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Posts Tagged ‘Sirius Black’

Hugo y su padre caminaban por el pueblo a unos pocos kilómetros al poniente de Salisbury en el condado de Wiltshire, Amesbury que era como se llamaba la localidad, de pequeña población, era perfecta para sus planes inmediatos. Decidieron colocarse en un hostal a las afueras del pueblo, del lado opuesto de su destino real donde pasaron por turistas de vacaciones, el señor Tom era un medico retirado que con su risa amable, y una consulta gratuita sobre la calvicie del hostelero se ganó rápidamente la confianza de este.

Al día siguiente de su llegada se dedicaron a recorrer las ruinas de un campo fúnebre de la edad de bronce, según palabras de Hugo, nadie conocía de su paradero. El, le explico a Tom, valiéndose de algunos experimentos, lo ubicó en su “otra vida” como solía referirse a cualquier cosa de su pasado.

Estaba compuesta por escasamente dos tumbas pero la gran cantidad de objetos valiosos dentro de la cámara mortuoria revelaban que los ahí enterrados eran de la realeza o como mínimo pertenecientes a la alta aristocracia, caminaron hasta llegar a la que sin duda era la más importante de las dos, los grabados  a pesar del paso del tiempo y de las enredaderas que se habían apoderado del lugar, eran exquisitos y en su mayoría se encontraban ribeteados de oro, lapislázuli y algunos engastes de piedras finas.

-Muy interesante, pero lo de turistas es solo una pantalla por si no lo recuerdas, estamos aquí por asuntos más importantes que ver un par de estúpidas tumbas.- tronó Tom alzando cada vez más la voz.

Hugo lo ignoró olímpicamente adentrándose más en la tumba.

-Antes pensaba que cuando muriera me hubiese gustado que mis restos descansasen aquí.

-Todavía se puede- dijo Tom con mordacidad.

-Ja, ja que divertido- Hugo se detuvo frente a lo que parecía un altar con varias copas de oro adornadas con rubíes.

-He vuelto- gritó de repente.

Como respuesta las copas se tambalearon hasta caer al piso donde el sonido se acrecentó por el eco de la tumba.

-Excelente- pensó Hugo para despues dirigirse a Tom.

-Debemos conseguir el tributo para abrir el portal, despues regresaremos aquí, para conseguir un nuevo aliado.

***

Lentamente vació la poción en los labios inertes de Sam, su piel había perdido bastante color y se notaba marchita y traslucida. Ya habían pasado varios días desde que Tom lo había dejado, Bucky le llevaba puntualmente alimento para él y la poción restauradora para Sam.

El Profeta también era parte de la entrega diaria, donde cada mala noticia lo apuñalaba arteramente. El cazador había sobrevivido, aunque su rostro había sufrido bastantes estragos, probablemente causados por James, todavía era reconocible.

La gente lo tomaba como un héroe que había intentado rescatar al jefe de aurores y su esposa del enloquecido Sirius.

Peter había fungido como testigo, “James me llamó y yo solo atine a avisarle al segundo al mando en la oficina de aurores” Aquello era mentira por supuesto, James no había mandado ningun mensaje, ahora le quedaba bien claro quien había sido el traidor a la resistencia, y solo el recuerdo del juramento que había hecho a Tom le impidió lanzarse a la caza de Peter, pero lo peor llego dos días despues, ya bastante malo era saber que Ellie había desaparecido sin rastro, pero saber que Harry y algunos de sus compañeros de curso habían desaparecido de igual forma y dentro del castillo donde se suponía que debían estar a salvo acabó por desmoralizarlo. Desde entonces solo se había dedicado monótonamente a cuidar a Sam, permaneciendo horas a su lado, hablándole esperando una respuesta que sabía que no iba a llegar, hasta que el cansancio lo sucumbía y era despertado por Bucky, ansiaba el momento que regresara Tom y salir a luchar, a destrozar al maldito cazador y al traidor Peter, y sobre todo a intentar encontrar a Ellie y a Harry.

***

La habitación estaba exactamente igual a como Harry la recordaba, Ron y Neville habían aceptado de inmediato, cuando Harry y Hermione les propusieron acompañarlos para ver que había detrás de la puerta. La figura permanecía en las sombras aun, para Harry le parecía bastante raro que no se hubiese movido del mismo lugar donde se había quedado hace dos días, luego recordó que el tiempo no transcurría igual en esa habitación y que probablemente para el no habían pasado más que unos segundos desde que habían salido.

-Hola, hemos vuelto con las personas restantes como nos había pedido – dijo Hermione.

-Ya veo- dijo la sombra- ¿y los restantes están dispuestos a aceptar el pago que hay que hacer?

-Si nos explica esa parte del pago, estaríamos más tranquilos- dijo Neville.

-Bien, debo advertirles que una vez crucen esa puerta no habrá marcha atrás, una vez iniciada esta aventura deberán llevarla hasta el final, les guste o no.- la sombra hizo una pausa, como si intentase aclarar su ideas.

