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Archive for the ‘G y G’ Category

Cuna de Oro

Desde lo alto de la almena observo como los sirvientes salían con sus pertenencias, sabía que otros vendrían a reemplazarlos en cuanto el encargado del establo regresase del pueblo, pero sin duda le esperaba una reprimenda y por la cara que había visto poner a su padre cuando la cocinera hablo a nombre del resto de la servidumbre para exponer al duque su deseo de abandonar el palacio.

Ya antes habían tenido episodios parecidos, el recipiente para el azúcar que en lugar de azúcar contenía una legión de arañas de todo tipo, la silla de montar con clavos por debajo de su instructor de montura, el ganso que repentinamente graznó cuando lo sacaron del horno, este recuerdo en especial le sacaba una carcajada cada que recordaba a la cocinera desmayándose de la  impresión pero esta vez la risa no llegó, la nueva cocinera, que pronto seria sustituida por otra, no tuvo problema en llamarlo “intento de asesinato” cuando el cuchillo salió de la mesa disparado por si solo para intentar atravesarle la garganta por haber utilizado más sal de la debida en la comida del señorito del castillo.

Los rumores ya habían llegado a él, incluso su padre los había escuchado sin darle más importancia, lo que su padre ignoraba era el origen del, cada vez más frecuente frase del “niño demonio”. Para su padre solo eran travesuras de adolescente, cosa nada rara entre los herederos de la realeza, pero él sabía que su origen no era algo tan mundano como esto.

Había más, mucho más, el azúcar había sido azúcar hasta que se enfureció con el panadero por no regalarle un poco y no hubo necesidad de juntar arañas, ya que estas se materializaron dentro del recipiente en forma inmediata, el ave cocinada había graznado porque le pareció divertido y respondió a un impulso de su imaginación el no había fingido el graznido yendo de puntillas detrás de la cocinera como pensaba su padre, su instructor de montar le había golpeado ligeramente con la fusta para enderezar su postura “Debes ir gallardo como un rey, aunque no estés destinado a serlo” y despues el fuetazo, leve pero suficiente para hacerle ver puntos rojos de ira en su campo de visión, cuando su instructor recupero su montura los clavos ya estaban ahí y la cojera que había tenido desde entonces evidenciaba el daño que le habían causado.

Esa fue la primera vez que realmente se asustó de  lo que él llamaba “sus cualidades”, pero nada se comparaba con lo último, esta vez había perdido el control por completo y a punto había estado de matar a la cocinera, si esta no hubiese volteado la cara en el momento justo, el fino arañazo que aparecía en su cuello hubiese sido un brutal degollamiento.

La historia que escuchó de labios de la cocinera no era nueva, ya la había oído en varias ocasiones, quince años atrás la casa del hijo menor del rey se regocijaba en la espera del nuevo heredero, pero el tiempo de espera fue haciéndose mayor hasta que finalmente el duque de la casa de Slytherin llevó en brazos a su primogénito, Salazar.

Luego, la mala noticia corrió como reguero de pólvora, víctima de una hemorragia, la duquesa luchaba por su vida, lucha que finalmente perdió al cabo de unas horas, mal augurio, dijo el pueblo y el estigma permaneció.

Aun asi, el pequeño Salazar poco o nada le importaban esas murmuraciones, no sería rey porque su tío, quien ya había sido coronado, gozaba de gran salud y tenía una docena de hijos que se pelearían la sucesión, pero aun asi era parte de la realeza, era el sobrino del rey lo que lo hacía intocable para el pueblo.

Pero los mordaces comentarios de la cocinera, los calificativos de “mala semilla” y “asesino desde el vientre”  calaron hondo en el corazón de Salazar y el cuchillo, aparecido también de la nada y dotado de un inaudito filo, surco veloz el aire hacia la garganta que pronunciaba insultos tan monstruosos. Remordimiento quizás, suerte tal vez, la cocinera evito el ataque y había acudido al duque para poner su renuncia y la del resto de los sirvientes que siguieron su ejemplo.

Apenas el coche dobló el camino la voz de su padre trono por el pasillo inferior, con paso lento pero decidió el pequeño Salazar acudió al llamado.

