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Archive for 29 julio 2009

 “Que vacío tan hondo, ¿tan difícil es entender lo que hice?”

Todo lo que se había planeado tan cuidadosamente, tras varias semanas de locura y fantasía llegue a convencerme que podía hacerse realidad y como no fascinarse con esa mirada.

El joven se encontraba sentado en el sillón de amplio respaldo, con una mirada vidriosa, por el ventanal a su izquierda se observaba la incipiente claridad, unas ultimas estrellas estaban rápidamente cediendo el paso a la inevitable mañana que prometía un sol esplendoroso ya que ni una sola nube asomaba por el horizonte, lo que era raro para esa época del año en que el verano se despide y el otoño apenas inicia.

El joven se levantó intentando desperezarse, cuando una mancha oscura en la pared llamo su atención, camino hacia la pared y se detuvo para contemplar con mayor detenimiento la mancha, como quien examina la más fascinante obra de arte, a pesar de que solo era un borrón negro como si hubiesen difuminado la pared con carboncillo.

Recorrió con su mano derecha la mancha centímetro a centímetro, -Sí solo hubiese sido un poco a la izquierda, yo no sufriría, no sentiría- dijo en voz muy queda el joven y una lágrima solitaria resbalo por su mejilla hasta detenerse en su incipiente barba y con ello el torrente de recuerdos regresó una vez mas como había regresado a lo largo de la noche anterior.

El niño hablaba por momentos a gritos con su hermano mayor.

-Entiéndelo Albus no puedes estar dando tus “brillantes discursos” con nuestra hermana a cuestas, al primer estallido de magia involuntario el Ministerio la internará en San Mungo, quizás para siempre y todo habrá sido en vano. Reconsidera, déjame quedarme con ella, yo no soy como tu, no necesito la escuela y tu serás libre de hacer lo que te plazca, solo déjanos en paz

Por un momento el mayor de los hermanos pareció reflexionar sobre la propuesta, pero después hundió los hombros y respondió.

-No, es mi obligación, se lo prometí a nuestra madre, Gellert y yo somos lo suficientemente hábiles para poder manejar los estallidos de Ariadna y en cuanto tengamos la capa todo será mas fácil.

-¿Y cuando será eso? ¿En 10 años? ¿En 20 quizás?, abre los ojos Albus, no te dejes seducir por la “señorita alemana”

-Eres un niño estúpido- se oyó una voz desde el pasillo que dejaba sentir odio en cada una de las sílabas pronunciadas- Agradece el afecto que le tengo a tu hermano sino…

-Si no ¿que? ¿Me matarías? No lo dudo, se cuentan muchos rumores sobre porque te echaron de Durmstrang, si la mitad de ellos son ciertos no dudaría que fueras capaz. Loco desquiciado.

-Es suficiente Aberforth, no tolerare un insulto más hacia Gellert ahora vete.

-Eres un maldito necio Albus, ¿Qué no ves como te controla? Me dan asco, par de…

CRUCIO!- grito el joven de cabello rubio sin dejar terminar la frase al muchacho mas joven- No creo que tú seas el más indicado para hacer comentarios sobre preferencias sexuales niñito idiota.

-¡NO! Detente Gellert, no quiero lastimarte- Dijo Albus quien tenia su varita lista y apuntando directo al pecho de Gellert, sus ojos se encontraron y el joven rubio bajo su varita rompiendo el hechizo.

-Yo… no podemos echar todo abajo,-miraba suplicantemente a Albus- Hay mucho en juego podemos lograrlo pero necesitamos estar unidos, tu y yo Albus, juntos, por siempre.

-Dios, esos ojos, podría ir al infierno por esos ojos.

