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Posts Tagged ‘Hermione Granger’

-Entonces ¿nos van a salir alas y escamas?- pregunto Ron.

-Obvio que no Ron, es una metáfora, solo esta hablando en sentido figurado si no…

-Espera.- Dijo Harry interrumpiendo la perorata de Hermione e ignorando la mirada ofendida que le lanzó- Debe haber un error, ese reloj es mio, nuestro, quiero decir, o lo será, una vez que terminemos con todo esto.

-¿Y quien te ha dado derecho sobre el? Si es posible saberlo, ese reloj fue creado por la señorita Helga y ella misma fue la que me prometió que me serviría en… en el futuro.

-Pues el tipo que nos metió en todo esto fue el que nos prometió ese reloj, con ese reloj pienso regresar a mis padres, con ese reloj puedo atrapar a Sirius antes que les haga daño…

-Con ese reloj podemos sacar a mi papá de la cárcel- dijo Ron interrumpiendo, aparentemente siguiendo su propia línea de pensamiento.

-Cierto Ron, de hecho nunca tendrá que entrar podemos avisarle antes y será como si nunca hubiera pasado nada.

-¿Y los enemigos que se supone que tenemos que vencer, también volverán cuando activemos el reloj?- pregunto Hermione.

-No importa mi papa será capaz de vencer a quien sea, si no hubiese estado confiado con mi padr… con Sirius nunca hubiera podido vencerlo.

-Muy bellos planes,-lo interrumpió Ryujan aparentemente molesto-  pero aun no me has dicho quien te dio poder para decidir el uso que se le dará al reloj.

-Ya te lo dije, el tipo ese que nos convenció de entrar nos dijo…

-Y este “tipo” ¿tiene algún nombre? O ¿de donde saco él el derecho de prometer lo que no es suyo?

-Pues… -Harry cavilo mientras veía los rostros de sus compañeros, y en ellos pudo ver las palabras que no podía expresar, no sin sentirse un perfecto estúpido, habían entrado en esa habitación sin siquiera haber visto la cara del tipo, se habían embarcado en esa misión y ni siquiera sabían quien los había enviado, cierto, el dolor por sus padres lo había impulsado, pero ahora ese impulso parecía haberse perdido ante la demoledora lógica de Ryujan. El hecho era que no sabia ni quien ni porque lo había enviado y quizás estaba apostando su vida y la de sus amigos por obtener algo que quizás no le correspondía por derecho y las palabras que siguieron a su silencio no hicieron mas que aumentar su incertidumbre.

-No hace falta que nos fatiguemos en pensamientos inútiles, el reloj de la señorita Helga es un objeto mágico muy poderoso, y solo puede ser usado por aquel para el que fue creado, seamos tu o yo, lo sabremos en su momento. Es hora de volver, necesitan descansar para lo que les espera mañana.

***

Parecía deambular sola por la amplia sala de espera, los pasajeros esperaban su respectivo turno en una larga fila donde una hilera de cubos marcados por un número se alineaba. Tan pronto empezaban a brillar un puñado de personas se acercaban colocando una parte de ellos, generalmente un dedo, en contacto con el cubo para desaparecer súbitamente. Todo mundo parecía saber a donde dirigirse, excepto la pequeña niña que, con sus ojos cubiertos por una fina película de lágrimas volteaba a todos lados con evidentes señas de estar totalmente perdida.

-Hola pequeña, ¿estas perdida?- le pregunto un mago que se acerco a ella, parecía pertenecer a algún tipo de vigilancia encargada del lugar.

-Si- la vocecita sonaba como campanillas de cristal mientras sorbía su nariz de forma estruendosa -Mi hermano se cayó en las escaleras y parece que se lastimó su pierna, y no encuentro a mi papá por ningún lado, y…y.. yo no se que hacer… – unos sollozos rompieron la frase de la niña.

-Vamos, vamos, tranquila. Vamos a ayudar a tu hermano, en cuanto le echemos un vistazo a su pierna buscaremos a tu papa, ya veras como se soluciona todo.

-Gracias señor- la carita de la niña se ilumino con una sonrisa mientras permitía que el guardia la cargase- mi hermano esta por allá, detrás de esas escaleras, le señalo la niña.

El guardia dio vuelta al pasillo y aun alcanzo a ver al joven rubio que lo esperaba aunque no se veía lastimado, tuvo unos segundos de alivio donde pensó que los niños podían ser bastante exagerados antes de sentir como sus miembros parecían rebelarse y toda sensación de control sobre su cuerpo desaparecía, solo una voz retumbaba en su cabeza, la voz cantarina de aquella niña que ordenaba con el tono de alguien acostumbrado a ser obedecido.

-Boletos, para mí, para mi padre y mi hermano, rápido.

***

Los muelles solían ser un bullicio durante el día, pero a esa hora de la noche el comercio había menguado para todo aquel que no estuviese buscando una noche de juerga o algo aun más fuerte. Los guardianes que el ministerio había asignado a esa área solían hacerse de la vista gorda a cambio de una porción de los beneficios por lo que solo paseaban a determinada hora y en determinado lugar, aun así el hombre tomo todas las precauciones. Su aparición coincidió con el silbato de un barco lo que amortiguo el sonido del “crack”, camino por una calle estrecha alejándose de la costa hasta llegar a un suburbio donde varias casas se amontonaban juntas sin saberse bien donde iniciaba la una y terminaba la otra, camino a lo largo de la acera hasta llegar a una de ellas que se diferenciaba del resto, si bien los materiales y los acabados eran de baja calidad comparada con el resto parecía una mansión.

