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Posts Tagged ‘Relatos’

Los días se sucedían uno tras otro, aunque no con la fluidez con que recordaba, parecía que el sol no sentía la necesidad de ocultarse tanto como en el mundo exterior, por lo que los días parecían eternos en aquel lugar, mientras las noches pasaban como un suspiro. El clima permanecía impertérrito, aquel aire estival, que se sentía sin oírse, seguía soplando su cálida brisa y apenas si refrescaba por las efímeras noches.

El entrenamiento era, si bien muy exigente, bastante rutinario, corrían todas las ¿mañanas? Por un tiempo indefinido, pero de alguna forma aquel chico sabía exactamente el momento para decir basta, quizás contaba con algún reloj adecuado para esa habitación. El desayuno se componía invariablemente de las frutas que recolectaban del bosque despues de correr, lo que logró que los primeros días desayunasen lo que había en los arbustos más bajos, ya que no había fuerzas para trepar a los arboles donde se adivinaban las frutas más apetitosas y aquel chico se rehusaba a proveerles más comida de la que ellos pudiesen recolectar. Una vez terminado el desayuno seguía la invariable lección de pociones, puesto que Ryujan no era un mago, lo único que podían obtener de magia de él eran los libros que se encontraban en el segundo piso de sus habitaciones. Había ahí una gran colección de libros y un estante que, según sus propias palabras, le había regalado la señorita Helga, el cual parecía no vaciarse nunca de los ingredientes para las más diversas pociones.

Durante ese tiempo el joven solía ausentarse, más de una vez Hermione lo había visto dirigirse al bosquecillo en el que se adivinaba la silueta de un pequeño lago. El resto del día consistía en practicar su resistencia muscular con ejercicios raros en una sola postura pero que exigían un considerable esfuerzo, aunque a Neville parecían no serle desconocidos.

Cuando la luz menguaba en lo que podía llamarse el atardecer generalmente Ryujan encendía alguna fogata en la que colocaban algunos pescados atrapados en el lago, también por regla general estas cenas estaban acompañadas de un silencio incómodo, ya que ninguno de los que estaban ahí parecía ganar algún premio por ser un buen conversador, y la única vez que Harry había preguntado cómo había conocido a Helga Hufflepuff, Ryujan lo había ignorado olímpicamente para dirigirse a su habitación. Sin embargo Hermione decidió intentarlo de nuevo.

-¿Por qué haces esto?- le pregunto sin más mientras comían.

-¿Entrenarlos? Porque es lo que la señorita Helga me pidió que hiciera.

-Si pero, esperar mil años dentro de este lugar solo para eso me parece bastante…- Hermione no estaba segura de la palabra con la que podía definirlo pero Ryujan le evito la incomodidad interrumpiéndola.

-A veces uno debe hacer las cosas porque no hay nadie más quien las pueda hacer. En mi pueblo mi padre era el mejor maestro y yo había aprendido y dominado todas sus técnicas a muy corta edad. La señorita Helga me encontró cuando fue a buscar a mi hermana, y a pesar de que ella era especial fui yo el elegido para esta misión.

-¿Especial? ¿Quieres decir?

-Como ustedes, ella podía hacer magia.

-¿Y qué fue de ella?- pregunto Harry, al parecer los demas habían seguido el hilo de la conversación.

-¿Qué crees que le pasa a las personas una vez que han pasado mil años?- pregunto Ryujan en tono hosco.

-Cierto, perdón, pero me refería a durante, el tiempo que vivió.

-La señorita Helga le ofreció un lugar en su escuela, donde aprendería a dominar la magia, pero ella lo rechazó, nuestra familia se hacía cargo de Kamigawa desde que el primer antepasado nuestro estuvo ahí, los hombres se dedicaban a entrenar guerreros y las mujeres eran las curanderas del pueblo, no podíamos dejar de lado esa responsabilidad, asi había sido siempre, hasta que yo rompí la tradición. Mi padre estaba furioso cuando le dije que iba a ayudar a la señorita Helga, pero yo había tomado una decisión, asi que partí y unos días despues estábamos ingresando por esa puerta de dos perillas y..

-¿Dos? La nuestra tenía cuatro- dijo Ron.

-Es obvio, la puerta aparece con la cantidad que se requiere para entrar Ron- contesto Hermione con tono condescendiente, y se volvió hacia Ryujan ignorando la probable replica que Ron estaba a punto de pronunciar.

