Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 25 septiembre 2011

La puerta se abrió para los cuatro a la vez, curiosamente ninguno recordaba haber cerrado la puerta, el primero en dar un paso hacia dentro fue Ron, sus pie se dobló por el tobillo y cayo de bruces al suelo, Harry y Neville intentaron ayudarlo a incorporarse solo para correr la misma suerte.

-¿Sintieron eso?- pregunto Hermione que no se había movido de su sitio. -Fue como atravesar por niebla y… – se detuvo a media frase al observar a sus compañeros que se incorporaban lenta y trabajosamente.

-Chicos sus ropas.

– ¿Que tienen nuestras ropas?- pregunto Ron volteando a ver a Hermione y abriendo la boca en una cómica “o” para despues soltar una carcajada. –Hermione ¿cuándo te encogiste?

A pesar de ser casi idénticos en estatura cuando entraron en la habitación, ahora Ron sobresalía más de cinco centímetros por encima de Hermione.

-Yo no me encogí tonto- le respondió Hermione ácidamente- Eres tú al que le crecieron los pies, tanto que no puede dar un paso sin tropezarse con ellos.

Las orejas de Ron parecieron fundirse con su cabello, Harry y Neville habían terminado de incorporarse y aunque habían aumentado un poco de estatura su diferencia no era tan notoria como la de Ron.

-Wow- exclamo Harry al observar las prendas que vestían.

Sus túnicas parecían haberse perdido al traspasar la puerta y fueron sustituidas por ropas al parecer de lino adornadas con caracoles, blancas para Hermione, rojas para Ron, negras para Harry y verdes para Neville, sus ropajes estaban adornados con botones de conchas marinas y ahora calzaban unas zapatillas bastante ligeras y cómodas.

-Chicos, miren- dijo Neville llamando la atención del resto.

Los otros voltearon hacia donde surgía la voz de Neville y tuvieron que hacer un esfuerzo para cerrar sus bocas, ante ellos se extendía un prado con un pasto verde y fresco, no había techo visible y si lo había compartía el hechizo del gran comedor puesto que el sol brillaba esplendorosamente en un cielo con apenas unas pocas nubes, el clima era bastante caluroso a pesar que en Hogwarts ya se empezaban a notar los estragos de los vientos otoñales que anuncian el inminente invierno.

A lo lejos se observaba una construcción, rudimentaria, caminaron en esa dirección. A pesar de que el sitio parecía el ideal para realizar un día de campo, no desestimaron el hecho de que había un silencio antinatural, ni siquiera el viento sonaba a pesar de que lo podían sentir en el rostro, y fluyendo a través de las ligeras ropas, las cuales más de uno mentalmente agradecía, puesto que con las túnicas aquel clima estival hubiese sido insoportable.

-No parece estar lejos- dijo Ron-  voto porque nos acerquemos allá.

-Me parece que no tenemos opción -dijo Hermione quien no estaba mirando la construcción a la distancia- cuando voltearon pudieron notar que la niebla que los había envuelto al cruzar la puerta había desaparecido, y el prado se extendía también en la otra dirección hasta donde alcanzaba la vista.

Parecieron ponerse de acuerdo sin agregar nada más y emprendieron el camino hacia la construcción, aunque no parecía lejana les tomo más de diez minutos hacer el recorrido. El edificio era una construcción de piedra con una puerta sin perilla que se abrió al primer empujón de Neville. La estancia era grandísima más del doble del salón comedor de Hogwarts, al final se apreciaba una escalera que daba acceso a un piso superior, la única iluminación partía de la luz del sol que entraba por las múltiples ventanas.

-¿Hola?- pregunto tímidamente Hermione mientras entraban en la estancia, sus pasos resonaban de forma lúgubre.

– ¿Hay alguien aquí? Qué tontería siempre preguntaban lo mismo en las películas que solía ver con sus padres –pensó y no pudo evitar una punzada de dolor al recordarlos en esas tardes.

-Parece que no hay nadie- dijo Harry carraspeando para poder darle volumen suficiente a su voz, de repente un vaso de agua o de zumo frio se convirtió en el mayor anhelo de Harry. Una sombra pareció deslizarse entre la luz de dos ventanas hacia la izquierda, instintivamente saco su varita y los demas lo imitaron, para sorpresa de todos, estas estaban sujetas por un cordel que lo hacía muy práctico para llevarlas.

-¿Ya es hora?- dijo la sombra, la voz sonó distorsionada y les dificulto ubicar el lugar de origen.

–¿Hora de qué? -pregunto Ron.