-Bien, bien, bien, bien.- dijo su padre, en un arranque de imprudencia Salazar pensó en decir “¿Y bien qué?”, pero no quería poner a prueba tan rápido la paciencia de su padre, debía dejarlo desahogarse si quería llevar a cabo su plan.

-¿Tienes algo que decir?- le pregunto el duque.

-¿Sobre qué padre?- respondió Salazar.

-¿Sobre qué? Sobre el cuchillo que le lanzaste a la cocinera, pudiste haberla matado, ¡Y con testigos! Salazar eres de la realeza, pero solo el Rey está por encima de las leyes, pudiste haber hecho caer nuestra casa en vergüenza por una imprudencia.

-Me insultó- dijo Salazar primero quedamente pero despues alzando la voz- Me llamo asesino de mi madre, asesino desde el vientre, ¿Qué querías que hiciera?

Su padre se sentó en la silla ceremonial con aspecto abatido, Salazar reprimió una sonrisa de triunfo había ganado el primer asalto.

-¿Porque no lo dijiste?, pude haberla arrestado por insultarte de ese modo, pude condenarla a todo tipo de trabajo forzado.

-¿Quién escucha semejantes insultos y permanece impávido?

-Tienes razón- contestó el duque sin esconder el tono de orgullo al hablar, Salazar no disimulo la sonrisa esta vez, había ganado el segundo asalto, todo sería cuesta abajo en este momento, había lanzado el golpe en la grandísima vena de orgullo de su padre.

-De todos modos, hay que moderarse hijo, pronto aprenderás que existen “métodos” para librarnos de alimañas desagradecidas sin poner en riesgo nuestro buen nombre.

-Yo podría haber hecho que olvidasen todo.- dijo Salazar intentando controlar la emoción en su voz.

-¿Tu? ¿Y cómo habrías logrado eso?

-Yo puedo hacer cosas que nadie más puede padre, cosas increíbles, cosas terribles y magnificas- y uniendo la palabra a la acción, los cristales se oscurecieron, cientos de arañas y serpientes surgieron entre las piedras del castillo y rodearon al pequeño Salazar, mientras los objetos en la habitación levitaban y ejecutaban una especie de danza a su alrededor.

-Basta- grito el duque- Basta demonio, ¿quién eres y que has hecho con mi hijo?

-Yo soy tu hijo- dijo Salazar al instante los bichos desaparecieron, los objetos cayeron al suelo y la luz retornó al interior del castillo.

-Tú no eres mi hijo, demonio, mi sangre real, mi sangre pura no corre por tus venas, largo de mi presencia, largo de mi castillo o te echo yo mismo- gritó el duque desenvainando la espada.

-Si eso es lo que deseas- Salazar descargo su rabia contra su padre el cual salió despedido hacia atrás.

Este era el último recuerdo que tenía Salazar de su padre era yaciendo inconsciente sobre los restos de su silla ceremonial, ese mismo día había recogido unas pocas de sus pertenencias y había salido de ese castillo y de esa tierra para no volver jamás. Ahora dos años despues un nuevo pueblo asomaba en el horizonte. Solo uno más en su larga travesía.

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Seda y Carmín

El pueblo se veía quieto a pesar de ser apenas pasado el mediodía, el mercado local lucía vacío y los pocos transeúntes no se detenían a observar la mercancía, quizás por el hecho de que los rayos del sol caían a plomo y el calor levantaba volutas de vapor de los tejados de las casas a lo lejos unas pocas nubes empezaban a cubrir el horizonte.

La joven señorita vestida clamorosamente con un vestido de estilo victoriano bajó del carruaje y aceptó gustosa la mano que le tendía el conductor del carruaje que se había apresurado a ayudar a la dama a apearse, probablemente mas motivado por la belleza de la dama que por costumbres caballerosas.

Una vez abajo dedicó unos segundos a observar las casas cercanas en busca de algún lugar para hospedarse, fracasando lamentablemente en hacerlo.

-¿Conoce algún lugar cerca donde pueda hospedarme?- pregunto con una voz cantarina al cada vez mas embelesado cochero que no se había apartado de su lado.

