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Posts Tagged ‘Voldemort’

-Entonces ¿nos van a salir alas y escamas?- pregunto Ron.

-Obvio que no Ron, es una metáfora, solo esta hablando en sentido figurado si no…

-Espera.- Dijo Harry interrumpiendo la perorata de Hermione e ignorando la mirada ofendida que le lanzó- Debe haber un error, ese reloj es mio, nuestro, quiero decir, o lo será, una vez que terminemos con todo esto.

-¿Y quien te ha dado derecho sobre el? Si es posible saberlo, ese reloj fue creado por la señorita Helga y ella misma fue la que me prometió que me serviría en… en el futuro.

-Pues el tipo que nos metió en todo esto fue el que nos prometió ese reloj, con ese reloj pienso regresar a mis padres, con ese reloj puedo atrapar a Sirius antes que les haga daño…

-Con ese reloj podemos sacar a mi papá de la cárcel- dijo Ron interrumpiendo, aparentemente siguiendo su propia línea de pensamiento.

-Cierto Ron, de hecho nunca tendrá que entrar podemos avisarle antes y será como si nunca hubiera pasado nada.

-¿Y los enemigos que se supone que tenemos que vencer, también volverán cuando activemos el reloj?- pregunto Hermione.

-No importa mi papa será capaz de vencer a quien sea, si no hubiese estado confiado con mi padr… con Sirius nunca hubiera podido vencerlo.

-Muy bellos planes,-lo interrumpió Ryujan aparentemente molesto-  pero aun no me has dicho quien te dio poder para decidir el uso que se le dará al reloj.

-Ya te lo dije, el tipo ese que nos convenció de entrar nos dijo…

-Y este “tipo” ¿tiene algún nombre? O ¿de donde saco él el derecho de prometer lo que no es suyo?

-Pues… -Harry cavilo mientras veía los rostros de sus compañeros, y en ellos pudo ver las palabras que no podía expresar, no sin sentirse un perfecto estúpido, habían entrado en esa habitación sin siquiera haber visto la cara del tipo, se habían embarcado en esa misión y ni siquiera sabían quien los había enviado, cierto, el dolor por sus padres lo había impulsado, pero ahora ese impulso parecía haberse perdido ante la demoledora lógica de Ryujan. El hecho era que no sabia ni quien ni porque lo había enviado y quizás estaba apostando su vida y la de sus amigos por obtener algo que quizás no le correspondía por derecho y las palabras que siguieron a su silencio no hicieron mas que aumentar su incertidumbre.

-No hace falta que nos fatiguemos en pensamientos inútiles, el reloj de la señorita Helga es un objeto mágico muy poderoso, y solo puede ser usado por aquel para el que fue creado, seamos tu o yo, lo sabremos en su momento. Es hora de volver, necesitan descansar para lo que les espera mañana.

***

Parecía deambular sola por la amplia sala de espera, los pasajeros esperaban su respectivo turno en una larga fila donde una hilera de cubos marcados por un número se alineaba. Tan pronto empezaban a brillar un puñado de personas se acercaban colocando una parte de ellos, generalmente un dedo, en contacto con el cubo para desaparecer súbitamente. Todo mundo parecía saber a donde dirigirse, excepto la pequeña niña que, con sus ojos cubiertos por una fina película de lágrimas volteaba a todos lados con evidentes señas de estar totalmente perdida.

-Hola pequeña, ¿estas perdida?- le pregunto un mago que se acerco a ella, parecía pertenecer a algún tipo de vigilancia encargada del lugar.

-Si- la vocecita sonaba como campanillas de cristal mientras sorbía su nariz de forma estruendosa -Mi hermano se cayó en las escaleras y parece que se lastimó su pierna, y no encuentro a mi papá por ningún lado, y…y.. yo no se que hacer… – unos sollozos rompieron la frase de la niña.

-Vamos, vamos, tranquila. Vamos a ayudar a tu hermano, en cuanto le echemos un vistazo a su pierna buscaremos a tu papa, ya veras como se soluciona todo.

-Gracias señor- la carita de la niña se ilumino con una sonrisa mientras permitía que el guardia la cargase- mi hermano esta por allá, detrás de esas escaleras, le señalo la niña.

El guardia dio vuelta al pasillo y aun alcanzo a ver al joven rubio que lo esperaba aunque no se veía lastimado, tuvo unos segundos de alivio donde pensó que los niños podían ser bastante exagerados antes de sentir como sus miembros parecían rebelarse y toda sensación de control sobre su cuerpo desaparecía, solo una voz retumbaba en su cabeza, la voz cantarina de aquella niña que ordenaba con el tono de alguien acostumbrado a ser obedecido.

-Boletos, para mí, para mi padre y mi hermano, rápido.

***

Los muelles solían ser un bullicio durante el día, pero a esa hora de la noche el comercio había menguado para todo aquel que no estuviese buscando una noche de juerga o algo aun más fuerte. Los guardianes que el ministerio había asignado a esa área solían hacerse de la vista gorda a cambio de una porción de los beneficios por lo que solo paseaban a determinada hora y en determinado lugar, aun así el hombre tomo todas las precauciones. Su aparición coincidió con el silbato de un barco lo que amortiguo el sonido del “crack”, camino por una calle estrecha alejándose de la costa hasta llegar a un suburbio donde varias casas se amontonaban juntas sin saberse bien donde iniciaba la una y terminaba la otra, camino a lo largo de la acera hasta llegar a una de ellas que se diferenciaba del resto, si bien los materiales y los acabados eran de baja calidad comparada con el resto parecía una mansión.

Toco la puerta con golpes secos y cortos, como un acto reflejo intento apartarse el cabello sobre su cara, solo para recordar que la acostumbrada capa de cabello estaba cómodamente atada en una coleta.

La luz de una vela se abrió paso desde el fondo de la casa, la puerta se entreabrió dejando ver a un hombre que si bien no era viejo, había entrado en esa etapa fofa de decadencia, la cara de caballo de su esposa  asomo detrás de el y, aunque no pareciera posible, su pálido rostro palideció aun más al ver al hombre y reconocer en el a aquel niño de otros tiempos, y sin poder evitarlo e ignorando la mirada de reproche de su esposo terminó de abrir la puerta.

-Pasa Severus-

-Mi estancia será corta, solo he venido a ver como esta.

-Esta bien, la estamos cuidando bien, ahora duerme, si quieres verla…

-No, no es necesario, solo asegúrate que siga bien y que cumples mis indicaciones al pie de la letra.

-Si, ella duerme y cubrimos su cuna con la capa todas las noches.

-Y tanto que van dos veces que me golpeo un dedo con esa cochina cuna, no se porque tenemos que tomarnos tantas molestias solo porque a tu hermana se le ocurrió morirse Petunia.

La jarra con agua que se encontraba sobre la mesa estalló en mil pedazos con un sonido escalofriante y el clima pareció descender varios grados dentro del pequeño cuarto mientras Severus se dirigía hacia Vernon el cual parecía tener dificultades para respirar y estaba tomando un feo color púrpura.

-Agradece… que aun sirves a mis planes, mil vidas muggle como la tuya no se compararían con el polvo que ella pisó. Si vuelves a mencionarla en mi presencia me olvidare de mis planes y desearas la muerte un millón de veces antes de que te la haya concedido.

La presión sobre la garganta pareció aflojarse y Vernon tomo aire como un pez fuera del agua, Severus arrojo un saquito sobre la mesa el cual hizo un tintineo metálico y salió rápidamente, el ruido de la puerta al cerrase oculto el sonido de su desaparición.

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El sol estaba a minutos de ocultarse y sus rayos luchaban una batalla perdida contra las sombras de la noche, James Potter se relajaba en su despacho con una copa de vino tinto y jugando con una vieja snitch, a pesar de nunca haber aceptado las ofertas de varios equipos sus reflejos seguían siendo excelentes, quizás si no hubiese… un picoteo en la ventana lo saco de sus pensamientos y pudo ver la lechuza recortada contra la luz de las primeras farolas que se encendían en el Valle de Godric, abrió la ventana y su clásica sonrisa fácil se dibujo en su rostro al reconocer la lechuza.