–Discúlpenme- dijo la sombra de nuevo y sin ningun aviso se precipitó sobre Ron, algo parecido a una espada surco el aire golpeando la muñeca de este lanzando su varita por los aires, Harry disparó un hechizo que rebotó sobre la espada de la sombra y fue a impactar a Neville, o lo hubiera hecho, si este no hubiese saltado hacia un lado apartándose de la trayectoria, Ron intentó buscar su varita pero un golpe con el canto de la espada lo puso fuera de combate, Hermione se unió al ataque lanzando un hechizo que fue hábilmente desviado y que esta vez sí impacto a Neville derrumbándolo contra una pared, la espada se movió hábilmente y desarmó a Hermione, Harry intentó lanzar otro hechizo pero la sombra le lanzo una cadena que se enredó sobre sus pies, y un segundo despues yacía en el suelo y su varita rodo fuera de su alcance.

Rodo sobre sí mismo por el suelo hasta alcanzarla, Neville y Ron ya estaban incorporándose también, con las varitas en ristre, la espada finalmente se desenvaino de su funda con un sonido escalofriante y la punta quedo a milímetros de la garganta de Hermione.

-Bajen sus varitas, ahora- los tres solo dudaron un instante y soltaron sus varitas que cayeron al suelo con un repiqueteo.

-Déjela en paz- dijo Ron.

-¿Cómo pueden ser tan idiotas?- Pregunto la sombra- Les dije que bajaran sus varitas, no que las tiraran, he esperado cientos de años y me envían a solo un montón de muchachitos tontos. ¿Qué hubiera pasado si el enemigo hubiese sido real? ¿Eh? Los hubiera matado a todos.

La sombra dio unos pasos hacia la pared olvidándose de Hermione y con un tajo de su espada cortó un cordel, la luz entro a raudales una vez que la cortina semitransparente dejo de cubrir las ventanas. El chico vestía ropas muy similares a las suyas, pero de un color azul rey rematado con un sombrero vietnamita cuya sombra le cubría la mitad del rostro.

El joven, no se le podía llamar de otra forma, Harry calculo que no llegaría a la mayoría de edad, tomo varios frascos de una mesa y ofreció uno a cada uno de ellos.

-Tómenlos, les hará bien, y síganme- y sin esperar respuesta salió por la puerta.

***

Loria estaba muriendo, sus latidos eran lentos y pausados y su piel se tornaba más pálida con cada minuto que pasaba.

-Casi es momento- dijo Hugo, aspiro el aire profundamente y una sonrisa de satisfacción llenó su rostro.

-Observa y aprende- le dijo a Tom, ahora tendrás el conocimiento que buscabas cuando nos conocimos.

-Muy gracioso, porque no me lo mandas por lechuza a hace una hora cuando aún me importaba- respondió Tom, aunque sin acritud, al parecer la situación le divertía bastante.

-Aquí estas- dijo Hugo -Hermana mía, hoy renacerás y compartirás mi venganza, vivirás para resarcirte de todo el daño que sufriste- las sombras parecieron agitarse a su alrededor y el viento se desató en el exterior de la tumba.

–Sangre de mi sangre renace y vive- Hugo empezó a entonar un cantico, un cantico que sin duda Santi reconocería desde su eterna prisión pétrea. Una sombra más oscura que las demas descendió sobre el cuerpo de Loria mientras Hugo cortaba con su varita su muñeca. Las últimas gotas de sangre de Loria se mezclaban con la sustancia alquitranada de la sombra, una vez hubo ingresado por completo la herida sanó por si sola.

Loria abrió los ojos y dirigió a Hugo una sonrisa radiante. –Lo logré, funcionó, recordamos el lugar.

-Sí, sí, si- respondió Hugo con ademan maternal acariciando la sedosa cabellera de Loria.-Lo logramos, ahora descansa, hermana mía.

***

Se sentaron a la sombra de uno de los árboles, la bebida los reconforto de manera instantánea y les recobro las fuerzas gastadas en el trayecto y la pelea.

-¿Quién eres? – pregunto Hermione la poción había teñido su rostro levemente y parecía mas despierta de lo normal.

-Mi nombre es Ryujan Mabuza, he estado esperando desde hace mucho tiempo a que el guía llegara para su entrenamiento, la señorita Helga me proporciono un lugar idéntico a donde yo nací para esperar.

-¿Helga? ¿Helga Hufflepuff? La…

-Si, la fundadora de Hogwarts- completo Ryujan la frase de Hermione.- Ella me puso aquí hace tanto tiempo que ya perdí la cuenta.

-Deben ser mas de mil años- tercio Ron con cara de asombro- ¿Cómo pudiste aguantar tanto tiempo aquí?

-Mil años- la mirada de Ryujan se dirigió a un bosquecillo colina abajo donde se adivinaba la silueta de un estanque.

-Bueno, supongo que si ya esperamos tanto un día mas no hará diferencia, les mostrare sus habitaciones y la biblioteca para que puedan instalarse, mañana iniciaremos con el entrenamiento.

-¿Que clase de entrenamiento nos darás?- pregunto Neville.

-Es obvio, hechizos de ataque y defensivos, y algún tipo de magia oriental- respondió Harry que no le había pasado por alto la indudable apariencia asiática de Ryujan.

