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Posts Tagged ‘godric gryffindor’

-Entonces ¿nos van a salir alas y escamas?- pregunto Ron.

-Obvio que no Ron, es una metáfora, solo esta hablando en sentido figurado si no…

-Espera.- Dijo Harry interrumpiendo la perorata de Hermione e ignorando la mirada ofendida que le lanzó- Debe haber un error, ese reloj es mio, nuestro, quiero decir, o lo será, una vez que terminemos con todo esto.

-¿Y quien te ha dado derecho sobre el? Si es posible saberlo, ese reloj fue creado por la señorita Helga y ella misma fue la que me prometió que me serviría en… en el futuro.

-Pues el tipo que nos metió en todo esto fue el que nos prometió ese reloj, con ese reloj pienso regresar a mis padres, con ese reloj puedo atrapar a Sirius antes que les haga daño…

-Con ese reloj podemos sacar a mi papá de la cárcel- dijo Ron interrumpiendo, aparentemente siguiendo su propia línea de pensamiento.

-Cierto Ron, de hecho nunca tendrá que entrar podemos avisarle antes y será como si nunca hubiera pasado nada.

-¿Y los enemigos que se supone que tenemos que vencer, también volverán cuando activemos el reloj?- pregunto Hermione.

-No importa mi papa será capaz de vencer a quien sea, si no hubiese estado confiado con mi padr… con Sirius nunca hubiera podido vencerlo.

-Muy bellos planes,-lo interrumpió Ryujan aparentemente molesto-  pero aun no me has dicho quien te dio poder para decidir el uso que se le dará al reloj.

-Ya te lo dije, el tipo ese que nos convenció de entrar nos dijo…

-Y este “tipo” ¿tiene algún nombre? O ¿de donde saco él el derecho de prometer lo que no es suyo?

-Pues… -Harry cavilo mientras veía los rostros de sus compañeros, y en ellos pudo ver las palabras que no podía expresar, no sin sentirse un perfecto estúpido, habían entrado en esa habitación sin siquiera haber visto la cara del tipo, se habían embarcado en esa misión y ni siquiera sabían quien los había enviado, cierto, el dolor por sus padres lo había impulsado, pero ahora ese impulso parecía haberse perdido ante la demoledora lógica de Ryujan. El hecho era que no sabia ni quien ni porque lo había enviado y quizás estaba apostando su vida y la de sus amigos por obtener algo que quizás no le correspondía por derecho y las palabras que siguieron a su silencio no hicieron mas que aumentar su incertidumbre.

-No hace falta que nos fatiguemos en pensamientos inútiles, el reloj de la señorita Helga es un objeto mágico muy poderoso, y solo puede ser usado por aquel para el que fue creado, seamos tu o yo, lo sabremos en su momento. Es hora de volver, necesitan descansar para lo que les espera mañana.

***

Parecía deambular sola por la amplia sala de espera, los pasajeros esperaban su respectivo turno en una larga fila donde una hilera de cubos marcados por un número se alineaba. Tan pronto empezaban a brillar un puñado de personas se acercaban colocando una parte de ellos, generalmente un dedo, en contacto con el cubo para desaparecer súbitamente. Todo mundo parecía saber a donde dirigirse, excepto la pequeña niña que, con sus ojos cubiertos por una fina película de lágrimas volteaba a todos lados con evidentes señas de estar totalmente perdida.

-Hola pequeña, ¿estas perdida?- le pregunto un mago que se acerco a ella, parecía pertenecer a algún tipo de vigilancia encargada del lugar.

-Si- la vocecita sonaba como campanillas de cristal mientras sorbía su nariz de forma estruendosa -Mi hermano se cayó en las escaleras y parece que se lastimó su pierna, y no encuentro a mi papá por ningún lado, y…y.. yo no se que hacer… – unos sollozos rompieron la frase de la niña.

-Vamos, vamos, tranquila. Vamos a ayudar a tu hermano, en cuanto le echemos un vistazo a su pierna buscaremos a tu papa, ya veras como se soluciona todo.

-Gracias señor- la carita de la niña se ilumino con una sonrisa mientras permitía que el guardia la cargase- mi hermano esta por allá, detrás de esas escaleras, le señalo la niña.