-Por supuesto señorita, existe un muy buen hostal a dos calles hacia el sur, yo podría acompañarla gustoso.

-No, gracias- respondió la dama sin perder su sonrisa pero sonando determinante.

–Estoy acostumbrada a conducirme sola.

Y con paso ligero camino hacia la dirección que había señalado el hombre, no tardo en encontrar lo que buscaba un hotel de mediana calidad donde se hospedó por una módica cantidad, al no llevar equipaje el camarero se limitó a indicarle el camino hacia su habitación, una vez dentro se tendió en la cama y rasgó mas que intentar quitarse el vestido que llevaba dejando ver debajo unas ropas que cualquiera asociaría con una amazona, pantalones y una levita con chaleco además de unas botas de montar de una piel exótica que destellaba visos azules, la fina cintura se enmarcaba con un ligero cinturón de cuero que albergaba una varita, algunas pequeñas botellas con líquidos de diversos colores y dos bolsitas de cuero. Acicaló su pelo con la varita quedando pegado al cráneo y rematado con una coleta, un movimiento de varita y un fino bigote apareció sobre los labios. Resoplando de alivio por el cambio de vestimenta estiró los brazos y se dirigió hacia un espejo de cuerpo entero para observar su aspecto dirigió una o dos miradas y extrayendo su varita la dirigió al espejo murmurando.

Crystallus concerptum

-Anda, solamente escupe y maldice y diré que eres un hombre- le recrimino ácidamente el espejo al instante.

-Justo como mi madre- murmuró la bruja sonriendo, colocó su varita a la altura de la garganta mientras decía –vox celavi.- Nuevamente se acerco al espejo y le hablo con una voz ronca y cargada de un acento ario.

-¿Y quien te dijo a ti que no lo soy?

El espejo se limito a decir –Anda- con algo parecido al chirrido de una tiza contra el cristal provocando una carcajada a la bruja, la cual se limitó a recostarse en la cama mientras observaba hacia la ventana, de repente pareció recordar algo y extrajo una de las bolsitas una cajita del tamaño de un cubo de azúcar la cual colocó contra una pared para después apuntarle con su varita, segundos después donde estaba la cajita se observaba un gran cofre con un escudo de armas al frente del color del zafiro con un gran cuervo cada uno, hizo levantar el pestillo con otra orden de su varita y una mesa con un pequeño mueble repleto de pergaminos junto con un estante de lo que parecía un complicado equipo de química surgieron del mismo.

Dedicó unos segundos a observar los títulos de los pergaminos que se encontraban dentro de cilindros de madera hasta que se detuvo en uno, lo tomó y dio vuelta hacia su cama, donde se recostó a leer.

 ***

La noche había caído y el rugir de su estómago lo despertó tras lo que pensó solo había sido un momento, asomándose a la ventana comprobó, con una sorpresa no del todo desagradable, que había dormido cerca de cinco horas, estiró sus brazos y se dispuso a bajar a la recepción del hostal en busca de algo que comer.

El clima presagiaba tormenta, las nubes sé arremolinaban cada vez más oscuras y el lejano retumbar de los truenos sonaba quedo pero insistente, un vistazo le bastó al mago para darse cuenta que la hostería estaba casi vacía, un joven solitario en la barra y un grupo de cuatro personas en el otro extremo ocupando una mesa eran todos los presentes a excepción del dueño.

-¿Gusta comer algo señor? -Preguntó este último al mago acercándose a la mesa que había ocupado.

-Lees mi mente amigo- contestó el mago con una sonrisa.

Uniendo la palabra a la acción el dueño sirvió un plato sobre la mesa acompañado de una botella de vino y una copa.

-La especialidad de la casa señor, carne de oso con salsa de hongos y papas, no encontrará mejor platillo por estos lugares.

El mago comió tranquilamente su comida, el hostelero no le había mentido y el platillo estaba delicioso, mientras repasaba mentalmente los hechizos que practicaría con Garnuk al dia siguiente notó un movimiento al otro lado del hostal.