-No, su entrenamiento será más físico, les ayudare a aumentar su resistencia y su agilidad, y por las tardes aprovecharan la biblioteca para adiestrarse en la preparación de pociones.

-¿Quieres decir que no nos vas a enseñar ningún hechizo? No pretenderán que nos enfrentemos a lo que sea que venga como si fuéramos una especie de Bruce Lee- dijo airada Hermione, su pelo, que ahora ya no estaba trenzado, se alboroto aun mas con los ademanes que hacia.

-No se quien sea ese tal Lee que mencionas, pero yo voy a hacer lo que la señorita Helga me pidió que hiciera.

-Pero algún hechizo habrás de conocer, algo que le hayas aprendido a Helga- dijo esperanzado Neville.

-No podría aunque quisiera, yo no puedo hacer hechizos, creí que era obvio, yo… soy un muggle.

Anuncios

Read Full Post »

Las escaleras eran simples trozos de roca socavados, y descendían en espiral de forma tan pronunciada que prácticamente cada tres pasos se encontraban en dirección opuesta a la anterior.

Tom no alcanzaba a vislumbrar más allá del siguiente escalón aun con la ayuda de la luz de su varita, la oscuridad reinante parecía impenetrable, incluso el sol de la tarde no les proporciono claridad más que para iniciar su marcha, como si la luz se rehusase a ingresar a ese lugar.

El cuerpo de Loria había quedado a buen resguardo bajo un hechizo desilusionador recargado contra uno de los pilares de roca, Hugo había insistido en que debían conservarla.

Tras lo que parecieron cientos de escalones Tom empezó a vislumbrar una pequeña luz a escasos metros por debajo de ellos, la luz provenía de dos velas colocadas sobre una especie de altar de piedra, apenas más pequeño que Hugo, las velas parecían nuevas y no se apreciaban gotas de cera escurriendo por sus lados.

Detrás del altar existía un pequeño espacio hasta llegar a una pared lisa de alabastro, sin adorno alguno a excepción de las vetas del mineral, una corriente de aire entro por alguna parte haciendo recorrer un escalofrío por la espalda de Tom. Su garganta pareció cerrarse durante el camino, por lo que tuvo que carraspear antes de preguntar.

-¿Ese es el lugar?

-Sí, detrás del muro encontraremos lo que hemos estado buscando.

-El Grimorio- murmuro Tom, Hugo le dirigió una mirada sonriente.

-Vaya que los chicos de hoy son conformistas, pero allá tú- Hugo paso por detrás del altar y recorrió el muro con sus manos, con los ojos cerrados. –Acércate- le dijo a Tom.

 –Toca, siéntelo.

Tom recorrió el muro con sus manos, la piedra era dura y fría pero ahí donde entraba en contacto con la piel absorbía calor, la piedra misma parecía respirar y latir bajo su mano.

-Hay que hacer un pago- dijo Hugo –Pero no se aun como- bajo su varita y con ella hizo un corte en la palma de su mano, intento acercarla al muro pero la herida cicatrizo inmediatamente, ni una sola gota de sangre salió de ella.

-Déjame intentar a mí- Tom repitió la operación, esta vez de la muñeca y el resultado fue el mismo, la sangre se negaba a salir por la herida.

-Su casa, sus reglas -dijo  Hugo- Apoyo ambas manos contra el muro y Tom lo imitó

-Queremos entrar- el muro pareció leer su pensamiento, varios pinchos de la piedra se materializaron directamente contra sus palmas, la sangre escurrió, generosamente esta vez,  y fue absorbida por el muro, las vetas del mineral se retorcieron dando la apariencia de enfurecidas serpientes, se enroscaron y estiraron hasta formar un contorno que se fue contrayendo sobre sí mismo hasta dejar un hueco suficiente para permitirles el paso.

El pasillo era corto y conducía a lo que parecía una cueva, un círculo de piedra se encontraba en el centro de la misma, y destacaba por su blancura casi cegadora. Mediante un tácito acuerdo ambos se colocaron en el círculo bloqueando sus mentes y preparándose para lo que venía.

Un sonido como de garras sobre madera sonó a la distancia, parecía acercarse ya que cada vez el sonido aumentaba y parecía rebotar en las paredes hasta que termino convirtiéndose en una autentica cacofonía. Una fina lluvia de polvo y guijarros cayó desde el techo de la cueva, aunque este no se podía adivinar a que altura se encontraba debido a la oscuridad reinante, y el suelo tembló ligeramente bajo sus pies, sin embargo los magos permanecieron serenos con la mirada fija al frente.

Súbitamente el suelo desapareció bajo sus pies y cayeron en un pozo profundo y helado, la temperatura disminuyo de golpe, no hubo temblores sin embargo ni quejas por la repentina perdida de la solidez debajo de ellos, el miedo estaba perfectamente guardado en capas más subterráneas de su mente, cayeron por lo que se les antojo interminables minutos hasta que fueron depositados en una sala muy amplia.

