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-Entonces ¿nos van a salir alas y escamas?- pregunto Ron.

-Obvio que no Ron, es una metáfora, solo esta hablando en sentido figurado si no…

-Espera.- Dijo Harry interrumpiendo la perorata de Hermione e ignorando la mirada ofendida que le lanzó- Debe haber un error, ese reloj es mio, nuestro, quiero decir, o lo será, una vez que terminemos con todo esto.

-¿Y quien te ha dado derecho sobre el? Si es posible saberlo, ese reloj fue creado por la señorita Helga y ella misma fue la que me prometió que me serviría en… en el futuro.

-Pues el tipo que nos metió en todo esto fue el que nos prometió ese reloj, con ese reloj pienso regresar a mis padres, con ese reloj puedo atrapar a Sirius antes que les haga daño…

-Con ese reloj podemos sacar a mi papá de la cárcel- dijo Ron interrumpiendo, aparentemente siguiendo su propia línea de pensamiento.

-Cierto Ron, de hecho nunca tendrá que entrar podemos avisarle antes y será como si nunca hubiera pasado nada.

-¿Y los enemigos que se supone que tenemos que vencer, también volverán cuando activemos el reloj?- pregunto Hermione.

-No importa mi papa será capaz de vencer a quien sea, si no hubiese estado confiado con mi padr… con Sirius nunca hubiera podido vencerlo.

-Muy bellos planes,-lo interrumpió Ryujan aparentemente molesto-  pero aun no me has dicho quien te dio poder para decidir el uso que se le dará al reloj.

-Ya te lo dije, el tipo ese que nos convenció de entrar nos dijo…

-Y este “tipo” ¿tiene algún nombre? O ¿de donde saco él el derecho de prometer lo que no es suyo?

-Pues… -Harry cavilo mientras veía los rostros de sus compañeros, y en ellos pudo ver las palabras que no podía expresar, no sin sentirse un perfecto estúpido, habían entrado en esa habitación sin siquiera haber visto la cara del tipo, se habían embarcado en esa misión y ni siquiera sabían quien los había enviado, cierto, el dolor por sus padres lo había impulsado, pero ahora ese impulso parecía haberse perdido ante la demoledora lógica de Ryujan. El hecho era que no sabia ni quien ni porque lo había enviado y quizás estaba apostando su vida y la de sus amigos por obtener algo que quizás no le correspondía por derecho y las palabras que siguieron a su silencio no hicieron mas que aumentar su incertidumbre.

-No hace falta que nos fatiguemos en pensamientos inútiles, el reloj de la señorita Helga es un objeto mágico muy poderoso, y solo puede ser usado por aquel para el que fue creado, seamos tu o yo, lo sabremos en su momento. Es hora de volver, necesitan descansar para lo que les espera mañana.

***

Parecía deambular sola por la amplia sala de espera, los pasajeros esperaban su respectivo turno en una larga fila donde una hilera de cubos marcados por un número se alineaba. Tan pronto empezaban a brillar un puñado de personas se acercaban colocando una parte de ellos, generalmente un dedo, en contacto con el cubo para desaparecer súbitamente. Todo mundo parecía saber a donde dirigirse, excepto la pequeña niña que, con sus ojos cubiertos por una fina película de lágrimas volteaba a todos lados con evidentes señas de estar totalmente perdida.

-Hola pequeña, ¿estas perdida?- le pregunto un mago que se acerco a ella, parecía pertenecer a algún tipo de vigilancia encargada del lugar.

-Si- la vocecita sonaba como campanillas de cristal mientras sorbía su nariz de forma estruendosa -Mi hermano se cayó en las escaleras y parece que se lastimó su pierna, y no encuentro a mi papá por ningún lado, y…y.. yo no se que hacer… – unos sollozos rompieron la frase de la niña.

-Vamos, vamos, tranquila. Vamos a ayudar a tu hermano, en cuanto le echemos un vistazo a su pierna buscaremos a tu papa, ya veras como se soluciona todo.

-Gracias señor- la carita de la niña se ilumino con una sonrisa mientras permitía que el guardia la cargase- mi hermano esta por allá, detrás de esas escaleras, le señalo la niña.

El guardia dio vuelta al pasillo y aun alcanzo a ver al joven rubio que lo esperaba aunque no se veía lastimado, tuvo unos segundos de alivio donde pensó que los niños podían ser bastante exagerados antes de sentir como sus miembros parecían rebelarse y toda sensación de control sobre su cuerpo desaparecía, solo una voz retumbaba en su cabeza, la voz cantarina de aquella niña que ordenaba con el tono de alguien acostumbrado a ser obedecido.

-Boletos, para mí, para mi padre y mi hermano, rápido.

***

Los muelles solían ser un bullicio durante el día, pero a esa hora de la noche el comercio había menguado para todo aquel que no estuviese buscando una noche de juerga o algo aun más fuerte. Los guardianes que el ministerio había asignado a esa área solían hacerse de la vista gorda a cambio de una porción de los beneficios por lo que solo paseaban a determinada hora y en determinado lugar, aun así el hombre tomo todas las precauciones. Su aparición coincidió con el silbato de un barco lo que amortiguo el sonido del “crack”, camino por una calle estrecha alejándose de la costa hasta llegar a un suburbio donde varias casas se amontonaban juntas sin saberse bien donde iniciaba la una y terminaba la otra, camino a lo largo de la acera hasta llegar a una de ellas que se diferenciaba del resto, si bien los materiales y los acabados eran de baja calidad comparada con el resto parecía una mansión.