-En realidad no lo sé- dijo Ryujan- pero aún recuerdo esas perillas con la consistencia del humo que por un momento crees que no vas  a poder tomarlas hasta que lo haces. La señorita Helga construyó este lugar y hechizo las plantas y los estantes para que nunca faltase comida o ingredientes, también le hicieron algo a la habitación, por eso los días duran tres veces más y el aire es más pesado.

-También creo eso- dijo Ryujan despues de una pausa señalando hacia el bosquecillo.

-¿Que hay ahí?- pregunto Hermione.

-Kamigawa- contesto Ryujan levantándose- y creo que ya va siendo hora de que lo conozcan.

Caminaron hacia el bosque sin decir una palabra, las sombras del atardecer se iban haciendo más oscuras y cuando llegaron a la orilla del lago la noche era plena sin embargo el lago parecía estar indeciso ya que, mientras la mitad más cercana a ellos se encontraba sumida en sombras, la mitad más alejada parecía ser mediodía de un día de otoño, las hojas de color oscuro decoraban un caminillo de piedras en el que se adivinaban apenas unos pocos edificios que parecían abandonados hace siglos.

-Eso que ven ahí es Kamigawa tal como está ahora, a través de este lugar he podido observar a la gente ir y venir a lo largo de mi estancia aquí, o al menos de algún tiempo de mi estancia, por algún motivo, la gente empezó a dejar de venir a los templos, poco a poco el lugar se ha ido quedando vacio.

-¿Esos son templos?- pregunto Harry

-Son los templos de los antiguos dioses de Kamigawa, los dragones imperiales, espíritus muy poderosos que protegían el plano físico de las amenazas del mundo espiritual. Eran 5, El Dragón Azul  Keiga, la estrella de la marea, Guardián del mar, de las criaturas marinas y del tiempo.  El Dragón Blanco Yosei, la estrella de la mañana, Guardián del día, de las criaturas aladas y de la energía del sol. El Dragón Rojo  Ryusei, la estrella fugaz, Guardián de los seres terrestres, de la fuerza interna y del poder. El Dragón Verde  Jugan, la estrella ascendente, Guardián de la naturaleza y de la energía vital. Y por último el Dragón Negro Kokusho, la estrella del atardecer, Guardián de la noche y la obscuridad, amo y señor de la muerte.

-Cada uno de ellos representa la parte necesaria para derrotar el mal que se avecina, cada uno de ellos debe encontrar su esencia para liberar el potencial que guarda dentro y cumplir con la profecía, por eso vine aquí, la señorita Helga prometió que si venia aquí podría entrenar a los nuevos dragones… y ser parte de ellos.

-O sea que nosotros, ¿somos ellos? –pregunto Hermione.

-Asi es.

-¿Pero porque nosotros?- pregunto Harry.

-Ya se los dije, a veces nadie más puede hacer las cosas por nosotros. Además, una vez que terminemos con esto recibiré la recompensa que me prometió la señorita Helga, el reloj que marcha hacia atrás.

Siguiente Capitulo.

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Las escaleras eran simples trozos de roca socavados, y descendían en espiral de forma tan pronunciada que prácticamente cada tres pasos se encontraban en dirección opuesta a la anterior.

Tom no alcanzaba a vislumbrar más allá del siguiente escalón aun con la ayuda de la luz de su varita, la oscuridad reinante parecía impenetrable, incluso el sol de la tarde no les proporciono claridad más que para iniciar su marcha, como si la luz se rehusase a ingresar a ese lugar.

El cuerpo de Loria había quedado a buen resguardo bajo un hechizo desilusionador recargado contra uno de los pilares de roca, Hugo había insistido en que debían conservarla.

Tras lo que parecieron cientos de escalones Tom empezó a vislumbrar una pequeña luz a escasos metros por debajo de ellos, la luz provenía de dos velas colocadas sobre una especie de altar de piedra, apenas más pequeño que Hugo, las velas parecían nuevas y no se apreciaban gotas de cera escurriendo por sus lados.

Detrás del altar existía un pequeño espacio hasta llegar a una pared lisa de alabastro, sin adorno alguno a excepción de las vetas del mineral, una corriente de aire entro por alguna parte haciendo recorrer un escalofrío por la espalda de Tom. Su garganta pareció cerrarse durante el camino, por lo que tuvo que carraspear antes de preguntar.