Uno de los hombres que estaban en el grupo se encaminó a la barra tambaleándose, obviamente había bebido copas de más esa tarde.

Golpeando la barra y con voz rasposa grito al dueño.

-Otra botella, rápido, mis amigos y yo tenemos sed.

El joven que estaba en la barra soltó un bufido, bien fuera de impaciencia, bien de asco ante la presencia del hombre.

-¿Tienes algún problema niño? -preguntó el hombre acercando su cara a la del joven, estando juntos el mago pudo notar que aquel hombre sacaba por lo menos dos cabezas de estatura al joven.

-¿Aparte de tu mugrosa barba y tu asqueroso aliento? -respondió el joven sin despegar su vista del vaso y con una voz que no parecía apropiada a su apariencia.

Varias cosas ocurrieron al instante, mientras el ebrio intentaba asestar un puñetazo al joven, sus amigos empezaron a levantarse de la mesa, Godric deslizó su mano hacia su varita intentando ayudar al joven, solo para notar que el joven ya no estaba ahí y que el hombretón había caído de bruces hacia el banco al golpear el aire, la vista no le bastó a Godric para saber que sucedió con los compañeros del tipo, lo único que pudo observar fue un destello y a los tres restantes salir volando hasta rebotar contra la pared, y para su mayor sorpresa observar de nuevo al joven sentado en su banco apurando el resto de su bebida con el pie colocado distraídamente sobre la cabeza del hombretón.

-Guarda esa varita antes de que el dueño regrese- dijo el joven a Godric.

Este se dio cuenta de lo ridículo de su postura, a medio levantar sosteniendo su varita, y con la boca medio abierta, guardó su varita y se encaminó hacia el joven.

-Mi nombre es Godric, Godric Gryffindor.- dijo mientras tendía la mano.

El joven volteó hacia él con una mirada calculadora, finalmente sonrió y estrechó la mano, a Godric le sorprendió lo finas que parecían y más aun el color de sus labios del mas rojo carmín.

-Y yo soy Ravenclaw,  Ro… bben Ravenclaw.

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El mago se apareció en una colina sobre la entrada de un pueblo, el sol estaba descendiendo de lo más alto y la tarde se acercaba con una humedad en el viento que pronosticaba lluvia.

Dedicó unos segundos a contemplar las casas que se extendían a lo largo del valle, no era una población muy grande pero tenia sus ventajas el que estuviese formada exclusivamente por magos y brujas, no había que esconderse de los grupos muggles de alborotadores que, si bien no podían reconocer por completo los vestigios de magia, eran lo bastante violentos como para cargar a ciegas contra cualquier cosa que oliese a mágico, y su atuendo cumplía los requisitos.

Camino a paso rápido hasta alcanzar las primeras casas del poblado, busco entre las calles hasta que encontró lo que buscaba, una casa que hacia las veces de tienda, había un escaparate en un costado y sobre un polvoriento cojín se exhibía una varita de aspecto frágil y desgastado. El mago cruzo el umbral, unas nubecillas de polvo se levantaban a cada paso que daba dibujando los rayos de sol que se dejaban filtrar por un techo que seguramente requeriría reparaciones muy pronto. Toco la campanilla y un mago de aspecto bonachón y con un amplio bigote se acerco a el con una sonrisa que asomaba entre sus abultadas mejillas.

-¿Dígame en que le puedo servir señor?

-Quiero una varita.

-Por supuesto, por supuesto, tenemos una amplia variedad, ¿Qué le parece esta?- el vendedor extrajo una caja de un color rojo desgastado y de ella sacó una varita larga y brillante.- Nuez y pelo de unicornio, 36 centímetros algo rígida, potente para hechizos.

-De hecho estoy buscando algo mas pequeño- dijo el mago.

-Lo siento, no entiendo- replico el vendedor con extrañeza- el mago no elige a su varita, es la varita la que elige al mago.

-Sucede que la varita no es para mi, es para alguien con manos mas pequeñas que las mías.

-Ah, el heredero de su casa esta por empezar a instruirse, comprendo, comprendo, sin embargo debo decirle que seria mucho mas conveniente si trajese a su hijo aquí y la varita correcta lo eligiese.- Soltó el vendedor sin apenas tomar aire.