El guardia dio vuelta al pasillo y aun alcanzo a ver al joven rubio que lo esperaba aunque no se veía lastimado, tuvo unos segundos de alivio donde pensó que los niños podían ser bastante exagerados antes de sentir como sus miembros parecían rebelarse y toda sensación de control sobre su cuerpo desaparecía, solo una voz retumbaba en su cabeza, la voz cantarina de aquella niña que ordenaba con el tono de alguien acostumbrado a ser obedecido.

-Boletos, para mí, para mi padre y mi hermano, rápido.

***

Los muelles solían ser un bullicio durante el día, pero a esa hora de la noche el comercio había menguado para todo aquel que no estuviese buscando una noche de juerga o algo aun más fuerte. Los guardianes que el ministerio había asignado a esa área solían hacerse de la vista gorda a cambio de una porción de los beneficios por lo que solo paseaban a determinada hora y en determinado lugar, aun así el hombre tomo todas las precauciones. Su aparición coincidió con el silbato de un barco lo que amortiguo el sonido del “crack”, camino por una calle estrecha alejándose de la costa hasta llegar a un suburbio donde varias casas se amontonaban juntas sin saberse bien donde iniciaba la una y terminaba la otra, camino a lo largo de la acera hasta llegar a una de ellas que se diferenciaba del resto, si bien los materiales y los acabados eran de baja calidad comparada con el resto parecía una mansión.

Toco la puerta con golpes secos y cortos, como un acto reflejo intento apartarse el cabello sobre su cara, solo para recordar que la acostumbrada capa de cabello estaba cómodamente atada en una coleta.

La luz de una vela se abrió paso desde el fondo de la casa, la puerta se entreabrió dejando ver a un hombre que si bien no era viejo, había entrado en esa etapa fofa de decadencia, la cara de caballo de su esposa  asomo detrás de el y, aunque no pareciera posible, su pálido rostro palideció aun más al ver al hombre y reconocer en el a aquel niño de otros tiempos, y sin poder evitarlo e ignorando la mirada de reproche de su esposo terminó de abrir la puerta.

-Pasa Severus-

-Mi estancia será corta, solo he venido a ver como esta.

-Esta bien, la estamos cuidando bien, ahora duerme, si quieres verla…

-No, no es necesario, solo asegúrate que siga bien y que cumples mis indicaciones al pie de la letra.

-Si, ella duerme y cubrimos su cuna con la capa todas las noches.

-Y tanto que van dos veces que me golpeo un dedo con esa cochina cuna, no se porque tenemos que tomarnos tantas molestias solo porque a tu hermana se le ocurrió morirse Petunia.

La jarra con agua que se encontraba sobre la mesa estalló en mil pedazos con un sonido escalofriante y el clima pareció descender varios grados dentro del pequeño cuarto mientras Severus se dirigía hacia Vernon el cual parecía tener dificultades para respirar y estaba tomando un feo color púrpura.

-Agradece… que aun sirves a mis planes, mil vidas muggle como la tuya no se compararían con el polvo que ella pisó. Si vuelves a mencionarla en mi presencia me olvidare de mis planes y desearas la muerte un millón de veces antes de que te la haya concedido.

La presión sobre la garganta pareció aflojarse y Vernon tomo aire como un pez fuera del agua, Severus arrojo un saquito sobre la mesa el cual hizo un tintineo metálico y salió rápidamente, el ruido de la puerta al cerrase oculto el sonido de su desaparición.

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El mago se apareció en una colina sobre la entrada de un pueblo, el sol estaba descendiendo de lo más alto y la tarde se acercaba con una humedad en el viento que pronosticaba lluvia.

Dedicó unos segundos a contemplar las casas que se extendían a lo largo del valle, no era una población muy grande pero tenia sus ventajas el que estuviese formada exclusivamente por magos y brujas, no había que esconderse de los grupos muggles de alborotadores que, si bien no podían reconocer por completo los vestigios de magia, eran lo bastante violentos como para cargar a ciegas contra cualquier cosa que oliese a mágico, y su atuendo cumplía los requisitos.

Camino a paso rápido hasta alcanzar las primeras casas del poblado, busco entre las calles hasta que encontró lo que buscaba, una casa que hacia las veces de tienda, había un escaparate en un costado y sobre un polvoriento cojín se exhibía una varita de aspecto frágil y desgastado. El mago cruzo el umbral, unas nubecillas de polvo se levantaban a cada paso que daba dibujando los rayos de sol que se dejaban filtrar por un techo que seguramente requeriría reparaciones muy pronto. Toco la campanilla y un mago de aspecto bonachón y con un amplio bigote se acerco a el con una sonrisa que asomaba entre sus abultadas mejillas.

