, clap.

El sonido de unos aplausos lo sacó de su enojo y se puso alerta inmediatamente. El aire creaba corrientes y no transmitía bien el sonido era difícil saber de donde venia el aplauso.

-Bravo- dijo una voz infantil, -En mis tiempos era imposible descubrir siquiera un trazo del hechizo fidelius, y tu no solo encontraste el rastro, sino que pudiste ver el lugar, asombroso de verdad.

-Revélate- gritó el mago, elevando su varita y conjurando un hechizo desilusionador tan fuerte que lo ocultaba incluso de sus propios ojos.

-Tranquilo- dijo de nuevo la voz infantil- estoy armado con una varita, pero no pienso utilizarla. Y dicho esto la figura de un niño se reveló levantando su propio hechizo desilusionador y guardando su varita en su cinturón.

-¿Quién eres? – Dijo el mago revelándose nuevamente pero sin bajar la varita.

-Mi nombre es… Hugo ¿y tú?

-Que te importa- masculló el mago sin relajar la tensión de su mano sobre su varita.

Mucho gusto mi estimado “queteimporta”, te puedo ayudar a entrar – dijo, señalando con el mentón hacia el punto donde se encontraba la construcción bajo el fidelius.

-¿Tu? ¿Cómo podría un niño lograr lo que no ha podido el mago más grande en la historia?

-Soy un niño, pero se leer, y por lo que he leído estos últimos meses el mago más grande en la historia se llama Albus Dumbledore, y tú no eres Albus- Puntualizó con una sonrisa burlona en el rostro.

-¡CALLA!- grito el mago apuntando con su varita a la cara del niño, mientras una ráfaga de rojo inundaba sus ojos.

-Albus será basura al lado mío cuando pueda llevar a cabo mi plan y mi respuesta esta ahí.-dijo “queteimporta” señalando el vacío hacia la cabaña.

-Valiente declaración, pero ¿de que te servirá entrar en una vieja cabaña?

-No es asunto tuyo, ahora vete o sino…

-¿O sino… que? –dijo el niño levantando la voz por primera vez y borrando toda expresión infantil de su rostro.

-Morirás, que seas un niño no me detendrá.

-¿Y por que no lo hiciste desde que aparecí? Dejémonos de falsas pretensiones, entremos a la cabaña y negociemos- en un movimiento vago extrajo su varita y envío un pergamino a “queteimporta” que este atrapó con su mano libre sin apartar la mirada ni la varita del niño.

-Léelo, si no ocurre nada, me matas, si puedes entrar bajas tu varita y nos sentamos a negociar, ¿hecho?

Segundos después la cabaña se revelaba ante los ojos del mago.

-Mi nombre es Tom – dijo el mago bajando su varita y con una media sonrisa añadió- Esta bien, hablemos.

Aunque el exterior de la construcción se veía bastante derruido el interior parecía tener solo unos días de desuso, el niño se sentó en uno de los sillones cruzando ambas piernas por encima de una mesa de centro sus ojos azules inspeccionaban la casa con un aire melancólico, extrajo su varita y señalo un taburete en una esquina al instante dos copas y una botella de vino salieron volando y después de colocar generosas porciones en cada copa quedaron quietas en la mesa.

-El mejor vino elfo que hayas probado- dijo el niño colocando la copa a la altura de la nariz – y añejado tiene un sabor exquisito.

-El grimorio, ¿donde esta?- pregunto el mago sin hacer caso de la copa o lo que el niño mencionaba de el vino.

-Tranquilo, hay tiempo de sobra para hablar de planes malévolos ahora relájate y cuéntame quien eres.

-¡No estoy para juegos, dame el grimorio o te arrepentirás!- Grito el mago irguiéndose cuan alto era y esgrimiendo su varita contra el niño el destello rojizo en sus ojos era ahora permanente.

El niño dio un pequeño sorbo sin apartar la vista del mago, de manera pausada coloco la copa en la mesa y dedico unos segundos a observar al mago, finalmente saco su varita y apunto a un cuadro que estaba encima de la chimenea era un paisaje simple una choza en medio del bosque, instantes después el cuadro empezó a cobrar movimiento, la choza parecía crecer dentro del cuadro, al mago le tomo unos segundos entender lo que estaba viendo, era la perspectiva de alguien que veía la misma choza en donde se encontraban ellos desde afuera.

Dentro del campo de visión aparecieron dos manos descarnadas y putrefactas extendidas hacia la casa que seguía aproximándose, en cualquier segundo estaría a la puerta de la misma, la perspectiva cambio y una de las manos se apodero de la manija de la puerta y la empujó para dar paso a un ente que parecía haber sido humano en algún momento coloco sus ojos vacíos en el mago y el niño, ahora se podía ver el rostro de ambos en el cuadro.

-Destrózalo y tendrás lo que quieres- dijo el niño exhibiendo una sonrisa satisfecha, recostándose nuevamente en el sillón con su copa de vino, como esperando un espectáculo para disfrutar.

-Sectumsempra- grito el mago, un fino hilo de pus apareció alrededor del cuello del hombre, los tambaleantes pasos de este no se detuvieron pero fueron suficientes para, lentamente, empujar la cabeza hacia atrás hasta caer al suelo, el cuerpo no se detuvo y la cabeza quedo gimiente balbuceando y babeando estúpidamente.

El mago repitió el hechizo una y otra vez, pronto solo quedo el tronco del ente el cual dejo de moverse casi al mismo tiempo que la cabeza emitía un ronco suspiro mientras un gusano intentaba escapar saliendo por una de sus cuencas.

-¿Eso es todo?-pregunto con sorna el mago -Bien ya lo hice, entrégame el grimorio.

-No me entendiste- dijo el niño con el tono de alguien que explica que uno mas uno son dos, -destrózalo si quieres lo que buscas,- señalo con la cabeza del lado el tronco del ente.

Por un momento intercambiaron miradas, finalmente el mago se acerco al ente cubriendo la distancia en dos largos pasos repitió una vez mas el hechizo sobre el abdomen del ente y colocando su varita en la cintura introdujo ambos brazos en el pútrido abdomen rebusco unos instantes hasta que con un poco de esfuerzo logro arrancar de dentro del abdomen un cofre aun escurriendo de bilis y pus.

–Tergeo- murmuró y eliminando los residuos del cofre lo abrió, ahí estaba lo que había buscado, él grimorio, un antiguo rollo de pergaminos escritos en un lenguaje extraño se extendía ante sus ojos.

-Mi padre siempre fue bueno para cuidar cosas- dijo el niño señalando distraídamente los restos del ente.

-Ahora supongo que podremos conversar un poco- y se levantó de golpe dirigiéndose a lo que parecía ser la cocina y abrir una especie de nevera al parecer murmurando mas para si mismo- parece que mi hechizo de preservación también alcanzo a la comida, genial ¿quieres patatas?

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