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Archive for 31 agosto 2009

Harry Potter y El Brujo Blanco

Harry Potter y El Brujo Blanco

Esta es la presentacion del Tomo 1 del Fic.

Aposte mas por la sencillez en la imagen, y creo que por eso me resultó mas complicada.

Una vez concluido el primer tomo publicaré la presentación del segundo y asi sucesivamente.

Saludos.

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[Nota: Este capitulo es un flashforward, ocurre en un futuro no muy lejano, en unos cuantos capitulos mas podrán identificar su correcta ubicación.]

Era cerca de medianoche, el hombre se apareció cerca de un claro y camino hacia la cima de la colina, se quito la capucha y dejo al descubierto el rostro de un hombre que inicia su etapa de la vejez, atractivo pero en franca decadencia, inspeccionó lentamente el lugar andando en círculos pequeños primero y mas amplios a medida que avanzaba por momentos se detenía y cerraba sus ojos estirando su cuello parecía intentar olfatear el aire, como un viejo grizzli buscando el mejor viento para cazar.
Finalmente se detuvo en un claro bastante amplio cerca de un grupo de pinos pequeños, observo hacia la nada como si tuviese enfrente una curiosa obra de arte que necesitaba estudiar detenidamente.
Bajo la cabeza como meditando y después dio vuelta enérgicamente retirándose unos pasos hacia atrás de su posición inicial, saco una varita de su túnica y empezó a describir círculos y complicadas florituras mientras murmuraba una especie de cántico repetitivo que aumentaba y disminuía de intensidad a intervalos mas o menos idénticos.
El aire a su alrededor pareció agitarse violentamente, los pinos intentaban no ser arrancados desde su raíz doblándose hasta donde su rígida naturaleza les permitía, mientras lentamente una figura iluminada empezó a surgir en medio de la nada, tenuemente al principio, pero cada vez mas clara, cada vez mas nítida, el mago no pudo reprimir una sonrisa satisfecha pero súbitamente todo ceso, el viento se calmó dejando solo unos troncos tirados donde habían estado los pinos antes y la figura luminosa, que ahora dejaba ver una antigua construcción desapareció, dejando solo su imagen grabada en la retina del mago, desvaneciéndose mas con cada parpadeo que daba.
Agotado, con la frente perlada de sudor cayó con las palmas en la tierra.
-Maldición, tan cerca, tan cerca.

Clap, clap, clap.

El sonido de unos aplausos lo sacó de su enojo y se puso alerta inmediatamente. El aire creaba corrientes y no transmitía bien el sonido era difícil saber de donde venia el aplauso.

-Bravo- dijo una voz infantil, -En mis tiempos era imposible descubrir siquiera un trazo del hechizo fidelius, y tu no solo encontraste el rastro, sino que pudiste ver el lugar, asombroso de verdad.

-Revélate- gritó el mago, elevando su varita y conjurando un hechizo desilusionador tan fuerte que lo ocultaba incluso de sus propios ojos.

-Tranquilo- dijo de nuevo la voz infantil- estoy armado con una varita, pero no pienso utilizarla. Y dicho esto la figura de un niño se reveló levantando su propio hechizo desilusionador y guardando su varita en su cinturón.

-¿Quién eres? – Dijo el mago revelándose nuevamente pero sin bajar la varita.

-Mi nombre es… Hugo ¿y tú?

-Que te importa- masculló el mago sin relajar la tensión de su mano sobre su varita.

Mucho gusto mi estimado “queteimporta”, te puedo ayudar a entrar – dijo, señalando con el mentón hacia el punto donde se encontraba la construcción bajo el fidelius.

-¿Tu? ¿Cómo podría un niño lograr lo que no ha podido el mago más grande en la historia?

-Soy un niño, pero se leer, y por lo que he leído estos últimos meses el mago más grande en la historia se llama Albus Dumbledore, y tú no eres Albus- Puntualizó con una sonrisa burlona en el rostro.

-¡CALLA!- grito el mago apuntando con su varita a la cara del niño, mientras una ráfaga de rojo inundaba sus ojos.

-Albus será basura al lado mío cuando pueda llevar a cabo mi plan y mi respuesta esta ahí.-dijo “queteimporta” señalando el vacío hacia la cabaña.

-Valiente declaración, pero ¿de que te servirá entrar en una vieja cabaña?

-No es asunto tuyo, ahora vete o sino…

-¿O sino… que? –dijo el niño levantando la voz por primera vez y borrando toda expresión infantil de su rostro.

-Morirás, que seas un niño no me detendrá.

-¿Y por que no lo hiciste desde que aparecí? Dejémonos de falsas pretensiones, entremos a la cabaña y negociemos- en un movimiento vago extrajo su varita y envío un pergamino a “queteimporta” que este atrapó con su mano libre sin apartar la mirada ni la varita del niño.

-Léelo, si no ocurre nada, me matas, si puedes entrar bajas tu varita y nos sentamos a negociar, ¿hecho?

Segundos después la cabaña se revelaba ante los ojos del mago.

-Mi nombre es Tom – dijo el mago bajando su varita y con una media sonrisa añadió- Esta bien, hablemos.

Aunque el exterior de la construcción se veía bastante derruido el interior parecía tener solo unos días de desuso, el niño se sentó en uno de los sillones cruzando ambas piernas por encima de una mesa de centro sus ojos azules inspeccionaban la casa con un aire melancólico, extrajo su varita y señalo un taburete en una esquina al instante dos copas y una botella de vino salieron volando y después de colocar generosas porciones en cada copa quedaron quietas en la mesa.

-El mejor vino elfo que hayas probado- dijo el niño colocando la copa a la altura de la nariz – y añejado tiene un sabor exquisito.