El dolor cesó y el joven permaneció en el suelo respirando trabajosamente, temblando de pies a cabeza mientras una rabia sorda cubría su cuerpo se infiltraba en su torrente sanguíneo y bloqueaba sus pensamientos, no escuchaba nada, sus ojos se inyectaron en sangre y la magia pugnaba ferozmente por salir y ofrecer un castigo igual o peor, nada existía para Aberforth Dumbledore nada excepto un primitivo instinto de venganza, mecánicamente se levantó y dirigió su varita hacia el enemigo que ofrecía tentadoramente la espalda enfrascado en una plática sin palabras con su hermano, Aberforth dejó que su enojo fluyera en forma de magia a través de su varita cuando gritó

– ¡CRUCIO!

Gellert no se revolcó en el suelo a causa del dolor como Aberforth pero la transformación a causa del impacto fue demasiado evidente para Albus, sus ojos abandonaron todo matiz de ternura para consumirse en el fuego de la ira, rugiendo contra su atacante.

Avada Kedabra.

Apenas le dio tiempo al joven para apartarse de la maldición asesina y rodando sobre el suelo respondió de la misma manera mientras Gellert lanzaba otro Avada Kedabra

-¡NO! Deténganse, Expelliarmus, Impedimenta Albus lanzaba hechizos intentando desarmar o aturdir a los dos duelistas cuando una maldición asesina golpeo a escasos centímetros de él dejando una quemadura en la pared. Lo que lo dejó momentáneamente paralizado sin poder apartar la vista del lugar donde el hechizo había impactado en la pared, hasta que un grito desgarrador, como el de un animal herido, lo sacó de su estupor.

La escena que tenía frente a sus ojos parecía tan irreal que solo pudo asumirla por partes mientras el tiempo parecía correr de manera lenta, por un lado su hermana Ariadna quien debió haber sido atraída por los gritos del duelo estaba tirada en el suelo en una alfombra formada por su propio cabello con los ojos desencajados, frente a el su hermano con una expresión de terror en su rostro dejaba que las lagrimas rodaran libres viendo el cadáver de su hermana mientras Gellert parecía salir de su sorpresa y levantaba firmemente la varita contra Aberforth, entonces el tiempo recuperó su velocidad y Albus tomo su decisión.

– Expelliarmus, la varita de Gellert voló de sus manos y fue a detenerse varios metros por delante lanzando a su vez a Gellert contra el muro del pasillo.

Gracias hermano- dijo Aberforth –Ahora este maldito va a pagar.- dirigió su varita hacia Gellert con cruel regocijo reflejado en su rostro –Avada

Imperio– Pronunció Albus con un tono grave- Recoge la varita de Gellert y la tuya hermano, ahora toma asiento y guarda silencio.

Un Aberforth con el rostro tranquilo y apacible llevo a cabo las órdenes y tomó tranquilamente asiento frente a su hermano, quien ahora tendía la mano hacia Gellert con una sonrisa en el rostro.

-Lo siento, era necesario, no podía dejar que mataras a mi hermano.

La sonrisa cubría el rostro de Gellert Grindewald mientras aceptaba la mano, sus ojos de un color gris acerado volvían a tener esa chispa que tanto atraía a Albus, lo abrazó y sus labios se unieron por un largo minuto.

-¿Que haremos ahora?- Dijo Gellert tomando asiento frente al ahora inofensivo Aberforth.

-No te preocupes todos nuestros sueños se harán realidad y llevaré a cabo por entero nuestros planes, pero antes debo saber algo- y con un rápido movimiento convocó ambas varitas sobre la mesa, uniendo la punta de su varita con la varita de Gellert

-Prior Incantato, -un pálido humo salio de la punta de la varita tomando la forma de Ariadna Dumbledore.

–Lo suponía, Deletrius– dijo Albus con una sonrisa triste en el rostro, sin sentirse orgulloso de lo firme y serena que salía su voz mientras la figurilla de Ariadna se disolvía- Sin embargo no resistí el besar de nuevo tus labios. Adiós Gellert, Avada Kedabra.