Toco la puerta con golpes secos y cortos, como un acto reflejo intento apartarse el cabello sobre su cara, solo para recordar que la acostumbrada capa de cabello estaba cómodamente atada en una coleta.

La luz de una vela se abrió paso desde el fondo de la casa, la puerta se entreabrió dejando ver a un hombre que si bien no era viejo, había entrado en esa etapa fofa de decadencia, la cara de caballo de su esposa  asomo detrás de el y, aunque no pareciera posible, su pálido rostro palideció aun más al ver al hombre y reconocer en el a aquel niño de otros tiempos, y sin poder evitarlo e ignorando la mirada de reproche de su esposo terminó de abrir la puerta.

-Pasa Severus-

-Mi estancia será corta, solo he venido a ver como esta.

-Esta bien, la estamos cuidando bien, ahora duerme, si quieres verla…

-No, no es necesario, solo asegúrate que siga bien y que cumples mis indicaciones al pie de la letra.

-Si, ella duerme y cubrimos su cuna con la capa todas las noches.

-Y tanto que van dos veces que me golpeo un dedo con esa cochina cuna, no se porque tenemos que tomarnos tantas molestias solo porque a tu hermana se le ocurrió morirse Petunia.

La jarra con agua que se encontraba sobre la mesa estalló en mil pedazos con un sonido escalofriante y el clima pareció descender varios grados dentro del pequeño cuarto mientras Severus se dirigía hacia Vernon el cual parecía tener dificultades para respirar y estaba tomando un feo color púrpura.

-Agradece… que aun sirves a mis planes, mil vidas muggle como la tuya no se compararían con el polvo que ella pisó. Si vuelves a mencionarla en mi presencia me olvidare de mis planes y desearas la muerte un millón de veces antes de que te la haya concedido.

La presión sobre la garganta pareció aflojarse y Vernon tomo aire como un pez fuera del agua, Severus arrojo un saquito sobre la mesa el cual hizo un tintineo metálico y salió rápidamente, el ruido de la puerta al cerrase oculto el sonido de su desaparición.

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Los días se sucedían uno tras otro, aunque no con la fluidez con que recordaba, parecía que el sol no sentía la necesidad de ocultarse tanto como en el mundo exterior, por lo que los días parecían eternos en aquel lugar, mientras las noches pasaban como un suspiro. El clima permanecía impertérrito, aquel aire estival, que se sentía sin oírse, seguía soplando su cálida brisa y apenas si refrescaba por las efímeras noches.

El entrenamiento era, si bien muy exigente, bastante rutinario, corrían todas las ¿mañanas? Por un tiempo indefinido, pero de alguna forma aquel chico sabía exactamente el momento para decir basta, quizás contaba con algún reloj adecuado para esa habitación. El desayuno se componía invariablemente de las frutas que recolectaban del bosque despues de correr, lo que logró que los primeros días desayunasen lo que había en los arbustos más bajos, ya que no había fuerzas para trepar a los arboles donde se adivinaban las frutas más apetitosas y aquel chico se rehusaba a proveerles más comida de la que ellos pudiesen recolectar. Una vez terminado el desayuno seguía la invariable lección de pociones, puesto que Ryujan no era un mago, lo único que podían obtener de magia de él eran los libros que se encontraban en el segundo piso de sus habitaciones. Había ahí una gran colección de libros y un estante que, según sus propias palabras, le había regalado la señorita Helga, el cual parecía no vaciarse nunca de los ingredientes para las más diversas pociones.

Durante ese tiempo el joven solía ausentarse, más de una vez Hermione lo había visto dirigirse al bosquecillo en el que se adivinaba la silueta de un pequeño lago. El resto del día consistía en practicar su resistencia muscular con ejercicios raros en una sola postura pero que exigían un considerable esfuerzo, aunque a Neville parecían no serle desconocidos.

Cuando la luz menguaba en lo que podía llamarse el atardecer generalmente Ryujan encendía alguna fogata en la que colocaban algunos pescados atrapados en el lago, también por regla general estas cenas estaban acompañadas de un silencio incómodo, ya que ninguno de los que estaban ahí parecía ganar algún premio por ser un buen conversador, y la única vez que Harry había preguntado cómo había conocido a Helga Hufflepuff, Ryujan lo había ignorado olímpicamente para dirigirse a su habitación. Sin embargo Hermione decidió intentarlo de nuevo.

-¿Por qué haces esto?- le pregunto sin más mientras comían.

-¿Entrenarlos? Porque es lo que la señorita Helga me pidió que hiciera.

-Si pero, esperar mil años dentro de este lugar solo para eso me parece bastante…- Hermione no estaba segura de la palabra con la que podía definirlo pero Ryujan le evito la incomodidad interrumpiéndola.

-A veces uno debe hacer las cosas porque no hay nadie más quien las pueda hacer. En mi pueblo mi padre era el mejor maestro y yo había aprendido y dominado todas sus técnicas a muy corta edad. La señorita Helga me encontró cuando fue a buscar a mi hermana, y a pesar de que ella era especial fui yo el elegido para esta misión.