Toco la puerta con golpes secos y cortos, como un acto reflejo intento apartarse el cabello sobre su cara, solo para recordar que la acostumbrada capa de cabello estaba cómodamente atada en una coleta.

La luz de una vela se abrió paso desde el fondo de la casa, la puerta se entreabrió dejando ver a un hombre que si bien no era viejo, había entrado en esa etapa fofa de decadencia, la cara de caballo de su esposa  asomo detrás de el y, aunque no pareciera posible, su pálido rostro palideció aun más al ver al hombre y reconocer en el a aquel niño de otros tiempos, y sin poder evitarlo e ignorando la mirada de reproche de su esposo terminó de abrir la puerta.

-Pasa Severus-

-Mi estancia será corta, solo he venido a ver como esta.

-Esta bien, la estamos cuidando bien, ahora duerme, si quieres verla…

-No, no es necesario, solo asegúrate que siga bien y que cumples mis indicaciones al pie de la letra.

-Si, ella duerme y cubrimos su cuna con la capa todas las noches.

-Y tanto que van dos veces que me golpeo un dedo con esa cochina cuna, no se porque tenemos que tomarnos tantas molestias solo porque a tu hermana se le ocurrió morirse Petunia.

La jarra con agua que se encontraba sobre la mesa estalló en mil pedazos con un sonido escalofriante y el clima pareció descender varios grados dentro del pequeño cuarto mientras Severus se dirigía hacia Vernon el cual parecía tener dificultades para respirar y estaba tomando un feo color púrpura.

-Agradece… que aun sirves a mis planes, mil vidas muggle como la tuya no se compararían con el polvo que ella pisó. Si vuelves a mencionarla en mi presencia me olvidare de mis planes y desearas la muerte un millón de veces antes de que te la haya concedido.

La presión sobre la garganta pareció aflojarse y Vernon tomo aire como un pez fuera del agua, Severus arrojo un saquito sobre la mesa el cual hizo un tintineo metálico y salió rápidamente, el ruido de la puerta al cerrase oculto el sonido de su desaparición.

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Los días se sucedían uno tras otro, aunque no con la fluidez con que recordaba, parecía que el sol no sentía la necesidad de ocultarse tanto como en el mundo exterior, por lo que los días parecían eternos en aquel lugar, mientras las noches pasaban como un suspiro. El clima permanecía impertérrito, aquel aire estival, que se sentía sin oírse, seguía soplando su cálida brisa y apenas si refrescaba por las efímeras noches.

El entrenamiento era, si bien muy exigente, bastante rutinario, corrían todas las ¿mañanas? Por un tiempo indefinido, pero de alguna forma aquel chico sabía exactamente el momento para decir basta, quizás contaba con algún reloj adecuado para esa habitación. El desayuno se componía invariablemente de las frutas que recolectaban del bosque despues de correr, lo que logró que los primeros días desayunasen lo que había en los arbustos más bajos, ya que no había fuerzas para trepar a los arboles donde se adivinaban las frutas más apetitosas y aquel chico se rehusaba a proveerles más comida de la que ellos pudiesen recolectar. Una vez terminado el desayuno seguía la invariable lección de pociones, puesto que Ryujan no era un mago, lo único que podían obtener de magia de él eran los libros que se encontraban en el segundo piso de sus habitaciones. Había ahí una gran colección de libros y un estante que, según sus propias palabras, le había regalado la señorita Helga, el cual parecía no vaciarse nunca de los ingredientes para las más diversas pociones.

Durante ese tiempo el joven solía ausentarse, más de una vez Hermione lo había visto dirigirse al bosquecillo en el que se adivinaba la silueta de un pequeño lago. El resto del día consistía en practicar su resistencia muscular con ejercicios raros en una sola postura pero que exigían un considerable esfuerzo, aunque a Neville parecían no serle desconocidos.

Cuando la luz menguaba en lo que podía llamarse el atardecer generalmente Ryujan encendía alguna fogata en la que colocaban algunos pescados atrapados en el lago, también por regla general estas cenas estaban acompañadas de un silencio incómodo, ya que ninguno de los que estaban ahí parecía ganar algún premio por ser un buen conversador, y la única vez que Harry había preguntado cómo había conocido a Helga Hufflepuff, Ryujan lo había ignorado olímpicamente para dirigirse a su habitación. Sin embargo Hermione decidió intentarlo de nuevo.

-¿Por qué haces esto?- le pregunto sin más mientras comían.

-¿Entrenarlos? Porque es lo que la señorita Helga me pidió que hiciera.

-Si pero, esperar mil años dentro de este lugar solo para eso me parece bastante…- Hermione no estaba segura de la palabra con la que podía definirlo pero Ryujan le evito la incomodidad interrumpiéndola.