-El grimorio, ¿donde esta?- pregunto el mago sin hacer caso de la copa o lo que el niño mencionaba de el vino.

-Tranquilo, hay tiempo de sobra para hablar de planes malévolos ahora relájate y cuéntame quien eres.

-¡No estoy para juegos, dame el grimorio o te arrepentirás!- Grito el mago irguiéndose cuan alto era y esgrimiendo su varita contra el niño el destello rojizo en sus ojos era ahora permanente.

El niño dio un pequeño sorbo sin apartar la vista del mago, de manera pausada coloco la copa en la mesa y dedico unos segundos a observar al mago, finalmente saco su varita y apunto a un cuadro que estaba encima de la chimenea era un paisaje simple una choza en medio del bosque, instantes después el cuadro empezó a cobrar movimiento, la choza parecía crecer dentro del cuadro, al mago le tomo unos segundos entender lo que estaba viendo, era la perspectiva de alguien que veía la misma choza en donde se encontraban ellos desde afuera.

Dentro del campo de visión aparecieron dos manos descarnadas y putrefactas extendidas hacia la casa que seguía aproximándose, en cualquier segundo estaría a la puerta de la misma, la perspectiva cambio y una de las manos se apodero de la manija de la puerta y la empujó para dar paso a un ente que parecía haber sido humano en algún momento coloco sus ojos vacíos en el mago y el niño, ahora se podía ver el rostro de ambos en el cuadro.

-Destrózalo y tendrás lo que quieres- dijo el niño exhibiendo una sonrisa satisfecha, recostándose nuevamente en el sillón con su copa de vino, como esperando un espectáculo para disfrutar.

-Sectumsempra- grito el mago, un fino hilo de pus apareció alrededor del cuello del hombre, los tambaleantes pasos de este no se detuvieron pero fueron suficientes para, lentamente, empujar la cabeza hacia atrás hasta caer al suelo, el cuerpo no se detuvo y la cabeza quedo gimiente balbuceando y babeando estúpidamente.

El mago repitió el hechizo una y otra vez, pronto solo quedo el tronco del ente el cual dejo de moverse casi al mismo tiempo que la cabeza emitía un ronco suspiro mientras un gusano intentaba escapar saliendo por una de sus cuencas.

-¿Eso es todo?-pregunto con sorna el mago -Bien ya lo hice, entrégame el grimorio.

-No me entendiste- dijo el niño con el tono de alguien que explica que uno mas uno son dos, -destrózalo si quieres lo que buscas,- señalo con la cabeza del lado el tronco del ente.

Por un momento intercambiaron miradas, finalmente el mago se acerco al ente cubriendo la distancia en dos largos pasos repitió una vez mas el hechizo sobre el abdomen del ente y colocando su varita en la cintura introdujo ambos brazos en el pútrido abdomen rebusco unos instantes hasta que con un poco de esfuerzo logro arrancar de dentro del abdomen un cofre aun escurriendo de bilis y pus.

–Tergeo- murmuró y eliminando los residuos del cofre lo abrió, ahí estaba lo que había buscado, él grimorio, un antiguo rollo de pergaminos escritos en un lenguaje extraño se extendía ante sus ojos.

-Mi padre siempre fue bueno para cuidar cosas- dijo el niño señalando distraídamente los restos del ente.

-Ahora supongo que podremos conversar un poco- y se levantó de golpe dirigiéndose a lo que parecía ser la cocina y abrir una especie de nevera al parecer murmurando mas para si mismo- parece que mi hechizo de preservación también alcanzo a la comida, genial ¿quieres patatas?

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El hombre apuro el paso para alcanzar el elevador colándose por poco, una incipiente calva destacaba perlada de sudor entre un rojizo y ralo cabello, del bolsillo trasero de su pantalón extrajo un pañuelo con las puntas deshilachadas las iniciales “MP” en una esquina, bordadas en hilo que alguna vez fue dorado apenas se distinguían sobre el, también alguna vez, blanco pañuelo.

Apenas tres personas aparte de el se encontraban en el elevador los cuales apenas si asintieron un poco la cabeza en señal de saludo hacia el hombre que acababa de ingresar el cual se recargo en la pared trasera del ascensor pretendiendo recuperar el aliento por el esfuerzo, el ascensor bajo otro piso y dos de los hombres salieron de el, no habían dado dos pasos cuando el pelirrojo se dirigió al otro que había quedado en el elevador.

-Tú vas a hacer el marcaje.

No era una pregunta así que el hombre se limito a encoger los hombros.

-Mi hijo menor ingresa a Hogwarts este año, según el nuevo registro mi hijo tiene categoría 2, así que casi es un hecho que ira a Hufflepuff.

-¿Y que con eso Weasley? Me tiene sin cuidado a donde paran tus hijos.

-El nuevo sistema es injusto, el estallido de magia de un niño no es suficiente para catalogar su poder ni su potencial y no quiero que mi hijo quede sin una educación adecuada, relegado a cargos y ocupaciones de tercera.

-¿Y porque no vas y se lo dices a Dumbledore? Apuesto que desde tu celda en Azkaban no te importaría a donde van a parar tus hijos, y ahora si me permites vuelve a tu apestoso departamento a jugar con tus idioteces muggles y déjame en paz Weasley.-concluyó con un mohín de disgusto el hombre.

El elevador se detuvo con un chirrido en el atrio y el auror salio dejando detrás a un Arthur Weasley cabizbajo.

*****

La llegada al anden 9 ¾ fue bastante complicada, una manifestación por la presencia de una celebridad muggle había hecho que el tráfico se congestionase y James Potter mascullo por décima ocasión acerca del fanatismo muggle. Faltaban quince minutos para las once de la mañana y aun quedaban cerca de tres calles por recorrer.