-¿Especial? ¿Quieres decir?

-Como ustedes, ella podía hacer magia.

-¿Y qué fue de ella?- pregunto Harry, al parecer los demas habían seguido el hilo de la conversación.

-¿Qué crees que le pasa a las personas una vez que han pasado mil años?- pregunto Ryujan en tono hosco.

-Cierto, perdón, pero me refería a durante, el tiempo que vivió.

-La señorita Helga le ofreció un lugar en su escuela, donde aprendería a dominar la magia, pero ella lo rechazó, nuestra familia se hacía cargo de Kamigawa desde que el primer antepasado nuestro estuvo ahí, los hombres se dedicaban a entrenar guerreros y las mujeres eran las curanderas del pueblo, no podíamos dejar de lado esa responsabilidad, asi había sido siempre, hasta que yo rompí la tradición. Mi padre estaba furioso cuando le dije que iba a ayudar a la señorita Helga, pero yo había tomado una decisión, asi que partí y unos días despues estábamos ingresando por esa puerta de dos perillas y..

-¿Dos? La nuestra tenía cuatro- dijo Ron.

-Es obvio, la puerta aparece con la cantidad que se requiere para entrar Ron- contesto Hermione con tono condescendiente, y se volvió hacia Ryujan ignorando la probable replica que Ron estaba a punto de pronunciar.

-En realidad no lo sé- dijo Ryujan- pero aún recuerdo esas perillas con la consistencia del humo que por un momento crees que no vas  a poder tomarlas hasta que lo haces. La señorita Helga construyó este lugar y hechizo las plantas y los estantes para que nunca faltase comida o ingredientes, también le hicieron algo a la habitación, por eso los días duran tres veces más y el aire es más pesado.

-También creo eso- dijo Ryujan despues de una pausa señalando hacia el bosquecillo.

-¿Que hay ahí?- pregunto Hermione.

-Kamigawa- contesto Ryujan levantándose- y creo que ya va siendo hora de que lo conozcan.

Caminaron hacia el bosque sin decir una palabra, las sombras del atardecer se iban haciendo más oscuras y cuando llegaron a la orilla del lago la noche era plena sin embargo el lago parecía estar indeciso ya que, mientras la mitad más cercana a ellos se encontraba sumida en sombras, la mitad más alejada parecía ser mediodía de un día de otoño, las hojas de color oscuro decoraban un caminillo de piedras en el que se adivinaban apenas unos pocos edificios que parecían abandonados hace siglos.

-Eso que ven ahí es Kamigawa tal como está ahora, a través de este lugar he podido observar a la gente ir y venir a lo largo de mi estancia aquí, o al menos de algún tiempo de mi estancia, por algún motivo, la gente empezó a dejar de venir a los templos, poco a poco el lugar se ha ido quedando vacio.

-¿Esos son templos?- pregunto Harry

-Son los templos de los antiguos dioses de Kamigawa, los dragones imperiales, espíritus muy poderosos que protegían el plano físico de las amenazas del mundo espiritual. Eran 5, El Dragón Azul  Keiga, la estrella de la marea, Guardián del mar, de las criaturas marinas y del tiempo.  El Dragón Blanco Yosei, la estrella de la mañana, Guardián del día, de las criaturas aladas y de la energía del sol. El Dragón Rojo  Ryusei, la estrella fugaz, Guardián de los seres terrestres, de la fuerza interna y del poder. El Dragón Verde  Jugan, la estrella ascendente, Guardián de la naturaleza y de la energía vital. Y por último el Dragón Negro Kokusho, la estrella del atardecer, Guardián de la noche y la obscuridad, amo y señor de la muerte.

-Cada uno de ellos representa la parte necesaria para derrotar el mal que se avecina, cada uno de ellos debe encontrar su esencia para liberar el potencial que guarda dentro y cumplir con la profecía, por eso vine aquí, la señorita Helga prometió que si venia aquí podría entrenar a los nuevos dragones… y ser parte de ellos.

-O sea que nosotros, ¿somos ellos? –pregunto Hermione.

-Asi es.

-¿Pero porque nosotros?- pregunto Harry.

-Ya se los dije, a veces nadie más puede hacer las cosas por nosotros. Además, una vez que terminemos con esto recibiré la recompensa que me prometió la señorita Helga, el reloj que marcha hacia atrás.

Siguiente Capitulo.

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La puerta se abrió para los cuatro a la vez, curiosamente ninguno recordaba haber cerrado la puerta, el primero en dar un paso hacia dentro fue Ron, sus pie se dobló por el tobillo y cayo de bruces al suelo, Harry y Neville intentaron ayudarlo a incorporarse solo para correr la misma suerte.

-¿Sintieron eso?- pregunto Hermione que no se había movido de su sitio. -Fue como atravesar por niebla y… – se detuvo a media frase al observar a sus compañeros que se incorporaban lenta y trabajosamente.

-Chicos sus ropas.

– ¿Que tienen nuestras ropas?- pregunto Ron volteando a ver a Hermione y abriendo la boca en una cómica “o” para despues soltar una carcajada. –Hermione ¿cuándo te encogiste?