-¿Dígame en que le puedo servir señor?

-Quiero una varita.

-Por supuesto, por supuesto, tenemos una amplia variedad, ¿Qué le parece esta?- el vendedor extrajo una caja de un color rojo desgastado y de ella sacó una varita larga y brillante.- Nuez y pelo de unicornio, 36 centímetros algo rígida, potente para hechizos.

-De hecho estoy buscando algo mas pequeño- dijo el mago.

-Lo siento, no entiendo- replico el vendedor con extrañeza- el mago no elige a su varita, es la varita la que elige al mago.

-Sucede que la varita no es para mi, es para alguien con manos mas pequeñas que las mías.

-Ah, el heredero de su casa esta por empezar a instruirse, comprendo, comprendo, sin embargo debo decirle que seria mucho mas conveniente si trajese a su hijo aquí y la varita correcta lo eligiese.- Soltó el vendedor sin apenas tomar aire.

-No, no me ha entendido, yo no tengo hijos, aun.-replico el mago.

-Ah ya veo, un regalo para la dama- dijo el vendedor con una sonrisa cómplice en el rostro- tenemos excelentes varitas de ornato con lo mejor de la moda para las damas de la alta sociedad y con acabados primorosos que honrarían hasta el más exigente gusto.- el vendedor alzo varias veces al unísono ambas cejas mientras decía esto, arrancando la carcajada del mago.

-No tampoco es para una dama, digamos que tengo un aprendiz y quiero hacerle un regalo para instruirlo como debe se.

-Entiendo, entonces algo simple y pequeño, mmmh, si creo que tengo algo que le gustara y uniendo la acción a la palabra casi corrió hasta la parte trasera de su tienda donde se oyó por unos momentos el mover y remover de cajas finalmente el vendedor se acerco con una varita mucho mas corta que la anterior.

-Acebo y pluma de fénix, 22 centímetros, poderosa y eficaz tanto para hechizos como para transformaciones, tiene un mango de sujeción aquí como puede ver, esta cabeza de dragón grabada hace que el principiante se ajuste mejor a su uso y no la tire en alguna floritura.

-Excelente- dijo el mago mientras sujetaba la pequeña varita- me la llevo.

Pago una pequeña cantidad por la varita y salio del local, camino hasta donde había una hostería y pidió una habitación, el duelo y la caminata lo tenían cansado, además debía programar su entrenamiento del día siguiente, aun no había decidido que enseñarle a Garnuk pero lo haría conforme fueran avanzando, quizás iniciarían con un poco de transformaciones y uno que otro hechizo, claro, eso si la varita aceptaba rápido a Garnuk, a pesar que los duendes y los magos eran criaturas lo suficientemente mágicas para canalizar su magia a través de objetos no estaba seguro si la magia de un duende seria suficiente para una varita, estas eran caprichosas y desleales con aquellos que no llenaban sus expectativas, y con ese pensamiento se quedo dormido.

***

-Señor Urg, traigo malas noticias.

El anciano duende movió su cabeza un poco para poner atención al recién llegado, el cual lucia bastante agitado como si hubiese corrido por un largo tramo, estaba a punto de reprenderlo por presentarse en esas condiciones en el salón principal cuando sus ojos repararon en la mano del duende el martillo de oro era inconfundible, era el símbolo del duende regente, aquel que años atrás había cedido a su hijo Garnuk cuando este había tenido la edad suficiente para dirigir a su pueblo y sabia que su hijo moriría antes de perder ese martillo símbolo de su honor y su poder.

No tardo en relacionar la mención de malas noticias y el hecho de que un duende extraño portase ese martillo, su semblante se torno pálido pero su voz salio determinante cuando pregunto:

-¿Muerto?

-Si señor- el duende agacho su cabeza y evito el contacto visual con el anciano.

-¿Quién?- pregunto de nuevo con voz aun mas dura.

-Un mago señor, yo lo vi todo.

El anciano duende bajo su cabeza un momento respirando entrecortadamente hacia bastante tiempo que un mago no asesinaba un duende, las antiguas revueltas habían finalizado gracias a Gringott y sus nexos con los magos, pero aun así las dos razas vivían recelosas una de la otra y siempre que había oportunidad intentaban demostrar su supremacía ante los demás. Esa podría ser una explicación y estaba dispuesto a aceptarlo por el honor de su hijo, una vez mas pregunto.