-Detrás de esa puerta hay cuatro habitaciones, que deberán ir sorteando una a la vez, lo que ahí encontrarán es producto de los muchos viajes de una de las fundadoras de Hogwarts, en cada habitación habrá una puerta idéntica a esa que lleva a la siguiente habitación, pero de igual forma que esas perillas son de humo para sus compañeros restantes, aquellas lo serán mientras no se ganen el derecho de pasar a la siguiente habitación. Cada habitación está equipada de diferente manera y está habitada por una persona elegida especialmente para instruir al guia que nos ayudara en esta cruzada.

-¿Que cruzada?- pregunto Ron.

-¿No los has puesto al tanto de todo?- preguntó la sombra dirigiéndose  a Harry.

-Yo, omití lo de los enemigos… creo

-¿Que enemigos?- pregunto esta vez Neville.

-No importa- dijo la sombra- solo deben saber que tiempos oscuros se acercan y que deberán estar listos para enfrentar a enemigos poderosos si quieren salir triunfantes de esto.

-¿Y porque nosotros? -Preguntó Ron- Digo no es que me asuste- agrego rápidamente despues de mirar discretamente a Hermione.

-¿No eres tu un Gryffindor? – dijo burlona la sombra, las orejas de Ron se mimetizaron con el rojo de su cabello- Sepan que la alternativa es esperar a que esos enemigos lleguen y los tomen desprevenidos, si ese es su gusto adelante.

La sombra dio tiempo para esperar una respuesta pero ninguna otra protesta apareció.

-Bien, como les decía, cada persona les ira dando un poco de ayuda e instrucción para salir bien librados de esto, deben recordar una cosa, no importa el tiempo que duren en cualquiera de las habitaciones, el tiempo no se moverá, pero en cuanto crucen una puerta, automáticamente habrá pasado un año en el mundo exterior, es igual si duran un milenio o quince minutos en lograr su objetivo, de igual forma habrá pasado un año.

-¿Quiere decir que tendremos -Harry hizo una pausa para contar mentalmente- quince años en cuanto salgamos de las habitaciones?

-Dieciséis, olvidas la puerta que debes cruzar para regresar aquí, en la cuarta habitación, encontrarán una puerta que los traerá de regreso hasta mí, y también encontraran el reloj.

-¿Reloj? –preguntaron todos al mismo tiempo, Ron soltó una risita nerviosa que no tuvo eco en sus compañeros, asi que mejor guardo silencio.

-Sí, el reloj que corre hacia atrás, es un artefacto muy raro y que solo puede ser usado una sola vez, puede regresar en el tiempo a una persona hasta donde esta lo desee y en el lugar que esta elija.

-De esa forma recuperaríamos el tiempo perdido- Dijo Hermione- pero eso no afectará a las demas personas.

-Sera como si nunca se hubieran ido- contestó la sombra.

-Entonces hagámoslo- dijo Ron.

Las perillas se materializaron en las manos respectivas, Harry conto hasta tres para sincronizar el movimiento, la puerta cedió y ellos entraron en la siguiente habitación.

***

Loria era una pequeña niña de 10 años, con un pelo platinado que le llegaba por debajo de los hombros. Le encantaba pasar el tiempo cazando mariposas y recolectando flores en el amplísimo prado a espaldas del convento, ahí fue donde conoció a Hugo un niño algunos años mayor que ella, el cual estaba de vacaciones con su padre que era doctor, pronto trabo amistad con él, Hugo era un chico especial, sabía hacer cosas sorprendentes, podía poner a bailar a las hormigas y lograr que las mariposas la cubrieran por completo haciéndole cosquillas. Hugo le dijo que su padre y el estaban planeando una excursión a las grandes rocas a la salida del pueblo por si quería acompañarlos.

-¿Excursión?, pero si las rocas están a quince minutos del pueblo y eso a paso lento.- dijo la niña –eso no es una excursión.

-Pero pondremos un mantel en el suelo y comeremos bocadillos además de quie te enseñare unos trucos nuevos, ¿Qué dices?

-Claro, mis papas me dejan ira a donde sea, siempre y cuando regrese antes de que anochezca, Amesbury es un pueblo muy chico y casi todos nos conocemos.

Quince minutos despues, en compañía del papa de Hugo “llámame Tom” había insistido, subían la pendiente que los conduciría el montón de rocas. Para Loria las rocas no eran ninguna novedad, las veía más de tres veces por semana, asi que espero afuera del círculo mientras Hugo y su padre se dirigían a lo que llamaban “el altar”

De reojo vio que Tom sacaba un palito, a lo lejos un trueno retumbo en el cielo, por alguna razón Loria se empezó a sentir inquieta. Decidió que iría a decirle a Hugo que se iba a casa, amenazaba tormenta y su madre no quería que ella estuviese fuera. Se acercó y descubrió que Hugo y su papa habían desaparecido, se fue acercando más y más hasta el altar que es donde los había visto por última vez, quizás estuviesen tendiendo el mantel, a lo mejor y hasta le daba tiempo de tomarse un bocadillo, la sonrisa de este pensamiento se quedó grabada en su rostro mientras sintió que caía sobre el altar, algo pegajoso y caliente escurría de su cuello y manchaba el altar el cual empezó a brillar y a moverse lentamente revelando una escalera y un agujero negro y profundo, y a pesar que los ojos de Loria estaban fijos en el Loria en realidad ya no veía.