Los tesoros apilados a ambos lados se elevaban hasta perderse de vista en las alturas, el sonido de las garras volvió a hacerse presente, esta vez de forma más pausada, al final un enorme ciempiés apareció por el fondo del pasillo, la criatura traía montado un hombre gordo en cual aparentemente carecía de cabeza. Sin embargo ello no parecía ser una limitante para comunicarse, la voz que sonó no fue dura, por el contrario, era melodiosa y embriagadora, y tenía el tono de un anfitrión contento por recibir a sus invitados.

-¡Ya están aquí, han tardado mucho!

Los magos no contestaron, Hugo hizo una ligerísima inclinación de cabeza a modo de saludo y Tom lo imitó.

-Ya veo, pueden hablar con confianza, ahora son mis invitados- el ciempiés inclinó su cuerpo dejando que el hombre gordo resbalara sobre su lomo hasta caer aparatosamente.

Una vez en el suelo el ser rodó grotescamente hasta quedar recostado sobre unos almohadones, unos rastros de baba color azulado, que probablemente le ayudaban a desplazarse quedaron sobre el suelo.

-Vamos no sean tímidos, pero que mal anfitrión soy los tengo de pie- movió ligeramente sus manos y pudieron notar que en sus palmas tenia bocas repletas de colmillos, dos sillas se materializaron tras de ellos- Por favor tomen asiento y cuéntenme ¿Quiénes son?

-Mi nombre es Hugo, y el de mi compañero es Tom- dijo el más joven de ellos despues de tomar asiento, su voz sonaba alegre pero su cara permanecía dura como roca.

– Y ¿a qué debo el honor de su visita?- el ser se dio un fingido golpe en la inexistente frente- Pero que torpeza la mía, ni siquiera me he presentado, aunque… Por supuesto ustedes ya saben mi nombre.

-Por supuesto que lo sabemos- dijo esta vez Tom su cara no dejaba traslucir ninguna emoción.

-Lo saben ¿eh?- el tono adulador había desaparecido de su voz. – ¿Y que buscan aquí?- la voz se tornó un poco más grave esta vez.

-Sabiduría y conocimiento- dijo Hugo.

-Pues yo no los tengo. – Dijo el ser, el ciempiés había vuelto y con sus tenazas echo encima de su lomo nuevamente al hombre gordo- Adiós, siéntanse libres de tomar lo que gusten cuando salgan, mis tesoros están a su disposición.- dio media vuelta y empezó a alejarse de ellos.

-No nos interesan sus tesoros.- dijeron Tom y Hugo al mismo tiempo, hasta ahora todo había salido como habían practicado.

El ciempiés se detuvo y el hombre gordo bajo por su propio pie esta vez, el cuello surgido firme y poderoso detrás de los hombros, el cuerpo se ensanchó, una armadura y un hacha de guerra se materializaron sobre el ser, que arremetió violentamente contra ellos blandiendo el hacha mientras gritaba.

-¿Se atreven a rechazar mi generosidad?

-Si- dijeron nuevamente al unísono.

El hacha se detuvo a milímetros del cuello de Tom, sin que el mago alterase ni un ápice su rostro.

-¿Qué buscan aquí? –Trono el ser, convertido ahora en un gigante de más de dos metros y con una voz atronadora.

-Sabiduría y conocimiento- dijo Tom esta vez.

– ¿Y porque habría de dárselos?, ¿por un alma mutilada? o ¿por un trozo de alma que no sirve para nada? ¿Qué me darán a cambio ustedes?

-Nada- dijeron los dos magos.

El guerrero desapareció, y tuvieron enfrente un caballero elegante, un trono alto de oro apareció detrás de él, o quizás estaba ahí desde el principio. Una vez estuvo sentado en el preguntó a los magos.

-Si no voy a tener sus almas, y no me van a dar nada a cambio, no veo el motivo por el que deba darles conocimientos o sabiduría, he vivido eones y he negociado con los de su especie desde que aparecieron en este miserable planeta, pero a menos que haya cambiado el concepto de transacción en los últimos tiempos, creo que debo obtener a cambio algo por mis “servicios”.

– Oscuridad – dijo Hugo.

– Caos – añadió Tom.

El caballero se puso de pie – Bien, si pueden exponer los conocimientos que solicitan en tres preguntas accederé a sus deseos, ¿quizás quieran unos minutos para decidir quien hará las preguntas y como las dividirán?

-No es necesario- respondió Tom,- solo necesitamos dos preguntas una para cada uno.

El rostro del caballero palideció levemente y apretó los puños fuertemente, sin embargo recuperó su control de inmediato.

-De acuerdo. Empecemos por el remedo de alma.

-Los primigenios, el cierre y la llave ¿dónde lo encuentro? –pregunto Hugo.

El caballero extendió la mano y un pergamino apareció Hugo lo tomo con una leve reverencia y sin decir palabra dio media vuelta y empezó a alejarse a los pocos pasos una puerta se materializó frente a él, sin ninguna duda la cruzó.