-¿Ese es el lugar?

-Sí, detrás del muro encontraremos lo que hemos estado buscando.

-El Grimorio- murmuro Tom, Hugo le dirigió una mirada sonriente.

-Vaya que los chicos de hoy son conformistas, pero allá tú- Hugo paso por detrás del altar y recorrió el muro con sus manos, con los ojos cerrados. –Acércate- le dijo a Tom.

 –Toca, siéntelo.

Tom recorrió el muro con sus manos, la piedra era dura y fría pero ahí donde entraba en contacto con la piel absorbía calor, la piedra misma parecía respirar y latir bajo su mano.

-Hay que hacer un pago- dijo Hugo –Pero no se aun como- bajo su varita y con ella hizo un corte en la palma de su mano, intento acercarla al muro pero la herida cicatrizo inmediatamente, ni una sola gota de sangre salió de ella.

-Déjame intentar a mí- Tom repitió la operación, esta vez de la muñeca y el resultado fue el mismo, la sangre se negaba a salir por la herida.

-Su casa, sus reglas -dijo  Hugo- Apoyo ambas manos contra el muro y Tom lo imitó

-Queremos entrar- el muro pareció leer su pensamiento, varios pinchos de la piedra se materializaron directamente contra sus palmas, la sangre escurrió, generosamente esta vez,  y fue absorbida por el muro, las vetas del mineral se retorcieron dando la apariencia de enfurecidas serpientes, se enroscaron y estiraron hasta formar un contorno que se fue contrayendo sobre sí mismo hasta dejar un hueco suficiente para permitirles el paso.

El pasillo era corto y conducía a lo que parecía una cueva, un círculo de piedra se encontraba en el centro de la misma, y destacaba por su blancura casi cegadora. Mediante un tácito acuerdo ambos se colocaron en el círculo bloqueando sus mentes y preparándose para lo que venía.

Un sonido como de garras sobre madera sonó a la distancia, parecía acercarse ya que cada vez el sonido aumentaba y parecía rebotar en las paredes hasta que termino convirtiéndose en una autentica cacofonía. Una fina lluvia de polvo y guijarros cayó desde el techo de la cueva, aunque este no se podía adivinar a que altura se encontraba debido a la oscuridad reinante, y el suelo tembló ligeramente bajo sus pies, sin embargo los magos permanecieron serenos con la mirada fija al frente.

Súbitamente el suelo desapareció bajo sus pies y cayeron en un pozo profundo y helado, la temperatura disminuyo de golpe, no hubo temblores sin embargo ni quejas por la repentina perdida de la solidez debajo de ellos, el miedo estaba perfectamente guardado en capas más subterráneas de su mente, cayeron por lo que se les antojo interminables minutos hasta que fueron depositados en una sala muy amplia.

Los tesoros apilados a ambos lados se elevaban hasta perderse de vista en las alturas, el sonido de las garras volvió a hacerse presente, esta vez de forma más pausada, al final un enorme ciempiés apareció por el fondo del pasillo, la criatura traía montado un hombre gordo en cual aparentemente carecía de cabeza. Sin embargo ello no parecía ser una limitante para comunicarse, la voz que sonó no fue dura, por el contrario, era melodiosa y embriagadora, y tenía el tono de un anfitrión contento por recibir a sus invitados.

-¡Ya están aquí, han tardado mucho!

Los magos no contestaron, Hugo hizo una ligerísima inclinación de cabeza a modo de saludo y Tom lo imitó.

-Ya veo, pueden hablar con confianza, ahora son mis invitados- el ciempiés inclinó su cuerpo dejando que el hombre gordo resbalara sobre su lomo hasta caer aparatosamente.

Una vez en el suelo el ser rodó grotescamente hasta quedar recostado sobre unos almohadones, unos rastros de baba color azulado, que probablemente le ayudaban a desplazarse quedaron sobre el suelo.

-Vamos no sean tímidos, pero que mal anfitrión soy los tengo de pie- movió ligeramente sus manos y pudieron notar que en sus palmas tenia bocas repletas de colmillos, dos sillas se materializaron tras de ellos- Por favor tomen asiento y cuéntenme ¿Quiénes son?

