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Archive for 31 marzo 2010

Seda y Carmín

El pueblo se veía quieto a pesar de ser apenas pasado el mediodía, el mercado local lucía vacío y los pocos transeúntes no se detenían a observar la mercancía, quizás por el hecho de que los rayos del sol caían a plomo y el calor levantaba volutas de vapor de los tejados de las casas a lo lejos unas pocas nubes empezaban a cubrir el horizonte.

La joven señorita vestida clamorosamente con un vestido de estilo victoriano bajó del carruaje y aceptó gustosa la mano que le tendía el conductor del carruaje que se había apresurado a ayudar a la dama a apearse, probablemente mas motivado por la belleza de la dama que por costumbres caballerosas.

Una vez abajo dedicó unos segundos a observar las casas cercanas en busca de algún lugar para hospedarse, fracasando lamentablemente en hacerlo.

-¿Conoce algún lugar cerca donde pueda hospedarme?- pregunto con una voz cantarina al cada vez mas embelesado cochero que no se había apartado de su lado.

-Por supuesto señorita, existe un muy buen hostal a dos calles hacia el sur, yo podría acompañarla gustoso.

-No, gracias- respondió la dama sin perder su sonrisa pero sonando determinante.

–Estoy acostumbrada a conducirme sola.

Y con paso ligero camino hacia la dirección que había señalado el hombre, no tardo en encontrar lo que buscaba un hotel de mediana calidad donde se hospedó por una módica cantidad, al no llevar equipaje el camarero se limitó a indicarle el camino hacia su habitación, una vez dentro se tendió en la cama y rasgó mas que intentar quitarse el vestido que llevaba dejando ver debajo unas ropas que cualquiera asociaría con una amazona, pantalones y una levita con chaleco además de unas botas de montar de una piel exótica que destellaba visos azules, la fina cintura se enmarcaba con un ligero cinturón de cuero que albergaba una varita, algunas pequeñas botellas con líquidos de diversos colores y dos bolsitas de cuero. Acicaló su pelo con la varita quedando pegado al cráneo y rematado con una coleta, un movimiento de varita y un fino bigote apareció sobre los labios. Resoplando de alivio por el cambio de vestimenta estiró los brazos y se dirigió hacia un espejo de cuerpo entero para observar su aspecto dirigió una o dos miradas y extrayendo su varita la dirigió al espejo murmurando.

Crystallus concerptum

-Anda, solamente escupe y maldice y diré que eres un hombre- le recrimino ácidamente el espejo al instante.

-Justo como mi madre- murmuró la bruja sonriendo, colocó su varita a la altura de la garganta mientras decía –vox celavi.- Nuevamente se acerco al espejo y le hablo con una voz ronca y cargada de un acento ario.

-¿Y quien te dijo a ti que no lo soy?

El espejo se limito a decir –Anda- con algo parecido al chirrido de una tiza contra el cristal provocando una carcajada a la bruja, la cual se limitó a recostarse en la cama mientras observaba hacia la ventana, de repente pareció recordar algo y extrajo una de las bolsitas una cajita del tamaño de un cubo de azúcar la cual colocó contra una pared para después apuntarle con su varita, segundos después donde estaba la cajita se observaba un gran cofre con un escudo de armas al frente del color del zafiro con un gran cuervo cada uno, hizo levantar el pestillo con otra orden de su varita y una mesa con un pequeño mueble repleto de pergaminos junto con un estante de lo que parecía un complicado equipo de química surgieron del mismo.

Dedicó unos segundos a observar los títulos de los pergaminos que se encontraban dentro de cilindros de madera hasta que se detuvo en uno, lo tomó y dio vuelta hacia su cama, donde se recostó a leer.

 ***

La noche había caído y el rugir de su estómago lo despertó tras lo que pensó solo había sido un momento, asomándose a la ventana comprobó, con una sorpresa no del todo desagradable, que había dormido cerca de cinco horas, estiró sus brazos y se dispuso a bajar a la recepción del hostal en busca de algo que comer.

El clima presagiaba tormenta, las nubes sé arremolinaban cada vez más oscuras y el lejano retumbar de los truenos sonaba quedo pero insistente, un vistazo le bastó al mago para darse cuenta que la hostería estaba casi vacía, un joven solitario en la barra y un grupo de cuatro personas en el otro extremo ocupando una mesa eran todos los presentes a excepción del dueño.

-¿Gusta comer algo señor? -Preguntó este último al mago acercándose a la mesa que había ocupado.

-Lees mi mente amigo- contestó el mago con una sonrisa.

Uniendo la palabra a la acción el dueño sirvió un plato sobre la mesa acompañado de una botella de vino y una copa.

-La especialidad de la casa señor, carne de oso con salsa de hongos y papas, no encontrará mejor platillo por estos lugares.