-Deberían colgar de las orejas al que introdujo la protección anti aparición en el andén 9 ¾.-farfulló Lily algo falta de aliento al divisar a lo lejos la vieja estación de trenes.

Por fin la familia Potter se introdujo entre los andenes 9 y 10 con apenas cinco minutos de anticipación para la salida del Expreso de Hogwarts, la escena la dominaba una locomotora escarlata que arrojaba humo en cantidades suficientes para nublar de la vista el amplio contingente formado por niños y familiares cargados con baúles y jaulas de mascotas, al fondo un contingente más pequeño y más compacto formado por niños que en su mayoría no llegarían a los doce años todos debidamente uniformados y con la apariencia de contar con una disciplina casi militar, en forma ordenada y silenciosa subieron en los últimos tres vagones vigilados por unos hombres de túnicas blancas.

Harry se deshizo rápidamente del abrazo de Lily y James y tras asegurar su buen comportamiento una decena de veces a su mamá, ingreso en el tren cargado de un expectante animo, recorrió los pasillos atestados hasta encontrar un compartimento vacio coloco su baúl y la jaula de Hedwig, como había bautizado a su lechuza, por un nombre que encontró en un libro de Historia de la Magia de “abuela Bathilda” como insistía la Sra. Bagshot que le llamara, le parecía raro leer un libro que técnicamente se sabía de memoria, la abuela Bathilda solía contarle los capítulos con una pasión que sabia dirigir la imaginación de Harry desde las revueltas de los duendes hasta los campos de épicas batallas con los gigantes.

En medio de sus recuerdos escucho la puerta del compartimiento abrirse para dar paso a dos jóvenes uno era alto, con una nariz prominente sobre unas mejillas llenas de pecas coronando todo con un cabello rojo brillante, el otro era una cabeza más bajito, delgado también pero de una complexión distinta, sus brazos mostraban una musculatura perfectamente marcada un paso erguido que evidenciaba un ligero toque de soberbia y una mirada ágil y escrutadora contrastaba en su rostro por lo demás agradable y bonachón.

-¿Están ocupados estos lugares? Pregunto el pelirrojo.

-No, adelante yo soy Harry, Harry Potter- contestó tendiendo la mano que ambos estrecharon cordialmente.

-Ron Weasley- respondió el pelirrojo con una sonrisa.

-Neville Longbottom, un placer Harry.

El viaje transcurrió entre pláticas de quidditch y los múltiples cuestionamientos acerca de que casa pertenecerían.

-¿Donde estarías tú si te dejasen elegir?- preguntó Neville a Harry.

-Gryffindor, donde habitan los valientes de corazón, ahí estuvo mi padre y mi tío ¿y tú?

-Igual, aunque si lo que se rumora acerca del nuevo sistema de selección lo más probable es que acabe en Slytherin.

Ron dejo escapar un suspiro involuntario, y aparentando un gran interés en el paisaje que se desplegaba por la ventana relato su primer estallido de magia.

-Quería un pastelillo y mi madre los puso encima de la alacena para evitar que mis hermanos o yo los comiésemos antes de la cena, de verdad que olían delicioso, así que me puse debajo de la alacena contentándome con el olor- Neville y Harry empezaron a reír quedamente.

-Oh vamos, ahora que mi madre me envíe pastelillos no les compartiré- agrego Ron con un fingido enojo y desviando la mirada de la ventana- Bien como decía, me quede ahí observando y oliendo y de repente uno de los pastelillos empezó a flotar hacia mí, mi madre se dio cuenta y me grito desde la entrada, y el pastelillo cayó al suelo, eso me gano un bonito dos en mi nivel de magia y lo más seguro es que termine en Hufflepuff.

Las risas de Harry y Neville habían cesado conforme Ron avanzaba en su relato y ahora mostraban preocupación en sus rostros.

-Entonces es un hecho, el primer registro de magia es tu pase a la casa de acuerdo al nivel que registraste.- Agregó Harry en tono solemne.

-Mi padre trabaja en el ministerio y ahí es un secreto a voces.

-No es igual para todos,-tercio Neville  -los descendientes de familias de “sangre pura” están siendo designados directamente a Slytherin.

-¿Y el sombrero?- preguntó Ron con un atisbo de esperanza en su rostro.

-Desapareció del colegio durante el curso anterior, mi padre es auror y estuvo en el destacamento encargado de rastrearlo se hicieron búsquedas exhaustivas y no se encontró ni el mas minino rastro. Quizás simplemente se agotó la magia que tenia, todos coincidieron en que sería imposible que alguien lo hubiese robado de Hogwarts y menos aun encontrándose siempre en la oficina del director.- Terminó Neville con el tono de un analista que esta dando un informe detallado.

Una voz en el pasillo anuncio que estaban próximos a llegar, una vez cambiados el tren detuvo su marcha y bajaron a la estación de Hogsmeade donde una bruja con un gran parche en el sombrero empezó a llamar casi a gritos.

-¡Los de primer año por aquí! Bienvenidos, soy la profesora Sprout, nosotros iremos en los botes,-indico una vez que tuvo a todos los alumnos reunidos- solo cuatro por bote.

Neville, Harry y Ron ocuparon lugares en uno y el resto de los alumnos los imitaron, cuando estaban por partir se aproximó la profesora Sprout llevando consigo un niña con el pelo pegado al cráneo y el resto del en una corta trenza.

-Aquí hay un lugar, querida toma asiento que ya nos vamos.-agrego ante la indecisión de la niña.

-Pasa- dijo Ron haciéndose a un lado para que la niña pudiese sentarse.- yo soy Ron- Agrego extendiendo su mano.