-¿Un duelo justo?

-No mi señor, fue atacado por la espalda para robarle su espada, yo pude rescatar el martillo que llevaba oculto en sus bolsillos.

El anciano sitio la furia rugir en su interior, maldita raza de víboras traicioneras, muerte era lo único que se podía esperar de los malditos magos y de su maldita prole y muerte era lo que el les iba a dar.

Con una vitalidad impropia de su edad salto de su asiento y empezó a colocarse su armadura al tiempo que con voz de trueno ordeno.

-Suenen el cuerno, llamen a los guerreros, vamos a recuperar la espada de mi hijo.

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La batalla había dejado exhaustos a ambos contendientes quienes ahora compartían la sombra del haya a las orillas del lago.

El mago utilizó su varita para convocar un lucio desde el lago, y juntó varios troncos en un montón apuntando después su varita, instantes después crepitaba un fuego que parecía llevar horas encendido, acto seguido coloco el lucio sobre la improvisada hoguera para cocinarlo.

-Mmmfgh- gruñó el duende, el cual había reunido algunas raíces y unos hongos  y se disponía a consumirlos recostado en el tronco de la haya.

-Olvidaba que no te gusta la comida cocinada con fuego.- señalo el mago con una risa divertida en el rostro.

-El fuego es un elemento sagrado, señor de la destrucción y de la creación, no debería ser humillado en labores tan denigrantes como cocinar.- replicó el duende con la misma perorata que le soltaba cada tres o cuatro días desde que se conocieron.

El mago solo volvió a sonreír, alegrándose para si mismo por haber desechado su idea original de atravesar el lucio con la espada para cocinarlo.

El mago masticó concienzudamente y después tragó un bocado de pescado, bebió un sorbo de vino de su petaca para después añadir -Mañana iré al pueblo a comprar una nueva varita, ¿crees que nos podamos ver en este mismo lugar a esta hora?

-¿Piensas presumirme tu nueva varita?

-De hecho estaba pensando en cumplir mi parte del trato y enseñarte a manejar la varita- la sonrisa no se había despegado del rostro del mago y se acentuó ante la mirada de incredulidad del duende.

-Ese no fue el trato, yo obtendría maestría en la varita si ganaba el duelo y lo perdí.- el duende se había puesto de pie conforme puntualizaba las palabras hasta casi convertirlas en un grito.

-No quiero tu lastima, Mago- La ultima palabra fue pronunciada con todo el desprecio que pudo reunir el duende.

-No te estoy ofreciendo mi lastima-agrego el mago aun sentado en el suelo y sin levantar la voz, -te ofrezco mi amistad y enseñarte como un cumplido a tu honor de un guerrero, la valentía es lo que mas valoro en una persona o criatura, si aun así decides rechazar la oportunidad que te doy, sea pues.

-La valentía solo es una estupidez, la mayoría de los guerreros caídos en batalla es por la valentía de colocarse al frente del enemigo, sin embargo tu generosidad es algo inusual en tu raza- el duende se quedo mirando al mago con ojos curiosos para después sentarse de golpe y agregar -Acepto tu oferta con una condición, habrá un pago por tus lecciones y por  tu varita.

-¿Un pago?- pregunto extrañado el mago

-Es algo simple, este polvo lo conseguí hace años con un nativo de tierras lejanas, mas allá del gran océano, se supone que en aquellos lugares existe una criatura, un animal fantástico que solo puede verse en ciertas épocas del año, el nativo no me explicó bien que era, solo se que la criatura se encontró atrapada y el nativo jugó un papel importante en su escape como recompensa la criatura le entrego un diente el cual resulto ser oro sólido de la mejor calidad, el nativo me lo dio hacia el final de su vida después de que lo cuidase por una enfermedad, en fin el hecho es que este polvo puede hacer que los objetos obtengan parte del alma de una persona.

El mago inmediatamente se levanto y esgrimió su varita contra el duende.

-Eso es magia oscura ¡Apártate!