-El Caos reptante y los diez mil vástagos, ¿Dónde los encuentro?- preguntó Tom

De igual manera otro pergamino apareció sobre las manos del caballero, Tom se acercó a tomarlo, pero justo antes de asirlo el caballero cerro el puño sobre el pergamino.

-¿Sabes? Yo te puedo ofrecer un trato más jugoso que el de tu compañero, he visto tu alma Lord Voldemort, he visto lo que has hecho y lo que puedes llegar a ser si te lo propones, diez mil vástagos sangre de tu sangre con tu alma atada a cada uno de ellos en los que vivirás diez mil vidas es algo muy tentador para quien tanto teme a la muerte, pero las diez mil vidas se agotaran, las diez mil vidas verán su ocaso jóvenes o viejas, pero sin duda lo verán en algún momento, yo te ofrezco inmortalidad plena, juntos podemos dominar el universo, podemos controlar al estúpido omnipotente que sigue a la flauta y regir el universo, y a cambio yo te daré este planeta exclusivamente para ti.- un halo rojizo brillo momentáneamente en los ojos de Tom.

-Tardaste un poco- le dijo Hugo una vez que se reunió afuera del altar con él, a diferencia de su ingreso la puerta que aparecía llevaba directamente al exterior, la noche había caído ya afuera.

-El muy idiota aún quiso hacer un último intento- Tom soltó una risita, sus ojos parecían brillar en la oscuridad, sin duda estaba contento.

Hugo caminó hasta adonde habían dejado el cuerpo de Loria, levanto el hechizo desilusionador, con un movimiento de varita el cuerpo floto junto a ellos mientras caminaban alejándose del circulo de piedra.

-¿Para qué nos la llevamos?- Tom no había dejado de notar el ligero movimiento en el pecho de Loria, probablemente sus últimos halitos de vida.

-Siempre he querido tener una hermanita- respondió Hugo, mientras continuaba su camino hacia el campo fúnebre.

Read Full Post »

HP y la Guerra de las Almas
Cuarto y ultimo tomo del Fic

 

Ultimo tomo del fic, la imagen refleja mucho de los planes de Lord Voldemort.

Read Full Post »

Hugo y su padre caminaban por el pueblo a unos pocos kilómetros al poniente de Salisbury en el condado de Wiltshire, Amesbury que era como se llamaba la localidad, de pequeña población, era perfecta para sus planes inmediatos. Decidieron colocarse en un hostal a las afueras del pueblo, del lado opuesto de su destino real donde pasaron por turistas de vacaciones, el señor Tom era un medico retirado que con su risa amable, y una consulta gratuita sobre la calvicie del hostelero se ganó rápidamente la confianza de este.

Al día siguiente de su llegada se dedicaron a recorrer las ruinas de un campo fúnebre de la edad de bronce, según palabras de Hugo, nadie conocía de su paradero. El, le explico a Tom, valiéndose de algunos experimentos, lo ubicó en su “otra vida” como solía referirse a cualquier cosa de su pasado.

Estaba compuesta por escasamente dos tumbas pero la gran cantidad de objetos valiosos dentro de la cámara mortuoria revelaban que los ahí enterrados eran de la realeza o como mínimo pertenecientes a la alta aristocracia, caminaron hasta llegar a la que sin duda era la más importante de las dos, los grabados  a pesar del paso del tiempo y de las enredaderas que se habían apoderado del lugar, eran exquisitos y en su mayoría se encontraban ribeteados de oro, lapislázuli y algunos engastes de piedras finas.

-Muy interesante, pero lo de turistas es solo una pantalla por si no lo recuerdas, estamos aquí por asuntos más importantes que ver un par de estúpidas tumbas.- tronó Tom alzando cada vez más la voz.

Hugo lo ignoró olímpicamente adentrándose más en la tumba.

-Antes pensaba que cuando muriera me hubiese gustado que mis restos descansasen aquí.

-Todavía se puede- dijo Tom con mordacidad.

-Ja, ja que divertido- Hugo se detuvo frente a lo que parecía un altar con varias copas de oro adornadas con rubíes.

-He vuelto- gritó de repente.

Como respuesta las copas se tambalearon hasta caer al piso donde el sonido se acrecentó por el eco de la tumba.

-Excelente- pensó Hugo para despues dirigirse a Tom.

-Debemos conseguir el tributo para abrir el portal, despues regresaremos aquí, para conseguir un nuevo aliado.

***

Lentamente vació la poción en los labios inertes de Sam, su piel había perdido bastante color y se notaba marchita y traslucida. Ya habían pasado varios días desde que Tom lo había dejado, Bucky le llevaba puntualmente alimento para él y la poción restauradora para Sam.

El Profeta también era parte de la entrega diaria, donde cada mala noticia lo apuñalaba arteramente. El cazador había sobrevivido, aunque su rostro había sufrido bastantes estragos, probablemente causados por James, todavía era reconocible.