-No, no me ha entendido, yo no tengo hijos, aun.-replico el mago.

-Ah ya veo, un regalo para la dama- dijo el vendedor con una sonrisa cómplice en el rostro- tenemos excelentes varitas de ornato con lo mejor de la moda para las damas de la alta sociedad y con acabados primorosos que honrarían hasta el más exigente gusto.- el vendedor alzo varias veces al unísono ambas cejas mientras decía esto, arrancando la carcajada del mago.

-No tampoco es para una dama, digamos que tengo un aprendiz y quiero hacerle un regalo para instruirlo como debe se.

-Entiendo, entonces algo simple y pequeño, mmmh, si creo que tengo algo que le gustara y uniendo la acción a la palabra casi corrió hasta la parte trasera de su tienda donde se oyó por unos momentos el mover y remover de cajas finalmente el vendedor se acerco con una varita mucho mas corta que la anterior.

-Acebo y pluma de fénix, 22 centímetros, poderosa y eficaz tanto para hechizos como para transformaciones, tiene un mango de sujeción aquí como puede ver, esta cabeza de dragón grabada hace que el principiante se ajuste mejor a su uso y no la tire en alguna floritura.

-Excelente- dijo el mago mientras sujetaba la pequeña varita- me la llevo.

Pago una pequeña cantidad por la varita y salio del local, camino hasta donde había una hostería y pidió una habitación, el duelo y la caminata lo tenían cansado, además debía programar su entrenamiento del día siguiente, aun no había decidido que enseñarle a Garnuk pero lo haría conforme fueran avanzando, quizás iniciarían con un poco de transformaciones y uno que otro hechizo, claro, eso si la varita aceptaba rápido a Garnuk, a pesar que los duendes y los magos eran criaturas lo suficientemente mágicas para canalizar su magia a través de objetos no estaba seguro si la magia de un duende seria suficiente para una varita, estas eran caprichosas y desleales con aquellos que no llenaban sus expectativas, y con ese pensamiento se quedo dormido.

***

-Señor Urg, traigo malas noticias.

El anciano duende movió su cabeza un poco para poner atención al recién llegado, el cual lucia bastante agitado como si hubiese corrido por un largo tramo, estaba a punto de reprenderlo por presentarse en esas condiciones en el salón principal cuando sus ojos repararon en la mano del duende el martillo de oro era inconfundible, era el símbolo del duende regente, aquel que años atrás había cedido a su hijo Garnuk cuando este había tenido la edad suficiente para dirigir a su pueblo y sabia que su hijo moriría antes de perder ese martillo símbolo de su honor y su poder.

No tardo en relacionar la mención de malas noticias y el hecho de que un duende extraño portase ese martillo, su semblante se torno pálido pero su voz salio determinante cuando pregunto:

-¿Muerto?

-Si señor- el duende agacho su cabeza y evito el contacto visual con el anciano.

-¿Quién?- pregunto de nuevo con voz aun mas dura.

-Un mago señor, yo lo vi todo.

El anciano duende bajo su cabeza un momento respirando entrecortadamente hacia bastante tiempo que un mago no asesinaba un duende, las antiguas revueltas habían finalizado gracias a Gringott y sus nexos con los magos, pero aun así las dos razas vivían recelosas una de la otra y siempre que había oportunidad intentaban demostrar su supremacía ante los demás. Esa podría ser una explicación y estaba dispuesto a aceptarlo por el honor de su hijo, una vez mas pregunto.

-¿Un duelo justo?

-No mi señor, fue atacado por la espalda para robarle su espada, yo pude rescatar el martillo que llevaba oculto en sus bolsillos.

El anciano sitio la furia rugir en su interior, maldita raza de víboras traicioneras, muerte era lo único que se podía esperar de los malditos magos y de su maldita prole y muerte era lo que el les iba a dar.

Con una vitalidad impropia de su edad salto de su asiento y empezó a colocarse su armadura al tiempo que con voz de trueno ordeno.

-Suenen el cuerno, llamen a los guerreros, vamos a recuperar la espada de mi hijo.