-Harry.

-Neville.- Agregaron los otros.

-Hermione- contesto la niña estrechando la mano del pelirrojo.

Una vez en el castillo la bruja los condujo hasta el vestíbulo de entrada frente a dos grandes puertas, al otro lado se oía un murmullo como si se llevaran a cabo cientos de conversaciones, dos hombres vestidos de blanco estaban ante las puertas con un pergamino en las manos.

-Los quiero formados en dos filas, aquellos que han recibido su implantación a mi derecha, el resto a mi izquierda, una vez implantados se les designara para su respectiva casa, ahora empecemos.

Siguiente Capítulo.

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¡Más aprisa! ¡Corre!

La orden venia de su cerebro pero sus piernas se negaban a obedecerla.

Salir de complejo había sido relativamente fácil, sus compañeras parecían estar programadas para dormir en cuanto tocaban la cama, lentamente se vistió y sacó su varita del buró que le habían asignado y midiendo cada paso se dirigió a la puerta.

Una vez fuera en el corredor, pudo notar que la vigilancia era mínima, a lo lejos se oían voces en la sala de los administradores del lugar, pero seria un suicidio para su plan salir por la puerta principal, así que camino con rumbo a la ventana del extremo opuesto, lo había estudiado bien en los horarios de paseo al aire libre, había un pequeño garaje justo debajo de esa ventana y siempre había estacionado una especie de tractor, solo era un salto ligeramente mayor de un metro hacia el garaje desde la ventana y el tractor era tan alto que no necesitaba brincar para entrar en el, después escalerillas hacia el suelo y presto, a correr.

Pero no contaba con lo que pasaría justo después de poner un pie en el suelo, una especie de grito, un aullido desgarrador que debió haberse oído a kilómetros a la redonda y justo después escucho sonoros “crack” en dirección a la puerta principal, recortadas contra la oscuridad tenuemente disimulada por la luna, perfectamente visibles al menos seis figuras de impecables túnicas blancas se lanzaron en persecución de a aterrada niña.

Al menos cien metros la separaban de un pequeño bosquecillo, apenas unos cuantos árboles, quizás si llegaba ahí tendría alguna oportunidad y sin pensarlo de nuevo echo a correr con la mayor velocidad que le permitieron sus piernas, una de las figuras ya estaba a escasos metros de ella y no había cubierto ni siquiera la mitad de la distancia hasta el bosquecillo, alzo su varita por encima de su hombro y sin dejar de correr repitió el primer hechizo que se le vino a la mente

Scourgify– no pudo evitar sentirse sorprendida al ver que había funcionado, pero su emoción se vino al suelo al ver que solo unas burbujas de jabón salieron de la punta de su varita.

-Dios, me va a atrapar- el tipo estiro su brazo y sujeto por el cuello del suéter a la niña y al hizo darse vuelta.

-Ya la tengo- gritó por sobre su hombro dándole tiempo a la niña de apuntar cuidadosamente.

Scourgify– esta vez las burbujas de jabón dirigidas cuidadosamente a los ojos de aquel hombre hicieron su trabajo, el hombre se llevó las manos al rostro dándole tiempo a la niña de escapar.

Cubrió los últimos veinte metros que la separaban de los árboles, el cansancio y el susto estaban haciendo mella en su organismo y le parecía que iba más lento a cada paso que daba, ¡Más aprisa! ¡Corre! Fustigó mentalmente a su cuerpo pero sabia que era inútil, el conjunto de árboles terminaba y le seguía un amplísimo pastizal hasta donde alcanzaba la vista donde seria un blanco fácil para los que venían detrás de ella, a lo lejos un conjunto de luces indicaba una ciudad cercana, pero eran varios kilómetros como mínimo y sabia que nunca llegaría.

Buscó el modo de esconderse entre los árboles pero supo que no le daría tiempo, sus perseguidores estaban cerca y no dudarían en atacarla para detenerla, la escena en casa de sus padres le vino a la mente de forma clara e inmediatamente supo lo que tenia que hacer, ya se reprendería mentalmente después por olvidarlo, se colocó pecho tierra aprovechando un pastizal algo alto y desde ahí apuntó cuidadosamente.

-Esta va por mi papa, Desmaius– grito aturdiendo al primero de los hombres de túnica blanca que se asomó, el hombre salio despedido hacia atrás contra uno de los árboles, la niña apuntó de nuevo, pero nadie mas salio al claro, parecía que el resto del contingente se había resguardado en los árboles.

Esperó desde su precario escondite a que ellos hicieran el primer movimiento, el sonido de sus latidos se agolpaba en sus oídos frenéticamente impidiéndole escuchar si sus enemigos se movían, y en un instante cinco volutas de humo se materializaron a su alrededor y cinco varitas le apuntaban directamente y un destello de luz blanca inundo sus ojos antes de perder el conocimiento.

El plan había fallado.

************************************************************** Escasos minutos después de abandonar el Ministerio, Sirius Black dejaba su inseparable chamarra de cuero colgada en el recibidor de los Potter, cuando dos pequeños brazos lo aprisionaron por el cuello y dos pequeñas piernas se aferraban a sus caderas como lo haría un jinete espoleando su cabalgadura, al tiempo que el dueño de aquellas extremidades soltaba un gritito.

– ¡Tío!

El asfixiante abrazo duro unos escasos segundos más antes de que el niño bajase de su cabalgadura, pero fue suficiente para regresar la alegría al rostro pálido de Sirius.

-Hola Harry, ¿Podrías llamar a tu padre?