-Gracias Selene- ofreció a la lechuza uno de los canapés que estaba comiendo y retiro el rollito de pergamino leyendo rápidamente el mensaje.

Fuimos a la montaña.

Anochecía cuando regresamos.

Caían gruesas gotas de lluvia.

Todos corrimos a la cabaña

Oíamos el rugido del viento.

Rogamos que la tempestad pasase pronto.

Gracias dimos cuando termino.

Nos identificamos para ver si estábamos todos:

Susan, Gustav, Gabriel, Gary, Rose y Reese si, pero Helen no estaba.

Nos reunimos ante las llamas a llorar su perdida

James río, la nota le traía un montón de buenos recuerdos, caminó hasta su escritorio y dio un toquecito con la varita al pergamino mientras repetía:

“Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas”

Las letras sufrieron un cambio y las iniciales además de unas cuantas palabras empezaron a cambiar su color y a reordenarse.

 Fuimos a la montaña.

Anochecía cuando regresamos.

Caían gruesas gotas de lluvia.

Todos corrimos a la cabaña

Oíamos el rugido del viento.

Rogamos que la tempestad pasase pronto.

Gracias dimos cuando termino.

Nos identificamos para ver si estábamos todos:

Susan, Gustav, Gabriel, Gary, Rose y Reese si pero Helen no estaba.

Nos reunimos ante las llamas a llorar su perdida

Al final el texto se quedo quieto y James pudo leer el párrafo:

“Factor G identificado S, G, G, G, R, R, H No.  Llamaré”

-Bravo lunático, siempre fuiste el mejor en esto- dijo James, mas que nada pensando en voz alta -Así que tres Gryffindor, dos Ravenclaw y un Slytherin, lástima que la lealtad de los Hufflepuff no se haya manifestado en nuestro favor, en fin es tiempo de actuar. Tomo su capa del perchero y salió.

***

-Es increíble la cantidad de cosas que puede uno desconocer de los muggles cuando no se esta acostumbrado a vivir con ellos,-el profesor Ryddle se dirigía a la clase con el montón de pergaminos delante de sus ojos- por ejemplo, los muggles no usan las escobas para barrer porque sean malos para el quiditch.- Las orejas de Ron se pusieron rojas.

-Y mucho menos los muggles son “nuestros criados naturales” “tontos” o “semihumanos” -el rostro del chico rubio de Slytherin se regodeaba en una sonrisa satisfecha como si estuviesen anunciando que había ganado su propia orden de Merlín.

El maestro retiro sus lentes con aspecto cansado dándose tiempo para volver a dirigirse a sus alumnos.

-El hecho es que los muggles tienen muchas desventajas respecto a nosotros y en los últimos tiempos esas diferencias se han acentuado drásticamente, todos los antiguos profesionistas muggles han sido remplazados por magos, las antiguas fuerzas del orden, policías, ejércitos y demás fueron remplazados por los aurores de los diferentes gobiernos mágicos, los medios de comunicación no son lo mismo, no pueden competir con magos que pueden aparecerse en instantes en el lugar donde ocurren los hechos que son noticia equipados con chivatoscopios de radar amplio y con fotógrafos mágicos que ofrecen una perspectiva dinámica en su noticia y no solamente una simple fotografía, además después que las radiocomunicaciones pasasen a manos de los gobiernos mágicos muchos de los empleos que anteriormente se ocupaban por muggles lo cubrieron los magos, y si tenemos en cuenta que un mago medianamente entrenado puede hacer el trabajo de dos o tres muggles pues la situación se agrava.

-¿Por qué? ¿Que no hace eso que los muggles se esfuercen mas y se preparen mejor? – se aventuró a preguntar Harry.

-Mmmh, veamos, eso es discutible- dijo el profesor Ryddle aparentemente contento de que los alumnos participaran.

-Desde el inicio la competencia no es justa, primero por la obvia razón que la magia conlleva, segundo para un muggle existen reglas y limitaciones que no hay para un mago y tercero nadie en sus cabales pagaría tres sueldos en vez de pagar uno, usemos un ejemplo, en mis viejos tiempos de medí mago antes de retirarme cuando aun no se abatía el estatuto de secreto solía ver dos o tres pacientes en San Mungo, cuando el estatuto se abolió las consultas aumentaban por docenas, toda la gente quería remedios mágicos, por lógica los precios de los tratamientos empezaron a aumentar, muchos gastaron sus fortunas muggles en pagar su salud, cambiaban su dinero muggle por dinero mágico, los duendes- el maestro hizo un mohín de disgusto- fueron subiendo el tipo de cambio y apropiándose de fortunas enteras, cuando estos muggles regresaron sanos no encontraron economía para levantarse de nuevo por que todas las empresas solicitaban ayudantes mágicos y el resto es historia conocida, ahora un muggle se puede considerar afortunado si tiene un trabajo remunerado que no le absorba mas de la mitad del día.

El profesor Ryddle se levanto y empezó a caminar en de un lado a otro del aula de clases mientras su rostro adquiría lo que cualquiera llamaría “apasionamiento” por el tema.

-Esto con el paso de los años nos ha llevado a un círculo vicioso, la educación ahora no es primordial para un muggle, nadie quiere estudiar veinte años de su vida para terminar cargando bultos en los muelles, barriendo calles o siguiendo las ordenes de un elfo domestico en casa de algún mago, lo que hace que el índice de cultura muggle haya caído bastante, los científicos muggles son una especie en peligro de extinción, su tecnología es obsoleta ante la magia y aquellos afortunados que aun tiene vestigios de alguna fortuna propiedad de sus antepasados, solo necesitan esperar algunas generaciones para estar en la misma situación.

-Suena como si los muggles no tuviesen futuro- opinó Ron con preocupación reflejada en su rostro.

-Así parece y ni siquiera hemos empezado el curso- agrego con una media sonrisa triste el profesor Ryddle.

–Existen un sinfín de cuestiones que debemos analizar para notar el impacto que ha sufrido la población muggle, su religión, sus costumbres, su cultura, deportes, relaciones interpersonales, aumento en la criminalidad, etcétera, etcétera, etcétera y lo que nos corresponde, la responsabilidad que debemos asumir ante ellos por los dones que nos fueron dados.- concluyó el profesor con un suspiro y agachando la cabeza.

-Pero me parece que por hoy ha sido suficiente, quiero por favor que lleven a cabo los ejercicios comprendidos de la pagina dos a la ocho, son una serie de actividades que deberán medir en tiempo y dificultad haciéndolo con magia y al estilo muggle, quiero todo en un resumen para nuestra próxima clase del miércoles, pueden retirarse.

La clase se levantó para dirigirse a sus salas comunes, Hermione se retrasó unos segundos respecto al resto y no sin cierta timidez se dirigió al profesor.

-Se…ñor, este, profesor Ryddle.

-Si señorita…

-Granger, profesor.

-Bien señorita Granger ¿en que puedo ayudarla?

-Sobre la clase de hoy, todo lo que dijo acerca de los muggles, yo…

-Déjame adivinar, hija de muggles ¿verdad?

-Si.

-No hay de que preocuparse querida, tu eres una bruja, y me imagino que no piensas  abandonar a tus padres cuando salgas de aquí ¿cierto?

-Por supuesto que no señor- contesto de manera determinante Hermione.

-Buena chica, ahí tienes tu solución, solo es cuestión de tiempo, de hecho esa es la única solución en el horizonte, que los muggles y los magos estén tan relacionados unos con otros que los nuevos jefes de las familias sean aquellos que tienen alguna propiedad mágica, descuida, todo saldrá bien.

-Gracias profesor- la sonrisa de Hermione se veía ahora relajada.

-Anda, creo que ya es hora de la comida y los jóvenes deben alimentarse bien.

Hermione se dirigió al comedor con la esperanza renovándose dentro de ella.

Ryddle subió las escaleras hacia su despacho aun le quedaba una hora antes de su siguiente clase y se reclino en su silla mirando hacia el exterior, los rayos del sol adquirían tonos rojizos al atravesar el vitral reflejándose en sus ojos, sonrió mientras murmuraba.

-Estúpida niña.