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-Sirius, despierta, despierta de una maldita vez.- El continuo zarandeo sobre su hombro y la voz que lo conminaba a despertarse fueron sacando de su estupor poco a poco a Sirius.

Esta vez la pesadilla había ido muy lejos, y había sido tan vivida, tan real. Profirió un prolongado bostezo mientras estiraba ambos brazos cuando reparo que se encontraba acostado sobre una superficie dura y fría, estaba dormido en el suelo y la voz, era de..

-Rápido, ya hicimos lo que pudimos Bucky y yo, ahora solo queda esperar, la chica está muy mal Sirius, pero el producto tiene bastantes posibilidades si mantenemos viva a su madre artificialmente.

-La chica,… producto… las palabras entraban en los oídos de Sirius pero algún defecto en la maquinaria lograba que pareciese que lo escuchaba todo en otro idioma, y de pronto la verdad le cayó como un balde de agua fría, terminando con su adormecimiento, la chica era Sam y… -¡James!- exclamó, lo deje solo contra ese maldito, debo ir.

El brazo de Tom lo sujeto de manera firme pero no agresiva, y clavó sus ojos en Sirius, unos ojos que no transmitían buenas nuevas.

-No hay nada que puedas hacer ya. Bucky tráelo.

El elfo acudió solicito y dejo sobre las manos de Sirius un ejemplar del Profeta de ese día, el rostro sonriente de James Potter taladró la vista se Sirius, leyó varias veces el titular de la nota sin poder dar crédito a lo que decía.

-¡VOY A MATAR A ESE MALDITO!- e hizo ademán de desaparecerse, sin lograrlo, el aire parecía solidificarse a su alrededor.

-¿Qué demonios pasa con este lugar?

-Hechizo de anti desaparición,- dijo tranquilamente Tom.

-Pues levántalo, que  me voy a cargar a ese maldito auror, le voy a arrancar el hígado y le voy a obligar a comérselo.

-No puedo.

-¿Cómo que no puedes? Hazlo, ¡AHORA!- Sirius había tomado a Tom por las solapas de su túnica.

-No puedo, nadie puede desaparecer y aparecer en Hogwarts, excepto los elfos.

-¿Estamos en Hogwarts? Tengo que ver a Harry, pobrecillo, mi ahijado debe estar destrozado, ¿Cómo salgo de aquí?

La mirada de Tom, mitad exasperación, mitad pena se mantuvo unos segundos sobre Sirius antes de dirigirse a Bucky.

– Dile lo que escuchaste esta mañana.

-El ministerio está en Hogwarts, tienen la varita del señor Black en su poder, con ella hicieron el conjuro que acabó con el Sr. Potter, yo mismo lo escuche del ministro, están preparando todo  para salir a cazarlo por el asesinato del Sr. y la Sra. Potter. Solo esperan que el chico Potter identifique la varita del Sr. Black.

Sirius reparó en la varita que tenía en la mano, era la de james, James se la había dado para desparecerse con Sam, ¡Sam!

-¿Cómo esta ella?- preguntó a Tom, momentáneamente olvidando su idea de desaparecer en busca de Harry.

-Mal, no te voy a mentir, las heridas que tiene son heridas malditas, incluso con la magia de Bucky y la mía apenas hemos podido contener la hemorragia y mantenerla estable, pero necesitaremos suerte si queremos salvar al bebe.

-¿Bebe?

-Tiene 4 meses de embarazo, ¿no lo sabias?

-Yo, no… – Sirius solo atinaba a balbucear, las cosas se sucedían una tras otra sin darle respiro sus amigos muertos, su novia moribunda, su ahijado en peligro sin duda, quizás su hermana también, Remus, el maldito asesino de Sam, y el maldito auror que los había metido en este embrollo, y ahora iba a ser padre, era demasiado, se sujetó la cabeza presionando duramente las sienes sintiendo que le iban a estallar.

Tom conjuró una silla y lo obligo a sentarse, con otra floritura apareció una copa rebosante de una poción azul brillante. –Toma, te hará bien- Sirius la bebió de un solo sorbo, como un sediento en un oasis.

La habitación pareció iluminarse un poco y los pensamientos parecieron sujetarse, de repente se sintió más sereno, más fuerte y decidido.

-¿Qué haremos ahora?

-Creo que llegó el momento de hacerle frente a Dumbledore de una vez por todas- dijo Tom.

-Pero James…

-James conocía las consecuencias, vamos Sirius ¿Qué esperabas que hiciera Dumbledore cuando nos descubriera? Menearía la cabeza y diría “Vaya que han sido traviesos muchachos, ya no lo vuelvan a hacer” Esto es una guerra, y en las guerras hay bajas ahora lo que debemos hacer es estar unidos y contraatacar. Tengo una idea en que puedo ganar y es factible lograrlo, pero necesito irme del país un tiempo para poder encontrar lo que busco.