-Están en el comedor, mama hizo estofado, ¿puedes creer que pasado mañana me voy a Hogwarts?, ya tengo una escoba mi papa dice que es la mejor, gracias por cierto, ya espero poder volar en el campo de Hogwarts y…

-Oye campeón, ¿porque no tomas un poco de aire y vamos a la mesa?- dijo Sirius cortando la perorata de Harry mientras le revolvía el, ya de por si, revuelto pelo.

Ambos se sentaron a la mesa donde James entretenía a Ellie sacando aros de colores con su varita para que la pequeña los atrapara y Lily servia generosas porciones en los platos que acomodaba en cada uno de los lugares.

 -Tengo la información- empezó Sirius pero Lily lo interrumpió salvajemente con una mirada significativa hacia donde se encontraba Harry.

-Siéntate a cenar Canuto. Tendrán tiempo de charlar en el despacho después de la cena.

Sin mayores contratiempos la cena transcurrió entre tintineos de cubiertos y una apasionada enumeración de las características de la Nimbus 2000 que Harry repetía alternadamente a James y Sirius incluso cuando ya habían pasado a la sala.

Fue hasta que Lily anuncio que pondría a dormir a Ellie y a Harry bajo un hechizo si no se iba a dormir que James y Sirius se dirigieron al despacho.

-Muffiato – señalo con su varita James hacia la puerta.

-Mfgh- gruñó Sirius con una evidente mueca de asco.

-Lo siento, pero es necesario, Albus acaba de anunciar al maestro de defensa contra las artes oscuras, fue tal y como lo sospechábamos.

-¿Pero y su “problema”?

-La poción de Belby- agregó rapidamente James. -Albus lo tiene todo previsto, parece funcionar y me alegro por el.

-Pues no te ves alegre.

-Es solo que no me gusta que este tan cerca de Albus, en su situación son pocos los que le tienden la mano y desde aquel desacuerdo que tuvieron ya no es el mismoy desde donde esta es pieza clave para nuestro plan.

-Olvídalo, no podemos decirle nada a nadie, Albus ya debe saber que el Guía esta por nacer o ya nació, y por eso quiere registrar a todos y cada uno de los nuevos magos a partir de esta generación clasificándolos por su poder y origen, lee ahí esta todo explicito.- le dijo tendiéndole el memorandum que recibiera minutos antes.

-Aun así no creo que el pueda ser el traidor.

-James, su designación como maestro y que Albus empiece a registrar a los nuevos magos no es una coincidencia, por Merlín reacciona.

-No, lo siento pero no, el no nos traicionaría jamás, y te lo voy a mostrar.

-¿Como?

-Le conté del plan, y nos ofreció su ayuda.

Sirius se levantó de su asiento encaminándose a la puerta del despacho y sin dirigir la mirada a James sentenció.

-Entonces no cuentes conmigo… adiós.

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Triste.

Era la única forma de describir la vida en ese lugar, esos meses confinada sin sus padres parecían haber sido eternos.

No había malos tratos de hecho los trataban con bastante amabilidad, la comida era muy buena, a veces estupenda, pero era difícil dejar de asimilar el lugar como una cárcel.

Tenían horarios para todo, para comer, para dormir, para estudiar, era una suerte que hubiese una gran cantidad de libros acerca de la magia, de historia, de ingredientes para pociones, incluso algunos con hechizos básicos, los cuales no podían probarse en mayor medida por la ausencia de una varita, aunque aun no había preguntado si estaba permitido hacerlo, sin embargo, esperaba que eso cambiara a partir del día siguiente que irían a surtir todos sus materiales incluida la tan ansiada varita.

Había pasado ya cerca de un año desde que había sido separada de sus padres y no le había sido permitido ningún tipo de comunicación, salvo la visita de uno de los hombres que la habían traído, el cual le aseguró que sus padres se encontraban en perfectas condiciones y que el Sr. Granger estaba completamente recuperado del “incidente” Hermione no tenia ni la menor idea de cómo estaban sus padres.

Poco había hecho de amistades en ese lugar, a pesar que todas las reclutas eran de origen muggle el ambiente no era el más propicio para socializar, la excepción era Janice, una niña originaria de Kent, compañera de cuarto con la que había platicado durante horas después de que apagaran las luces del tema que dominaba todas o la mayoría de las pláticas en ese lugar, el primer chispazo de magia y como se habían dado cuenta de que eran brujas.

Hermione había escondido su primer estallido de magia de sus padres, en gran parte por que significaría su exclusión de su escuela y en segundo grado porque ninguno de sus compañeros parecía haberse dado cuenta que ella era la responsable que la larga, rubia y perfecta cabellera de Miranda Brights desapareciera por completo justo después de unos comentarios poco halagadores hacia su encrespado cabello.

No pasó lo mismo en cambio con sus maestros, informada por el enjambre recurrente alrededor de Miranda, la maestra pudo deducir perfectamente lo que había sucedido y cinco minutos después la niña caminaba a su lado con rumbo a la dirección donde era seguro que una reprimenda le esperaba como mínimo.

Sola ahí, sentada afuera de la oficina de la dirección, esperando su castigo, se le ponía la vista borrosa y los ojos llorosos, le temblaban las piernas y le era casi imposible contener las ganas de echar un vistazo a la puerta cada dos segundos esperando que saliera alguien a dictarle sentencia. Sin embargo el tiempo pasó y nadie salía, faltando cinco minutos para el timbrazo final de las clases la puerta se abrió, la niña se rodeo a si misma con sus brazos y casi cerro los ojos, pero inmediatamente los abrió como platos al ver salir de la dirección a un anciano alto, vestido con una túnica blanca como la nieve y con una barba tan larga que hubiese podido sujetarse con el cinturón, el hombre le dirigió una mirada escrutadora, pero inmediatamente se relajó y le dedico a la niña una amplia sonrisa, para después colocar su dedo índice sobre su boca en un gesto universal. “Guarda silencio”.