-Mi nombre es Hugo, y el de mi compañero es Tom- dijo el más joven de ellos despues de tomar asiento, su voz sonaba alegre pero su cara permanecía dura como roca.

– Y ¿a qué debo el honor de su visita?- el ser se dio un fingido golpe en la inexistente frente- Pero que torpeza la mía, ni siquiera me he presentado, aunque… Por supuesto ustedes ya saben mi nombre.

-Por supuesto que lo sabemos- dijo esta vez Tom su cara no dejaba traslucir ninguna emoción.

-Lo saben ¿eh?- el tono adulador había desaparecido de su voz. – ¿Y que buscan aquí?- la voz se tornó un poco más grave esta vez.

-Sabiduría y conocimiento- dijo Hugo.

-Pues yo no los tengo. – Dijo el ser, el ciempiés había vuelto y con sus tenazas echo encima de su lomo nuevamente al hombre gordo- Adiós, siéntanse libres de tomar lo que gusten cuando salgan, mis tesoros están a su disposición.- dio media vuelta y empezó a alejarse de ellos.

-No nos interesan sus tesoros.- dijeron Tom y Hugo al mismo tiempo, hasta ahora todo había salido como habían practicado.

El ciempiés se detuvo y el hombre gordo bajo por su propio pie esta vez, el cuello surgido firme y poderoso detrás de los hombros, el cuerpo se ensanchó, una armadura y un hacha de guerra se materializaron sobre el ser, que arremetió violentamente contra ellos blandiendo el hacha mientras gritaba.

-¿Se atreven a rechazar mi generosidad?

-Si- dijeron nuevamente al unísono.

El hacha se detuvo a milímetros del cuello de Tom, sin que el mago alterase ni un ápice su rostro.

-¿Qué buscan aquí? –Trono el ser, convertido ahora en un gigante de más de dos metros y con una voz atronadora.

-Sabiduría y conocimiento- dijo Tom esta vez.

– ¿Y porque habría de dárselos?, ¿por un alma mutilada? o ¿por un trozo de alma que no sirve para nada? ¿Qué me darán a cambio ustedes?

-Nada- dijeron los dos magos.

El guerrero desapareció, y tuvieron enfrente un caballero elegante, un trono alto de oro apareció detrás de él, o quizás estaba ahí desde el principio. Una vez estuvo sentado en el preguntó a los magos.

-Si no voy a tener sus almas, y no me van a dar nada a cambio, no veo el motivo por el que deba darles conocimientos o sabiduría, he vivido eones y he negociado con los de su especie desde que aparecieron en este miserable planeta, pero a menos que haya cambiado el concepto de transacción en los últimos tiempos, creo que debo obtener a cambio algo por mis “servicios”.

– Oscuridad – dijo Hugo.

– Caos – añadió Tom.

El caballero se puso de pie – Bien, si pueden exponer los conocimientos que solicitan en tres preguntas accederé a sus deseos, ¿quizás quieran unos minutos para decidir quien hará las preguntas y como las dividirán?

-No es necesario- respondió Tom,- solo necesitamos dos preguntas una para cada uno.

El rostro del caballero palideció levemente y apretó los puños fuertemente, sin embargo recuperó su control de inmediato.

-De acuerdo. Empecemos por el remedo de alma.

-Los primigenios, el cierre y la llave ¿dónde lo encuentro? –pregunto Hugo.

El caballero extendió la mano y un pergamino apareció Hugo lo tomo con una leve reverencia y sin decir palabra dio media vuelta y empezó a alejarse a los pocos pasos una puerta se materializó frente a él, sin ninguna duda la cruzó.

-El Caos reptante y los diez mil vástagos, ¿Dónde los encuentro?- preguntó Tom

De igual manera otro pergamino apareció sobre las manos del caballero, Tom se acercó a tomarlo, pero justo antes de asirlo el caballero cerro el puño sobre el pergamino.

-¿Sabes? Yo te puedo ofrecer un trato más jugoso que el de tu compañero, he visto tu alma Lord Voldemort, he visto lo que has hecho y lo que puedes llegar a ser si te lo propones, diez mil vástagos sangre de tu sangre con tu alma atada a cada uno de ellos en los que vivirás diez mil vidas es algo muy tentador para quien tanto teme a la muerte, pero las diez mil vidas se agotaran, las diez mil vidas verán su ocaso jóvenes o viejas, pero sin duda lo verán en algún momento, yo te ofrezco inmortalidad plena, juntos podemos dominar el universo, podemos controlar al estúpido omnipotente que sigue a la flauta y regir el universo, y a cambio yo te daré este planeta exclusivamente para ti.- un halo rojizo brillo momentáneamente en los ojos de Tom.