La gente lo tomaba como un héroe que había intentado rescatar al jefe de aurores y su esposa del enloquecido Sirius.

Peter había fungido como testigo, “James me llamó y yo solo atine a avisarle al segundo al mando en la oficina de aurores” Aquello era mentira por supuesto, James no había mandado ningun mensaje, ahora le quedaba bien claro quien había sido el traidor a la resistencia, y solo el recuerdo del juramento que había hecho a Tom le impidió lanzarse a la caza de Peter, pero lo peor llego dos días despues, ya bastante malo era saber que Ellie había desaparecido sin rastro, pero saber que Harry y algunos de sus compañeros de curso habían desaparecido de igual forma y dentro del castillo donde se suponía que debían estar a salvo acabó por desmoralizarlo. Desde entonces solo se había dedicado monótonamente a cuidar a Sam, permaneciendo horas a su lado, hablándole esperando una respuesta que sabía que no iba a llegar, hasta que el cansancio lo sucumbía y era despertado por Bucky, ansiaba el momento que regresara Tom y salir a luchar, a destrozar al maldito cazador y al traidor Peter, y sobre todo a intentar encontrar a Ellie y a Harry.

***

La habitación estaba exactamente igual a como Harry la recordaba, Ron y Neville habían aceptado de inmediato, cuando Harry y Hermione les propusieron acompañarlos para ver que había detrás de la puerta. La figura permanecía en las sombras aun, para Harry le parecía bastante raro que no se hubiese movido del mismo lugar donde se había quedado hace dos días, luego recordó que el tiempo no transcurría igual en esa habitación y que probablemente para el no habían pasado más que unos segundos desde que habían salido.

-Hola, hemos vuelto con las personas restantes como nos había pedido – dijo Hermione.

-Ya veo- dijo la sombra- ¿y los restantes están dispuestos a aceptar el pago que hay que hacer?

-Si nos explica esa parte del pago, estaríamos más tranquilos- dijo Neville.

-Bien, debo advertirles que una vez crucen esa puerta no habrá marcha atrás, una vez iniciada esta aventura deberán llevarla hasta el final, les guste o no.- la sombra hizo una pausa, como si intentase aclarar su ideas.

-Detrás de esa puerta hay cuatro habitaciones, que deberán ir sorteando una a la vez, lo que ahí encontrarán es producto de los muchos viajes de una de las fundadoras de Hogwarts, en cada habitación habrá una puerta idéntica a esa que lleva a la siguiente habitación, pero de igual forma que esas perillas son de humo para sus compañeros restantes, aquellas lo serán mientras no se ganen el derecho de pasar a la siguiente habitación. Cada habitación está equipada de diferente manera y está habitada por una persona elegida especialmente para instruir al guia que nos ayudara en esta cruzada.

-¿Que cruzada?- pregunto Ron.

-¿No los has puesto al tanto de todo?- preguntó la sombra dirigiéndose  a Harry.

-Yo, omití lo de los enemigos… creo

-¿Que enemigos?- pregunto esta vez Neville.

-No importa- dijo la sombra- solo deben saber que tiempos oscuros se acercan y que deberán estar listos para enfrentar a enemigos poderosos si quieren salir triunfantes de esto.

-¿Y porque nosotros? -Preguntó Ron- Digo no es que me asuste- agrego rápidamente despues de mirar discretamente a Hermione.

-¿No eres tu un Gryffindor? – dijo burlona la sombra, las orejas de Ron se mimetizaron con el rojo de su cabello- Sepan que la alternativa es esperar a que esos enemigos lleguen y los tomen desprevenidos, si ese es su gusto adelante.

La sombra dio tiempo para esperar una respuesta pero ninguna otra protesta apareció.

-Bien, como les decía, cada persona les ira dando un poco de ayuda e instrucción para salir bien librados de esto, deben recordar una cosa, no importa el tiempo que duren en cualquiera de las habitaciones, el tiempo no se moverá, pero en cuanto crucen una puerta, automáticamente habrá pasado un año en el mundo exterior, es igual si duran un milenio o quince minutos en lograr su objetivo, de igual forma habrá pasado un año.

-¿Quiere decir que tendremos -Harry hizo una pausa para contar mentalmente- quince años en cuanto salgamos de las habitaciones?

-Dieciséis, olvidas la puerta que debes cruzar para regresar aquí, en la cuarta habitación, encontrarán una puerta que los traerá de regreso hasta mí, y también encontraran el reloj.

-¿Reloj? –preguntaron todos al mismo tiempo, Ron soltó una risita nerviosa que no tuvo eco en sus compañeros, asi que mejor guardo silencio.

-Sí, el reloj que corre hacia atrás, es un artefacto muy raro y que solo puede ser usado una sola vez, puede regresar en el tiempo a una persona hasta donde esta lo desee y en el lugar que esta elija.

-De esa forma recuperaríamos el tiempo perdido- Dijo Hermione- pero eso no afectará a las demas personas.