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El abrazo se prolongó por algunos segundos hasta que Santi pregunto con voz alegre.

-¿Tienes hambre? He traído unos bocadillos.

-Si muchas gracias, ¿cuanto tiempo esta vez?

-Tres años, mis padres no habían querido regresar a España hasta concluir algunos negocios.

-Tres años, eso quiere decir que ahora tienes doce años.

-Si, ya estoy por cumplir los trece en unos meses más, justo después de navidad, sabes, he estado pensando en tu situación, quizás si hablásemos con mis padres ellos podrían conseguir alguien que ayudase con tu problema y…

 -No -la cara de Hugo mostraba una expresión horrorizada- me encontraría y acabaría conmigo como lo hizo con mi familia.

-Pero ha pasado ya tanto tiempo.

-Tu sabes que los magos son mas longevos que ustedes los muggles, mi padre ofreció su vida para asegurarme que podría sobrevivir, aunque fuese solo por las noches y con la ayuda de alguien mas… – las palabras se fueron perdiendo junto con la voz cada vez mas baja de Hugo.

-Pero no hay nadie que pueda enfrentarlo quizás ese Dumbledore del que hablan en las noticias.

-¿Dumbledore?- pregunto Hugo con renovado interés.- ¿Quién es el?

-Es el líder de los magos, mi padre dice que fue el que tomo el control de los gobiernos del mundo junto con los otros magos de los diferentes países hace ya algunos años, según lo que he leído en periódicos y lo que dicen los otros magos no hay mago mas fuerte que el, aunque ya esta bastante viejo.

-No se, suena bien, si el lograra derrotar a ese mago oscuro que asesinó a mi familia podría librarme de mi maldición y entonces…-Hugo elevó su vista, sus ojos se perdieron en la inmensidad del espacio mientras observaba la noche estrellada- Marte – murmuró.

-¿Y entonces? -Pregunto Santi trayendo de vuelta a Hugo de sus cavilaciones.

 -Seria libre, podríamos ser hermanos de verdad.

Ambos niños sonrieron y Hugo apuro el último de los panecillos junto con el resto del jugo que Santi le había llevado.

-Pero antes necesitamos planearlo cuidadosamente, no puedo simplemente aparecerme enfrente de tus padres y decirle, “hola soy la estatua que ha estado viviendo en su jardín estos últimos años, ¿pueden adoptarme?”

Santi rió. -Si tienes razón, ¿pero entonces que haremos?

-Necesitamos jugar con el tiempo, los muggles son muy supersticiosos y la noche les trae malas ideas y yo no puedo permanecer como humano en el día, de modo que…

Hugo caviló por un rato y después corrió hacia donde había dejado su libro y lo hojeo febrilmente hasta detenerse en una página.

-Aquí esta, es un hechizo antiguo, necesitamos elementos mágicos que nos sirvan de soporte, ya que yo no tengo una varita.

-¿Elementos mágicos? ¿Y donde demonios los vamos a conseguir?-pregunto Santi con desilusión.

-En tu cocina, necesitamos sal, vinagre y velas, necesito que los traigas todos mañana y un cuchillo.

-¿Para que el cuchillo?- pregunto Santi por primera vez receloso.

-Con el romperemos el libro que me ata a ser una estatua y así podré ser humano durante el día, creo que es hora que vuelvas a tu casa, descansa y duerme bien, necesitaremos fuerzas mañana.

Se fundieron nuevamente en un abrazo, Santi se dirigió a su casa sin volver el rostro hacia atrás, así que no pudo ver la sonrisa de satisfacción en la cara de Hugo, el cual siguió viendo las estrellas.

***

Estaba de un humor de perros, lo cual dada su condición ya era bastante risible, ¿como era posible que todo hubiese ido tan mal de manera tan rápida? ¿Qué acaso solamente el veía las conexiones? Y ¿como se atrevía James a confiarle su plan a él después de lo que había hecho?

Caminó unas calles en el Londres muggle hasta llegar a un viejo bar donde entró y se sentó en el rincón mas apartado, pidió una cerveza y la empezó a beber con el rostro hundido entre los hombros y la mirada fija en el desgastado acabado de la barra, pensando en lo que había dicho a su amigo, no notaba la discusión que tenían dos borrachos a su lado la cual iba subiendo de tono.

-Ellos tienen la culpa, yo no de…debería estar aquí, debería te… tener mi amplia… oficina y una linda secretaria llevándome café, solo porque no puedo agitar un…maldito palo y hacer algo de hocus pocus.

Sirius adivinó más que comprendió la conversación que se traía el borracho, sin duda un muggle más de los desempleados, después de todo- ¿quien necesita profesionistas muggles cuando tienes un mago? –pensó con una mezcla de orgullo y pesar, tomó el resto de su cerveza y pagó dispuesto a retirarse, dejo una moneda sobre la barra y ese fue su error, la esplendidez Black había aflorado y había dejado un galeón sobre la barra para cubrir el importe de la cerveza.

El hombre que estaba discutiendo con el otro miró fijamente la moneda por unos instantes, el borracho captó la mirada fija de su amigo y observo la moneda, su mano se dirigió al bolsillo de su chaqueta mientras gritaba a la espalda de Sirius

-TÚ, Eres uno de esos malditos magos.

-¿Y que si lo soy?- Sirius ni siquiera volteo a ver al hombre pero su mano derecha se tenso dentro del bolsillo de su chamarra.

-Transforma esto anormal- el estampido fue ensordecedor y Sirius sintió un dolor lacerante sobre su hombro izquierdo, extrajo su varita y la apuntó directo a la cabeza del hombre, un latigazo de color plata impacto en el rostro al borracho estrellándolo contra las mesas del fondo, Sirius sentía el calor de la sangre recorrer su brazo mientras los compañeros del desmayado se aproximaban desde varios flancos intentando cercarle la huida.

-Un paso mas y no seré tan benévolo la próxima vez- advirtió Sirius, chispas rojas volaban de su varita amedrentando a sus atacantes, ganó con pasos calculados la salida y la atravesó hacia la calle.

La muchedumbre se abalanzó en tropel pero cuando salieron el mago se había esfumado, quizás alguno advirtió el perro que doblaba la esquina pero no le dio importancia, tampoco advirtieron el rastro de sangre que iba dejando tras de si.

***

El día había transcurrido lento, las guarniciones estaban guardadas en la mochila y los elementos necesarios estaban preparados, el cuchillo incluido, la noche llego y todos en la casa acudieron a su cita con Morfeo mientras Santi se deslizaba por los arriates hacia la fuente del bosque, repitió el conjuro empapando de agua la estatua, esta vez Hugo acudió mas rápido que la noche anterior.

-Aquí esta lo que pediste.

-Gracias hermano, falta poco, muy poco. -dijo Hugo sin poder contener una sonrisa en el rostro.

Hugo puso manos a la obra y dibujo un pentagrama con la sal en el suelo, dibujando óvalos encontrados en el centro del pentagrama y colocando las velas en cada esquina del mismo, escribió unos símbolos raros entre los espacios de las puntas y prendió fuego a las velas. Estudio un momento el libro y después lo entrego a Santi.

-Entrare con el cuchillo y realizare el ritual, en algún momento te entregare el cuchillo y deberás rasgar las paginas del libro ¿de acuerdo?

Santi se limito a mover la cabeza de arriba abajo, bastante impresionado con el espectáculo.

Hugo se colocó en el centro del pentagrama y ungió sus manos con el vinagre restante e hizo lo mismo con el cuchillo, empezó a entonar un canto en tono grave, era bastante repetitivo y provocaba ecos, involuntariamente Santi empezó a temblar, de repente Hugo se llevo las manos al pecho y su mirada se torno vidriosa por la forma en la que gesticulaba parecía faltarle la respiración y con mucha dificultad pudo articular dos palabras.

-A…yudame… her…man…o.

Santi arrojó el libro y se introdujó en el pentagrama para intentar ayudar a Hugo que había caído al suelo, lo tomó de las manos e intento levantarlo, entonces las manos de Hugo se convirtieron en garfios poderosos que aprisionaban sus muñecas y el cántico volvía a resonar, mas fuerte, mas profundo, Santi lo sentía retumbar dentro de su cabeza mientras el cuchillo cobraba vida y hacia cortes en las muñecas de ambos entremezclando su sangre, roja como una rosa la de Santi y algo parecido al alquitrán emergiendo de Hugo.