-Tardaste un poco- le dijo Hugo una vez que se reunió afuera del altar con él, a diferencia de su ingreso la puerta que aparecía llevaba directamente al exterior, la noche había caído ya afuera.

-El muy idiota aún quiso hacer un último intento- Tom soltó una risita, sus ojos parecían brillar en la oscuridad, sin duda estaba contento.

Hugo caminó hasta adonde habían dejado el cuerpo de Loria, levanto el hechizo desilusionador, con un movimiento de varita el cuerpo floto junto a ellos mientras caminaban alejándose del circulo de piedra.

-¿Para qué nos la llevamos?- Tom no había dejado de notar el ligero movimiento en el pecho de Loria, probablemente sus últimos halitos de vida.

-Siempre he querido tener una hermanita- respondió Hugo, mientras continuaba su camino hacia el campo fúnebre.

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Ángelo apareció a las puertas del centro de investigación, saludó a un par de conocidos en el trayecto hacia la sala informal donde, no tenía duda, a esa hora del día encontraría al doctor Grosso encorvado sobre su mesa de billar.

Grosso era un físico prominente, su habilidad para los cálculos le conferían entre los subalternos un aura de invencibilidad en este deporte, afirmaba, para regocijo de Stasi, que ni siquiera con magia podían vencerle. No se equivocó, la destacable calva del doctor Grosso estaba reflejando la luz de la lámpara de centro y tras una leve hojeada golpeo la bola blanca, esta golpeó otra que a su vez impacto a otras dos que irremediablemente fueron a parar una a cada tronera.

-¿Divirtiéndote Grosso?- los subalternos que jugaban con el doctor parecían de repente haber acordado que tenían situaciones urgentes, y se dirigieron apresuradamente hacia la salida.

-Huyan, huyan cobardes, pero no olviden que me deben un almuerzo.- Dijo Grosso a los recién salidos.

-Pues me has espantado a los pichones Ángelo y yo que planeaba almorzar gratis el resto del mes, ¿Listo para la demostración? –Stasi se limitó a asentir levemente- Bien, tenemos dos sujetos de prueba dispuestos y si no tienes inconveniente podemos empezar ahora mismo.

Bajaron por unos ascensores varios pisos por debajo de la superficie, hasta llegar a una cámara que era la antesala a unas blancas habitaciones donde un puñado de personas en bata se afanaban en diferentes actividades, el doctor Grosso tecleo distraídamente en un panel al lado de la puerta para garantizar su ingreso, pasaron por un amplio pasillo hasta llegar a otra puerta donde Grosso coloco su ojo donde un lector de retina aprobó su paso.

-Bien, aquí lo tienes- dijo Grosso entregando un delgado tubo metálico de unos veinte centimetros a Stasi.

-¿Esto es lo que creo que es?-

-Espero que no eches en falta el sentido de ironía en el diseño- le dijo Grosso con una amplia sonrisa mientras asentía -Ahora bien, entrando en detalles, no sabemos, aun, a ciencia cierta qué efectos tendrá esto en el futuro pero creemos que puede mantenerse estable.

-¿Estable? Creo que me perdí en algún momento.

-Bueno, ¿Qué sabes de la antimateria?

-Que empieza con “a”- Dijo Stasi aparentemente en tono de broma aunque ninguna sonrisa estaba en su rostro.

-Bien, la antimateria es la contraparte de la materia. La materia está compuesta de partículas, la antimateria seria como los números negativos y estaría compuesta por las extensiones de esas partículas o de antipartículas si te gusta. Mientras un electrón tiene carga negativa en la antimateria tendría carga positiva, lo que llamamos un positrón.

-De acuerdo, parte y contraparte, eso lo entiendo.

-Bien cuando se descubrió todo este mundillo de la magia, tuvimos que plantearnos ciertas cuestiones sobre como transformaban la materia, lo que ocasionó un quebradero de cabezas de los mil demonios, lo que antes no se podía hacer ahora se podía y había toda una gama de conocimientos nuevos esperándonos y…

-Si eso ya me lo habías contado, centrémonos en el dispositivo.