-Sera como si nunca se hubieran ido- contestó la sombra.

-Entonces hagámoslo- dijo Ron.

Las perillas se materializaron en las manos respectivas, Harry conto hasta tres para sincronizar el movimiento, la puerta cedió y ellos entraron en la siguiente habitación.

***

Loria era una pequeña niña de 10 años, con un pelo platinado que le llegaba por debajo de los hombros. Le encantaba pasar el tiempo cazando mariposas y recolectando flores en el amplísimo prado a espaldas del convento, ahí fue donde conoció a Hugo un niño algunos años mayor que ella, el cual estaba de vacaciones con su padre que era doctor, pronto trabo amistad con él, Hugo era un chico especial, sabía hacer cosas sorprendentes, podía poner a bailar a las hormigas y lograr que las mariposas la cubrieran por completo haciéndole cosquillas. Hugo le dijo que su padre y el estaban planeando una excursión a las grandes rocas a la salida del pueblo por si quería acompañarlos.

-¿Excursión?, pero si las rocas están a quince minutos del pueblo y eso a paso lento.- dijo la niña –eso no es una excursión.

-Pero pondremos un mantel en el suelo y comeremos bocadillos además de quie te enseñare unos trucos nuevos, ¿Qué dices?

-Claro, mis papas me dejan ira a donde sea, siempre y cuando regrese antes de que anochezca, Amesbury es un pueblo muy chico y casi todos nos conocemos.

Quince minutos despues, en compañía del papa de Hugo “llámame Tom” había insistido, subían la pendiente que los conduciría el montón de rocas. Para Loria las rocas no eran ninguna novedad, las veía más de tres veces por semana, asi que espero afuera del círculo mientras Hugo y su padre se dirigían a lo que llamaban “el altar”

De reojo vio que Tom sacaba un palito, a lo lejos un trueno retumbo en el cielo, por alguna razón Loria se empezó a sentir inquieta. Decidió que iría a decirle a Hugo que se iba a casa, amenazaba tormenta y su madre no quería que ella estuviese fuera. Se acercó y descubrió que Hugo y su papa habían desaparecido, se fue acercando más y más hasta el altar que es donde los había visto por última vez, quizás estuviesen tendiendo el mantel, a lo mejor y hasta le daba tiempo de tomarse un bocadillo, la sonrisa de este pensamiento se quedó grabada en su rostro mientras sintió que caía sobre el altar, algo pegajoso y caliente escurría de su cuello y manchaba el altar el cual empezó a brillar y a moverse lentamente revelando una escalera y un agujero negro y profundo, y a pesar que los ojos de Loria estaban fijos en el Loria en realidad ya no veía.

Read Full Post »

Cuna de Oro

Desde lo alto de la almena observo como los sirvientes salían con sus pertenencias, sabía que otros vendrían a reemplazarlos en cuanto el encargado del establo regresase del pueblo, pero sin duda le esperaba una reprimenda y por la cara que había visto poner a su padre cuando la cocinera hablo a nombre del resto de la servidumbre para exponer al duque su deseo de abandonar el palacio.

Ya antes habían tenido episodios parecidos, el recipiente para el azúcar que en lugar de azúcar contenía una legión de arañas de todo tipo, la silla de montar con clavos por debajo de su instructor de montura, el ganso que repentinamente graznó cuando lo sacaron del horno, este recuerdo en especial le sacaba una carcajada cada que recordaba a la cocinera desmayándose de la  impresión pero esta vez la risa no llegó, la nueva cocinera, que pronto seria sustituida por otra, no tuvo problema en llamarlo “intento de asesinato” cuando el cuchillo salió de la mesa disparado por si solo para intentar atravesarle la garganta por haber utilizado más sal de la debida en la comida del señorito del castillo.

Los rumores ya habían llegado a él, incluso su padre los había escuchado sin darle más importancia, lo que su padre ignoraba era el origen del, cada vez más frecuente frase del “niño demonio”. Para su padre solo eran travesuras de adolescente, cosa nada rara entre los herederos de la realeza, pero él sabía que su origen no era algo tan mundano como esto.

Había más, mucho más, el azúcar había sido azúcar hasta que se enfureció con el panadero por no regalarle un poco y no hubo necesidad de juntar arañas, ya que estas se materializaron dentro del recipiente en forma inmediata, el ave cocinada había graznado porque le pareció divertido y respondió a un impulso de su imaginación el no había fingido el graznido yendo de puntillas detrás de la cocinera como pensaba su padre, su instructor de montar le había golpeado ligeramente con la fusta para enderezar su postura “Debes ir gallardo como un rey, aunque no estés destinado a serlo” y despues el fuetazo, leve pero suficiente para hacerle ver puntos rojos de ira en su campo de visión, cuando su instructor recupero su montura los clavos ya estaban ahí y la cojera que había tenido desde entonces evidenciaba el daño que le habían causado.