A pesar de ser casi idénticos en estatura cuando entraron en la habitación, ahora Ron sobresalía más de cinco centímetros por encima de Hermione.

-Yo no me encogí tonto- le respondió Hermione ácidamente- Eres tú al que le crecieron los pies, tanto que no puede dar un paso sin tropezarse con ellos.

Las orejas de Ron parecieron fundirse con su cabello, Harry y Neville habían terminado de incorporarse y aunque habían aumentado un poco de estatura su diferencia no era tan notoria como la de Ron.

-Wow- exclamo Harry al observar las prendas que vestían.

Sus túnicas parecían haberse perdido al traspasar la puerta y fueron sustituidas por ropas al parecer de lino adornadas con caracoles, blancas para Hermione, rojas para Ron, negras para Harry y verdes para Neville, sus ropajes estaban adornados con botones de conchas marinas y ahora calzaban unas zapatillas bastante ligeras y cómodas.

-Chicos, miren- dijo Neville llamando la atención del resto.

Los otros voltearon hacia donde surgía la voz de Neville y tuvieron que hacer un esfuerzo para cerrar sus bocas, ante ellos se extendía un prado con un pasto verde y fresco, no había techo visible y si lo había compartía el hechizo del gran comedor puesto que el sol brillaba esplendorosamente en un cielo con apenas unas pocas nubes, el clima era bastante caluroso a pesar que en Hogwarts ya se empezaban a notar los estragos de los vientos otoñales que anuncian el inminente invierno.

A lo lejos se observaba una construcción, rudimentaria, caminaron en esa dirección. A pesar de que el sitio parecía el ideal para realizar un día de campo, no desestimaron el hecho de que había un silencio antinatural, ni siquiera el viento sonaba a pesar de que lo podían sentir en el rostro, y fluyendo a través de las ligeras ropas, las cuales más de uno mentalmente agradecía, puesto que con las túnicas aquel clima estival hubiese sido insoportable.

-No parece estar lejos- dijo Ron-  voto porque nos acerquemos allá.

-Me parece que no tenemos opción -dijo Hermione quien no estaba mirando la construcción a la distancia- cuando voltearon pudieron notar que la niebla que los había envuelto al cruzar la puerta había desaparecido, y el prado se extendía también en la otra dirección hasta donde alcanzaba la vista.

Parecieron ponerse de acuerdo sin agregar nada más y emprendieron el camino hacia la construcción, aunque no parecía lejana les tomo más de diez minutos hacer el recorrido. El edificio era una construcción de piedra con una puerta sin perilla que se abrió al primer empujón de Neville. La estancia era grandísima más del doble del salón comedor de Hogwarts, al final se apreciaba una escalera que daba acceso a un piso superior, la única iluminación partía de la luz del sol que entraba por las múltiples ventanas.

-¿Hola?- pregunto tímidamente Hermione mientras entraban en la estancia, sus pasos resonaban de forma lúgubre.

– ¿Hay alguien aquí? Qué tontería siempre preguntaban lo mismo en las películas que solía ver con sus padres –pensó y no pudo evitar una punzada de dolor al recordarlos en esas tardes.

-Parece que no hay nadie- dijo Harry carraspeando para poder darle volumen suficiente a su voz, de repente un vaso de agua o de zumo frio se convirtió en el mayor anhelo de Harry. Una sombra pareció deslizarse entre la luz de dos ventanas hacia la izquierda, instintivamente saco su varita y los demas lo imitaron, para sorpresa de todos, estas estaban sujetas por un cordel que lo hacía muy práctico para llevarlas.

-¿Ya es hora?- dijo la sombra, la voz sonó distorsionada y les dificulto ubicar el lugar de origen.

–¿Hora de qué? -pregunto Ron.

–Discúlpenme- dijo la sombra de nuevo y sin ningun aviso se precipitó sobre Ron, algo parecido a una espada surco el aire golpeando la muñeca de este lanzando su varita por los aires, Harry disparó un hechizo que rebotó sobre la espada de la sombra y fue a impactar a Neville, o lo hubiera hecho, si este no hubiese saltado hacia un lado apartándose de la trayectoria, Ron intentó buscar su varita pero un golpe con el canto de la espada lo puso fuera de combate, Hermione se unió al ataque lanzando un hechizo que fue hábilmente desviado y que esta vez sí impacto a Neville derrumbándolo contra una pared, la espada se movió hábilmente y desarmó a Hermione, Harry intentó lanzar otro hechizo pero la sombra le lanzo una cadena que se enredó sobre sus pies, y un segundo despues yacía en el suelo y su varita rodo fuera de su alcance.

Rodo sobre sí mismo por el suelo hasta alcanzarla, Neville y Ron ya estaban incorporándose también, con las varitas en ristre, la espada finalmente se desenvaino de su funda con un sonido escalofriante y la punta quedo a milímetros de la garganta de Hermione.

-Bajen sus varitas, ahora- los tres solo dudaron un instante y soltaron sus varitas que cayeron al suelo con un repiqueteo.

-Déjela en paz- dijo Ron.

-¿Cómo pueden ser tan idiotas?- Pregunto la sombra- Les dije que bajaran sus varitas, no que las tiraran, he esperado cientos de años y me envían a solo un montón de muchachitos tontos. ¿Qué hubiera pasado si el enemigo hubiese sido real? ¿Eh? Los hubiera matado a todos.