-¿Y que excusa darás en Hogwarts?

-Creo que no te has puesto al tanto de todo, ayer tuve un enfrentamiento con una legión de aurores afuera de nuestro cuartel, lo demolieron con algún artefacto muggle, yo conseguí escapar, pero…- La voz se le quebró a Tom por un instante –Pero no estoy seguro de la suerte que corrió Bella, quizás si se desapareció a tiempo y está escondida, asustada en algún lado. Varios de ellos me identificaron, asi que mi regreso a Hogwarts está descartado. Saldré y encontraré lo que necesito, tú puedes quedarte aquí  al cuidado de Sam, Bucky les proveerá para ustedes lo que necesiten y se encargara de los cuidados de Sam. Tu vendetta personal deberá esperar un poco, piensa que si eres atrapado o eliminado, no tendrás tiempo de poner a salvo a tu hijo.

 -Yo… no lo sé, creo que lo pensaré, tendré tiempo para pensarlo.

-¡NO! -Tronó Tom enojado, desconcertando a Sirius, una mota de rojo había cubierto sus ojos por un instante.

-No más quizás, no más indecisiones, estoy por arriesgarlo todo y pido, no, exijo que tu hagas lo mismo, no quiero que te capturen y me delates.

-Yo no haría eso, no soy un soplón.

-Hay muchas formas de obligar a un hombre a que hable, ¿Qué harías si tienen al hijo de tu amigo capturado, que harías si tienen a Harry?

La sombra que cruzó el rostro de Sirius lo delató totalmente, el adoraba a su sobrino, daría su vida por él, del mismo modo que la hubiese dado por su padre.

Tom se acercó a Sirius y coloco una mano sobre su hombro, su enojo parecía haber desaparecido y hablo con voz tranquila pero firme.

-Entiéndeme, nos estamos jugando todo, no te pido que no te vengues, solo que me des el tiempo suficiente para tener las cartas del triunfo en nuestras manos, no estamos luchando solo por nosotros, ¿lo comprendes, verdad?

Sirius asintió con la cabeza un par de veces, Tom tenía razón, lanzarse al ataque como un toro de lidia era un grito para que lo mataran, y ahora iba a ser padre…

-Creo en ti Sirius, pero necesito estar seguro. Te pido que hagas el juramento inquebrantable.

Sirius vio sus opciones por unos instantes y despues exclamó

-De acuerdo.

Bucky sirvió como testigo mientras Sirius de rodillas le daba la mano a Tom.

-¿Juras jamás delatarme ante ninguno de mis enemigos?

-Lo juro

Una fina cuerda de fuego surgió de la varita de Tom entrelazando ambas manos

-¿Juras no levantar tu varita para traicionarme o lastimarme?

-Lo juro

Una segunda cuerda de fuego surgió de la varita de Tom aumentando el grosor del lazo.

-¿Juras seguir todas mis órdenes?

Sirius titubeo, ¿todas sus órdenes? Seguro se refería a lo que le había dicho de no abandonar la cueva y no emprender una venganza en su ausencia, pero… ¿y si no?  La sensación de decisión que le había dado la poción se hizo manifiesta de nuevo y argumento de forma poderosa, Es el mago que salvó a tu novia y a tu hijo, es el mago que conquistara a Dumbledore y acabara con este maldito régimen. Sirius ya no dudo más.

-Lo juro.

Una última lengua de fuego mucho más gruesa ató ambas manos, sellando el juramento y el destino de Sirius Black.

***

La celda era estrecha y fría, los recuerdos se agolpaban continuamente, los ojos de Molly cuando lo inmovilizaron en la entrada de su casa, la tristeza mezclado con el horror que había en ellos. El fantasma de la puerta del departamento de misterios abierta saliendo de su varita, el detonador que había desaparecido de su escritorio, y que creía estaba en el cajón de sus “tesoros”, como le llamaba al cajón donde guardaba todos sus artefactos muggles. Una leve sonrisa apareció en su rostro al rememorarlo e inmediatamente una niebla se introdujo por las rejillas trayendo de nuevo el pesar y el desconsuelo. ¿Cómo había podido ser tan tonto para confiar en Robards? Había dado su varita. “Aquí tienes la mía Arthur, ¿ves como no hay desconfianza? Solo es una pequeña travesura insignificante pero que me conseguirá un puesto más alto y cuando yo esté ahí, no me olvidare de ti Arthur, yo te ayudo, tú me ayudas, y asi sucesivamente ¿Qué te parece eh?”

La niebla desapareció de repente y Arthur tuvo tiempo para reconfortarse un par de segundos antes que los aurores entraran a su celda. Sin mediar palabra lo sujetó cada uno por los brazos y lo condujeron fuera de la celda

-¿A dónde me llevan?

-Silencio- dijo el hombre apuntándole con su varita acallando al instante a Arthur.