-No seas estúpido –gruño el duende –no estoy hablando de lo que crees, y no funciona así, se supone que el objeto captura la esencia del alma de sus dueños y lo pone a disposición de aquel que sea digno y merecedor de dicho objeto, en el caso del nativo por ejemplo, su medallón atrapó su esencia aventurera y lo hizo viajar a lugares insospechados, y puesto que lo que tu valoras mas es el valor podemos intentarlo con tu espada.

-¿La espada?

-Así cuando tú no estés mas en este mundo cualquier mago digno que se encuentre en peligro podrá convocar la espada, dame tu sombrero y la espada.

El mago hizo entrega de ambos objetos y el duende vertió un poco del polvo dentro del sombrero colocando la punta de la espada dentro.

-Ahora una gota de tu sangre y que tu varita haga contacto con el sombrero y la espada, concéntrate en lo que consideras valentía.

Hubo un destello de luz y la espada desapareció dentro del sombrero, el duende exhibió una sonrisa satisfecha y entrego el sombrero y la extraña bolsita al mago.

-Mis lecciones están pagadas, guarda el resto del polvo por si algún día te es útil, no te preocupes por tu espada acudirá a tu ayuda cuando la convoques, solo no pierdas el sombrero y dicho esto emprendió la marcha hacia el bosque

-Vaya cosa -dijo el mago una vez que estuvo solo -Me parece mucho mas fácil extraviar un sombrero que una espada.- y la risa broto nuevamente de forma natural hasta convertirse en una carcajada, cuando se calmo se coloco su sombrero y con un ondeo de su varita desapareció.

Garnuk caminaba alegre a través del bosque, el mago parecía una persona honesta, el había sentido la verdad en sus palabras y no podía contener la alegría que le brotaba, estaba a punto de pasar a la historia como el primer duende que usaría una varita, pronto lograría que sus hermanos de raza aprendiesen también y los magos serian recompensados por su aportación, y quizás, (solo quizás) en un futuro no muy lejano les enseñarían a manejar el metal y al señor fuego para cosas mejores que comer y cocinar. Se sentía mas vivo que nunca incluso silbo una alegre melodía que su padre le había enseñado en sus años de juventud, su alegre silbatina fue interrumpida por el silbido de una flecha directa a su corazón, el dolor fue lacerante y su silbido quedo ahogado por la sangre amontonándose en su boca, alcanzo a escuchar unas palabras en su propio idioma.

-Traidor a la raza eres una deshonra, repartiendo nuestros secretos entre los magos y sirviéndoles como un perro entonces muere como tal.

Garnuk intento responder, necesitaba explicar pero solo en algún recóndito lugar de su cuerpo quedaba un vestigio de fuerza el cual utilizo para tratar de ver a su asesino, pero solo vio un fino rayo de sol atravesando la espesura del bosque, la luz se fue haciendo mas grande y después, nada.

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«No creo poder actualizar este fic de la misma manera que “Historia Alternativa” porque aun no he definido el rumbo de la historia, pero voy a tratar de mantenerlo igual de a capitulo por semana, si me retraso en algun momento ya saben el porque. Saludos»

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El esbelto y ágil mago alzó la pieza por su empuñadura arrancando destellos de la cada vez más intensa luz de la mañana, malabareó con ella entre sus manos fingiendo embates ante unos enemigos inexistentes, maravillándose cada vez más con la portentosa arma.

-Por Merlín que vale la pena, definitivamente jamás he visto una espada semejante. Entonces ese es el trato una lucha de magia, si yo gano recibo la espada, de manera definitiva y para mis futuras generaciones.- puntualizó de manera lenta y pausada el mago- y si tú ganas yo he de entrenarte en el uso de la varita, amen de conseguirte una previamente, ¿ese es el trato?

-Exactamente- replico el duende -puesto que no puedes obtener el control total de la espada sin mi magia y yo no obtendría mi recompensa si murieras durante el duelo, evitaremos maldiciones o conjuros que pudiesen poner en peligro la vida de cualquiera de los dos, y solo uno ganará cuando el otro se de por vencido este inconsciente o desarmado, ¿acordado?

-Acordado- respondió el mago.

Dejaron la espada recostada contra el tronco de un árbol, del mismo en el cual se conocieran hace 3 estaciones, un haya que recibía humedad de un lago continuo al pequeño montículo en el que estaba plantado y que había otorgado generosamente su sombra a los dos, ahora contendientes, en muchas tardes de largas charlas sobre todo y sobre nada.