Su maestra salia por la misma puerta en ese momento distrayéndola por un segundo, así que cuando giró de nuevo su cabeza el anciano ya no se encontraba allí.

-Bien, Srita. Granger, es un placer informarle que la directora esta encantada con el resultado de su examen y me ha prometido que esta semana estará en el cuadro de honor en la asamblea del lunes.

¿Examen? No habían tenido un examen desde hace dos semanas y ¿Qué había pasado con su castigo? Seguía pensando en ello cuando llegaron a su salón y dio un brinco involuntariamente al ver la larga, rubia y perfecta cabellera de Miranda en su lugar mas aun el hecho de que todos los alumnos tenían sobre su banca exámenes idénticos al “suyo” que la maestra tenia en sus manos, y nadie parecía recordar el incidente del cabello.

-¿Te pasa algo linda? Pregunto su maestra al notar el sobresalto.

Estuvo a punto de preguntar pero a su mente vino nítida la imagen de aquel anciano, ¿había sido una mirada de complicidad? Y la señal volvió a manifestarse claramente, “No digas nada”.

-No, nada. –dijo tratando de parecer natural, repitió la misma respuesta a su madre quince minutos después a bordo del coche rumbo a su casa.

Las respiraciones pausadas y el silencio de Janice en su cama le indicaban que el sueño la había vencido y ella misma no estaba segura si las últimas escenas de su recuerdo las había dicho o habían sido solo parte de un sueño bastante rico en detalles.

Decidió que no tenía importancia, mañana seria un día importante, tendría su varita y un par de hechizos que había aprendido con la ayuda de los libros que había leído serian suficientes para salir furtivamente por la noche y volver con sus padres, se acomodó entre las mullidas sábanas y pensando en ellos se quedo dormida.

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Fue el primero en bajar del coche apenas este se detuvo, el pequeño corrió los últimos diez metros que separaban el camino de la entrada a la antigua finca, el paisaje era agreste y el aire se respiraba fresco y húmedo en esas primeras horas de la mañana, en un santiamén dejo su equipaje en la habitación correspondiente, la primera a la derecha subiendo las escaleras.

Le gustaba mucho esa habitación, la ventana daba hacia un jardín lleno de naranjos y unos arriates funcionaban perfectos como escaleras y ese era el principal encanto de aquella habitación, lo único que hacia soportable las vacaciones en aquel lugar en medio de la nada, lejos del televisor y sus amigos.

Por la noche descendería por los arriates y se encaminaría al interior del bosque justo entre la banca y la fuente, pronunciaría las palabras mágicas y podría despertar a su amigo.

El y Hugo jugarían toda la noche.

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El avioncito de papel sobrevoló la cabeza del hombre sacándole de sus pensamientos, finalmente descendió en la reluciente superficie negra de su escritorio donde solo había unos cuantos documentos, una fina y elegante pluma en un tintero, un modelo a escala de una Harley Davidson y la foto de cuatro jóvenes sonrientes, uno con gafas, uno bajito y regordete, uno con ropa fina y un largo pelo negro con un incipiente bigote y uno con profundas ojeras y una túnica remendada en partes y raída en otras.

El hombre frunció el ceño al observar el llamativo color rosa de la hoja que ahora se desplegaba en su escritorio, soltando un suspiro de resignación, lo atrapó entre sus manos y se dispuso a leer.

A todo el personal:

En referencia a las recientes confusiones respecto a la clasificación de los nuevos reclutas se envía la siguiente tabla de referencia para ser tomada en cuenta en cuanto ingrese un nuevo recluta en los Centros de Reclutamiento Pre-educacionales, (comúnmente denominados Internados) para los Magos nacidos de muggles, y posteriormente para la implantación de la cedula de registro.

Cabe aclarar que solo los magos nacidos de muggles serán implantados al ingresar en los Internados, los magos nacidos en familias mágicas por parte de madre, padre o ambos permanecerán en sus hogares hasta ingresar al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería y una vez allí serán implantados.

Como es de todos conocidos la implantación es definitiva e imborrable, por lo que se insta a los implantadores verificar los datos correctamente antes de llevar a cabo la implantación, misma que solo deberá ser llevada a cabo por personal cualificado, en caso contrario el infractor recibirá la sanción correspondiente (Apartado AZ-21)

A continuación se enumera la lista de clasificaciones y su posterior selección.

Clasificación de Genero. Típicamente se enumera el género del recluta bajo las siguientes clases.

  • Fem: para magos humanos del género Femenino
  • Mas: Para magos humanos del género Masculino.
  • Fex: Para magos semihumanos de género o apariencia femenina.
  • Max: Para magos semihumanos de género o apariencia masculina.

Clasificación de Origen. Se enlista la ascendencia de los nuevos reclutas

  • A: Magos con ambos padres magos.
  • B: Magos con solo un padre mago.
  • C: Magos con ambos padres muggles.
  • D. Magos con un progenitor de origen no humano.

 Clasificación de Potencial. Se enlista la potencialidad de acuerdo al nivel detectado en el primer estallido de magia.

  • 1: Magos con bajo potencial.
  • 2: Magos con potencial por debajo del promedio.
  • 3: Magos con potencial promedio.
  • 4. Magos con potencial por encima del promedio.
  • 5. Magos con potencial amplio o peligroso.

Nota: en casos de nuevos reclutas con nivel 5, AD. Debe ser informado inmediatamente, asimismo se requiere la presencia de Aurores para evaluar situación.

Muy atentamente.

Dolores Jane Umbridge

Jefa de Registro de Nuevos Reclutas.