La sombra dio unos pasos hacia la pared olvidándose de Hermione y con un tajo de su espada cortó un cordel, la luz entro a raudales una vez que la cortina semitransparente dejo de cubrir las ventanas. El chico vestía ropas muy similares a las suyas, pero de un color azul rey rematado con un sombrero vietnamita cuya sombra le cubría la mitad del rostro.

El joven, no se le podía llamar de otra forma, Harry calculo que no llegaría a la mayoría de edad, tomo varios frascos de una mesa y ofreció uno a cada uno de ellos.

-Tómenlos, les hará bien, y síganme- y sin esperar respuesta salió por la puerta.

***

Loria estaba muriendo, sus latidos eran lentos y pausados y su piel se tornaba más pálida con cada minuto que pasaba.

-Casi es momento- dijo Hugo, aspiro el aire profundamente y una sonrisa de satisfacción llenó su rostro.

-Observa y aprende- le dijo a Tom, ahora tendrás el conocimiento que buscabas cuando nos conocimos.

-Muy gracioso, porque no me lo mandas por lechuza a hace una hora cuando aún me importaba- respondió Tom, aunque sin acritud, al parecer la situación le divertía bastante.

-Aquí estas- dijo Hugo -Hermana mía, hoy renacerás y compartirás mi venganza, vivirás para resarcirte de todo el daño que sufriste- las sombras parecieron agitarse a su alrededor y el viento se desató en el exterior de la tumba.

–Sangre de mi sangre renace y vive- Hugo empezó a entonar un cantico, un cantico que sin duda Santi reconocería desde su eterna prisión pétrea. Una sombra más oscura que las demas descendió sobre el cuerpo de Loria mientras Hugo cortaba con su varita su muñeca. Las últimas gotas de sangre de Loria se mezclaban con la sustancia alquitranada de la sombra, una vez hubo ingresado por completo la herida sanó por si sola.

Loria abrió los ojos y dirigió a Hugo una sonrisa radiante. –Lo logré, funcionó, recordamos el lugar.

-Sí, sí, si- respondió Hugo con ademan maternal acariciando la sedosa cabellera de Loria.-Lo logramos, ahora descansa, hermana mía.

***

Se sentaron a la sombra de uno de los árboles, la bebida los reconforto de manera instantánea y les recobro las fuerzas gastadas en el trayecto y la pelea.

-¿Quién eres? – pregunto Hermione la poción había teñido su rostro levemente y parecía mas despierta de lo normal.

-Mi nombre es Ryujan Mabuza, he estado esperando desde hace mucho tiempo a que el guía llegara para su entrenamiento, la señorita Helga me proporciono un lugar idéntico a donde yo nací para esperar.

-¿Helga? ¿Helga Hufflepuff? La…

-Si, la fundadora de Hogwarts- completo Ryujan la frase de Hermione.- Ella me puso aquí hace tanto tiempo que ya perdí la cuenta.

-Deben ser mas de mil años- tercio Ron con cara de asombro- ¿Cómo pudiste aguantar tanto tiempo aquí?

-Mil años- la mirada de Ryujan se dirigió a un bosquecillo colina abajo donde se adivinaba la silueta de un estanque.

-Bueno, supongo que si ya esperamos tanto un día mas no hará diferencia, les mostrare sus habitaciones y la biblioteca para que puedan instalarse, mañana iniciaremos con el entrenamiento.

-¿Que clase de entrenamiento nos darás?- pregunto Neville.

-Es obvio, hechizos de ataque y defensivos, y algún tipo de magia oriental- respondió Harry que no le había pasado por alto la indudable apariencia asiática de Ryujan.

-No, su entrenamiento será más físico, les ayudare a aumentar su resistencia y su agilidad, y por las tardes aprovecharan la biblioteca para adiestrarse en la preparación de pociones.

-¿Quieres decir que no nos vas a enseñar ningún hechizo? No pretenderán que nos enfrentemos a lo que sea que venga como si fuéramos una especie de Bruce Lee- dijo airada Hermione, su pelo, que ahora ya no estaba trenzado, se alboroto aun mas con los ademanes que hacia.

-No se quien sea ese tal Lee que mencionas, pero yo voy a hacer lo que la señorita Helga me pidió que hiciera.

-Pero algún hechizo habrás de conocer, algo que le hayas aprendido a Helga- dijo esperanzado Neville.

-No podría aunque quisiera, yo no puedo hacer hechizos, creí que era obvio, yo… soy un muggle.

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Las mariposas en el estómago se habían convertido en murciélagos y Harry estaba convencido de que sus intentos por desayunar serian inútiles, por lo que solo bebió un vaso de jugo y salió de prisa del comedor con destino a los vestidores. Su nueva Nimbus 2000 reposaba sobre su hombro pareciendo una parodia de vagabundo. Ron, Neville y Hermione  le habían prometido que estarían en las gradas alentándole, Neville le había dicho que lo haría de manera discreta por estar en la casa de Slytherin, pero que podía estar seguro que contaba con su apoyo, por algún motivo este pensamiento le provoco una risa clara y firme, lo que aligeró un poco los murciélagos que tenía en el estómago. De cualquier manera, la sensación que había tenido durante la mañana, aquella que le decía que todo iba a ser estupendo ese día, parecía haberse evaporado de manera tan sutil que ni siquiera lo había notado, este pensamiento le produjo un resquemor en el pecho haciendo latir su corazón más de lo normal como si hubiese corrido más que caminado el trayecto a los vestidores.