-A veces uno debe hacer las cosas porque no hay nadie más quien las pueda hacer. En mi pueblo mi padre era el mejor maestro y yo había aprendido y dominado todas sus técnicas a muy corta edad. La señorita Helga me encontró cuando fue a buscar a mi hermana, y a pesar de que ella era especial fui yo el elegido para esta misión.

-¿Especial? ¿Quieres decir?

-Como ustedes, ella podía hacer magia.

-¿Y qué fue de ella?- pregunto Harry, al parecer los demas habían seguido el hilo de la conversación.

-¿Qué crees que le pasa a las personas una vez que han pasado mil años?- pregunto Ryujan en tono hosco.

-Cierto, perdón, pero me refería a durante, el tiempo que vivió.

-La señorita Helga le ofreció un lugar en su escuela, donde aprendería a dominar la magia, pero ella lo rechazó, nuestra familia se hacía cargo de Kamigawa desde que el primer antepasado nuestro estuvo ahí, los hombres se dedicaban a entrenar guerreros y las mujeres eran las curanderas del pueblo, no podíamos dejar de lado esa responsabilidad, asi había sido siempre, hasta que yo rompí la tradición. Mi padre estaba furioso cuando le dije que iba a ayudar a la señorita Helga, pero yo había tomado una decisión, asi que partí y unos días despues estábamos ingresando por esa puerta de dos perillas y..

-¿Dos? La nuestra tenía cuatro- dijo Ron.

-Es obvio, la puerta aparece con la cantidad que se requiere para entrar Ron- contesto Hermione con tono condescendiente, y se volvió hacia Ryujan ignorando la probable replica que Ron estaba a punto de pronunciar.

-En realidad no lo sé- dijo Ryujan- pero aún recuerdo esas perillas con la consistencia del humo que por un momento crees que no vas  a poder tomarlas hasta que lo haces. La señorita Helga construyó este lugar y hechizo las plantas y los estantes para que nunca faltase comida o ingredientes, también le hicieron algo a la habitación, por eso los días duran tres veces más y el aire es más pesado.

-También creo eso- dijo Ryujan despues de una pausa señalando hacia el bosquecillo.

-¿Que hay ahí?- pregunto Hermione.

-Kamigawa- contesto Ryujan levantándose- y creo que ya va siendo hora de que lo conozcan.

Caminaron hacia el bosque sin decir una palabra, las sombras del atardecer se iban haciendo más oscuras y cuando llegaron a la orilla del lago la noche era plena sin embargo el lago parecía estar indeciso ya que, mientras la mitad más cercana a ellos se encontraba sumida en sombras, la mitad más alejada parecía ser mediodía de un día de otoño, las hojas de color oscuro decoraban un caminillo de piedras en el que se adivinaban apenas unos pocos edificios que parecían abandonados hace siglos.

-Eso que ven ahí es Kamigawa tal como está ahora, a través de este lugar he podido observar a la gente ir y venir a lo largo de mi estancia aquí, o al menos de algún tiempo de mi estancia, por algún motivo, la gente empezó a dejar de venir a los templos, poco a poco el lugar se ha ido quedando vacio.

-¿Esos son templos?- pregunto Harry

-Son los templos de los antiguos dioses de Kamigawa, los dragones imperiales, espíritus muy poderosos que protegían el plano físico de las amenazas del mundo espiritual. Eran 5, El Dragón Azul  Keiga, la estrella de la marea, Guardián del mar, de las criaturas marinas y del tiempo.  El Dragón Blanco Yosei, la estrella de la mañana, Guardián del día, de las criaturas aladas y de la energía del sol. El Dragón Rojo  Ryusei, la estrella fugaz, Guardián de los seres terrestres, de la fuerza interna y del poder. El Dragón Verde  Jugan, la estrella ascendente, Guardián de la naturaleza y de la energía vital. Y por último el Dragón Negro Kokusho, la estrella del atardecer, Guardián de la noche y la obscuridad, amo y señor de la muerte.

-Cada uno de ellos representa la parte necesaria para derrotar el mal que se avecina, cada uno de ellos debe encontrar su esencia para liberar el potencial que guarda dentro y cumplir con la profecía, por eso vine aquí, la señorita Helga prometió que si venia aquí podría entrenar a los nuevos dragones… y ser parte de ellos.

-O sea que nosotros, ¿somos ellos? –pregunto Hermione.

-Asi es.

-¿Pero porque nosotros?- pregunto Harry.

-Ya se los dije, a veces nadie más puede hacer las cosas por nosotros. Además, una vez que terminemos con esto recibiré la recompensa que me prometió la señorita Helga, el reloj que marcha hacia atrás.

Siguiente Capitulo.

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La puerta se abrió para los cuatro a la vez, curiosamente ninguno recordaba haber cerrado la puerta, el primero en dar un paso hacia dentro fue Ron, sus pie se dobló por el tobillo y cayo de bruces al suelo, Harry y Neville intentaron ayudarlo a incorporarse solo para correr la misma suerte.

-¿Sintieron eso?- pregunto Hermione que no se había movido de su sitio. -Fue como atravesar por niebla y… – se detuvo a media frase al observar a sus compañeros que se incorporaban lenta y trabajosamente.

-Chicos sus ropas.