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La batalla había dejado exhaustos a ambos contendientes quienes ahora compartían la sombra del haya a las orillas del lago.

El mago utilizó su varita para convocar un lucio desde el lago, y juntó varios troncos en un montón apuntando después su varita, instantes después crepitaba un fuego que parecía llevar horas encendido, acto seguido coloco el lucio sobre la improvisada hoguera para cocinarlo.

-Mmmfgh- gruñó el duende, el cual había reunido algunas raíces y unos hongos  y se disponía a consumirlos recostado en el tronco de la haya.

-Olvidaba que no te gusta la comida cocinada con fuego.- señalo el mago con una risa divertida en el rostro.

-El fuego es un elemento sagrado, señor de la destrucción y de la creación, no debería ser humillado en labores tan denigrantes como cocinar.- replicó el duende con la misma perorata que le soltaba cada tres o cuatro días desde que se conocieron.

El mago solo volvió a sonreír, alegrándose para si mismo por haber desechado su idea original de atravesar el lucio con la espada para cocinarlo.

El mago masticó concienzudamente y después tragó un bocado de pescado, bebió un sorbo de vino de su petaca para después añadir -Mañana iré al pueblo a comprar una nueva varita, ¿crees que nos podamos ver en este mismo lugar a esta hora?

-¿Piensas presumirme tu nueva varita?

-De hecho estaba pensando en cumplir mi parte del trato y enseñarte a manejar la varita- la sonrisa no se había despegado del rostro del mago y se acentuó ante la mirada de incredulidad del duende.

-Ese no fue el trato, yo obtendría maestría en la varita si ganaba el duelo y lo perdí.- el duende se había puesto de pie conforme puntualizaba las palabras hasta casi convertirlas en un grito.

-No quiero tu lastima, Mago- La ultima palabra fue pronunciada con todo el desprecio que pudo reunir el duende.

-No te estoy ofreciendo mi lastima-agrego el mago aun sentado en el suelo y sin levantar la voz, -te ofrezco mi amistad y enseñarte como un cumplido a tu honor de un guerrero, la valentía es lo que mas valoro en una persona o criatura, si aun así decides rechazar la oportunidad que te doy, sea pues.

-La valentía solo es una estupidez, la mayoría de los guerreros caídos en batalla es por la valentía de colocarse al frente del enemigo, sin embargo tu generosidad es algo inusual en tu raza- el duende se quedo mirando al mago con ojos curiosos para después sentarse de golpe y agregar -Acepto tu oferta con una condición, habrá un pago por tus lecciones y por  tu varita.

-¿Un pago?- pregunto extrañado el mago

-Es algo simple, este polvo lo conseguí hace años con un nativo de tierras lejanas, mas allá del gran océano, se supone que en aquellos lugares existe una criatura, un animal fantástico que solo puede verse en ciertas épocas del año, el nativo no me explicó bien que era, solo se que la criatura se encontró atrapada y el nativo jugó un papel importante en su escape como recompensa la criatura le entrego un diente el cual resulto ser oro sólido de la mejor calidad, el nativo me lo dio hacia el final de su vida después de que lo cuidase por una enfermedad, en fin el hecho es que este polvo puede hacer que los objetos obtengan parte del alma de una persona.

El mago inmediatamente se levanto y esgrimió su varita contra el duende.

-Eso es magia oscura ¡Apártate!

-No seas estúpido –gruño el duende –no estoy hablando de lo que crees, y no funciona así, se supone que el objeto captura la esencia del alma de sus dueños y lo pone a disposición de aquel que sea digno y merecedor de dicho objeto, en el caso del nativo por ejemplo, su medallón atrapó su esencia aventurera y lo hizo viajar a lugares insospechados, y puesto que lo que tu valoras mas es el valor podemos intentarlo con tu espada.

-¿La espada?

-Así cuando tú no estés mas en este mundo cualquier mago digno que se encuentre en peligro podrá convocar la espada, dame tu sombrero y la espada.

El mago hizo entrega de ambos objetos y el duende vertió un poco del polvo dentro del sombrero colocando la punta de la espada dentro.