-Está bien, el punto es que si la materia y la antimateria chocan ambas resultarían aniquiladas lo que daría lugar a una liberación de energía en forma de fotones, pero para ello se requería de aparatos inmensos y montones de energía para conseguir apenas unas cuantas antipartículas. Con la magia es distinto, solo se requiere una estructura primaria, que es lo que tienes en tu mano, que canalice de forma correcta la energía para que por el otro extremo produzcas antimateria, sobra decir lo que pasara a lo que impactes o a quien impactes con ese “hechizo”.

-No jodas… ¿me estás diciendo que tengo en mis manos un maldito rayo vaporizador?

-Yo prefiero llamarlo por su nombre poético, “Azrael”

-El ángel de la muerte de nuestro señor.- pronunció Stasi.

-Muy acorde ¿no lo crees?

-Bien, probémoslo.

Minutos despues Stasi se encontraba en una habitación con dos mendigos atados delos brazos cuyos pies oscilaban a escasos centimetros del suelo, Grosso se encontraba en la habitación de al lado observando la escena a través de un grueso cristal, presiono un botón y Stasi pudo oír su voz.

-Enfoca tu hechizo de manera correcta, si toca el piso desaparecerás el mismo suelo bajo tus pies.

Stasi levanto el pulgar derecho en señal de entendimiento.

Rememoró una escena con su madre en un restaurante, su padre tenía licencia y estaban cenando casi a los pies de la Torre Eiffel. Apuntó cuidadosamente la varita (no podía visualizarla de otra forma) de metal y concentrándose en el recuerdo exclamó:

Expecto Patronum.

El poderoso caballo surgió igual que siempre pero su habitual color blanco azulado había sido sustituido por un negro azabache con vivos rojos, galopó hasta los dos mendigos impactando a uno en pleno y al otro por un costado. Solo la soga ligeramente chamuscada quedaba del primer mendigo, mientras al que había impactado de costado el brazo había desaparecido junto con parte del costillar y el flanco, dejando ver parte de las visceras y colgando ahora dramáticamente de un solo brazo, Stasi pudo ver los quejidos, sus gritos serian terribles sin duda, si no hubiese estado silenciado. Saco su verdadera varita y un destello rojo puso fin al sufrimiento del hombre.

***

-Excelencia, el General Stasi solicita una audiencia urgente.

La visión del hombre sentado en el trono dorado se movía ligeramente, como si estuviese detrás de un inmenso vidrio tornasolado, aun asi el sonido de su voz no pareció tener ninguna dificultad para llegar hasta el subordinado.

-¡Mi buen Ángelo!- exclamo el anciano – Por supuesto dile que pase.

El sirviente se retiró haciendo una prolongada reverencia, para volver solo unos pocos segundos despues escoltando al mencionado general.

-Retírate – le dijo el recién llegado al sirviente, no hubo ningun tono especial en su orden, pero el criado obedeció de inmediato, rehuyendo el contacto visual y ofreciendo una reverencia aun mayor que la proferida al anciano.

A simple vista, el General Ángelo Stasi podía pasar por un hombre común y corriente, su metro con setenta de estatura no lo hacía destacable, y mucho menos su rostro, afable y sereno, con una incipiente calva sobre un cabello negro con ligeras vetas de gris en los costados, lampiño en su faz, y sus lentes redondos, le daban el aspecto de un oficinista promedio, aun el impecable traje militar no habría hecho diferencia en su apariencia que si hubiese tenido puesta una pijama de dibujos animados.  Aun asi, solo el hombre que estaba sentado frente a él tenía más poder en su imperio.

-Mi querido Ángelo, aun tienes la mala costumbre de anunciar tus visitas, sabes muy bien que siempre serás bienvenido en este recinto.

-La representación de Nuestro Señor en este mundo terrenal debe ser honrada sin diferencias por parte de nosotros simples mortales- dijo Stasi haciendo una ligera reverencia hacia el hombre.

-Siempre la misma perorata – sonrió el anciano- A veces veo nuestro saludo como una especie de comedia en la que al escritor se le han acabado los diálogos.

-Las situaciones rutinarias suelen ser útiles para descubrir a los impostores su excelencia, cualquier variación en lo que usted llama “mi perorata” podría servirle para identificar a un agresor disfrazado de mí.