– ¿Que tienen nuestras ropas?- pregunto Ron volteando a ver a Hermione y abriendo la boca en una cómica “o” para despues soltar una carcajada. –Hermione ¿cuándo te encogiste?

A pesar de ser casi idénticos en estatura cuando entraron en la habitación, ahora Ron sobresalía más de cinco centímetros por encima de Hermione.

-Yo no me encogí tonto- le respondió Hermione ácidamente- Eres tú al que le crecieron los pies, tanto que no puede dar un paso sin tropezarse con ellos.

Las orejas de Ron parecieron fundirse con su cabello, Harry y Neville habían terminado de incorporarse y aunque habían aumentado un poco de estatura su diferencia no era tan notoria como la de Ron.

-Wow- exclamo Harry al observar las prendas que vestían.

Sus túnicas parecían haberse perdido al traspasar la puerta y fueron sustituidas por ropas al parecer de lino adornadas con caracoles, blancas para Hermione, rojas para Ron, negras para Harry y verdes para Neville, sus ropajes estaban adornados con botones de conchas marinas y ahora calzaban unas zapatillas bastante ligeras y cómodas.

-Chicos, miren- dijo Neville llamando la atención del resto.

Los otros voltearon hacia donde surgía la voz de Neville y tuvieron que hacer un esfuerzo para cerrar sus bocas, ante ellos se extendía un prado con un pasto verde y fresco, no había techo visible y si lo había compartía el hechizo del gran comedor puesto que el sol brillaba esplendorosamente en un cielo con apenas unas pocas nubes, el clima era bastante caluroso a pesar que en Hogwarts ya se empezaban a notar los estragos de los vientos otoñales que anuncian el inminente invierno.

A lo lejos se observaba una construcción, rudimentaria, caminaron en esa dirección. A pesar de que el sitio parecía el ideal para realizar un día de campo, no desestimaron el hecho de que había un silencio antinatural, ni siquiera el viento sonaba a pesar de que lo podían sentir en el rostro, y fluyendo a través de las ligeras ropas, las cuales más de uno mentalmente agradecía, puesto que con las túnicas aquel clima estival hubiese sido insoportable.

-No parece estar lejos- dijo Ron-  voto porque nos acerquemos allá.

-Me parece que no tenemos opción -dijo Hermione quien no estaba mirando la construcción a la distancia- cuando voltearon pudieron notar que la niebla que los había envuelto al cruzar la puerta había desaparecido, y el prado se extendía también en la otra dirección hasta donde alcanzaba la vista.

Parecieron ponerse de acuerdo sin agregar nada más y emprendieron el camino hacia la construcción, aunque no parecía lejana les tomo más de diez minutos hacer el recorrido. El edificio era una construcción de piedra con una puerta sin perilla que se abrió al primer empujón de Neville. La estancia era grandísima más del doble del salón comedor de Hogwarts, al final se apreciaba una escalera que daba acceso a un piso superior, la única iluminación partía de la luz del sol que entraba por las múltiples ventanas.

-¿Hola?- pregunto tímidamente Hermione mientras entraban en la estancia, sus pasos resonaban de forma lúgubre.

– ¿Hay alguien aquí? Qué tontería siempre preguntaban lo mismo en las películas que solía ver con sus padres –pensó y no pudo evitar una punzada de dolor al recordarlos en esas tardes.

-Parece que no hay nadie- dijo Harry carraspeando para poder darle volumen suficiente a su voz, de repente un vaso de agua o de zumo frio se convirtió en el mayor anhelo de Harry. Una sombra pareció deslizarse entre la luz de dos ventanas hacia la izquierda, instintivamente saco su varita y los demas lo imitaron, para sorpresa de todos, estas estaban sujetas por un cordel que lo hacía muy práctico para llevarlas.

-¿Ya es hora?- dijo la sombra, la voz sonó distorsionada y les dificulto ubicar el lugar de origen.

–¿Hora de qué? -pregunto Ron.

–Discúlpenme- dijo la sombra de nuevo y sin ningun aviso se precipitó sobre Ron, algo parecido a una espada surco el aire golpeando la muñeca de este lanzando su varita por los aires, Harry disparó un hechizo que rebotó sobre la espada de la sombra y fue a impactar a Neville, o lo hubiera hecho, si este no hubiese saltado hacia un lado apartándose de la trayectoria, Ron intentó buscar su varita pero un golpe con el canto de la espada lo puso fuera de combate, Hermione se unió al ataque lanzando un hechizo que fue hábilmente desviado y que esta vez sí impacto a Neville derrumbándolo contra una pared, la espada se movió hábilmente y desarmó a Hermione, Harry intentó lanzar otro hechizo pero la sombra le lanzo una cadena que se enredó sobre sus pies, y un segundo despues yacía en el suelo y su varita rodo fuera de su alcance.

Rodo sobre sí mismo por el suelo hasta alcanzarla, Neville y Ron ya estaban incorporándose también, con las varitas en ristre, la espada finalmente se desenvaino de su funda con un sonido escalofriante y la punta quedo a milímetros de la garganta de Hermione.

-Bajen sus varitas, ahora- los tres solo dudaron un instante y soltaron sus varitas que cayeron al suelo con un repiqueteo.