Se colocaron uno frente al otro y esgrimieron ambos sus respectivas armas, el mago una varita que parecía haberse hecho hace cientos de años y el duende chasqueando los dedos conjuro un pequeño martillo de un metal dorado de inauditos destellos.

-Entonces, comencemos- dijo el mago, y con una ligera inclinación de ambos inicio el duelo.

Rápidamente el duende lanzó un hechizo que despidió tonos violetas y que el mago esquivó con una espectacular voltereta respondiendo desde el aire con un haz de luz roja que el duende detuvo con su martillo y utilizando el mismo movimiento pareció absorber el hechizo para después impactarlo en el suelo directamente frente a el y con un segundo y tercer movimientos, bastante fluidos y ágiles para su corta y rechoncha figura, lanzar dos grandes rocas  que se desprendieron del suelo directo al mago.

Basto un vago movimiento de la varita para convertir la primera de las rocas en pequeños guijarros y un salto para esquivar la segunda que fue a parar al fondo del lago.

-Bastante bien amigo, pero no creo que sea suficiente- declaró el mago con una amplia sonrisa en el rostro, pareciese que disfrutaba con el duelo y que no había nada mas en el mundo que lo hiciera sentir vivo y feliz.

Nuevamente el mago atacó con un rayo rojo al duende el cual, sin disimular una sonrisa de fastidio, desechó con un golpe de su martillo devolviéndoselo al mago, el cual estaba esperando el momento justo para esquivar el ataque cuando un chapoteo a su izquierda llamo su atención.

-Maldición, la roca- masculló por lo bajo el mago, y justamente la misma roca, que al parecer no había terminado en el fondo del lago sino que se dirigía ahora hacía el, amenazando con aprisionarlo entre esta y su propio hechizo, aun sin atinar a decidir que hacer un tercer movimiento a su derecha le indico que había perdido de vista a su enemigo que ahora completaba la labor con un rayo dorado lanzado con su martillo, con una media sonrisa mas parecida a un gruñido y cargada de absoluta satisfacción el duende dijo:

-Espero que esto SI sea “suficiente” amigo.

Solo le dio tiempo al mago de murmurar una palabra en casi absoluto silencio cuando ambos hechizos colisionaron con la roca justo en el punto donde se encontraba el mago, dejando visible solamente una nube de polvo y humo.

El duende se mantuvo expectante, a la espera que se disipara el humo, y no sin reconvenirse mentalmente un ligero tono de preocupación atisbaba en sus facciones cuando sintió que su cuerpo se ponía rígido sus brazos y piernas se juntaban a su tronco y el martillo volaba de sus manos  mientras el mago se acercaba a el.

-Encantamiento momentum – pronuncio el mago dirigiendo su vista al punto donde los hechizos colisionaron con la roca- detiene las cosas por un tiempo sin afectar al que lo invoca me dio el tiempo suficiente para poder desaparecerme, congelarte y desarmarte- dirigió su varita hacia el duende y pronuncio –Finite

El mago doblo parte de su considerable estatura y con una sonrisa en los labios tendió la mano al duende para incorporarse.

-Parece que he vencido viejo amigo, la espada es mía y de mis generaciones futuras.

-Así parece-, replicó el duende con una media sonrisa que revelaba su inconformidad.- No te diré que me agrada pero mi palabra ha sido dada y mi honor no es cosa de juego, la espada es tuya, dame tu mano-, y con un veloz movimiento saco una fina daga de plata con la cual hizo sendos cortes en ambas palmas la del mago y la suya propia, para después introducir entre ambas el mango de la espada y anuncio con potente voz como dirigiéndose a un publico inexistente.

-Hoy, yo, Garnuk duende regente, he sido vencido por un mago sin lugar a dudas por lo cual mi deuda debe ser saldada, mi sangre es testigo de que esta espada pasará a su total y entera propiedad así como de sus generaciones venideras,- y al mencionar estas palabras la sangre de ambos se fundía con la empuñadura de la espada en forma de vistosos rubíes, -y para que no quede duda alguna, de hoy en adelante lucirá el nombre de su legitimo dueño.

Con un rápido movimiento, el duende tomó su pequeño martillo dorado que levanto murmurando encantamientos en una lengua extraña mientras el martillo escapaba de sus manos y empezaba a imprimir en letras al rojo vivo y que una vez que se hubieron enfriado resaltaban claramente un nombre a lo largo de la hoja de la espada “Godric Gryffindor“.

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