El mago comió tranquilamente su comida, el hostelero no le había mentido y el platillo estaba delicioso, mientras repasaba mentalmente los hechizos que practicaría con Garnuk al dia siguiente notó un movimiento al otro lado del hostal.

Uno de los hombres que estaban en el grupo se encaminó a la barra tambaleándose, obviamente había bebido copas de más esa tarde.

Golpeando la barra y con voz rasposa grito al dueño.

-Otra botella, rápido, mis amigos y yo tenemos sed.

El joven que estaba en la barra soltó un bufido, bien fuera de impaciencia, bien de asco ante la presencia del hombre.

-¿Tienes algún problema niño? -preguntó el hombre acercando su cara a la del joven, estando juntos el mago pudo notar que aquel hombre sacaba por lo menos dos cabezas de estatura al joven.

-¿Aparte de tu mugrosa barba y tu asqueroso aliento? -respondió el joven sin despegar su vista del vaso y con una voz que no parecía apropiada a su apariencia.

Varias cosas ocurrieron al instante, mientras el ebrio intentaba asestar un puñetazo al joven, sus amigos empezaron a levantarse de la mesa, Godric deslizó su mano hacia su varita intentando ayudar al joven, solo para notar que el joven ya no estaba ahí y que el hombretón había caído de bruces hacia el banco al golpear el aire, la vista no le bastó a Godric para saber que sucedió con los compañeros del tipo, lo único que pudo observar fue un destello y a los tres restantes salir volando hasta rebotar contra la pared, y para su mayor sorpresa observar de nuevo al joven sentado en su banco apurando el resto de su bebida con el pie colocado distraídamente sobre la cabeza del hombretón.

-Guarda esa varita antes de que el dueño regrese- dijo el joven a Godric.

Este se dio cuenta de lo ridículo de su postura, a medio levantar sosteniendo su varita, y con la boca medio abierta, guardó su varita y se encaminó hacia el joven.

-Mi nombre es Godric, Godric Gryffindor.- dijo mientras tendía la mano.

El joven volteó hacia él con una mirada calculadora, finalmente sonrió y estrechó la mano, a Godric le sorprendió lo finas que parecían y más aun el color de sus labios del mas rojo carmín.

-Y yo soy Ravenclaw,  Ro… bben Ravenclaw.

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[Nota: Primero una disculpa por tanto tiempo sin publicar, pero mi trabajo es un caos con el famoso springbreak, y desde Febrero no nos han dado respiro, y para colmo la maquina donde publico no acepta unidades USB asi que no puedo subir lo que escribo en casa, pero ya prometo ponerme en forma, por lo pronto mañana subo el siguiente de GyG.  Un saludo ]

El café estaba prácticamente vacío a esa hora de la mañana, el noticiero muggle en la televisión del fondo hablaba sobre otra de las extrañas desapariciones de mujeres en las afueras de Surrey a lo que siguió el reporte climático para los próximos dias.

-¿Podrías cambiar el canal por favor? –pregunta más que orden dirigida al dependiente que estaba detrás de la barra.

-Por supuesto señor. – El dependiente  estuvo sintonizando canales hasta que encontró uno de la satisfacción del ministro, un canal de ventas donde se anunciaban pequeños diseños de tejido para decorar el hogar.

El ministro rebuscó en sus bolsillos hasta encontrar lo que buscaba, un pequeño envoltorio de un color verde platinado, lo desenvolvió y se llevó a la boca el caramelo que llevaba dentro, saboreo el dulce por unos momentos pareciendo absorto en el anuncio de la televisión.

Una lechuza picoteó la ventana a un costado del café, con un leve y casi imperceptible movimiento de varita esta se abrió y la lechuza se coló al interior, se posó en la mesa del ministro y extendió la pata para entregar el mensaje.

Este lo desenrolló con cuidado y lo leyó, el mensaje solo contenía unas pocas líneas.

“Francia ya, ahora Alemania después Italia”

Bien– pensó para sí el ministro, –todo marcha correcto y dentro del tiempo– el ministro terminó su café y dejó a la lechuza el resto de su almuerzo, colocó unas monedas y salio para desaparecer segundos después en la acera.

Reapareció justo dentro de su despacho el cual había acondicionado para que él, y solo él pudiera aparecerse en el mismo, tomo una de las plumas y empezó a escribir en un pequeño pergamino.

“Estimado profesor Lupin”

Sé qué prefieres que te llame Remus pero siendo asunto oficial requiero seguir las formalidades.

Han pasado tres semanas desde nuestro último encuentro y es menester que tengamos un reporte de los avances que habíamos acordado con los alumnos de nuevo ingreso, agradecería si el dia de hoy por la tarde pudieses acudir a mi oficina para recibir la información y hacérselas saber al consejo escolar.

Agradeciendo de antemano tu asistencia, recibe mi más ferviente saludo.