Oliver ya se encontraba ahí, y tenía cara de haber pasado la noche en vela estudiando su tabla de quidditch.

-Hola- dijo Harry de modo desganado.

Oliver se tomó unos segundos para terminar de ver los movimientos de las flechas y despues respondió con algo parecido a un “Hooeeoola” acompañado de un prolongado bostezo.

-Ya tengo listo el esquema de juego para nuestro equipo, nos basaremos en nuestra velocidad y agilidad para eludir la fuerza de los golpeadores de Slytherin.

Harry intento sentirse reconfortado con la sonrisa de Wood, peor no lo consiguió del todo, aguardo recargado contra la pared y dejo que Wood se sumiera de nuevo en su estudio de su tabla. El resto del equipo fue llegando en los siguientes treinta minutos, con los acostumbrados “Hola” y “¿Qué tal?” mascullados para todos y para ninguno en especial.

Harry medio oyó la explicación que Wood dio sobre el sistema de juego, asintió con vehemencia fingida cuando se le arengó sobre sus intenciones de “destrozar a Slytherin” como el más entusiasmado de ellos, pero sin sentirlo realmente, tenía en mente lo que iba a hacer y confiaba en que no le diese dificultad, lo había practicado mucho tiempo y creía dominar el movimiento a la perfección. Quizás a eso se debía, el sabia por anticipado el resultado del partido que iba a tener en (ya solo) 10 minutos y la imaginación que había puesto en vivirlo nítidamente una y otra vez a lo largo de la semana anterior y de la anterior y del año anterior a su ingreso a Hogwarts parecían haberle quitado la emoción al momento real. En fin, él tenía que cumplir y conseguir la victoria para su equipo, sus papás estarían ahí y también su tío Sirius además de sus nuevos amigos, y no le importaba que Neville disimulara su apoyo a Gryffindor siempre y cuando fuese sincero.

Al momento de saltar el campo y escuchar el grito de “…y Potter” del anunciador terminando la presentación de Gryffindor no vino a su mente ninguna idea de estar en la copa del mundo representando a Inglaterra ni la etérea ovación de miles de gargantas coreando su nombre que en tantos sueños lo había acompañado. Lo único que interesaba a Harry, por un impulso que no entendía, era encontrar en el público a su familia y a sus amigos, encontró a estos últimos, al menos a dos de ellos, Hermione estaba en las escaleras a un lado de los Gryffindor, en actitud parecida a un espontaneo de esos que ingresan a hacer locuras a los campos de vez en cuando y que están a la espera de que la autoridad descuide el hueco elegido para colarse, Neville por su parte se encontraba en las butacas de Slytherin, lo bastante cerca del campo por lo que Harry creyó ver una sonrisa y un leve movimiento de labios que solo podía significar “Buena Suerte”.

El ánimo subió un poco pero no lo suficiente, sus padres se perderían el partido, aunque estuviesen en el castillo de camino al estadio, no les daría tiempo para ver lo que Harry había preparado.

El silbato sonó y la snitch fue liberada junto con ambas bludgers mientras Madame Hooch elevaba la quaffle la cual quedaba en posición de Alicia Spinnett…

Spinnett le lanza un pase a Bell, esta elude una bludger lanzada por un golpeador de Slytherin, ¡Vaya movimientos de esta chica! Lanza un pase a Johnson, Angelina esta de frente a los aros lanza y… hay un pitido del árbitro, ¿Qué marcó?… – el murmullo crecía y las miradas estaban dirigidas al buscador de Gryffindor que estaba de pie en el centro del campo con aire de autosuficiencia.

-Woow No me lo creo, Gryffindor ha ganado, el marcador es de 150 a 0 Harry Potter tiene la snitch, déjenme ver, de verdad esto tengo que verlo- Tomó un par de binoculares que tenía a un lado y observo a través de ellos, cambio la pantalla hasta que el apellido Potter apareció.

Harry había emprendido un vuelo ascendente justo despues del pitido, la snitch siguió una trayectoria desde los aros de Slytherin hasta el centro del campo, Harry calculó el momento exacto dejándose caer en picada para interceptar la Snitch justo a tiempo para frenar su escoba y aterrizar de forma suave en el centro del campo, todo en un tiempo de 47 segundos.

Siii!, Harry Potter atrapó la snitch y, a menos que la Directora Mcgonagall diga lo contrario creo que tenemos un nuevo record, este chico promete, se los digo en serio…

Abajo los compañeros de Harry se unían al festejo abrazando, palmeando y felicitando a Harry los gemelos Weasley lanzaban sus puños al aire en señal de victoria, con todo y eso Harry seguía sintiéndose ausente, busco de nuevo en las butacas a sus padres pero lo único que vio fue a Hermione y Neville acercándose a él.

Harry levanto la palma derecha en dirección a Neville pero la bajo a medio camino al ver el semblante en las caras de ambos.

-¿Qué pasó?- la sensación en su pecho creció haciendo parecer que un camión estaba pasándole por encima triturándole.