-Déjela en paz- dijo Ron.

-¿Cómo pueden ser tan idiotas?- Pregunto la sombra- Les dije que bajaran sus varitas, no que las tiraran, he esperado cientos de años y me envían a solo un montón de muchachitos tontos. ¿Qué hubiera pasado si el enemigo hubiese sido real? ¿Eh? Los hubiera matado a todos.

La sombra dio unos pasos hacia la pared olvidándose de Hermione y con un tajo de su espada cortó un cordel, la luz entro a raudales una vez que la cortina semitransparente dejo de cubrir las ventanas. El chico vestía ropas muy similares a las suyas, pero de un color azul rey rematado con un sombrero vietnamita cuya sombra le cubría la mitad del rostro.

El joven, no se le podía llamar de otra forma, Harry calculo que no llegaría a la mayoría de edad, tomo varios frascos de una mesa y ofreció uno a cada uno de ellos.

-Tómenlos, les hará bien, y síganme- y sin esperar respuesta salió por la puerta.

***

Loria estaba muriendo, sus latidos eran lentos y pausados y su piel se tornaba más pálida con cada minuto que pasaba.

-Casi es momento- dijo Hugo, aspiro el aire profundamente y una sonrisa de satisfacción llenó su rostro.

-Observa y aprende- le dijo a Tom, ahora tendrás el conocimiento que buscabas cuando nos conocimos.

-Muy gracioso, porque no me lo mandas por lechuza a hace una hora cuando aún me importaba- respondió Tom, aunque sin acritud, al parecer la situación le divertía bastante.

-Aquí estas- dijo Hugo -Hermana mía, hoy renacerás y compartirás mi venganza, vivirás para resarcirte de todo el daño que sufriste- las sombras parecieron agitarse a su alrededor y el viento se desató en el exterior de la tumba.

–Sangre de mi sangre renace y vive- Hugo empezó a entonar un cantico, un cantico que sin duda Santi reconocería desde su eterna prisión pétrea. Una sombra más oscura que las demas descendió sobre el cuerpo de Loria mientras Hugo cortaba con su varita su muñeca. Las últimas gotas de sangre de Loria se mezclaban con la sustancia alquitranada de la sombra, una vez hubo ingresado por completo la herida sanó por si sola.

Loria abrió los ojos y dirigió a Hugo una sonrisa radiante. –Lo logré, funcionó, recordamos el lugar.

-Sí, sí, si- respondió Hugo con ademan maternal acariciando la sedosa cabellera de Loria.-Lo logramos, ahora descansa, hermana mía.

***

Se sentaron a la sombra de uno de los árboles, la bebida los reconforto de manera instantánea y les recobro las fuerzas gastadas en el trayecto y la pelea.

-¿Quién eres? – pregunto Hermione la poción había teñido su rostro levemente y parecía mas despierta de lo normal.

-Mi nombre es Ryujan Mabuza, he estado esperando desde hace mucho tiempo a que el guía llegara para su entrenamiento, la señorita Helga me proporciono un lugar idéntico a donde yo nací para esperar.

-¿Helga? ¿Helga Hufflepuff? La…

-Si, la fundadora de Hogwarts- completo Ryujan la frase de Hermione.- Ella me puso aquí hace tanto tiempo que ya perdí la cuenta.

-Deben ser mas de mil años- tercio Ron con cara de asombro- ¿Cómo pudiste aguantar tanto tiempo aquí?

-Mil años- la mirada de Ryujan se dirigió a un bosquecillo colina abajo donde se adivinaba la silueta de un estanque.

-Bueno, supongo que si ya esperamos tanto un día mas no hará diferencia, les mostrare sus habitaciones y la biblioteca para que puedan instalarse, mañana iniciaremos con el entrenamiento.

-¿Que clase de entrenamiento nos darás?- pregunto Neville.

-Es obvio, hechizos de ataque y defensivos, y algún tipo de magia oriental- respondió Harry que no le había pasado por alto la indudable apariencia asiática de Ryujan.

-No, su entrenamiento será más físico, les ayudare a aumentar su resistencia y su agilidad, y por las tardes aprovecharan la biblioteca para adiestrarse en la preparación de pociones.

-¿Quieres decir que no nos vas a enseñar ningún hechizo? No pretenderán que nos enfrentemos a lo que sea que venga como si fuéramos una especie de Bruce Lee- dijo airada Hermione, su pelo, que ahora ya no estaba trenzado, se alboroto aun mas con los ademanes que hacia.

-No se quien sea ese tal Lee que mencionas, pero yo voy a hacer lo que la señorita Helga me pidió que hiciera.

-Pero algún hechizo habrás de conocer, algo que le hayas aprendido a Helga- dijo esperanzado Neville.

-No podría aunque quisiera, yo no puedo hacer hechizos, creí que era obvio, yo… soy un muggle.

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Las escaleras eran simples trozos de roca socavados, y descendían en espiral de forma tan pronunciada que prácticamente cada tres pasos se encontraban en dirección opuesta a la anterior.

Tom no alcanzaba a vislumbrar más allá del siguiente escalón aun con la ayuda de la luz de su varita, la oscuridad reinante parecía impenetrable, incluso el sol de la tarde no les proporciono claridad más que para iniciar su marcha, como si la luz se rehusase a ingresar a ese lugar.