Se miraron un instante de frente uno al otro intercambiando sus miradas por un instante, Santi dos cabezas mas alto que Hugo y cayeron de rodillas ambos sin soltarse con la cabeza baja.

Instantes después la lucha comenzó de nuevo ambos se pusieron de pie pero esta vez Santi aprisionaba las manos de Hugo y lo obligaba a ponerse de rodillas de nuevo y juntar sus manos, el libro voló hacia ellas y su consistencia cambio lentamente tornándose dura como la piedra, Santi se apartó y dejo a Hugo de rodillas convirtiéndose centímetro a centímetro en estatua.

Santi en el cuerpo de Hugo alcanzó a suplicar.

-Por… f…av…or.

-De verdad lo siento Santi, me empezabas a caer bien, pero mi destino es mucho mas grande de lo que tu estúpida mente muggle pueda imaginar, gracias por cuidar de este cuerpo para mi. Adiós.

Hugo se retiró del bosque a paso rápido, no dirigió siquiera una mirada a la estatua que había dejado atrás, subió los arriates y se recostó sobre la cama, mucho tiempo había transcurrido desde que había estado en una, el primer paso estaba dado y debía ser muy cuidadoso de ahora en adelante, pero estaba seguro de salir victorioso, si a Dumbledore le gustaban los cuentos para niños, a el le gustaban las historias de terror.

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-Nadie agitara su varita ni hará ridículos encantamientos en esta clase- el profesor se dio una pausa para cruzar sus brazos por dentro de su túnica, dándole un aspecto de una momia mal embalsamada.

-Es por ello que quizás la mayoría de ustedes no creerá siquiera que esto sea magia, pero aquellos que lo entiendan, y serán pocos, puedo enseñarles a embotellar la fama, a embotar los sentidos, e incluso ponerle un alto a la muerte.

-Por supuesto, eso solo lo podrán lograr si son mejores que la mayoría de los alcornoques a los que suelo enseñar.

-Sin embargo por ser el primer día hoy seré benevolente e iniciaremos con algo sencillo- dio un golpecito a una pizarra y en ella aparecieron una lista de ingredientes y las instrucciones para una poción- los ingredientes los pueden tomar del armario, una poción por banca, tienen una hora.

La poción era simple y los ingredientes pocos, pero su preparación requería concentración y seguir los pasos de manera ordenada y en el tiempo adecuado o los resultados podrían ser desastrosos.

Harry llevaba más de diez minutos revolviendo la poción en el sentido de las agujas del reloj y empezaba a aburrirse, a su lado Ron se dedicaba a dar vuelta a su cabeza cada diez o quince segundos hacia las bancas de atrás.

-¿Qué tanto miras?- pregunto Harry.

-Quiero ver como lo hacen los demás, a nosotros no nos ha ido tan mal ¿no crees?- Su poción era bastante acuosa aunque las instrucciones decían que debía tener una consistencia espesa, pero al menos tenia un color aguamarina bastante parecido al verde esmeralda que, de acuerdo a las instrucciones, debía tener.

-No, no esta mal- Harry se tomo el tiempo para dirigirse a las otras mesas, Neville y el chico rubio tenían una sustancia espesa pero de un color verde hoja, un par de gorilas de Hufflepuff dos filas atrás estaban pasando problemas para extraer la cuchara de lo que parecía cemento gris, finalmente reparó en la chica que había compartido el bote con ellos, a su lado estaba otra Ravenclaw con idéntico peinado aunque con un cabello oscuro y una cabeza mas bajita, su poción era de una consistencia semilíquida y la superficie del caldero parecía una esmeralda en bruto de cantos redondos.

-Wow, mira la poción de la chica de anoche.

-Se llama Hermione- agrego rápidamente Ron.

-Como sea, es genial.

-Les quedan diez minutos- anuncio Snape.

Las chicas interrumpieron su labor de revolver la poción para agregar el último ingrediente y Harry volvió su mirada y concentración a su poción.

-Bien ahora solo falta agregar las espinas de erizo revolver tres veces en sentido contrario a las agujas del reloj y listo.- y uniendo la palabra al hecho tomo las púas de erizo para agregárselas…

… y en cuanto las púas hicieron contacto con la poción los resultados desastrosos llegaron, la poción empezó a burbujear mientras amenazaba con desbordar su contenido del caldero, Ron intento revolverla como decían las instrucciones pero una burbuja estalló yendo a caer una gota de la poción en sus manos, Ron dio un grito de dolor y al intentar cubrirse termino empujando el caldero hacia el frente bañando por la espalda al chico rubio compañero de Neville con el resto de la poción.

Los gritos de dolor no se hicieron esperar y el profesor Snape se acerco a pasos rápidos, con un hechizo desapareció los restos de la poción de encima del muchacho y del suelo, convoco una botella con un líquido verde de olor penetrante, lanzo la botella encima del muchacho rubio pero curiosamente el liquido se transformo en un gas blanco al contacto con el aire y los gritos del muchacho cesaron de inmediato, el gas parecía haber reparado el daño en la túnica y en la piel del muchacho.

-¿Quién fue el estúpido que agregó las púas de erizo al caldero sin retirarlo del fuego?

Oh oh. -Una mirada rápida de Harry al tablero basto, ahí claramente se observaba “retire la poción del caldero, agregue las púas de erizo hasta que la poción se torne roja y revuelva tres veces en el sentido contrario a las agujas del reloj, después cuele la…” en fin, el daño estaba hecho, James se lo había dicho un día y había sido bastante claro:

Un Gryffindor asume sus errores con valentía-, después había agregado quedamente cuando Lily se había retirado -Si te atrapan-, pero esta vez Harry estaba atrapado.

Tímidamente alzo la mano, los ojos de Severus Snape se posaron en el con lo que parecía el preámbulo a una severa reprimenda, repentinamente al hacer contacto visual algo cambió en la mirada de Snape y la tormenta se vació  encima de Ron.

-Eres un estúpido Weasley, ¿Por qué permitiste que Potter agregara las púas sin revisar las instrucciones? Cinco puntos menos para Gryffindor y quiero un ensayo de un metro sobre los errores que cometiste hoy. Tú y Potter pasaran la hora restante cortando raíces de ajenjo para los demás grupos tómenlas del armario, el resto coloque una muestra de su poción en mi escritorio y quiero un resumen de lo que acaban de hacer y quiero silencio.

Tres pasos le bastaron a Snape para colocarse de nuevo tras su escritorio dejando a Ron colapsado de terror y a un Harry confundido, para colmo los ojos de Ron encontraron los del chico al que había bañado con la poción, no parecía contento con lo que había pasado, a pesar que el daño había sido mínimo, y si el chico hubiese tenido puñales en la mirada Ron Weasley habría caído fulminado en ese momento.

***

El resto de la clase transcurrió sin mayores incidentes, al terminar se dirigieron directamente y al trote hacia lo que seria su segunda clase, llegaron con quince minutos de anticipación y el salón se encontraba vacío, el aula de DCAO no podía ser mas diferente de la de pociones, los amplios ventanales dejaban que la claridad de la mañana iluminase el salón a pesar de que el cielo se encontraba bastante nublado, (algo muy común para esa época del año), daba una sensación liberadora después de estar dos horas en la claustrofóbica mazmorra.

El aula estaba libre de bancas así que los alumnos simplemente se fueron amontonando en corrillos conforme fueron llegando, los minutos pasaban y el maestro brillaba por su ausencia los murmullos subían cada vez mas de volumen e incluso algunas carcajadas ocasionales se oían Harry, Ron y Neville discutían lo que había pasado en la clase de pociones.

-¿Por qué no te dijo nada?

-Es amigo de mi mamá, nos lo encontramos en el Callejón Diagon cuando fuimos a surtir la lista, parece que se llevan muy bien. Que suerte ¿no?