Con una marcada expresión en su rostro que denotaba repulsión, el hombre dejo caer el memorandum en su escritorio para recostarse en su asiento, mientras frotaba sus sienes.

-Así que en eso nos convertimos, en reses marcadas, en bienes que se registran al servicio del Brujo Blanco.

Abrió uno de sus cajones y extrajo un objeto cuadrado del tamaño de un libro, envuelto en un fino pañuelo de seda rojo con las iniciales “T P” grabadas en lo que parecía hilo de oro, amarrado con un cordel mágico, pronunció en voz baja un hechizo y el cordel desapareció junto con el pañuelo revelando un espejo.

-James Potter- dijo el mago acercando su rostro al espejo que pareció licuarse en su interior como si de humo se tratase, una vez disipado se podía ver el rostro de un hombre con gafas.

-Dime Sirius.

-Esta sucediendo, el Brujo Blanco planea armar un ejército, esta registrando cada movimiento de los nuevos magos sin excepción, clasificándolos por su poder y recluyendo a los hijos de muggles en esas cárceles que llaman pomposamente internados, tenemos que averiguar cual es su objetivo y hacer algo para parar todo esto.

-Ejercito…-respondió James- Me parece que nos estamos precipitando, desde que se eliminó el estatuto internacional de secreto, el mundo mágico y sus dirigentes han tenido el control de los destinos de las naciones muggles y mágicas por igual, no veo la finalidad de un ejército.

-Entonces el Brujo Blanco teme un ataque- respondió Sirius- y por eso quiere poner bajo su control a todo mago futuro antes de que….

-El guía.- Dijeron en forma simultanea.

-Parece ser la única explicación- sentenció James en tono preocupado- ¿Pero como lo supo?

-Te dije que había un traidor en la resistencia. Y ahora todo esta perdido.

-No aún no. ¿Cómo está identificando Albus a los magos nuevos?

-Te enviare una lechuza con la información.

-No, este tipo de cosas es mejor discutirlas en persona, ven a mi casa, cenaremos y te explicaré mi plan, no tardes. Lily hizo estofado y Harry podrá agradecerte por su nueva escoba.

-De acuerdo te veo en unos minutos. Sirius salió de su oficina tomándose solo el tiempo justo para guardar el espejo y sellarlo nuevamente, azotando la puerta para cerrarla como lo hacia de costumbre. No notó el pequeño animalito que se escabullía aprovechando la oscuridad del pasillo hasta encontrar una salida al exterior donde desapareció para dar paso a un hombre bajito y regordete con unos incisivos bastante largos que se alejó rápidamente con una sonrisa en el rostro.

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Con un ligero sonido los cuatro integrantes de la familia Potter aparecieron frente a la puerta de una vieja taberna con un letrero en forma de caldero en el centro de Londres, los muggles que se encontraban en ese momento a su alrededor apenas dieron un respingo para posteriormente continuar su camino y sus ocupaciones, todavía una mujer tuvo tiempo para murmurar una imprecación hacia los magos antes de tomar a su pequeña hija de la mano y caminar más aprisa de lo normal.

Segundos después ingresaron en el Caldero Chorreante y sin apenas saludar a nadie salieron por la puerta trasera donde, con su varita, James Potter tocó un ladrillo en específico y la pared pareció cobrar vida, encogerse sobre sí misma dejando ver un amplio callejón a cuyos lados había establecimientos donde se exhibían las más variadas y raras mercancías.

Los lentes del pequeño maguito, de simple y elegante montura redonda, amenazaban con salir volando de su rostro cuando dirigía su mirada hacia todas las direcciones posibles mientras recorrían los primeros bloques del Callejón Diagon. Unos minutos después llegaron a las puertas de un gran edificio blanco, mucho más alto que el resto de los edificios alrededor y de inmediato Harry preguntó fiel a su costumbre.

 -Papa ¿puedo ir?

-Sabes que no, desde que tuvieron que reconstruirle el brazo al nieto de Dodge los menores no tienen permitido pasar a las bóvedas, esperaras con tu madre en el vestíbulo.

-Creo que aprovechare para comprar las túnicas de Harry y nos vemos en Flourish y Blotts- tercio Lily.

Pasada media hora Harry y Lily salían de Madame Malkin con un bulto bajo el brazo en el que estaban envueltas las nuevas túnicas de Harry, recorrieron la calle hacia la librería deteniéndose cada pocos pasos debido a la excesiva curiosidad de Harry, cuando se encontraron casi de frente con un hombre bastante delgado y con una túnica negra que estaba a medio dedo de arrastrar por el suelo, lo que le daba el aspecto de que flotaba en vez de caminar.

Lily dejo lucir una sonrisa y saludo efusivamente al hombre para beneplácito de este.

-Severus, que gusto.

-Lily, como siempre un placer, ¿de compras?

-Si, la lista para Harry, este año inicia en Hogwarts.

-Ya veo- dijo Snape dirigiendo una mirada superficial a un Harry que seguía atentamente la charla.- Así que otro Potter en Hogwarts, veremos si el puede hacerlo mejor que…

-¿Mejor que quien Quejicus?- preguntó con una amplia sonrisa un James Potter que venia de la acera de enfrente y que llevaba consigo un largo paquete en una de las manos, mientras que con su brazo libre se las arreglo para sujetar de la cintura a Lily.

-Mejor que… –Lily dirigió una significativa mirada a Snape- …de costumbre James. Los Potter tienen un historial bastante bueno en Hogwarts pero siempre es posible algo mejor.- terminó Snape con los dientes apretados y la cara de alguien que se acaba de comer un kilo de grageas con sabor a mofeta enferma del estomago.