El cuerpo de Loria había quedado a buen resguardo bajo un hechizo desilusionador recargado contra uno de los pilares de roca, Hugo había insistido en que debían conservarla.

Tras lo que parecieron cientos de escalones Tom empezó a vislumbrar una pequeña luz a escasos metros por debajo de ellos, la luz provenía de dos velas colocadas sobre una especie de altar de piedra, apenas más pequeño que Hugo, las velas parecían nuevas y no se apreciaban gotas de cera escurriendo por sus lados.

Detrás del altar existía un pequeño espacio hasta llegar a una pared lisa de alabastro, sin adorno alguno a excepción de las vetas del mineral, una corriente de aire entro por alguna parte haciendo recorrer un escalofrío por la espalda de Tom. Su garganta pareció cerrarse durante el camino, por lo que tuvo que carraspear antes de preguntar.

-¿Ese es el lugar?

-Sí, detrás del muro encontraremos lo que hemos estado buscando.

-El Grimorio- murmuro Tom, Hugo le dirigió una mirada sonriente.

-Vaya que los chicos de hoy son conformistas, pero allá tú- Hugo paso por detrás del altar y recorrió el muro con sus manos, con los ojos cerrados. –Acércate- le dijo a Tom.

 –Toca, siéntelo.

Tom recorrió el muro con sus manos, la piedra era dura y fría pero ahí donde entraba en contacto con la piel absorbía calor, la piedra misma parecía respirar y latir bajo su mano.

-Hay que hacer un pago- dijo Hugo –Pero no se aun como- bajo su varita y con ella hizo un corte en la palma de su mano, intento acercarla al muro pero la herida cicatrizo inmediatamente, ni una sola gota de sangre salió de ella.

-Déjame intentar a mí- Tom repitió la operación, esta vez de la muñeca y el resultado fue el mismo, la sangre se negaba a salir por la herida.

-Su casa, sus reglas -dijo  Hugo- Apoyo ambas manos contra el muro y Tom lo imitó

-Queremos entrar- el muro pareció leer su pensamiento, varios pinchos de la piedra se materializaron directamente contra sus palmas, la sangre escurrió, generosamente esta vez,  y fue absorbida por el muro, las vetas del mineral se retorcieron dando la apariencia de enfurecidas serpientes, se enroscaron y estiraron hasta formar un contorno que se fue contrayendo sobre sí mismo hasta dejar un hueco suficiente para permitirles el paso.

El pasillo era corto y conducía a lo que parecía una cueva, un círculo de piedra se encontraba en el centro de la misma, y destacaba por su blancura casi cegadora. Mediante un tácito acuerdo ambos se colocaron en el círculo bloqueando sus mentes y preparándose para lo que venía.

Un sonido como de garras sobre madera sonó a la distancia, parecía acercarse ya que cada vez el sonido aumentaba y parecía rebotar en las paredes hasta que termino convirtiéndose en una autentica cacofonía. Una fina lluvia de polvo y guijarros cayó desde el techo de la cueva, aunque este no se podía adivinar a que altura se encontraba debido a la oscuridad reinante, y el suelo tembló ligeramente bajo sus pies, sin embargo los magos permanecieron serenos con la mirada fija al frente.

Súbitamente el suelo desapareció bajo sus pies y cayeron en un pozo profundo y helado, la temperatura disminuyo de golpe, no hubo temblores sin embargo ni quejas por la repentina perdida de la solidez debajo de ellos, el miedo estaba perfectamente guardado en capas más subterráneas de su mente, cayeron por lo que se les antojo interminables minutos hasta que fueron depositados en una sala muy amplia.

Los tesoros apilados a ambos lados se elevaban hasta perderse de vista en las alturas, el sonido de las garras volvió a hacerse presente, esta vez de forma más pausada, al final un enorme ciempiés apareció por el fondo del pasillo, la criatura traía montado un hombre gordo en cual aparentemente carecía de cabeza. Sin embargo ello no parecía ser una limitante para comunicarse, la voz que sonó no fue dura, por el contrario, era melodiosa y embriagadora, y tenía el tono de un anfitrión contento por recibir a sus invitados.

-¡Ya están aquí, han tardado mucho!

Los magos no contestaron, Hugo hizo una ligerísima inclinación de cabeza a modo de saludo y Tom lo imitó.

-Ya veo, pueden hablar con confianza, ahora son mis invitados- el ciempiés inclinó su cuerpo dejando que el hombre gordo resbalara sobre su lomo hasta caer aparatosamente.

Una vez en el suelo el ser rodó grotescamente hasta quedar recostado sobre unos almohadones, unos rastros de baba color azulado, que probablemente le ayudaban a desplazarse quedaron sobre el suelo.

-Vamos no sean tímidos, pero que mal anfitrión soy los tengo de pie- movió ligeramente sus manos y pudieron notar que en sus palmas tenia bocas repletas de colmillos, dos sillas se materializaron tras de ellos- Por favor tomen asiento y cuéntenme ¿Quiénes son?