-Suerte, para ti, para mi no, tengo que escribir el ensayo- agrego Ron con una cara de angustia como si lo hubiesen condenado a lavar urinales.

-Fue mi culpa, ya lo haremos entre los dos, además no tenemos pociones hasta el viernes.

-¿Porque tardara tanto el profesor?, ya debería estar aquí – intervino Neville.

-Quizás se enfermo, así podremos ir a almorzar temprano- agrego Ron con una sonrisa en el rostro.

-Tu solo piensas en com…- empezó Harry pero se interrumpió al escuchar un ruido justo a sus espaldas, sonaba como si alguien estuviese rascando el suelo desde abajo y ganaba intensidad, sea lo que fuese que hiciera ese sonido se estaba acercando.

Ubicaron el sonido junto a una pared detrás de lo que parecía un armario el cual se empezó a estremecer de repente con sacudidas cada vez mas violentas que terminaron finalmente por tumbarlo pero el sonido no cesó, y ahora no solo Harry, Ron y Neville estaban al pendiente del sonido sino que toda la clase.

La porción de piso que había estado debajo del armario empezó a retumbar nuevamente y estalló en una explosión de guijarros cubriendo con una nube de polvo a la clase, la cual se fue disipando poco a poco.

-Primero lleno de una poción hecha por estúpidos- Harry reconoció al que vociferaba como el chico rubio de Slytherin que Ron había bañado con su fallida poción- Y ahora lleno de tierra por un edificio en mal estado, si mi padre se enterara de…- el chico siguió moviendo su boca pero súbitamente el sonido parecía haberse esfumado de su garganta dejando a Harry perplejo.

El grito de una chica lo hizo volverse para ver como una mano enorme emergía del hueco en el suelo, a esa mano le siguió otra y después una cabeza calva, pequeña para las proporciones del tronco que le siguió y por ultimo unas piernas poderosas impulsaron de un salto hacia los alumnos un monstruo con unos comillos babeantes y unas garras de apariencia letal.

Casi por inercia algunos esgrimieron sus varitas, pero la mayoría corrió hacia el extremo opuesto del salón incluido el chico rubio el cual hubiese arrancado una carcajada a cualquiera con su silenciosa mímica de un patético grito grabada en su rostro, esto claro si no hubiese problemas mayores que atender.

El monstruo dio dos pasos gigantescos y la distancia entre los alumnos que intentaban enfrentarlo y el se redujo a la mitad

Impedimenta– un rayo de luz roja salio de la varita de Neville el cual, para asombro de todos fue desviado por la criatura sin hacer un solo movimiento sus compañeros lo imitaron y cinco rayos mas se dirigieron hacia el, sin causarle el mas mínimo daño, parecía que el aire alrededor de el formaba una especie de escudo invisible, eso o el monstruo era indestructible, pensó Harry.

Indestructible, la palabra le trajo a la mente el recuerdo de sus vacaciones en el lago, una roca obstruía un excelente tobogán natural, Lily insistió pero al final James voló en pedazos la roca y al fin hubo diversión.

Harry esgrimió su varita mientras gritaba

Confringo– una onda de choque se liberó y la criatura así como Harry y sus compañeros fueron lanzados ligeramente en direcciones opuestas la criatura lanzo un aullido lastimoso y gruesas gotas de agua corrieron por su cara.

-Anda- dijo Harry.

-Pero si esta llorando- dijo Ron.

-Así es, creo que le dolió esa caída- dijo una voz más grave desde el fondo del salón.

–Buenos días muchachos, soy el profesor Lupin y voy a ser su maestro de Defensa contra las artes oscuras, para ser su primera vez no creo que haya sido un intento tan malo, de hecho se quedaron a enfrentar a la criatura mas de los que yo había esperado, veamos, diez puntos para Slytherin por el señor Longbottom por atacar primero, diez puntos para Gryffindor al señor Potter por derribarlo y diez puntos por la señorita Granger y el señor Thomas por quedarse, de igual manera otros diez para Gryffindor por el señor Weasley y el señor Finnigan, ahora si me permiten.

El maestro se acercó al monstruo y lo acaricio levemente con lo que este dejo de llorar retiro el hechizo de escudo que rodeaba a la criatura, esgrimió su varita una vez mas y desaparecieron los colmillos, las garras los músculos en el tórax y las extremidades y un amplio y bonachón abdomen se desplegó encima de lo que, como ahora todos podían ver, solo era un ghoul.

-Quiero un ensayo para el miércoles sobre las acciones que debieron haber tomado para repeler el ataque de una criatura desconocida, y una investigación de por lo menos diez hechizos de ataque y diez de defensa que podrán encontrar fácilmente de las paginas seis a la veinte de su libro de texto, pueden retirarse.

-Pero profesor solo ha pasado una hora- agrego tímidamente una chica de Ravenclaw.

-Y han aprendido más de lo que hubieran logrado en una semana leyendo libros- dijo el profesor mientras subía las escaleras hacia su oficina, cerrando la puerta detrás de si.

Apenas estuvo solo en su oficina escribió un mensaje en un trozo de pergamino le dio un golpecito con su varita y lo ató a la pata de una lechuza se aproximo a la ventana y se quedo observándola hasta que se perdió en el horizonte.

Felizmente para Ron la comida se centró más en la interesante clase de DCAO que en los desastres de pociones y con ánimos renovados acudieron a su clase de la tarde, esta vez ubicada en uno de los salones del segundo piso junto al lago. El maestro en turno ya se encontraba ahí cuando los alumnos llegaron al salón.

-Por favor tomen asiento, encontraran un cuestionario al cual le dedicaremos nuestra primera clase, tomen su tiempo, no hay respuestas correctas o incorrectas solo quiero saber que tan familiarizados están con las costumbres muggles, pueden comenzar.- el maestro dio un golpe a la pizarra con su varita y la tiza escribió en letras bastante visibles:

Estudios Muggles, Primer Curso.

Profesor: Tom S. Ryddle.

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Circunscriptio dirigo.

El hombre utilizó su varita una y otra vez sobre los brazos de los alumnos de nuevo ingreso,  pasaban al frente los implantaba y después pasaban al grupo de los alumnos del internado que ya habían recibido su implantación, una vez termino con todos los niños desplegó nuevamente la lista desde el inicio.

-Bien, ahora la designación, como deben saber el Sombrero seleccionador que por generaciones se encargo de, precisamente eso, la selección de los alumnos para sus nuevas casas de acuerdo a sus características, ahora ha desaparecido y el ministerio de magia ha decidido colocarlos en sus casas de acuerdo al potencial desplegado posible el cual nos dice que potencial tiene un mago y cual es la casa que le ofrece mejores oportunidades de desarrollo. Deben recordar que mientras estudien en Hogwarts y hasta que se gradúen sus casas serán como sus familias, con sus triunfos obtendrán puntos, si rompen las reglas los perderán, y al final la casa que obtenga mayor cantidad de puntos será premiada con la Copa Hogwarts.

-Por favor cuando escuchen su nombre y la casa que les ha sido asignada colóquense en este orden, de izquierda a derecha una sola fila por casa Ravenclaw, Gryffindor, Slytherin y Hufflepuff.

-De acuerdo- dijo releyendo las hojas, –Boot, Terry, Brocklehurst Mandy, Granger, Hermione, Moon Janice, Patil Padma, Swan Stacy, Thomas Dean y Turpin, Lisa estarán en Ravenclaw.

Todos los mencionados formaron una fila a la izquierda del mago.

Brown, Lavender, Finnigan, Seamus, Patil Parvati, Perks Sally-Anne, Potter Harry y Weasley Ronald estarán en  Gryffindor

Bones Susan, Bulstrode, Millicent, Longbottom Neville, MacDougal Morag, Malfoy Draco, Nott Theodore, Parkinson Pansyy Zabini, Blaise  estarán en Slytherin y finalmente el resto – el mago dio un pequeñísimo suspiro -Pertenecerá a Hufflepuff la lista es Abbott Hannah, Bishop Mirna, Crabbe Vincent, Finch-Fletchley Justin, Goyle Gregory, Marik Jules y Smith Zacharias.