Las cadenas de la silla se enroscaron en sus muñecas y tobillos lastimándolo, el pleno del Wizengamot se encontraba frente a él y sobre su estrado el Mago Blanco le miraba detrás de sus espejos de media luna.

-Arthur Weasley, se encuentra aquí acusado de vandalismo en una localidad muggle, ¿Cómo se declara?

-Inocente. Pronunció claramente  Arthur, se sentía mucho mejor fuera de las celdas y lejos de los dementores aunque tuviese a todo el Wizengamot sobre él, como dicen los muggles “la verdad surgirá”

El ministro extrajo una varita de una caja y se la mostró a Arthur.

-¿Es esta su varita Sr. Weasley?

-Si- Respondió Arthur, su voz sonó un poco menos firme esta vez.

-¿Está consciente de que la varita demostró que con ella se abrió la puerta del departamento de misterios?

-Si-. Ahora Arthur temblaba visiblemente.

-Brujas y magos del Wizengamot, creo que podemos pasar a una votación, los que estén a favor de liberar al acusado levanten su mano- el pleno del Wizengamot permaneció inmóvil un par de segundos mientras el ministro los recorría con la vista.

-Los que estén a favor de que el acusado es culpable.- las manos se elevaron al unísono sentenciando a Arthur.

-Bien, originalmente esta corte había pedido para el acusado que fuese Besado ya que no deseamos practicas tan aberrantes como las que los muggles practican, Arthur no pudo evitar estremecerse ante la mención del castigo, pero como su infortunado ataque tuvo la inesperada casualidad de descubrir una guarida de rebeldes disidentes se ha decidido atenuar los cargos. Arthur suspiró relativamente aliviado, uno o dos años serian duros, pero no el fin del mundo.

-Al acusado se le condena a 15 años en la prisión de Azkaban, sentencia que cumplirá de inmediato.

Arthur quiso protestar pero fue acallado nuevamente por uno de los aurores que lo habían escoltado, lo condujeron fuera de la corte entre sollozos y quejidos mudos.

-Silencio, deja de lloriquear como bebé, Robards nos dio un mensaje.

“Tranquilo, No me he olvidado de ti”.

***

-Ya le dije que mi padre no sería capaz de hacer algo asi.- Dijo Fred

-Además  ¿Qué ganaría con ello?- Secundo George.

-Aquí las preguntas las hago yo jovencitos, asi que más vale que moderen su lenguaje.- El auror levanto su varita ligeramente orientada hacia los gemelos, estos entonaron los ojos, desafiantes ante lo que consideraban una injusticia.

-No creo que la Directora o el Ministro aprueben que al regresar encuentren a dos estudiantes hechizados por un auror- dijo Snape de manera lenta.

-Severus tiene razón. –Dijo Frank tomando el brazo de su compañero,- Déjame esto a mí.

-No hará ninguna diferencia, no hay nada que contar, dijo Ron, el cual mantenía su cabeza baja y no había hablado desde que la directora se había llevado a Harry.

-Bien, te creo. Pero quiero que piensen esto, su padre está detenido por que todas las pruebas indican que él es el causante o en su defecto el autor intelectual de la explosión. No descartamos que haya tenido un cómplice, y si ese cómplice aparece y él fue el que detono la bomba, lo cargos más graves serian para él y no para su padre, ¿comprenden?

-Mi padre no tiene un cómplice, porque él no es responsable de esto.

-Su varita probó haber hecho los hechizos y él estaba en posesión del detonador de la bomba, y ya ha sido descartado que este bajo el influjo de algún Imperius, esas son las pruebas del Wizengamot, y ¿crees que con simplemente negarlo lo vas a ayudar? No los juzgo, como no juzgo a su padre, no es mi responsabilidad. Mi deber es averiguar que pasó, si eso exonera a su padre, bien, y si lo inculpa, también. Pero se habrá hecho con justicia ¿de acuerdo?, siguiendo las leyes que nos rigen y en las que se basa nuestra sociedad, asi que si ustedes creen que hay algo que no hayan tomado en cuenta, cualquier cosa que de momento no se acuerden, háganmelo saber.

-Está bien- dijo Ron, los gemelos no contestaron.

Los aurores se encaminaron a la puerta, Frank se detuvo y dijo a su compañero.

-Adelántate un momento.

-Sabes que el interrogatorio debe ser con ambos, Frank.

-Sí, pero no te necesito para regañar a mi hijo porque saco una mala nota ¿de acuerdo?- dijo Frank mientras hacia una seña a Neville para que fuera hacia él

-Oh, eso. Bien te espero en la salida. No tardes.

-Será solo un momento.

Una vez que estuvieron a solas, Frank hizo una floritura con su varita para evitar que los oyeran.

-Necesito tu ayuda hijo, quiero que averigües si hay algo más en este caso, con los chicos de acuerdo.

-No seré tu soplón.- dijo Neville enojado.

-Sí, lo serás, porque aquí hay algo muy raro, estoy seguro que le tendieron una trampa a Weasley y cayó como conejo.

-Entonces ¿Crees que es inocente papá?

-No lo aseguraría, pero tengo una corazonada y mis corazonadas suelen ser buenas, asi que ¿Qué dices? ¿Me ayudas?