El rostro de Gellert iluminado por el resplandor verde junto y el terror en sus ojos grises fue demasiado para el joven, que ahora permanecía sentado en el suelo bajo la mancha en la pared, el resto de los recuerdos eran difusos, la transformación de los cuerpos de Ariadna y Gellert en troncos para ser incinerados en la chimenea y la modificación total de la memoria a Aberforth quien ahora dormía placidamente en su habitación.

-Bien, ahora solo resta esperar que mi hermano vaya a Hogwarts y después empezare mi búsqueda. Cumpliré mi promesa, nuestros sueños se harán realidad.

Y las palabras le llegaron como si el mismo Gellert Grindewald se las estuviese susurrando al oído.

Gregorovitch la tiene.

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Apenas despuntó el alba se oyeron los golpeteos de unos pies pequeños bajando la escalera precipitadamente para después soltar un grito que a todas luces denotaba alegría y con ello despertó a el resto de los, aun durmientes, habitantes de esa casa.

-¡Mamá, Papá! se abrió la puerta con estrépito- ya llegó, ya llegó, ya llegó, ya llegó, ya llegó, ya llegó, ya llegó. Acompañando cada “ya llegó” con un brinco de rodillas y de pie alternadamente en la cama de sus adormilados padres.

-¿Y que esperabas? Es lo mas lógico, los Potter hemos ido a Hogwarts sin falta desde hace mas de 6 generaciones. Ahora porque no eres buen niño y te aseas antes de que tu madre nos prepare un buen desayuno.

-Ni lo sueñes James Potter, los sábados el desayuno es TU obligación – agregó, sin voltear el rostro ni despegar la cabeza de la almohada, una mujer de pelo rojizo que resaltaba mas a la escasa luz de la mañana que se colaba por la ventana.

-Ni hablar campeón, ¿me ayudas? Y después podemos ir al callejón Diagon a buscar lo necesario ¿Qué opinas?

-Siiii- ¿y me compras una escoba?

-Por supuesto que si, es lo primero en la lista.

-Los de primer año no tienen permitido llevar escobas- dijo en tono mandón la mujer, que ahora había volteado su rostro abandonando las intenciones de continuar su sueño y que dejaba ver unos ojos verdes claros que arrancaron involuntariamente una sonrisa del rostro del hombre quien inmediatamente se acerco a besarla.

-Buenos días cariño, en mi opinión es una tontería el hecho de que no se les permita llevar escobas a los enanos… -James -…perdón, a los niños de primer año, además pronto quedara demostrado que Harry será un buscador mil veces mejor que su padre.

-Aun así insisto en que no me parece buena idea. No quiero que Harry tenga problemas en la escuela sobretodo con el clima actual.

-¡Oh! vamos Lily. No creo que Dumbledore se fije en un simple problema ordinario de un equipo de Quiditch en la escuela, además creo que puedo sacarle el permiso a Mcgonagall.

-Esta bien, pero promete que si no recibe el permiso la escoba se quedara en casa.

-Prometido- dijo James colocando su mano derecha en alto con la palma hacia el frente aunque sin mostrar la izquierda que mantenía en su espalda. –Ahora, desayuno.

Quince minutos después se encontraban los cuatro integrantes de la familia Potter/Evans desayunando, Lily un poco de fruta, James y Harry huevos fritos con tocino y la pequeña Ellie un poco de leche con fruta, cuando un perro enorme y plateado atravesó velozmente la sala para hablar con una voz grave y rasposa parecida a un ladrido. -Voy saliendo del ministerio, tenemos que hablar.

Los dos hombres conversaban en el despacho, sobre la repisa del fondo se veía un retrato de la familia Potter con alegres sonrisas, curiosamente ninguno de los integrantes se movía, pero la felicidad se reflejaba sin dudar. Sin embargo el hombre alto de pelo negro que se paseaba de un lado a otro por el despacho estaba muy lejos de reflejar algo remotamente parecido a la felicidad.

-Cada vez es mas difícil, la situación los aurores cierran cada vez mas el cerco hacia la resistencia han encontrado cuatro de las casas de seguridad en las que se había resguardado la Resistencia solo es cuestión de tiempo para que no alcancemos a salir a tiempo y nos apresen a todos, o nos maten.