-Bien ahora es momento de que todos pasemos al comedor y se integren a sus nuevas casas, hijo ayúdame con estos papeles un momento ¿quieres?- dijo dirigiéndose a Ron el cual se quedo rezagado del resto de los alumnos.

El mago se inclino hacia Ron de manera que solo el pudiese escucharlo y rápidamente le dijo.

-Envía una lechuza a tu padre mañana a primera hora, dile que estas en Gryffindor, y que Gawain Robards le manda saludos.-acto seguido el mago le guiño un ojo a un sonriente Ron y se retiró.

Los nuevos alumnos cruzaron las grandes puertas detrás de la profesora Sprout la cual le indico a cada grupo su mesa correspondiente, una vez sentados una bruja alta con una pulcra túnica marrón se puso de pie en el centro de la mesa de profesores, su aspecto era imponente y algo intimidante, no fue de extrañar para ninguno de los nuevos alumnos que el gran comedor quedase sumido en el mas absoluto silencio casi inmediatamente.

-Bienvenidos a un año más en Hogwarts para nuestros nuevos alumnos que no me conocen mi nombre es Minerva Mcgonagall y soy la directora del Colegio tengo algunos anuncios por hacer pero primero al banquete, buen provecho.

Apenas terminadas estas palabras los platos se llenaron con la mas surtida variedad de alimentos y Harry y los otros empezaron a comer.

-Es una pena que Neville haya quedado en Slytherin, normalmente es un buen chico, su padre es auror trabaja en el ministerio igual que el mío- comentaba Ron mientras devoraba una pierna de pollo.

-No es como lo imaginaba, mi padre solía decirme que los Gryffindor y los Slytherin tenían una gran rivalidad pero justo ahora no veo ni señas de ello.- agrego Harry quien respondía al saludo de Neville desde el otro lado del salón.

-Slytherin es la casa que ha dado mas magos tenebrosos pero me imagino que ahora con…- Ron miro a ambos lados y bajo la voz- tu sabes, Dumbledore las cosas estarán parejas ¿no?

Una vez que el murmullo de las voces era cada vez mayor y cada vez menor el sonido de cubiertos y vasos la profesora Mcgonagall se puso de pie  al instante los platos se desvanecieron y el comedor se volvió a sumir en un silencio expectante.

-Antes de que se retiren a sus habitaciones algunas recomendaciones, los de primer año deben tener en cuenta que el bosque prohibido esta, precisamente, prohibido para todos los alumnos sin excepción, es vital recordar por el bien de sus currículos escolares que la magia en los pasillos o en los descansos no esta permitida, las pruebas de quidditch tendrán lugar en la segunda semana del curso, los interesados en jugar para los equipos de sus casas, deben ponerse en contacto con la señora Hooch en su despacho.

-El día de mañana a primera hora los prefectos de cada casa les harán entrega de sus nuevos horarios. Como parte de las reformas en el colegio, los alumnos de primer año de las cuatro casas serán conjuntados en un solo grupo, debo agregar que este es un nuevo modelo de enseñanza que ha sido diseñado por los mejores especialistas que el ministerio puede proveer, es por ello que sus horarios los pueden ver publicados desde esta noche en sus respectivas salas comunes, no tengo mas que agregar así que ahora a descansar, les deseo felices sueños.

Las clases dieron inicio el día siguiente de la designación de las casas, y para los de nuevo ingreso el primer día no prometía mucho trabajo, solo tres clases, dos dobles por la mañana justo después del desayuno y una sencilla después de la comida teniendo el resto de la tarde libre.

-Pociones y Defensa contra las artes oscuras dobles y después de la comida Estudios Muggles. Genial, tendremos libre el resto del día- Ron apuro su tercer vaso de leche y su séptima tostada con el mejor de los ánimos.

-Y después de todo no hará mucha diferencia que Neville haya quedado en Slytherin, compartiremos todas las clases

-Seeehg- unas pizcas de tostada volaron de la boca llena de Ron y aterrizaron en medio de la mesa.

-Mejor nos vamos adelantando, no quiero llegar tarde a la primera clase.-contesto Harry sin poder terminar sus huevos con tocino y juntos emprendieron la marcha hacia el aula de pociones.

Pociones se impartía en una mazmorra donde la temperatura parecía descender unos cuantos grados, el clima era expectante y la atmósfera reinante podía cortarse con un cuchillo, las bancas estaban ordenadas de modo que permitía que los estudiantes trabajasen en parejas.

Harry y Ron ocuparon una por detrás de Neville el cual se sentó hasta el frente haciendo pareja con otro chico de Slytherin de cabello rubio platinado con una nariz respingada que le daba la apariencia de tener una mofeta enferma del estomago justo debajo de su nariz.

Solo leves cuchicheos se escuchaban en el aula, los cuales cesaron inmediatamente cuando la puerta de la mazmorra se abrió y cerró de forma casi simultánea con un portazo que hizo dar un salto involuntario a la mitad de los alumnos.

-Quiero silencio- dijo el profesor, la parte inferior de su túnica rozaba ligeramente el piso mientras que el cuello de la misma hacia lo propio con las capas de grasiento cabello que formaban cortinas a ambos lados de la pálida cara de aquel hombre.

-Mi nombre es Severus Snape, y seré su maestro de pociones.

***

La oscuridad se cernía sobre el vallecito en Sevilla, la atmósfera era templada y el aroma de los naranjos se colaba al interior de la casa a través de las ventanas abiertas amalgamado con la suave y fresca brisa de la madrugada.

Ni un alma se movía en el interior de la casa, los habitantes habían caído exhaustos después del largo viaje, súbitamente una lucecita tintineo en la habitación mas cercana al bosquecillo de naranjos, de manera pausada el chico se vistió cuidando al extremo sus pisadas, una vez estuvo listo colocó los panecillos robados en su mochila y descendió por la ventana hacia el patio posterior, la luna se encontraba oculta entre unas pocas nubes y de manera cómplice ocultó la figura que recorría trotando los últimos metros que separaban la casa de los árboles.

Quince árboles, vuelta a la izquierda y ahí esta.- pensó el niño, topándose de frente con una fuente de forma circular colocada al centro de una especie de plazoleta, dos bancas se encontraban a sus costados y al fondo una estatua de un niño con un libro en sus manos, sus brazos hacían la función de un rudimentario atril.

El niño tomó la vasija que llevaba en su mochila llenándola hasta el tope de agua de la fuente, para después arrojarla contra la estatua, repitió la operación hasta bañarla por completo, se alejo unos pasos y repitió de forma solemne.

-Cautis corporis, caligo animae. Cautis corporis, caligo animae. Cautis corporis, caligo animae.

Nada sucedió, el niño se acerco a la estatua y la tocó, seguía fría, de la misma temperatura del agua de la fuente, bajó la cabeza mientras sus ojos se ponían acuosos, todo había sido inútil, tomo su mochila y empezó a caminar de regreso a su casa, de repente un ruido lo sobresaltó y la sonrisa broto natural en su rostro, era el sonido inconfundible de un libro grande y pesado al cerrarse, volteo y la estatua cobró vida corriendo hacia el, desprendiéndose de trozos y esquirlas de cemento a cada paso.

-Hermano- dijo la estatua resucitada al abrazar al niño.

-Hugo, has vuelto- respondió este.

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[Nota: Este capitulo es un flashforward, ocurre en un futuro no muy lejano, en unos cuantos capitulos mas podrán identificar su correcta ubicación.]