-Mi nombre es Hugo, y el de mi compañero es Tom- dijo el más joven de ellos despues de tomar asiento, su voz sonaba alegre pero su cara permanecía dura como roca.

– Y ¿a qué debo el honor de su visita?- el ser se dio un fingido golpe en la inexistente frente- Pero que torpeza la mía, ni siquiera me he presentado, aunque… Por supuesto ustedes ya saben mi nombre.

-Por supuesto que lo sabemos- dijo esta vez Tom su cara no dejaba traslucir ninguna emoción.

-Lo saben ¿eh?- el tono adulador había desaparecido de su voz. – ¿Y que buscan aquí?- la voz se tornó un poco más grave esta vez.

-Sabiduría y conocimiento- dijo Hugo.

-Pues yo no los tengo. – Dijo el ser, el ciempiés había vuelto y con sus tenazas echo encima de su lomo nuevamente al hombre gordo- Adiós, siéntanse libres de tomar lo que gusten cuando salgan, mis tesoros están a su disposición.- dio media vuelta y empezó a alejarse de ellos.

-No nos interesan sus tesoros.- dijeron Tom y Hugo al mismo tiempo, hasta ahora todo había salido como habían practicado.

El ciempiés se detuvo y el hombre gordo bajo por su propio pie esta vez, el cuello surgido firme y poderoso detrás de los hombros, el cuerpo se ensanchó, una armadura y un hacha de guerra se materializaron sobre el ser, que arremetió violentamente contra ellos blandiendo el hacha mientras gritaba.

-¿Se atreven a rechazar mi generosidad?

-Si- dijeron nuevamente al unísono.

El hacha se detuvo a milímetros del cuello de Tom, sin que el mago alterase ni un ápice su rostro.

-¿Qué buscan aquí? –Trono el ser, convertido ahora en un gigante de más de dos metros y con una voz atronadora.

-Sabiduría y conocimiento- dijo Tom esta vez.

– ¿Y porque habría de dárselos?, ¿por un alma mutilada? o ¿por un trozo de alma que no sirve para nada? ¿Qué me darán a cambio ustedes?

-Nada- dijeron los dos magos.

El guerrero desapareció, y tuvieron enfrente un caballero elegante, un trono alto de oro apareció detrás de él, o quizás estaba ahí desde el principio. Una vez estuvo sentado en el preguntó a los magos.

-Si no voy a tener sus almas, y no me van a dar nada a cambio, no veo el motivo por el que deba darles conocimientos o sabiduría, he vivido eones y he negociado con los de su especie desde que aparecieron en este miserable planeta, pero a menos que haya cambiado el concepto de transacción en los últimos tiempos, creo que debo obtener a cambio algo por mis “servicios”.

– Oscuridad – dijo Hugo.

– Caos – añadió Tom.

El caballero se puso de pie – Bien, si pueden exponer los conocimientos que solicitan en tres preguntas accederé a sus deseos, ¿quizás quieran unos minutos para decidir quien hará las preguntas y como las dividirán?

-No es necesario- respondió Tom,- solo necesitamos dos preguntas una para cada uno.

El rostro del caballero palideció levemente y apretó los puños fuertemente, sin embargo recuperó su control de inmediato.

-De acuerdo. Empecemos por el remedo de alma.

-Los primigenios, el cierre y la llave ¿dónde lo encuentro? –pregunto Hugo.

El caballero extendió la mano y un pergamino apareció Hugo lo tomo con una leve reverencia y sin decir palabra dio media vuelta y empezó a alejarse a los pocos pasos una puerta se materializó frente a él, sin ninguna duda la cruzó.

-El Caos reptante y los diez mil vástagos, ¿Dónde los encuentro?- preguntó Tom

De igual manera otro pergamino apareció sobre las manos del caballero, Tom se acercó a tomarlo, pero justo antes de asirlo el caballero cerro el puño sobre el pergamino.

-¿Sabes? Yo te puedo ofrecer un trato más jugoso que el de tu compañero, he visto tu alma Lord Voldemort, he visto lo que has hecho y lo que puedes llegar a ser si te lo propones, diez mil vástagos sangre de tu sangre con tu alma atada a cada uno de ellos en los que vivirás diez mil vidas es algo muy tentador para quien tanto teme a la muerte, pero las diez mil vidas se agotaran, las diez mil vidas verán su ocaso jóvenes o viejas, pero sin duda lo verán en algún momento, yo te ofrezco inmortalidad plena, juntos podemos dominar el universo, podemos controlar al estúpido omnipotente que sigue a la flauta y regir el universo, y a cambio yo te daré este planeta exclusivamente para ti.- un halo rojizo brillo momentáneamente en los ojos de Tom.

-Tardaste un poco- le dijo Hugo una vez que se reunió afuera del altar con él, a diferencia de su ingreso la puerta que aparecía llevaba directamente al exterior, la noche había caído ya afuera.

-El muy idiota aún quiso hacer un último intento- Tom soltó una risita, sus ojos parecían brillar en la oscuridad, sin duda estaba contento.

Hugo caminó hasta adonde habían dejado el cuerpo de Loria, levanto el hechizo desilusionador, con un movimiento de varita el cuerpo floto junto a ellos mientras caminaban alejándose del circulo de piedra.