-Ya te lo dije Sirius, y te lo he repetido hasta el cansancio, necesitamos mantener un perfil bajo por lo menos hasta el fin de este periodo y así…

-¿Y QUE VA A CAMBIAR? ¿CREES QUE ALGUIEN MAS VA A GANAR LAS ELECCIONES SOLO PORQUE SE REALIZAN? Eso es una maldita parodia del Brujo Blanco para cubrir su tiranía, Democracia, ja.

-Canuto dos cositas, primero, no grites no estoy sordo, segundo me harta que le sigan llamando “El Brujo Blanco”, ¿Por qué demonios la gente no le llama por su nombre? Y tercero déjame terminar.

-Dijiste que dirías dos cosas- gruñó Sirius con un tono de falso enojo en su voz.

-Bueno, así soy yo de generoso- agregó rápidamente James con una media sonrisa en su rostro. Esto logró que Sirius recuperase parte de su control y tomase asiento frente a James no sin antes despojarse de su chamarra de cuero. A pesar de pertenecer a una de las familias con mayor tradición dentro del mundo mágico el atuendo de Sirius Black gritaba “muggle” a toda voz, botas tipo militar, pantalón de cuero, y camiseta negra además de su inseparable chamarra y guantes sin dedos, negros por supuesto, le daban un aspecto de recién haber desmontado una motocicleta.

-Bien como te decía, necesitamos mantener un perfil bajo por el momento, las elecciones aunque estoy de acuerdo que son una farsa, hacen que la gente hable, se movilice, se sienta insegura. Es un medio perfecto para que los aurores infundan miedos e inseguridad y eso no nos beneficia en nada, una vez que el pueblo se haya sumido en la rutina nuevamente tendremos mas oportunidad de desarrollar nuestros planes, además siendo honestos nuestros infiltrados en el Ministerio incluyéndote, están siendo absorbidos por los preparativos eso hace que nuestra seguridad no sea la adecuada en muchos sentidos.

-Y supongo que ahora si harás caso a mis sospechas.

-No creo que nadie dentro de la resistencia nos este traicionando, cada día estamos mas conjuntados y es solo cuestión de tiempo para que encontremos a el Guía.

-Si, pero ¿cuanto tiempo? No todos tienen la paciencia que nosotros tenemos y alguno de ellos puede que se haya hartado de esperar y este alertando de nuestros movimientos al Brujo Blanco…

 -Ya te dije que le llames por su nombre.

-… ¡Da igual! el punto es que hay un traidor en la resistencia, y si ese alguien conoce datos lo suficientemente importantes nos puede hundir a todos y la verdad no creo que Azkaban sea un bonito lugar para vivir.

-Cierto, no creo que pueda seguir la liga de Quiditch desde ahí- respondió James con un tono solemne, para después soltar una carcajada. –Te estas volviendo gruñón y pesimista Canuto.

-Eres incorregible Cornamenta. En fin, esperaremos como tú dices y quien sabe, quizás después de todo Bartemius gane las elecciones.

-Aja, y los Chudley Cannons van a ganar la liga.

-Papá, mi mamá dice que estamos listos para salir- Anunció una voz infantil desde el corredor.

-En un momento hijo. Iremos a comprar las cosas de Harry para la escuela ¿nos acompañas?

-No, tengo quehaceres, ¿Escoba para mi ahijado?

-Nimbus 2000, la separé hace meses.

-Toma, los duendes saben que hacer con ella – le dijo lanzándole una pequeña llave dorada- Es lo menos que mi ahijado merece por ingresar a Hogwarts, ya hablaremos en otro día.

-Cuídate Canuto.- Agregó James con lo que parecía la primera expresión seria en su vida.

-Tu también hermano. Nos veremos pronto.