Era cerca de medianoche, el hombre se apareció cerca de un claro y camino hacia la cima de la colina, se quito la capucha y dejo al descubierto el rostro de un hombre que inicia su etapa de la vejez, atractivo pero en franca decadencia, inspeccionó lentamente el lugar andando en círculos pequeños primero y mas amplios a medida que avanzaba por momentos se detenía y cerraba sus ojos estirando su cuello parecía intentar olfatear el aire, como un viejo grizzli buscando el mejor viento para cazar.
Finalmente se detuvo en un claro bastante amplio cerca de un grupo de pinos pequeños, observo hacia la nada como si tuviese enfrente una curiosa obra de arte que necesitaba estudiar detenidamente.
Bajo la cabeza como meditando y después dio vuelta enérgicamente retirándose unos pasos hacia atrás de su posición inicial, saco una varita de su túnica y empezó a describir círculos y complicadas florituras mientras murmuraba una especie de cántico repetitivo que aumentaba y disminuía de intensidad a intervalos mas o menos idénticos.
El aire a su alrededor pareció agitarse violentamente, los pinos intentaban no ser arrancados desde su raíz doblándose hasta donde su rígida naturaleza les permitía, mientras lentamente una figura iluminada empezó a surgir en medio de la nada, tenuemente al principio, pero cada vez mas clara, cada vez mas nítida, el mago no pudo reprimir una sonrisa satisfecha pero súbitamente todo ceso, el viento se calmó dejando solo unos troncos tirados donde habían estado los pinos antes y la figura luminosa, que ahora dejaba ver una antigua construcción desapareció, dejando solo su imagen grabada en la retina del mago, desvaneciéndose mas con cada parpadeo que daba.
Agotado, con la frente perlada de sudor cayó con las palmas en la tierra.
-Maldición, tan cerca, tan cerca.

Clap, clap, clap.

El sonido de unos aplausos lo sacó de su enojo y se puso alerta inmediatamente. El aire creaba corrientes y no transmitía bien el sonido era difícil saber de donde venia el aplauso.

-Bravo- dijo una voz infantil, -En mis tiempos era imposible descubrir siquiera un trazo del hechizo fidelius, y tu no solo encontraste el rastro, sino que pudiste ver el lugar, asombroso de verdad.

-Revélate- gritó el mago, elevando su varita y conjurando un hechizo desilusionador tan fuerte que lo ocultaba incluso de sus propios ojos.

-Tranquilo- dijo de nuevo la voz infantil- estoy armado con una varita, pero no pienso utilizarla. Y dicho esto la figura de un niño se reveló levantando su propio hechizo desilusionador y guardando su varita en su cinturón.

-¿Quién eres? – Dijo el mago revelándose nuevamente pero sin bajar la varita.

-Mi nombre es… Hugo ¿y tú?

-Que te importa- masculló el mago sin relajar la tensión de su mano sobre su varita.

Mucho gusto mi estimado “queteimporta”, te puedo ayudar a entrar – dijo, señalando con el mentón hacia el punto donde se encontraba la construcción bajo el fidelius.

-¿Tu? ¿Cómo podría un niño lograr lo que no ha podido el mago más grande en la historia?

-Soy un niño, pero se leer, y por lo que he leído estos últimos meses el mago más grande en la historia se llama Albus Dumbledore, y tú no eres Albus- Puntualizó con una sonrisa burlona en el rostro.

-¡CALLA!- grito el mago apuntando con su varita a la cara del niño, mientras una ráfaga de rojo inundaba sus ojos.

-Albus será basura al lado mío cuando pueda llevar a cabo mi plan y mi respuesta esta ahí.-dijo “queteimporta” señalando el vacío hacia la cabaña.

-Valiente declaración, pero ¿de que te servirá entrar en una vieja cabaña?

-No es asunto tuyo, ahora vete o sino…

-¿O sino… que? –dijo el niño levantando la voz por primera vez y borrando toda expresión infantil de su rostro.

-Morirás, que seas un niño no me detendrá.

-¿Y por que no lo hiciste desde que aparecí? Dejémonos de falsas pretensiones, entremos a la cabaña y negociemos- en un movimiento vago extrajo su varita y envío un pergamino a “queteimporta” que este atrapó con su mano libre sin apartar la mirada ni la varita del niño.

-Léelo, si no ocurre nada, me matas, si puedes entrar bajas tu varita y nos sentamos a negociar, ¿hecho?

Segundos después la cabaña se revelaba ante los ojos del mago.

-Mi nombre es Tom – dijo el mago bajando su varita y con una media sonrisa añadió- Esta bien, hablemos.

Aunque el exterior de la construcción se veía bastante derruido el interior parecía tener solo unos días de desuso, el niño se sentó en uno de los sillones cruzando ambas piernas por encima de una mesa de centro sus ojos azules inspeccionaban la casa con un aire melancólico, extrajo su varita y señalo un taburete en una esquina al instante dos copas y una botella de vino salieron volando y después de colocar generosas porciones en cada copa quedaron quietas en la mesa.

-El mejor vino elfo que hayas probado- dijo el niño colocando la copa a la altura de la nariz – y añejado tiene un sabor exquisito.

-El grimorio, ¿donde esta?- pregunto el mago sin hacer caso de la copa o lo que el niño mencionaba de el vino.

-Tranquilo, hay tiempo de sobra para hablar de planes malévolos ahora relájate y cuéntame quien eres.

-¡No estoy para juegos, dame el grimorio o te arrepentirás!- Grito el mago irguiéndose cuan alto era y esgrimiendo su varita contra el niño el destello rojizo en sus ojos era ahora permanente.

El niño dio un pequeño sorbo sin apartar la vista del mago, de manera pausada coloco la copa en la mesa y dedico unos segundos a observar al mago, finalmente saco su varita y apunto a un cuadro que estaba encima de la chimenea era un paisaje simple una choza en medio del bosque, instantes después el cuadro empezó a cobrar movimiento, la choza parecía crecer dentro del cuadro, al mago le tomo unos segundos entender lo que estaba viendo, era la perspectiva de alguien que veía la misma choza en donde se encontraban ellos desde afuera.

Dentro del campo de visión aparecieron dos manos descarnadas y putrefactas extendidas hacia la casa que seguía aproximándose, en cualquier segundo estaría a la puerta de la misma, la perspectiva cambio y una de las manos se apodero de la manija de la puerta y la empujó para dar paso a un ente que parecía haber sido humano en algún momento coloco sus ojos vacíos en el mago y el niño, ahora se podía ver el rostro de ambos en el cuadro.

-Destrózalo y tendrás lo que quieres- dijo el niño exhibiendo una sonrisa satisfecha, recostándose nuevamente en el sillón con su copa de vino, como esperando un espectáculo para disfrutar.

-Sectumsempra- grito el mago, un fino hilo de pus apareció alrededor del cuello del hombre, los tambaleantes pasos de este no se detuvieron pero fueron suficientes para, lentamente, empujar la cabeza hacia atrás hasta caer al suelo, el cuerpo no se detuvo y la cabeza quedo gimiente balbuceando y babeando estúpidamente.

El mago repitió el hechizo una y otra vez, pronto solo quedo el tronco del ente el cual dejo de moverse casi al mismo tiempo que la cabeza emitía un ronco suspiro mientras un gusano intentaba escapar saliendo por una de sus cuencas.

-¿Eso es todo?-pregunto con sorna el mago -Bien ya lo hice, entrégame el grimorio.

-No me entendiste- dijo el niño con el tono de alguien que explica que uno mas uno son dos, -destrózalo si quieres lo que buscas,- señalo con la cabeza del lado el tronco del ente.

Por un momento intercambiaron miradas, finalmente el mago se acerco al ente cubriendo la distancia en dos largos pasos repitió una vez mas el hechizo sobre el abdomen del ente y colocando su varita en la cintura introdujo ambos brazos en el pútrido abdomen rebusco unos instantes hasta que con un poco de esfuerzo logro arrancar de dentro del abdomen un cofre aun escurriendo de bilis y pus.

–Tergeo- murmuró y eliminando los residuos del cofre lo abrió, ahí estaba lo que había buscado, él grimorio, un antiguo rollo de pergaminos escritos en un lenguaje extraño se extendía ante sus ojos.

-Mi padre siempre fue bueno para cuidar cosas- dijo el niño señalando distraídamente los restos del ente.

-Ahora supongo que podremos conversar un poco- y se levantó de golpe dirigiéndose a lo que parecía ser la cocina y abrir una especie de nevera al parecer murmurando mas para si mismo- parece que mi hechizo de preservación también alcanzo a la comida, genial ¿quieres patatas?

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El hombre apuro el paso para alcanzar el elevador colándose por poco, una incipiente calva destacaba perlada de sudor entre un rojizo y ralo cabello, del bolsillo trasero de su pantalón extrajo un pañuelo con las puntas deshilachadas las iniciales “MP” en una esquina, bordadas en hilo que alguna vez fue dorado apenas se distinguían sobre el, también alguna vez, blanco pañuelo.