-Creí que a los de primer año no les permitían llevar escobas- agrego después de observar el paquete que James tenia en su mano.

-Es cierto, Lily dice que es peligroso y yo estoy de acuerdo –la sonrisa de James se fue ensanchando maliciosamente, mientras se giraba a explicarle a Harry- todavía recuerdo mi primer día en clases de vuelo, un niño de nuestro curso no supo controlar su escoba, así que la escoba subió dando vueltas y en una de ellas el niño salio despedido, se quedo enganchado en uno de los balcones del primer piso cabeza abajo y la túnica se le subió a la cabeza y ¿que crees que traía puesto debajo?

-Yo me retiro- interrumpió Snape -Lily fue un placer saludarte- y sin esperar una respuesta giro sobre sus talones y se alejó maldiciendo por lo bajo.

-James Potter eres un desconsiderado, ¿Por qué siempre tienes que recordarle eso a Severus?

-Vamos Lily, no será la primera ni la última vez que me burle del viejo Quejicus.- respondió James mientras entregaba el paquete con la flamante Nimbus 2000 a Harry.

-¿El es el compañero al que le paso eso papá?- Pregunto Harry.

-Vamos se hace tarde, es hora de comprar tus libros. Dejaron que Lily se adelantara algunos metros y Harry preguntó.

-¿Y que llevaba puesto?

Una gran sonrisa se dibujó en la cara de James Potter cuando le susurró a su hijo al oído. -Nada.

………………………………………………………………..

Los libros los útiles y las túnicas habían sido adquiridos y enviados a casa con un movimiento de varita de James mientras se dirigían al Emporio de la lechuza donde Harry tendría su nueva mascota.

-Una lechuza es la mejor elección, los gatos dan alergia y los sapos son para bobos, ¿qué te parece esa marrón de ahí?- comento James.

-Es muy bonita- dijo Harry -¿Puedo llevarla?- pregunto mientras la acariciaba, la lechuza agitó las alas y chillando mordió a Harry en el índice. -Auh, muerde, mejor seguimos buscando.- dijo Harry chupándose la herida.

La pequeña Ellie desde los brazos de su madre balbuceaba y extendía sus manos hacia lo alto de un estante señalando un punto donde, con la cabeza debajo del ala, una lechuza blanca como la nieve dormía plácidamente.

-Parece que Ellie ya eligió por ti.

-Quiero esa, es perfecta.

-No me gusta el color blanco, pero si a ti te gusta, adelante.- dijo James.  Minutos después abandonaban el establecimiento con Harry cargando la jaula con la lechuza aun dormida en su interior.

-Ahora solo falta mi varita.

-Iremos a Ollivander’s no hay mejor fabricante de varitas. Tras el tintineo de unas campanillas al abrir de la puerta, el mago bajo presuroso de la escalera en la que estaba montado y poniendo una sonrisa en su cara.

-Ah Señor Potter, por supuesto caoba, 11 pulgadas, flexible, ideal para transformaciones, y por supuesto Señora Potter, madera de sauce 10 pulgadas ¼ blanda, perfecta para encantamientos, una de ms mejores creaciones en los últimos años, y ¿Qué tenemos aquí? El joven Potter… encontraremos la ideal para ti por supuesto- y uniendo la acción a la palabra saco una caja de debajo del estante extrajo la varita y se la entregó a Harry.

– Olmo, 12 pulgadas con cabello de unicornio flexible. Pero agítela Joven Potter vamos.- Apremió Ollivander.

Harry agitó la varita y esta salió despedida de su mano.

-Creo que no, probemos otra combinación Fresno 13 pulgadas fibra de corazón de dragón- esta vez el resultado fue un ventanal roto.

-Creo que tampoco, probemos con esta, Roble 12 pulgadas ¼ pelo de unicornio.- Harry estaba a punto de agitarla pero Ollivander se la quitó antes de darle tiempo- No, tampoco, probaremos una combinación poco usual, Acebo, 11 pulgadas centro de… nervio de corazón de dragón- Ollivander le puso la varita en la mano con algo parecido a un temor reverencial como si esperaba que la varita estallara si hacia contacto con la mano de Harry, pero en cuanto estuvo depositada en ella la varita emitió chispas rojas de la punta y una sensación de calor subió por el brazo de Harry.

-Curioso, muy curioso.

-¿Que es curioso?- preguntó Harry.

Ollivander ignoró olímpicamente la respuesta y se dirigió a James. -Son 6 Galeones Sr. Potter, ahora, si me disculpa, debo recibir un grupo de señoritas de un internado, asunto oficial del ministerio, seguro usted comprende.

-Por supuesto, aquí tiene.- Dijo James con una sonrisa forzada, entregando el dinero al comerciante.

Apenas se hubo retirado la familia Potter el comerciante cerró las cortinas de su establecimiento y colocó el cartel de “cerrado” en su puerta de entrada, tomo una bolsa de debajo de su mostrador y arrojo unos polvos a su chimenea.

-Quiero hablar con Albus Dumbledore.- dijo con voz temblorosa.

-¿Que mensaje tienes para mi Ollivander?- le contesto desde las llamas la cara de un anciano con la barba y los cabellos totalmente blancos, con unas gafas de media luna sobre su recta nariz.

-El joven Potter ha comprado la varita de núcleo de Fénix mi señor, me pidió que le avisara inmediatamente. Y lo  hice en cuanto sucedió mi señor- dijo Ollivander atropelladamente sin atreverse a establecer contacto visual con el rostro que asomaba en las llamas.

-Bien,-dijo Dumbledore con aspecto resignado- ya ha empezado.

Sonó un ligero “plop” y solo quedo el fuego dentro de la chimenea de Ollivander.

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