-Si es por esa razón, con mucho gusto.

-Se cuidadoso, no quiero que ellos piensen lo contrario y se cierren más aún, están lastimados y heridos, asi que ve con tiento.

-Sí señor.- dijo Neville, la frente de Frank se arrugó un poco al verlo, ya no era el niño aquel que cargaba y sentaba sobre su rodilla, pronto estaría en la adolescencia y seguro que sería un galán entre las chicas, sin pensarlo Frank abrazó a su hijo estrechándolo fuertemente.

-Te quiero hijo.

-Y yo a ti papa.- dijo Neville desconcertado, las demostraciones amorosas con su hijo no eran comunes en Frank Longbottom.

En muy poco tiempo Frank agradecería haber tenido ese gesto amoroso con su hijo.

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El momento de duda pasó, Sam corrió hacia la sala intentando volcar las cosas que estaban en su camino para obstaculizar el paso a la bestia que se había introducido en su casa, sentía su corazón acometer furiosamente su pecho, como si le hubiesen salido pies e intentase escapar a la carrera de la bestia, dejando sola atrás a la pobre Sam, la idea le hizo soltar una carcajada histérica mitad sollozo mitad grito al momento de cruzar la puerta batiente de la sala.

Un reflejo le hizo, de un manotazo, encender la luz de la sala mientras el lobo soltaba otro aullido poderoso, la puerta batiente fue arrancada de sus goznes gracias a un poderoso empuje del lobo, el cual no bien puso un pie en el dintel retrocedió aullando mientras un olor acre como a carne quemada inundaba el ambiente.

El lobo se había quemado con el piso de alguna forma, y parecía haber perdido todo su instinto asesino mientras se encorvaba a oler la puerta, el dintel parecía brillar de forma extraña, según le pareció a Sam y eso había hecho que se quemara el lobo, una serie de pensamientos cruzaron a la velocidad de la luz por la mente de Sam, recordó las películas de serie B que había visto sobre hombres lobo, la plata dañaba a los hombres lobo, y el dintel parecía de plata. ¿Había gastado ella en colocar dinteles de plata en sus puertas? Lo dudaba, pero… parecía brillar tanto, un rápido recorrido por la sala le envio mas destellos a sus ojos, varios marcos para fotos, un jarrón, una estantería llena de pequeñas figuras, de repente parecía la sala de un chiflado coleccionista de artículos de plata y, a pesar del peligro, pugno por recordar cuando había adquirido esos artículos… Nada, no recordaba en absoluto, pero maldita la importancia que tenía aquello ahora, tomo uno de los marcos con fotos, donde estaba ella sentada en una moto, (Vaya parece que también manejaba motocicletas) y lo lanzó con un estilo de frezzbe, el marco impactó sobre la ceja del lobo dejando la marca de una quemadura en diagonal sobre esta, haciendo un sonido seseante, como el de un trozo de carne especialmente jugoso que es restregado contra el fondo de una sartén caliente, el lobo aulló de dolor, pero el golpe, más que lastimarlo, pareció eliminar su indecisión, traspasó el umbral de la puerta teniendo especial cuidado en no rozar el dintel de plata, el gruñido surgió bajo desde su pecho pero iba ganado fuerza a cada paso, mientras el vello detrás de su nuca se erizaba cada vez más haciéndole ver más grande de lo que era.

Desesperada Sam lanzo una estatuilla, pero el nerviosismo hizo que su tiro saliese desviado, el lobo ni siquiera se inmutó manteniendo fija la vista en ella y enseñando los brillantes colmillos, la señal de amenaza era inminente, y Sam decidió que si no hacía algo estaba perdida, detrás de ella estaba un estante con varias de las estatuillas quizás podría echárselo encima al lobo y quizás podría aprovechar su distracción para… ¿Para qué?, no creía que pudiera ganar corriendo contra esa bestia, la distracción le daría unos pocos segundos pero nada más, sus ojos se movieron frenéticos alrededor de la habitación y se permitió un microsegundo de alivio cuando vio un escudo de armas atravesado por sendas espadas en cruz, apostaría su vida, (de hecho la iba a apostar) a que también eran de plata.

Entonces era un plan, echaría el estante encima del lobo, lo que le daría tiempo para coger el escudo y la espada (gracias a quienquiera que lo haya puesto ahí) y hacerle frente a la bestia, lo peor de estar hasta el cuello en una mala situación, era estarlo y además no tener un plan. Hizo un mohín divertido y su carácter, el carácter que le hizo a Sirius acercarse a ella, salió a relucir.

-Ven por mí… Hijo de loba.

***

Ambos chivatoscopios sonaron de forma estridente, lo hicieron con una diferencia de unos pocos minutos, minutos que decidirían el resto de sus vidas, (o el resto del tiempo que les quedara de vida), pero respondían al mismo hechizo, estaban conectados con personas específicas, el de Sirius le alertaba de cualquier peligro que amenazara a Sam y el de Lily le avisaba cuando su marido se metía en un grave peligro, al menos más grave de lo que suponía su trabajo como auror, eran los avisos de peligro de muerte.