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La fiesta de cumpleaños terminó abruptamente cuando los dos desconocidos irrumpieron en el traspatio de la casa donde se celebraba la fiesta. La música, las risas y las bromas de los niños invitados se apagaron como por arte de magia. Ambos hombres vestían trajes gris oscuro con un sobretodo blanco al parecer de piel con un símbolo en el pecho, algo reconocible por cualquiera de los que se encontraban ahí en ese momento y a la vez protagonistas de la mayoría de las pesadillas de todos adultos y niños por igual.

-Fuera, la fiesta acabó- dijo el hombre de manera que pareciera que solo estaba pensando en voz alta, pero no fue necesario más para que la desbandada algo atropellada de invitados se diera, algunos de ellos sin detenerse más de una mínima fracción de segundo para dirigir una mirada de pena y compasión hacia los padres y la niña anfitriones de la fiesta que lucían cada vez mas pálidos. En cuanto quedaron a solas los hombres se dirigieron a los padres en el mismo tono autoritario y bajo que usaron para despedir a los invitados. -Entren a la casa, y no hablen. Una vez dentro tomaron asiento en la amplia sala con tapiz azul y cortinas a juego que fueron abruptamente cerradas con un rápido movimiento de varita de uno de los hombres de blanco.

-Esto será breve, no tenemos demasiado tiempo, se ha otorgado la orden por medio del Departamento para el Aprovechamiento y preservación de la Magia para que la niña sea trasladada al internado 2-A, en donde será instruida en las costumbres de nuestra clase para posteriormente ingresar al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería donde permanecerá el resto del año escolar y posteriormente deberá regresar a dicho internado hasta el siguiente 1º de Septiembre donde iniciara su segundo curso y así sucesivamente, etc., etc., etc..- Concluyó con voz cansina el mago que había tomado asiento frente a los atónitos padres.

-Pero no entiendo, nosotros…, nosotros somos muggles, ¿porque querrian a nuestra hija?

-Ah- se dejó escapar un suspiro que denotaba a todas luces impaciencia por parte del mago que estaba de pie- La niña es una bruja, a veces suceden estos saltos lineales en cuanto a la posesión de los dones mágicos, digamos que en ese sentido la magia es… ¿Como decirlo? Caprichosa.- Añadió con una sonrisa displicente de quien intenta explicarle a un niño que dos mas dos son cuatro -Sin embargo como miembro de la comunidad mágica su hija debe asumir las responsabilidades de su raza y obsequiar sus dones al engrandecimiento de nuestro mundo, es también mi deber informarles que- se detuvo un momento para conjurar lo que parecía un folleto para posteriormente leer con tono monocorde- “Como parte del tratado de buena voluntad firmado por el Primer Ministro Muggle y el Sub-secretario de relaciones muggles los procreantes de un mago con orígenes muggles tendrán derecho a visitarlo durante su periodo escolar comprendido de los 11 a los 17 años los días otorgados como gracia en dicho tratado, esto es durante las festividades de Navidad, Año Nuevo y por supuesto el día de fin de cursos con un máximo de 5 días no acumulables dentro de los periodos ordinarios de 365 días que comprende el año mágico y muggle.”

 -Yo… no, no entiendo, ¿que significa eso? – mencionó el padre sin poder evitar subir un poco el tono de su voz.

 -Significa que puede visitar a su hija en Navidad, Año nuevo y cuando termine sus cursos, obviamente si el niño o niña mago lo desean de otro modo no se les puede obligar, pero a final de cuentas es su derecho por procrear un mago.

-¿Procrear?, ¿que cree que soy UNA MAQUINA QUE PRODUCE UNA MERCANCIA?

-Menos que eso- dijo el mago con una voz baja y peligrosa, de la punta de su varita unas chispas rojas y blancas destellaron iluminando su rostro y sus ojos- Es usted un muggle y en lo sucesivo se dirigirá a mi con respeto y cortesía si no quiere pagar las consecuencias. La niña irá a donde debe ir y fin de la discusión. Niña ve y empaca lo necesario y regresa en 5 minutos- se dirigió a la niña que involuntariamente dio un brinco que alboroto aun más su cabello.

