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Archive for the ‘One Shots’ Category

El esbelto y ágil mago alzó la pieza por su empuñadura arrancando destellos de la cada vez más intensa luz de la mañana, malabareó con ella entre sus manos fingiendo embates ante unos enemigos inexistentes, maravillándose cada vez más con la portentosa arma.

-Por Merlín que vale la pena, definitivamente jamás he visto una espada semejante. Entonces ese es el trato una lucha de magia, si yo gano recibo la espada, de manera definitiva y para mis futuras generaciones.- puntualizó de manera lenta y pausada el mago- y si tú ganas yo he de entrenarte en el uso de la varita, amen de conseguirte una previamente, ¿ese es el trato?

-Exactamente- replico el duende -puesto que no puedes obtener el control total de la espada sin mi magia y yo no obtendría mi recompensa si murieras durante el duelo, evitaremos maldiciones o conjuros que pudiesen poner en peligro la vida de cualquiera de los dos, y solo uno ganará cuando el otro se de por vencido este inconsciente o desarmado, ¿acordado?

-Acordado- respondió el mago.

Dejaron la espada recostada contra el tronco de un árbol, del mismo en el cual se conocieran hace 3 estaciones, un haya que recibía humedad de un lago continuo al pequeño montículo en el que estaba plantado y que había otorgado generosamente su sombra a los dos, ahora contendientes, en muchas tardes de largas charlas sobre todo y sobre nada.

Se colocaron uno frente al otro y esgrimieron ambos sus respectivas armas, el mago una varita que parecía haberse hecho hace cientos de años y el duende chasqueando los dedos conjuro un pequeño martillo de un metal dorado de inauditos destellos.

-Entonces, comencemos- dijo el mago, y con una ligera inclinación de ambos inicio el duelo.

Rápidamente el duende lanzó un hechizo que despidió tonos violetas y que el mago esquivó con una espectacular voltereta respondiendo desde el aire con un haz de luz roja que el duende detuvo con su martillo y utilizando el mismo movimiento pareció absorber el hechizo para después impactarlo en el suelo directamente frente a el y con un segundo y tercer movimientos, bastante fluidos y ágiles para su corta y rechoncha figura, lanzar dos grandes rocas  que se desprendieron del suelo directo al mago.

Basto un vago movimiento de la varita para convertir la primera de las rocas en pequeños guijarros y un salto para esquivar la segunda que fue a parar al fondo del lago.

-Bastante bien amigo, pero no creo que sea suficiente- declaró el mago con una amplia sonrisa en el rostro, pareciese que disfrutaba con el duelo y que no había nada mas en el mundo que lo hiciera sentir vivo y feliz.

Nuevamente el mago atacó con un rayo rojo al duende el cual, sin disimular una sonrisa de fastidio, desechó con un golpe de su martillo devolviéndoselo al mago, el cual estaba esperando el momento justo para esquivar el ataque cuando un chapoteo a su izquierda llamo su atención.

-Maldición, la roca- masculló por lo bajo el mago, y justamente la misma roca, que al parecer no había terminado en el fondo del lago sino que se dirigía ahora hacía el, amenazando con aprisionarlo entre esta y su propio hechizo, aun sin atinar a decidir que hacer un tercer movimiento a su derecha le indico que había perdido de vista a su enemigo que ahora completaba la labor con un rayo dorado lanzado con su martillo, con una media sonrisa mas parecida a un gruñido y cargada de absoluta satisfacción el duende dijo:

-Espero que esto SI sea “suficiente” amigo.

Solo le dio tiempo al mago de murmurar una palabra en casi absoluto silencio cuando ambos hechizos colisionaron con la roca justo en el punto donde se encontraba el mago, dejando visible solamente una nube de polvo y humo.

El duende se mantuvo expectante, a la espera que se disipara el humo, y no sin reconvenirse mentalmente un ligero tono de preocupación atisbaba en sus facciones cuando sintió que su cuerpo se ponía rígido sus brazos y piernas se juntaban a su tronco y el martillo volaba de sus manos  mientras el mago se acercaba a el.

-Encantamiento momentum – pronuncio el mago dirigiendo su vista al punto donde los hechizos colisionaron con la roca- detiene las cosas por un tiempo sin afectar al que lo invoca me dio el tiempo suficiente para poder desaparecerme, congelarte y desarmarte- dirigió su varita hacia el duende y pronuncio –Finite

El mago doblo parte de su considerable estatura y con una sonrisa en los labios tendió la mano al duende para incorporarse.

-Parece que he vencido viejo amigo, la espada es mía y de mis generaciones futuras.

-Así parece-, replicó el duende con una media sonrisa que revelaba su inconformidad.- No te diré que me agrada pero mi palabra ha sido dada y mi honor no es cosa de juego, la espada es tuya, dame tu mano-, y con un veloz movimiento saco una fina daga de plata con la cual hizo sendos cortes en ambas palmas la del mago y la suya propia, para después introducir entre ambas el mango de la espada y anuncio con potente voz como dirigiéndose a un publico inexistente.

-Hoy, yo, Garnuk duende regente, he sido vencido por un mago sin lugar a dudas por lo cual mi deuda debe ser saldada, mi sangre es testigo de que esta espada pasará a su total y entera propiedad así como de sus generaciones venideras,- y al mencionar estas palabras la sangre de ambos se fundía con la empuñadura de la espada en forma de vistosos rubíes, -y para que no quede duda alguna, de hoy en adelante lucirá el nombre de su legitimo dueño.

Con un rápido movimiento, el duende tomó su pequeño martillo dorado que levanto murmurando encantamientos en una lengua extraña mientras el martillo escapaba de sus manos y empezaba a imprimir en letras al rojo vivo y que una vez que se hubieron enfriado resaltaban claramente un nombre a lo largo de la hoja de la espada “Godric Gryffindor“.

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