El de Sirius se activó justo cuando Sam encendió la cerilla y giraba la manivela de gas, para su infortunio tomo a Sirius en la segunda planta lo que le quito un minuto de tiempo al desaparecerse hacia la casa de Sam, pero a veces un minuto es demasiado tiempo.

En cuanto oyó el ruido Sirius se desapareció directamente hacia la sala de Sam a tiempo para ver una garra ensangrentada, a Sam de rodillas mientras un brazo humano yacía tirado en el suelo y un olor acre a carne quemada llenaba el ambiente.

El de Lily sonó cuando James oyó la advertencia desde fuera de la casa y le dio tiempo para desaparecerse junto con Ellie hacia la casa de Severus, al cual no vio por los segundos de precaución que Snape tomo al ver el resplandor que predominaba en su casa debido al patronus convocado por Lily, apareció en la sala de Sirius justo detrás de su marido el cual se movía en un ágil salto para esquivar una maldición asesina dirigida a él, la maldición impactó en Lily justo cuando Snape ingresaba a su casa, y a Lily le dio tiempo aun de pensar en que había dicho “adiós” en su mensaje a Severus, aún se preguntaba si debió haber dicho “volveré pronto” mientras caía ya privada del halito de vida.

***

Sam empujó el estante en el momento en que el lobo se abalanzó sobre ella, alcanzó a tener un momento de júbilo rabioso mientras veía como el lobo se retorcía de dolor al contacto con las estatuillas de plata, de dos saltos llego hasta el escudo, la espada salió fácilmente, pero el escudo parecía estar sujeto sobre algún gancho, si hubiera tenido más tiempo o si hubiese sido unos centimetros mas alta (como Sirius) lo hubiese podido descolgar con facilidad, pero no tenía tiempo asi que empuño la espada y volteo hacia el lobo que ya se había desembarazado de las estatuillas y se impulsaba con su garra izquierda dispuesto a partir en dos a su enemiga, la hoja de la espada centelleo en un movimiento contrario al de la garra del lobo, cortando de tajo por encima de donde un hombre tendría el codo el brazo del lobo, el grito – aullido fue desgarrador, Sam giro para intentar huir… y ese fue su error, la garra derecha del lobo con uñas filosas cual cuchillas giraron de lado a lado sobre la espalda de la chica desgarrando carne y músculos, alcanzando la más larga de ellas a romper parte del hueso de alguna vertebra de la espalda baja, un –Oh- de sorpresa se dibujó silenciosamente en el rostro de Sam, el cual fue perdiendo su color mientras caía de rodillas y despues se desmadejaba dejando caer la espada con un golpeteo mudo contra la alfombra mullida, no hubo dolor, solo una sensación de vacio, el aire, la luz, la vida se le escapaban en forma de sangre a través de unos tajos en su espalda, y a cambio le traían el vacio y la oscuridad.

***

El rostro de Sirius se contrajo en una mueca furiosa, su llegada antecedió a la de James por segundos, segundos que bastaron para que dejara salir el furor en forma de hechizos contra el lobo mutilado que lamia ahora la sangre de la garra, ahora el muñón cauterizado por la plata.

-Desmaius- grito Sirius, temblaba de pies a cabeza de rabia e indignación, la cual aumento cuando vio que el lobo intentaba huir.

El lobo razonaba lo poco que su entendimiento le daba, su enemiga estaba eliminada, y si le había causado dolor, en ese momento en que sintió su brazo desprenderse su instinto decidió que si daba oportunidad a su enemiga ella culminaría su obra y lo eliminaría definitivamente, por lo que haciendo un esfuerzo logro atacarla con su otra garra.

Ahora que ya no había peligro, aparecía otro ser, pero de este no sabía nada, excepto que estaba furioso de alguna forma contra él, pero él no era su enemigo, y él se encontraba lastimado por lo que era mejor huir, sabía que huyendo el peligro quedaría atrás.

-De mi huyes cobarde- grito Sirius- pero a ella si pudiste matarla monstruo asqueroso. Voy a hacer lo que debí hacer hace mucho tiempo.

Levantó su varita apuntando cuidadosamente para no fallar. –Avada Kedabra– un sonoro “crack” a su lado lo distrajo en el último segundo y la maldición no impacto al lobo por milímetros.

-Detente Sirius – grito James.

-Apártate James o vas a correr la misma suerte- gritó un enloquecido Sirius que nuevamente apuntaba su varita al lobo.

Avada

Expelliarmus– gritó James y la varita de Sirius se arrancó de sus manos describiendo un arco y yendo a caer junto a la repisa que había volcado Sam.

El lobo no espero explicaciones y rompiendo una ventana escapó hacia la calle.

-¡Nooo!– Gritó Sirius –tu maldito lo dejaste escapar- se dirigió hacia James que estaba arrodillado junto a Sam

-Aún está viva, tiene pulso y respira aún al menos- dijo James mientras intentaba con su varita sellar las heridas de Sam.