-NO LO PERMITIRE- grito el padre poniéndose de pie de un salto e intentando interponerse entre el mago y su hija. –NO SE LA LLEVARAN.

-Ja, y supongo que un gran muggle como tú lo va a impedir- dijo el mago que estaba de pie –Desmaius– el rayo impacto directo en el pecho del hombre que voló hacia atrás golpeándose contra una alacena en medio de un estallido de vidrios y copas, la madre de la niña corrió directo hacia su esposo quien respiraba trabajosamente y sangraba de una herida en la sien y de la nariz solo escucho un ruidoso “crack” y su hija había desaparecido junto con los dos hombres. No tuvo tiempo de ver los grandes ojos marrones llorosos que se dirigían a ella, las mejillas surcadas de lágrimas y los labios temblorosos que pronunciaban quedo, muy quedo “Adiós, mami”.

-Mejor así- Dijo el mago soltando la mano de la niña a las puertas de un edificio austero de un monótono color gris y unas grandes puertas color naranja industrial con un gran “2” en una y una “A” en la otra. -No necesitas equipaje, los expertos dicen que les hace mas fácil la transición, pamplinas para mi si me preguntas -dijo con una sonrisa abierta dirigiéndose al otro mago- Aquí tendrás todo lo que necesitas y en unos días iras en grupo con tus compañeras a obtener tus materiales y libros para iniciar tu instrucción como miembro de la comunidad mágica. -Ahora antes que se me olvide, el paso final, -y tomando el brazo derecho de la niña lo volteo y apuntó su varita al antebrazo- Si no te mueves no dolerá, lo prometo.

La niña no pudo evitar un estremecimiento ante lo que fue una sensación curiosa en su brazo bastante contrastante, más no desagradable, como estar delante de una chimenea para después pasar a esta frente a una nevera y al final unas letras rojas acompañadas de algo parecido a un código de barras impresas en su antebrazo.

“Fem–C 5 -19-09-79- Hermione Jean Granger”

 

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El esbelto y ágil mago alzó la pieza por su empuñadura arrancando destellos de la cada vez más intensa luz de la mañana, malabareó con ella entre sus manos fingiendo embates ante unos enemigos inexistentes, maravillándose cada vez más con la portentosa arma.

-Por Merlín que vale la pena, definitivamente jamás he visto una espada semejante. Entonces ese es el trato una lucha de magia, si yo gano recibo la espada, de manera definitiva y para mis futuras generaciones.- puntualizó de manera lenta y pausada el mago- y si tú ganas yo he de entrenarte en el uso de la varita, amen de conseguirte una previamente, ¿ese es el trato?

-Exactamente- replico el duende -puesto que no puedes obtener el control total de la espada sin mi magia y yo no obtendría mi recompensa si murieras durante el duelo, evitaremos maldiciones o conjuros que pudiesen poner en peligro la vida de cualquiera de los dos, y solo uno ganará cuando el otro se de por vencido este inconsciente o desarmado, ¿acordado?

-Acordado- respondió el mago.

Dejaron la espada recostada contra el tronco de un árbol, del mismo en el cual se conocieran hace 3 estaciones, un haya que recibía humedad de un lago continuo al pequeño montículo en el que estaba plantado y que había otorgado generosamente su sombra a los dos, ahora contendientes, en muchas tardes de largas charlas sobre todo y sobre nada.

Se colocaron uno frente al otro y esgrimieron ambos sus respectivas armas, el mago una varita que parecía haberse hecho hace cientos de años y el duende chasqueando los dedos conjuro un pequeño martillo de un metal dorado de inauditos destellos.

-Entonces, comencemos- dijo el mago, y con una ligera inclinación de ambos inicio el duelo.