-Ahora una gota de tu sangre y que tu varita haga contacto con el sombrero y la espada, concéntrate en lo que consideras valentía.

Hubo un destello de luz y la espada desapareció dentro del sombrero, el duende exhibió una sonrisa satisfecha y entrego el sombrero y la extraña bolsita al mago.

-Mis lecciones están pagadas, guarda el resto del polvo por si algún día te es útil, no te preocupes por tu espada acudirá a tu ayuda cuando la convoques, solo no pierdas el sombrero y dicho esto emprendió la marcha hacia el bosque

-Vaya cosa -dijo el mago una vez que estuvo solo -Me parece mucho mas fácil extraviar un sombrero que una espada.- y la risa broto nuevamente de forma natural hasta convertirse en una carcajada, cuando se calmo se coloco su sombrero y con un ondeo de su varita desapareció.

Garnuk caminaba alegre a través del bosque, el mago parecía una persona honesta, el había sentido la verdad en sus palabras y no podía contener la alegría que le brotaba, estaba a punto de pasar a la historia como el primer duende que usaría una varita, pronto lograría que sus hermanos de raza aprendiesen también y los magos serian recompensados por su aportación, y quizás, (solo quizás) en un futuro no muy lejano les enseñarían a manejar el metal y al señor fuego para cosas mejores que comer y cocinar. Se sentía mas vivo que nunca incluso silbo una alegre melodía que su padre le había enseñado en sus años de juventud, su alegre silbatina fue interrumpida por el silbido de una flecha directa a su corazón, el dolor fue lacerante y su silbido quedo ahogado por la sangre amontonándose en su boca, alcanzo a escuchar unas palabras en su propio idioma.

-Traidor a la raza eres una deshonra, repartiendo nuestros secretos entre los magos y sirviéndoles como un perro entonces muere como tal.

Garnuk intento responder, necesitaba explicar pero solo en algún recóndito lugar de su cuerpo quedaba un vestigio de fuerza el cual utilizo para tratar de ver a su asesino, pero solo vio un fino rayo de sol atravesando la espesura del bosque, la luz se fue haciendo mas grande y después, nada.

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«No creo poder actualizar este fic de la misma manera que “Historia Alternativa” porque aun no he definido el rumbo de la historia, pero voy a tratar de mantenerlo igual de a capitulo por semana, si me retraso en algun momento ya saben el porque. Saludos»

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El esbelto y ágil mago alzó la pieza por su empuñadura arrancando destellos de la cada vez más intensa luz de la mañana, malabareó con ella entre sus manos fingiendo embates ante unos enemigos inexistentes, maravillándose cada vez más con la portentosa arma.

-Por Merlín que vale la pena, definitivamente jamás he visto una espada semejante. Entonces ese es el trato una lucha de magia, si yo gano recibo la espada, de manera definitiva y para mis futuras generaciones.- puntualizó de manera lenta y pausada el mago- y si tú ganas yo he de entrenarte en el uso de la varita, amen de conseguirte una previamente, ¿ese es el trato?

-Exactamente- replico el duende -puesto que no puedes obtener el control total de la espada sin mi magia y yo no obtendría mi recompensa si murieras durante el duelo, evitaremos maldiciones o conjuros que pudiesen poner en peligro la vida de cualquiera de los dos, y solo uno ganará cuando el otro se de por vencido este inconsciente o desarmado, ¿acordado?

-Acordado- respondió el mago.

Dejaron la espada recostada contra el tronco de un árbol, del mismo en el cual se conocieran hace 3 estaciones, un haya que recibía humedad de un lago continuo al pequeño montículo en el que estaba plantado y que había otorgado generosamente su sombra a los dos, ahora contendientes, en muchas tardes de largas charlas sobre todo y sobre nada.

Se colocaron uno frente al otro y esgrimieron ambos sus respectivas armas, el mago una varita que parecía haberse hecho hace cientos de años y el duende chasqueando los dedos conjuro un pequeño martillo de un metal dorado de inauditos destellos.

-Entonces, comencemos- dijo el mago, y con una ligera inclinación de ambos inicio el duelo.