-Ángelo, Ángelo, te preocupas demasiado. Para disfrazarte de ti necesitarían conseguir algo tuyo, lo cual sería sumamente difícil contra un duelista tan terrible como tú, además de este campo protector – el anciano hizo un ademán señalando el muro de vidrio con una evidente mueca de pesar en el rostro- que según nuestros expertos es imposible de penetrar por ningun hechizo o maldición, asi que ¿porque preocuparnos?

-Ninguna precaución es exagerada cuando se trata de protegerlo Su Excelencia.

-Anda, deja ya ese tema, y cuéntame a que has venido.

-Su Excelencia ¿me permite?

-Por supuesto, por supuesto –dijo el anciano con tono amable sabiendo a que se refería Stasi.

Con un veloz movimiento Ángelo sacó su varita e hizo aparecer una silla austera y simple de madera sin ningun tipo de acojinamiento a la vista, la varita ya había desparecido nuevamente sin dejar ver el lugar exacto donde había sido guardada. Colocó la silla de forma oblicua entre la puerta y el trono y aliando las perneras de sus pantalones se sentó.

-El doctor Grosso ha terminado su proyecto y lo hemos probado con buenos resultados.

-Ah- exclamo el anciano- Y ¿Qué es a lo que tú llamarías “buenos resultados”? – A Stasi no se le pasó el énfasis que el anciano había hecho.

-Funciona, simplemente asi, el dispositivo ha probado hacer lo que había prometido hacer y con creces, solo esperamos su autorización para probarlo con seres vivos.

-Sabes Ángelo, no estoy seguro de querer lanzar al mundo un artefacto como ese, en las manos equivocadas sería terrible.

-Estará en manos de nuestros subordinados y en las mías propias Su Excelencia, hombres que yo mismo he seleccionado y que son fieles a usted y a la causa.

-Y también son fieles a ti Ángelo.- Señaló el anciano.

-No Su Excelencia, a mí me tienen miedo, asi de simple.

-El miedo no es el mejor estimulante y mucho me temo que lo que planeamos hacer con nuestros hermanos ingleses está basado en ese miedo precisamente.

-¿Hermanos? Ellos no son nuestros hermanos, son asesinos, son cobardes y traicioneros, desleales a la fe y traidores de su raza. ¿Acaso se le olvido lo que esas bestias hicieron en Francia?

-Ángelo basta.- dijo el anciano con determinación, muy a su pesar Stasi bajo la cabeza.

-Lo siento Su Excelencia, le ruego me perdone, me deje llevar.  Pero en Francia cayeron trece dragones, un hombre de mi guardia, dos hermanos y el padre Voltieu, y nosotros no pudimos hacer nada, absolutamente nada.- Las gafas de Stasi resbalaban por el puente de su nariz mientras su rostro se veía  rubicundo de ira.

-Era… Es deber del pueblo francés resolver sus contingencias.

-Tenemos constancia de que el asesino viajo a Alemania, aunque súbitamente perdimos contacto con él, y ahora tememos que su siguiente paso sea atacar a Su Excelencia.

-Oh por supuesto que ese será su objetivo en algún momento, pero ello no justifica que tengamos que responder de la forma que tú deseas hacerlo. – el anciano dejo ver una mirada de comprensión sobre el general, y bajo una octava el tono de su voz- Lo siento Ángelo, se cuánto estimabas al padre Voltieu, te prometo que no siempre pondremos la otra mejilla, pero lo que planeas es demasiado, si seguimos asi caeremos en una espiral de destrucción haciéndonos cada vez más daño, hasta que no quede nadie a quien dañar.

-Lo comprendo su excelencia- Ángelo se puso de pie, un movimiento de varita, que apareció y desapareció en su mano, desvaneció la silla- Como siempre su sano juicio ha sabido poner en el camino correcto a este humilde servidor.

-Ve con mis bendiciones hijo mio.

Ángelo atravesó el salón hasta el atrio de la majestuosa catedral, la más grande del mundo y se maravilló, nuevamente, con el diseño del edificio a pesar de haber pasado infinidad de veces por el mismo lugar no dejaba de impresionarle, camino hasta la columna norte y conto los trece pasos hacia el único y reducido punto donde podía aparecerse y desaparecerse en ese recinto, mientras pensaba: “Lo siento Su Excelencia, es mi deber protegerlo, a veces hasta de usted mismo”

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