Rápidamente el duende lanzó un hechizo que despidió tonos violetas y que el mago esquivó con una espectacular voltereta respondiendo desde el aire con un haz de luz roja que el duende detuvo con su martillo y utilizando el mismo movimiento pareció absorber el hechizo para después impactarlo en el suelo directamente frente a el y con un segundo y tercer movimientos, bastante fluidos y ágiles para su corta y rechoncha figura, lanzar dos grandes rocas  que se desprendieron del suelo directo al mago.

Basto un vago movimiento de la varita para convertir la primera de las rocas en pequeños guijarros y un salto para esquivar la segunda que fue a parar al fondo del lago.

-Bastante bien amigo, pero no creo que sea suficiente- declaró el mago con una amplia sonrisa en el rostro, pareciese que disfrutaba con el duelo y que no había nada mas en el mundo que lo hiciera sentir vivo y feliz.

Nuevamente el mago atacó con un rayo rojo al duende el cual, sin disimular una sonrisa de fastidio, desechó con un golpe de su martillo devolviéndoselo al mago, el cual estaba esperando el momento justo para esquivar el ataque cuando un chapoteo a su izquierda llamo su atención.

-Maldición, la roca- masculló por lo bajo el mago, y justamente la misma roca, que al parecer no había terminado en el fondo del lago sino que se dirigía ahora hacía el, amenazando con aprisionarlo entre esta y su propio hechizo, aun sin atinar a decidir que hacer un tercer movimiento a su derecha le indico que había perdido de vista a su enemigo que ahora completaba la labor con un rayo dorado lanzado con su martillo, con una media sonrisa mas parecida a un gruñido y cargada de absoluta satisfacción el duende dijo:

-Espero que esto SI sea “suficiente” amigo.

Solo le dio tiempo al mago de murmurar una palabra en casi absoluto silencio cuando ambos hechizos colisionaron con la roca justo en el punto donde se encontraba el mago, dejando visible solamente una nube de polvo y humo.

El duende se mantuvo expectante, a la espera que se disipara el humo, y no sin reconvenirse mentalmente un ligero tono de preocupación atisbaba en sus facciones cuando sintió que su cuerpo se ponía rígido sus brazos y piernas se juntaban a su tronco y el martillo volaba de sus manos  mientras el mago se acercaba a el.

-Encantamiento momentum – pronuncio el mago dirigiendo su vista al punto donde los hechizos colisionaron con la roca- detiene las cosas por un tiempo sin afectar al que lo invoca me dio el tiempo suficiente para poder desaparecerme, congelarte y desarmarte- dirigió su varita hacia el duende y pronuncio –Finite

El mago doblo parte de su considerable estatura y con una sonrisa en los labios tendió la mano al duende para incorporarse.

-Parece que he vencido viejo amigo, la espada es mía y de mis generaciones futuras.

-Así parece-, replicó el duende con una media sonrisa que revelaba su inconformidad.- No te diré que me agrada pero mi palabra ha sido dada y mi honor no es cosa de juego, la espada es tuya, dame tu mano-, y con un veloz movimiento saco una fina daga de plata con la cual hizo sendos cortes en ambas palmas la del mago y la suya propia, para después introducir entre ambas el mango de la espada y anuncio con potente voz como dirigiéndose a un publico inexistente.

-Hoy, yo, Garnuk duende regente, he sido vencido por un mago sin lugar a dudas por lo cual mi deuda debe ser saldada, mi sangre es testigo de que esta espada pasará a su total y entera propiedad así como de sus generaciones venideras,- y al mencionar estas palabras la sangre de ambos se fundía con la empuñadura de la espada en forma de vistosos rubíes, -y para que no quede duda alguna, de hoy en adelante lucirá el nombre de su legitimo dueño.

Con un rápido movimiento, el duende tomó su pequeño martillo dorado que levanto murmurando encantamientos en una lengua extraña mientras el martillo escapaba de sus manos y empezaba a imprimir en letras al rojo vivo y que una vez que se hubieron enfriado resaltaban claramente un nombre a lo largo de la hoja de la espada “Godric Gryffindor“.

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