Esa fue la primera vez que realmente se asustó de  lo que él llamaba “sus cualidades”, pero nada se comparaba con lo último, esta vez había perdido el control por completo y a punto había estado de matar a la cocinera, si esta no hubiese volteado la cara en el momento justo, el fino arañazo que aparecía en su cuello hubiese sido un brutal degollamiento.

La historia que escuchó de labios de la cocinera no era nueva, ya la había oído en varias ocasiones, quince años atrás la casa del hijo menor del rey se regocijaba en la espera del nuevo heredero, pero el tiempo de espera fue haciéndose mayor hasta que finalmente el duque de la casa de Slytherin llevó en brazos a su primogénito, Salazar.

Luego, la mala noticia corrió como reguero de pólvora, víctima de una hemorragia, la duquesa luchaba por su vida, lucha que finalmente perdió al cabo de unas horas, mal augurio, dijo el pueblo y el estigma permaneció.

Aun asi, el pequeño Salazar poco o nada le importaban esas murmuraciones, no sería rey porque su tío, quien ya había sido coronado, gozaba de gran salud y tenía una docena de hijos que se pelearían la sucesión, pero aun asi era parte de la realeza, era el sobrino del rey lo que lo hacía intocable para el pueblo.

Pero los mordaces comentarios de la cocinera, los calificativos de “mala semilla” y “asesino desde el vientre”  calaron hondo en el corazón de Salazar y el cuchillo, aparecido también de la nada y dotado de un inaudito filo, surco veloz el aire hacia la garganta que pronunciaba insultos tan monstruosos. Remordimiento quizás, suerte tal vez, la cocinera evito el ataque y había acudido al duque para poner su renuncia y la del resto de los sirvientes que siguieron su ejemplo.

Apenas el coche dobló el camino la voz de su padre trono por el pasillo inferior, con paso lento pero decidió el pequeño Salazar acudió al llamado.

-Bien, bien, bien, bien.- dijo su padre, en un arranque de imprudencia Salazar pensó en decir “¿Y bien qué?”, pero no quería poner a prueba tan rápido la paciencia de su padre, debía dejarlo desahogarse si quería llevar a cabo su plan.

-¿Tienes algo que decir?- le pregunto el duque.

-¿Sobre qué padre?- respondió Salazar.

-¿Sobre qué? Sobre el cuchillo que le lanzaste a la cocinera, pudiste haberla matado, ¡Y con testigos! Salazar eres de la realeza, pero solo el Rey está por encima de las leyes, pudiste haber hecho caer nuestra casa en vergüenza por una imprudencia.

-Me insultó- dijo Salazar primero quedamente pero despues alzando la voz- Me llamo asesino de mi madre, asesino desde el vientre, ¿Qué querías que hiciera?

Su padre se sentó en la silla ceremonial con aspecto abatido, Salazar reprimió una sonrisa de triunfo había ganado el primer asalto.

-¿Porque no lo dijiste?, pude haberla arrestado por insultarte de ese modo, pude condenarla a todo tipo de trabajo forzado.

-¿Quién escucha semejantes insultos y permanece impávido?

-Tienes razón- contestó el duque sin esconder el tono de orgullo al hablar, Salazar no disimulo la sonrisa esta vez, había ganado el segundo asalto, todo sería cuesta abajo en este momento, había lanzado el golpe en la grandísima vena de orgullo de su padre.

-De todos modos, hay que moderarse hijo, pronto aprenderás que existen “métodos” para librarnos de alimañas desagradecidas sin poner en riesgo nuestro buen nombre.

-Yo podría haber hecho que olvidasen todo.- dijo Salazar intentando controlar la emoción en su voz.

-¿Tu? ¿Y cómo habrías logrado eso?

-Yo puedo hacer cosas que nadie más puede padre, cosas increíbles, cosas terribles y magnificas- y uniendo la palabra a la acción, los cristales se oscurecieron, cientos de arañas y serpientes surgieron entre las piedras del castillo y rodearon al pequeño Salazar, mientras los objetos en la habitación levitaban y ejecutaban una especie de danza a su alrededor.

-Basta- grito el duque- Basta demonio, ¿quién eres y que has hecho con mi hijo?

-Yo soy tu hijo- dijo Salazar al instante los bichos desaparecieron, los objetos cayeron al suelo y la luz retornó al interior del castillo.

-Tú no eres mi hijo, demonio, mi sangre real, mi sangre pura no corre por tus venas, largo de mi presencia, largo de mi castillo o te echo yo mismo- gritó el duque desenvainando la espada.

-Si eso es lo que deseas- Salazar descargo su rabia contra su padre el cual salió despedido hacia atrás.

Este era el último recuerdo que tenía Salazar de su padre era yaciendo inconsciente sobre los restos de su silla ceremonial, ese mismo día había recogido unas pocas de sus pertenencias y había salido de ese castillo y de esa tierra para no volver jamás. Ahora dos años despues un nuevo pueblo asomaba en el horizonte. Solo uno más en su larga travesía.

Read Full Post »