-Creo que deberías venir con nosotros Harry- dijo Hermione, la cual tenía los ojos nublados por una película de agua.

-Y ustedes también deberían venir dijo Neville dirigiéndose a los gemelos.

El trayecto hacia el gran comedor se convirtió para Harry en un borrón de personas que intentaban felicitarlo a las cuales eludía sin la más mínima consideración, el comedor parecía estar vacio a excepción de unas pocas personas que rodeaban a uno de los alumnos el cual parecía haber perdido todo el color de su rostro.

-Ron ¿qué pasó? Pregunto Fred.

Ron no pudo contestar, hizo un ademán dirigido a un ejemplar del profeta abierto por la mitad donde se observaba a un hombre haciendo movimientos de negación con la cabeza, una cabeza con una calva incipiente en su rojiza cabellera, mientras era conducido a una celda.

El titular rezaba “Empleado del ministerio detenido por actos terroristas”

George se adelantó a su gemelo y de un tirón tomo el periódico de la mesa leyó de forma pausada como si el aliento le faltase.

El día de ayer fue detenido el Sr. Arthur Weasley  acusado de supuestos actos de terrorismo al destruir un edificio con una bomba de manufactura muggle. Dicha bomba había sido decomisada por un grupo de aurores a un grupo delictivo, del que se cree Weasley forma parte, toda vez que expresamente había solicitado la custodia del aparato detonador alegando que era “inofensivo” y “para el estudio de sus componentes”.

La sustancia explosiva fue robada ayer por la tarde por un mago, en lo que los expertos calificaron como “un trabajo interno” al ser detenido la varita del Sr. Weasley demostró haber realizado los hechizos para robar dicha sustancia.

El Sr Weasley tiene una larga experiencia en artefactos de manufactura muggle, lo que algunos de sus compañeros califican de obsesiva en extremo…

-Mentiras- dijeron George y Fred al unísono, arrojando el periódico sobre la mesa.

Para Harry la ligera hoja de papel que ofrecía la portada del periódico representó en su mundo lo mismo que la bomba había representado para el edificio de la resistencia, esa ligera hoja de papel cayó como un mazazo sobre su cabeza, la portada exhibía las fotos de sus padres, sonrientes y ajenos a que el mundo de su hijo se derrumbaba por completo. Harry leyó varias veces el titular en negándose a aceptar lo que decía.

“Asesinan al Jefe de Aurores y a su esposa. El ministerio busca pistas del asesino”

-No, no, no, no, no… –Harry seguía negando con su cabeza mientras gruesas lágrimas escurrían sobre su rostro nublándole la vista.

La directora Mcgonagall fue la primera en dirigirse a ellos, se acercó a Harry y paso un brazo por encima de sus hombros, esperaba ser rechazada por el chico, pero este solo atinó a seguir llorando y a hundir su cara en la túnica de la maestra.

-Eso, desahógate, Harry, por favor acompáñame a mi despacho, hay alguien que quiere verte, -despues se dirigió a los Weasley.

-Estas personas son aurores del ministerio quieren hacerles unas preguntas, el profesor Snape estará como testigo para cualquier cosa que necesiten, Sr Longbottom, Srita Granger, les agradezco su ayuda, pueden retirarse a sus salas comunes.

– Quisiera acompañar a Harry – dijo Hermione- Claro, si es posible. -Dijo  bajando la voz ante la mirada de la directora.

-Entiendo pero, comprenderás que con la presente situación…

-Está bien, yo quiero que venga- dijo Harry con voz acartonada, la directora dedico solo unos instantes antes de tomar una decisión.

-De acuerdo, acompáñanos.

Emprendieron el camino seguidos por la vista de un cabizbajo Ron que se sentía, si era posible, aún más triste.

El despacho de la directora Mcgonagall era una habitación circular a la cual se llegaba por unas escaleras ocultas tras una gárgola. Harry, quien parecía un poco más controlado, subió las escaleras con la sensación de que cada paso le suponía un esfuerzo inconcebible, pero el letargo en su pecho crecía de forma que ardía como un fuego que amenazara con salirse de control, sabía que su padre tenía una profesión peligrosa, pero él era un excelente mago, no concebía la idea de que alguien pudiese derrotarlo en un duelo, no en un duelo justo al menos. Asesino, había un asesino y en la mente de Harry se formaba un grotesco rostro al que podía culpar y en quien podía volcar toda esa ira que quería consumirlo.

Harry reconoció al hombre que estaba frente a la ventana del  despacho, había estado compartiendo la cena con ellos en la festividad de Halloween, quizás ayer para el resto de las personas, pero para Harry parecía haber pasado hace años, cuando el mundo aún tenía sentido y sus padres y su hermana… Su hermana.

-¿Que paso con Ellie?- preguntó sin ceremonias dirigiendo su mirada alternadamente a la directora y al ministro de magia.

-Lamento Harry, y no sabes cuánto, tener que decirte que desconocemos el paradero de tu hermana. –Pronuncio el ministro con voz queda pero que sin embargo fue perfectamente audible.

-¿Y ya saben quién fue?- preguntó Harry nuevamente, al demonio las condolencias de este viejo inútil que no pudo proteger a sus padres, lo que él quería era al culpable y hacerlo pedacitos pieza por pieza y arrancarle el paradero de su hermana con pedazos de su piel si era posible.