Apenas tres personas aparte de el se encontraban en el elevador los cuales apenas si asintieron un poco la cabeza en señal de saludo hacia el hombre que acababa de ingresar el cual se recargo en la pared trasera del ascensor pretendiendo recuperar el aliento por el esfuerzo, el ascensor bajo otro piso y dos de los hombres salieron de el, no habían dado dos pasos cuando el pelirrojo se dirigió al otro que había quedado en el elevador.

-Tú vas a hacer el marcaje.

No era una pregunta así que el hombre se limito a encoger los hombros.

-Mi hijo menor ingresa a Hogwarts este año, según el nuevo registro mi hijo tiene categoría 2, así que casi es un hecho que ira a Hufflepuff.

-¿Y que con eso Weasley? Me tiene sin cuidado a donde paran tus hijos.

-El nuevo sistema es injusto, el estallido de magia de un niño no es suficiente para catalogar su poder ni su potencial y no quiero que mi hijo quede sin una educación adecuada, relegado a cargos y ocupaciones de tercera.

-¿Y porque no vas y se lo dices a Dumbledore? Apuesto que desde tu celda en Azkaban no te importaría a donde van a parar tus hijos, y ahora si me permites vuelve a tu apestoso departamento a jugar con tus idioteces muggles y déjame en paz Weasley.-concluyó con un mohín de disgusto el hombre.

El elevador se detuvo con un chirrido en el atrio y el auror salio dejando detrás a un Arthur Weasley cabizbajo.

*****

La llegada al anden 9 ¾ fue bastante complicada, una manifestación por la presencia de una celebridad muggle había hecho que el tráfico se congestionase y James Potter mascullo por décima ocasión acerca del fanatismo muggle. Faltaban quince minutos para las once de la mañana y aun quedaban cerca de tres calles por recorrer.

-Deberían colgar de las orejas al que introdujo la protección anti aparición en el andén 9 ¾.-farfulló Lily algo falta de aliento al divisar a lo lejos la vieja estación de trenes.

Por fin la familia Potter se introdujo entre los andenes 9 y 10 con apenas cinco minutos de anticipación para la salida del Expreso de Hogwarts, la escena la dominaba una locomotora escarlata que arrojaba humo en cantidades suficientes para nublar de la vista el amplio contingente formado por niños y familiares cargados con baúles y jaulas de mascotas, al fondo un contingente más pequeño y más compacto formado por niños que en su mayoría no llegarían a los doce años todos debidamente uniformados y con la apariencia de contar con una disciplina casi militar, en forma ordenada y silenciosa subieron en los últimos tres vagones vigilados por unos hombres de túnicas blancas.

Harry se deshizo rápidamente del abrazo de Lily y James y tras asegurar su buen comportamiento una decena de veces a su mamá, ingreso en el tren cargado de un expectante animo, recorrió los pasillos atestados hasta encontrar un compartimento vacio coloco su baúl y la jaula de Hedwig, como había bautizado a su lechuza, por un nombre que encontró en un libro de Historia de la Magia de “abuela Bathilda” como insistía la Sra. Bagshot que le llamara, le parecía raro leer un libro que técnicamente se sabía de memoria, la abuela Bathilda solía contarle los capítulos con una pasión que sabia dirigir la imaginación de Harry desde las revueltas de los duendes hasta los campos de épicas batallas con los gigantes.

En medio de sus recuerdos escucho la puerta del compartimiento abrirse para dar paso a dos jóvenes uno era alto, con una nariz prominente sobre unas mejillas llenas de pecas coronando todo con un cabello rojo brillante, el otro era una cabeza más bajito, delgado también pero de una complexión distinta, sus brazos mostraban una musculatura perfectamente marcada un paso erguido que evidenciaba un ligero toque de soberbia y una mirada ágil y escrutadora contrastaba en su rostro por lo demás agradable y bonachón.

-¿Están ocupados estos lugares? Pregunto el pelirrojo.

-No, adelante yo soy Harry, Harry Potter- contestó tendiendo la mano que ambos estrecharon cordialmente.

-Ron Weasley- respondió el pelirrojo con una sonrisa.

-Neville Longbottom, un placer Harry.

El viaje transcurrió entre pláticas de quidditch y los múltiples cuestionamientos acerca de que casa pertenecerían.

-¿Donde estarías tú si te dejasen elegir?- preguntó Neville a Harry.

-Gryffindor, donde habitan los valientes de corazón, ahí estuvo mi padre y mi tío ¿y tú?

-Igual, aunque si lo que se rumora acerca del nuevo sistema de selección lo más probable es que acabe en Slytherin.

Ron dejo escapar un suspiro involuntario, y aparentando un gran interés en el paisaje que se desplegaba por la ventana relato su primer estallido de magia.

-Quería un pastelillo y mi madre los puso encima de la alacena para evitar que mis hermanos o yo los comiésemos antes de la cena, de verdad que olían delicioso, así que me puse debajo de la alacena contentándome con el olor- Neville y Harry empezaron a reír quedamente.

-Oh vamos, ahora que mi madre me envíe pastelillos no les compartiré- agrego Ron con un fingido enojo y desviando la mirada de la ventana- Bien como decía, me quede ahí observando y oliendo y de repente uno de los pastelillos empezó a flotar hacia mí, mi madre se dio cuenta y me grito desde la entrada, y el pastelillo cayó al suelo, eso me gano un bonito dos en mi nivel de magia y lo más seguro es que termine en Hufflepuff.

Las risas de Harry y Neville habían cesado conforme Ron avanzaba en su relato y ahora mostraban preocupación en sus rostros.

-Entonces es un hecho, el primer registro de magia es tu pase a la casa de acuerdo al nivel que registraste.- Agregó Harry en tono solemne.

-Mi padre trabaja en el ministerio y ahí es un secreto a voces.

-No es igual para todos,-tercio Neville  -los descendientes de familias de “sangre pura” están siendo designados directamente a Slytherin.

-¿Y el sombrero?- preguntó Ron con un atisbo de esperanza en su rostro.

-Desapareció del colegio durante el curso anterior, mi padre es auror y estuvo en el destacamento encargado de rastrearlo se hicieron búsquedas exhaustivas y no se encontró ni el mas minino rastro. Quizás simplemente se agotó la magia que tenia, todos coincidieron en que sería imposible que alguien lo hubiese robado de Hogwarts y menos aun encontrándose siempre en la oficina del director.- Terminó Neville con el tono de un analista que esta dando un informe detallado.

Una voz en el pasillo anuncio que estaban próximos a llegar, una vez cambiados el tren detuvo su marcha y bajaron a la estación de Hogsmeade donde una bruja con un gran parche en el sombrero empezó a llamar casi a gritos.

-¡Los de primer año por aquí! Bienvenidos, soy la profesora Sprout, nosotros iremos en los botes,-indico una vez que tuvo a todos los alumnos reunidos- solo cuatro por bote.

Neville, Harry y Ron ocuparon lugares en uno y el resto de los alumnos los imitaron, cuando estaban por partir se aproximó la profesora Sprout llevando consigo un niña con el pelo pegado al cráneo y el resto del en una corta trenza.

-Aquí hay un lugar, querida toma asiento que ya nos vamos.-agrego ante la indecisión de la niña.

-Pasa- dijo Ron haciéndose a un lado para que la niña pudiese sentarse.- yo soy Ron- Agrego extendiendo su mano.

-Harry.

-Neville.- Agregaron los otros.

-Hermione- contesto la niña estrechando la mano del pelirrojo.

Una vez en el castillo la bruja los condujo hasta el vestíbulo de entrada frente a dos grandes puertas, al otro lado se oía un murmullo como si se llevaran a cabo cientos de conversaciones, dos hombres vestidos de blanco estaban ante las puertas con un pergamino en las manos.

-Los quiero formados en dos filas, aquellos que han recibido su implantación a mi derecha, el resto a mi izquierda, una vez implantados se les designara para su respectiva casa, ahora empecemos.

Siguiente Capítulo.

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