Ministro de Magia

Albus P.W.B. Dumbledore.

 

P.D. La estación es propicia para hacer avances en el otro tema que nos compete, creo que hoy podríamos dar un avance decisivo en la…

***

cura….

La palabra resonó con fuerza dentro de la cabeza de Remus y tuvo que leer varias veces el último trozo de la recién recibida, carta del ministro.

Una parte de él quería gritar de alegría a todo pulmón, pero la otra parte se tornaba recelosa, hacerse falsas esperanzas después de años de frustración y montones de dolorosos e ineficaces remedios no era fácil, pero si alguien podría haberlo logrado ese era Albus. Había oído de casos donde magos poderosos habían conseguido revertir los efectos, se rumoreaba algo de que un tal Lockhart lo había conseguido en los bosques de la Europa oriental, muy a su pesar su corazón siguió golpeteando su pecho a un ritmo fuera de lo normal mientras se dirigía hacia su clase.

Fuera lo que fuere por la tarde lo sabría.

***

Poco a poco la conciencia regresaba a ella, lo primero que pudo notar era que estaba recostada sobre una superficie dura y fría, la habitación estaba casi completamente a oscuras y sus ojos tardaron en acostumbrarse, notó un poco de luz en un rincón a su derecha proveniente de una chimenea con varios leños a medio consumir, sobre el cual se encontraba un caldero negro con un liquido humeante, la luz se reflejaba en un estante lleno de redomas de cristal cuyos contenidos no eran visibles con la luz existente.

Haciendo un esfuerzo intento incorporarse sin éxito, podía mover su cabeza pero sus extremidades y cuerpo estaban pegados a la cama o lo que fuera sobre lo que estaba acostada, intentó un tímido “Hola”, pero su voz seguía sin salir, carraspeó y sintió su garganta forzándose contra sí misma pero ningún sonido se escuchaba.

El lento goteo que se filtraba en un charco ubicado en una esquina invisible para ella era perfectamente audible por lo que el problema no eran sus oídos, algo estaba mal con su voz. De pronto recordó lo que había pasado, como se había sentido atrapada justo antes de entrar a su casa y el terror volvió a recorrerle el cuerpo.

-Veo que ya despertaste, no te molestes en contestar, no podrías hacerlo de todos modos, Marian.

La chica tenía el rostro desencajado, la voz de aquel hombre no parecía humana y estaba segura de sentir oleadas de odio desde donde se encontraba, además por alguna razón sabia su nombre, notó como se acercaba a ella, y cerró los ojos, no quería ver el rostro de alguien que le causaba terror solo con hablar.

-Vamos, vamos, tranquila, no vas a morir, no al menos hoy- dijo el hombre con un marcado acento de falsa dulzura.

Marian se atrevió a abrir los ojos y vio que el hombre tenía una capucha que impedía ver su rostro

-Verás, yo necesito de tu ayuda, debes hacer algo por mí, si lo logras serás recompensada, si no, morirás.- la última palabra salio con tal desgano que la chica no pudo reprimir un estremecimiento.

-Ahora, si eres buena chica dejare que hables, ¿queda claro?

La chica intentó asentir pero su cabeza no respondía.

-No importa, no importa- dijo el hombre con una pequeña risa, al parecer para el asunto era bastante divertido.

-Lord Voldemort siempre sabe- y Marian pudo sentir su garganta liberada, carraspeó un par de veces antes de preguntar con voz enronquecida.

-¿Qué es lo que quieres de mi?

-Es muy simple. Solo debes “cargar un paquete”, cierto tiempo y asegurarte de que sobreviva, no habrá molestias, no habrá dolor, nadie lo notará, podría hacerlo a la fuerza pero se requiere que la persona acepte voluntariamente- Lord Voldemort soltó una pequeña risa antes de continuar -Y pensar que me di cuenta hasta el tercer intento, desperdicié dos especímenes magníficos, en fin, serán solo nueve meses, una vez pasado ese tiempo regresaras, o mejor dicho, te traeré aquí, el producto será retirado y tu tendrás lo que quieras.

-¿Nueve meses? ¿No será…?

-Sí, Marian- el tono de impaciencia empezaba a marcar la voz del hombre.

-Pero yo no tengo las limitaciones de ustedes los muggles, ya te lo dije, no habrá ninguna señal que te haga notarlo, incluso borrare tu memoria y no recordarás nada de esto una vez hayas salido de aquí. Pero ten en cuenta que muy pronto habrá sucesos que harán cambiar las cosas como las conocemos, muchos muggles serán eliminados, muchos magos también, si tú me sirves comprarás tu bienestar y de quien tu digas, Lord Voldemort sabe premiar a los que le sirven bien.

Marian sintió que condenaba su alma cuando respondió.

-De acuerdo, ¿qué tengo que hacer?.

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