-Cierto fuimos inútiles en defender a tus padres- dijo el ministro.

Aparentemente estaba enterado de los pensamientos de Harry, o quizás había hablado en voz alta, para lo que importaba.

-Sin embargo tenemos pistas que nos pueden aclarar la identidad del asesino de tus padres y esperábamos que tu pudieses ayudarnos, sé que es difícil en estos momentos, pero comprenderás que mientras más pronto identifiquemos al culpable más posibilidades hay de atraparlo y de recuperar a tu hermana.

-Dígame como puedo ayudarlo, lo que sea, puede estar seguro que lo hare con gusto.

Albus mostro una sonrisa de satisfacción, todo iba sobre ruedas.

-Esperábamos que pudieras identificar esto.- y uniendo la palabra a la acción extrajo una varita envuelta en un pañuelo.

Una varita pulida y recta, con un mango ajustable, un mango que tanta admiración le había despertado a Harry durante tanto tiempo, un mango con flamas coloridas y el logo muggle de Harley – Davidson, un mango que siempre lo había visto unido a la varita de su padrino, su tío. Sirius Black.

Las lágrimas recorrían el rostro de Harry en abundancia y asintió lentamente.

-¿La reconoces Harry? ¿De quién es esta varita?

-De… mi pad… de Sirius Black.

La boca de Minerva se contrajo en una mueca de sorpresa y las palabras “No puede ser, no puede ser” escapaban con y sin sonido.

-Bien creo que es suficiente con eso, te aseguro que pondremos todo nuestro empeño en buscar y atrapar a ese hombre que mató a tus padres, ahora si lo deseas, puedo darte un poco de tiempo para que descanses de este duro trance al menos hasta mañana- Albus extrajo su varita y la apuntó a la cabeza de Harry- sobra decir que estarás dispensado de tus clases el tiempo que necesites para superar esto.

-No quiero sus hechizos, no quiero nada, quiero estar ¡SOLO! -La última palabra la soltó en forma de grito, desembarazándose del brazo del ministro y de su varita la cual rodo por el suelo a causa del empellón.

Sin esperar respuesta Harry salió corriendo sin cerrar la puerta.

-Quizás sería buena idea que lo acompañaras- le dijo la directora a Hermione.

-Si claro- asintió Hermione y salió corriendo tras de él.

Harry corrió hasta que las fuerzas le fallaron se detuvo en un pasillo solitario, mejor, todo le causaba repugnancia por el momento, no mentía cuando grito que quería estar solo, no le importaba haber sido grosero con la directora y con el ministro, no le importaba nada excepto encontrar a su tío – Ja, su “tío”– encontrarlo y arrebatarle a su hermana y despues… ¿despues que? ¿Matarlo? ¿Entregarlo a las autoridades? No se sentía capaz ni de lo uno ni de lo otro y eso le dolía en el alma.

Oyó unos pasos subiendo por la escalera, pasos ligeros.

-¿Harry?

-Vete Hermione- contestó Harry de forma neutra, por algún motivo si le importaba el ser grosero con Hermione, ella había insistido en acompañarlo, era su amiga, probablemente Ron también lo hubiera hecho y Neville pero ahora ellos tenían sus propios problemas, había reconocido al papa de Neville entre los hombres que interrogarían a los Weasley y sabía que no podía apartarse de ahí.

-¿Estas bien?

¿Por qué siempre preguntan eso? Mataron a mis padres, secuestraron a mi hermana, y para colmo él que los mató fue mi tío, mi padrino, casi mi segundo padre y todavía preguntas que si estoy bien.

Sin embargo lo que salió de la boca de Harry fue muy diferente a sus pensamientos.

-No, Hermione, no estoy bien, nunca he estado más cerca de sentirme bien, quiero morirme quiero desaparecer, no, no estoy bien. Todo me repugna, me repugna el ministro con sus preocupaciones por mí, me repugna la humanidad, no se puede confiar en nadie, me repugno yo mismo porque sé que no puedo atrapar al asesino de mis padres, porque toda la estúpida mañana me he pasado pensando porque mis padres no vinieron a verme jugar Quidditch, me repugna hasta este estúpido cuadro y esos estúpidos trolls de montaña intentando bailar ballet, quiero desaparecer, lo oyes ¡DESAPARECER, DESAPARECER!- grito al final Harry a pleno pulmón.

Un crujido a su espalda lo sobresaltó, instintivamente sacó su varita, era un reflejo que había visto hacer infinidad de veces a su padre, y lo había adquirido perceptivamente, una enseñanza de James Potter a su hijo de la que Harry quizás nunca fuera consciente del todo. La pared parecía encogerse y deformarse como si alguien estuviese taladrando detrás de ella, al fin la piedra rígida tomo la forma de una sencilla puerta de madera. La imprudencia formaba parte del espíritu de Harry en muchos sentidos, pero en su estado actual era capaz de aferrarse a cualquier clavo ardiente, quería respuestas y algo le decía que detrás de esa puerta las encontraría, sin guardar su varita cruzo el pasillo con paso decidido, al girar el pomo la puerta cedió fácilmente, en cuanto la hubo cruzado Harry supo de inmediato que esa puerta lo había estado esperando mucho, mucho tiempo.

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