Rápidamente el duende lanzó un hechizo que despidió tonos violetas y que el mago esquivó con una espectacular voltereta respondiendo desde el aire con un haz de luz roja que el duende detuvo con su martillo y utilizando el mismo movimiento pareció absorber el hechizo para después impactarlo en el suelo directamente frente a el y con un segundo y tercer movimientos, bastante fluidos y ágiles para su corta y rechoncha figura, lanzar dos grandes rocas  que se desprendieron del suelo directo al mago.

Basto un vago movimiento de la varita para convertir la primera de las rocas en pequeños guijarros y un salto para esquivar la segunda que fue a parar al fondo del lago.

-Bastante bien amigo, pero no creo que sea suficiente- declaró el mago con una amplia sonrisa en el rostro, pareciese que disfrutaba con el duelo y que no había nada mas en el mundo que lo hiciera sentir vivo y feliz.

Nuevamente el mago atacó con un rayo rojo al duende el cual, sin disimular una sonrisa de fastidio, desechó con un golpe de su martillo devolviéndoselo al mago, el cual estaba esperando el momento justo para esquivar el ataque cuando un chapoteo a su izquierda llamo su atención.

-Maldición, la roca- masculló por lo bajo el mago, y justamente la misma roca, que al parecer no había terminado en el fondo del lago sino que se dirigía ahora hacía el, amenazando con aprisionarlo entre esta y su propio hechizo, aun sin atinar a decidir que hacer un tercer movimiento a su derecha le indico que había perdido de vista a su enemigo que ahora completaba la labor con un rayo dorado lanzado con su martillo, con una media sonrisa mas parecida a un gruñido y cargada de absoluta satisfacción el duende dijo:

-Espero que esto SI sea “suficiente” amigo.

Solo le dio tiempo al mago de murmurar una palabra en casi absoluto silencio cuando ambos hechizos colisionaron con la roca justo en el punto donde se encontraba el mago, dejando visible solamente una nube de polvo y humo.

El duende se mantuvo expectante, a la espera que se disipara el humo, y no sin reconvenirse mentalmente un ligero tono de preocupación atisbaba en sus facciones cuando sintió que su cuerpo se ponía rígido sus brazos y piernas se juntaban a su tronco y el martillo volaba de sus manos  mientras el mago se acercaba a el.

-Encantamiento momentum – pronuncio el mago dirigiendo su vista al punto donde los hechizos colisionaron con la roca- detiene las cosas por un tiempo sin afectar al que lo invoca me dio el tiempo suficiente para poder desaparecerme, congelarte y desarmarte- dirigió su varita hacia el duende y pronuncio –Finite

El mago doblo parte de su considerable estatura y con una sonrisa en los labios tendió la mano al duende para incorporarse.

-Parece que he vencido viejo amigo, la espada es mía y de mis generaciones futuras.

-Así parece-, replicó el duende con una media sonrisa que revelaba su inconformidad.- No te diré que me agrada pero mi palabra ha sido dada y mi honor no es cosa de juego, la espada es tuya, dame tu mano-, y con un veloz movimiento saco una fina daga de plata con la cual hizo sendos cortes en ambas palmas la del mago y la suya propia, para después introducir entre ambas el mango de la espada y anuncio con potente voz como dirigiéndose a un publico inexistente.

-Hoy, yo, Garnuk duende regente, he sido vencido por un mago sin lugar a dudas por lo cual mi deuda debe ser saldada, mi sangre es testigo de que esta espada pasará a su total y entera propiedad así como de sus generaciones venideras,- y al mencionar estas palabras la sangre de ambos se fundía con la empuñadura de la espada en forma de vistosos rubíes, -y para que no quede duda alguna, de hoy en adelante lucirá el nombre de su legitimo dueño.

Con un rápido movimiento, el duende tomó su pequeño martillo dorado que levanto murmurando encantamientos en una lengua extraña mientras el martillo escapaba de sus manos y empezaba a imprimir en letras al rojo vivo y que una vez que se hubieron enfriado resaltaban claramente un nombre a lo largo de la hoja de la espada “Godric Gryffindor“.

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