Todo sentido de pelea murió en Sirius al instante para correr al lado de Sam y James.

-Tienes que llevarla con Tom, rápido, sin tiempo que perder- le dio su varita y una mirada de Sirius le indicó que parecía querer hablar.

-Despues, sálvala, yo tomare tu varita.

Sirius desapareció con Sam cuando tronó la voz en el exterior.

-Por orden del ministerio de magia quedan los presentes en esta casa quedan arrestados.

-El- James cubrió de una zancada la distancia hacia la varita de Sirius y la apuntó hacia la bombilla del techo con lo que la habitación quedo en penumbras, débilmente iluminada por la luz de la luna que parecía sonreír desde la ventana rota.

-Soy James Potter jefe de la oficina de aurores y esto es una escena del crimen, quienquiera que sea (por supuesto que sabía quién era) puede entrar caminando (hizo énfasis en esta palabra) con las manos en alto y sin varita.

-Lo siento James- dijo una voz a su izquierda, -pero esta vez no pondrás tú las condiciones.

La maldición asesina y el “crack” que sonó detrás de James al lanzarse fuera de la trayectoria de la primera fueron simultáneos.

Haciendo gala de su flexibilidad James volvió el rostro en el aire justo a tiempo para ver a la recién llegada Lily recibir el impacto de la maldición asesina, el tiempo pareció detenerse mientras el cuerpo de Lily caía como flotando hacia el suelo como un títere cuyas cuerdas han sido cortadas.

El grito mudo de dolor permaneció marcado en su rostro mientras una sonrisa baja se oyó.

Parecía llegarle a James desde muy lejos, en forma inconexa, el mundo no podía seguir girando si Lily había caído sin posibilidad de volver a levantarse, una sola lagrima cayo de sus ojos deteniéndose parcialmente en el arco inferior de sus anteojos como negándose a caer y morir de la misma forma que James se negaba a aceptar lo ocurrido, la voz llego más clara esta vez y le quemó los oídos cual acido corrosivo aumentando una rabia, que hasta ese momento, James Potter no había conocido.

-No te lamentes, en pocos segundos te reunirás con ella.- apuntó cuidadosamente su varita a James mientras se acercaba un poco, James parecía fuera de este mundo y muy pronto lo estaría reprimió la sonrisa que pugnaba por salir en su rostro, era más prudente esperar hasta haber finiquitado el asunto, lo que no era prudente fue el haber esperado tanto, James reaccionó con velocidad desplazo su pierna al ras del suelo desequilibrando al cazador a la vez que con la varita de Sirius lo desarmaba.

El cazador cayo golpeándose el torso contra la estantería privándole del aire de los pulmones por un momento y haciendo que en su vista estallaran millones de luces brillantes, para cuando recupero el control de sus ojos James le apuntaba la varita a la cara, su propia varita parecía haberse perdido en algún lugar de la desordenada sala, una espada sobresalía a unos metros pero James podría matarlo cuarenta veces antes de que pudiese alcanzarla, bien esto era el fin.

-La mataste, maldito- dijo James con una voz baja y peligrosa- Y ahora lo vas a pagar- acercó su varita a la cara del cazador de la cual salieron chispas iluminando la cara del cazador… y haciendo estallar el gas que se colaba ahora libremente desde la cocina.

La explosión envió a James volando hasta el otro lado del salón y haciéndole una fea quemadura al cazador en la parte derecha de la cara, la sangre escurría libremente y el colgajo en que se había convertido su parpado parecía fundirse con la mejilla, del ojo ni rastro había quedado.

El cazador se levantó pesadamente, el impacto había hecho a James perder la varita y el conocimiento.

-Eres afortunado James Potter, pasaras al otro mundo en el dulce sueño de los inocentes, te despertaría para que sufrieras algo más, si no fueras tan peligroso. El cazador tomo la varita (la de Sirius) y sin ceremonia alguna escupió de ella una luz verde que atravesó el cuerpo de James Potter.

***

Los dioses o quienquiera que se encargara de regir el universo parecían haberse puesto de acuerdo para fastidiar a Sirius Black esa noche, con Sam en brazos y con los ojos atónitos contemplo el edificio donde se asentara el cuartel general de la resistencia… demolido hasta sus cimientos, apenas una montaña de escombros llameantes. La esperanza se fue de su mente y las fuerzas abandonaron su cuerpo, la negrura de la locura probablemente vendría en su ayuda, ya la sentía sobre el. Solo que la negrura estaba acompañada de un rostro y de unos brazos que lo sujetaban.

-Vámonos Sirius atenderemos a tu amiga, Bucky.

-No se preocupe amo-chilló una voz de elfo- yo los llevare.

***

La mañana estaba radiante, había disfrutado de una cena opípara y un festejo espectacular, incluso el ministro de magia había estado presente en la cena del colegio, con una sonrisa en su rostro todo el tiempo, y ahora amanecía a un día esplendoroso y en unas horas estaría asombrando a todos en el campo de quidditch, Harry estaba seguro, este seria uno de los mejores días de su vida.

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