-¿Para qué nos la llevamos?- Tom no había dejado de notar el ligero movimiento en el pecho de Loria, probablemente sus últimos halitos de vida.

-Siempre he querido tener una hermanita- respondió Hugo, mientras continuaba su camino hacia el campo fúnebre.

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HP y la Sombra de la Muerte
Tercer Tomo del Fic

Todavia ni siquiera empezamos el segundo tomo y ya estoy anunciando el tercero.

¿La razón?

Ambos Tomos ocurren de manera simultanea, solo que con protagonistas diferentes desencadenando una espiral que los llevara a unir sus historias en el Cuarto y ultimo tomo del Fic.

Saludos.

Daiko.

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El momento de duda pasó, Sam corrió hacia la sala intentando volcar las cosas que estaban en su camino para obstaculizar el paso a la bestia que se había introducido en su casa, sentía su corazón acometer furiosamente su pecho, como si le hubiesen salido pies e intentase escapar a la carrera de la bestia, dejando sola atrás a la pobre Sam, la idea le hizo soltar una carcajada histérica mitad sollozo mitad grito al momento de cruzar la puerta batiente de la sala.

Un reflejo le hizo, de un manotazo, encender la luz de la sala mientras el lobo soltaba otro aullido poderoso, la puerta batiente fue arrancada de sus goznes gracias a un poderoso empuje del lobo, el cual no bien puso un pie en el dintel retrocedió aullando mientras un olor acre como a carne quemada inundaba el ambiente.

El lobo se había quemado con el piso de alguna forma, y parecía haber perdido todo su instinto asesino mientras se encorvaba a oler la puerta, el dintel parecía brillar de forma extraña, según le pareció a Sam y eso había hecho que se quemara el lobo, una serie de pensamientos cruzaron a la velocidad de la luz por la mente de Sam, recordó las películas de serie B que había visto sobre hombres lobo, la plata dañaba a los hombres lobo, y el dintel parecía de plata. ¿Había gastado ella en colocar dinteles de plata en sus puertas? Lo dudaba, pero… parecía brillar tanto, un rápido recorrido por la sala le envio mas destellos a sus ojos, varios marcos para fotos, un jarrón, una estantería llena de pequeñas figuras, de repente parecía la sala de un chiflado coleccionista de artículos de plata y, a pesar del peligro, pugno por recordar cuando había adquirido esos artículos… Nada, no recordaba en absoluto, pero maldita la importancia que tenía aquello ahora, tomo uno de los marcos con fotos, donde estaba ella sentada en una moto, (Vaya parece que también manejaba motocicletas) y lo lanzó con un estilo de frezzbe, el marco impactó sobre la ceja del lobo dejando la marca de una quemadura en diagonal sobre esta, haciendo un sonido seseante, como el de un trozo de carne especialmente jugoso que es restregado contra el fondo de una sartén caliente, el lobo aulló de dolor, pero el golpe, más que lastimarlo, pareció eliminar su indecisión, traspasó el umbral de la puerta teniendo especial cuidado en no rozar el dintel de plata, el gruñido surgió bajo desde su pecho pero iba ganado fuerza a cada paso, mientras el vello detrás de su nuca se erizaba cada vez más haciéndole ver más grande de lo que era.

Desesperada Sam lanzo una estatuilla, pero el nerviosismo hizo que su tiro saliese desviado, el lobo ni siquiera se inmutó manteniendo fija la vista en ella y enseñando los brillantes colmillos, la señal de amenaza era inminente, y Sam decidió que si no hacía algo estaba perdida, detrás de ella estaba un estante con varias de las estatuillas quizás podría echárselo encima al lobo y quizás podría aprovechar su distracción para… ¿Para qué?, no creía que pudiera ganar corriendo contra esa bestia, la distracción le daría unos pocos segundos pero nada más, sus ojos se movieron frenéticos alrededor de la habitación y se permitió un microsegundo de alivio cuando vio un escudo de armas atravesado por sendas espadas en cruz, apostaría su vida, (de hecho la iba a apostar) a que también eran de plata.

Entonces era un plan, echaría el estante encima del lobo, lo que le daría tiempo para coger el escudo y la espada (gracias a quienquiera que lo haya puesto ahí) y hacerle frente a la bestia, lo peor de estar hasta el cuello en una mala situación, era estarlo y además no tener un plan. Hizo un mohín divertido y su carácter, el carácter que le hizo a Sirius acercarse a ella, salió a relucir.

-Ven por mí… Hijo de loba.

***

Ambos chivatoscopios sonaron de forma estridente, lo hicieron con una diferencia de unos pocos minutos, minutos que decidirían el resto de sus vidas, (o el resto del tiempo que les quedara de vida), pero respondían al mismo hechizo, estaban conectados con personas específicas, el de Sirius le alertaba de cualquier peligro que amenazara a Sam y el de Lily le avisaba cuando su marido se metía en un grave peligro, al menos más grave de lo que suponía su trabajo como auror, eran los avisos de peligro de muerte.

El de Sirius se activó justo cuando Sam encendió la cerilla y giraba la manivela de gas, para su infortunio tomo a Sirius en la segunda planta lo que le quito un minuto de tiempo al desaparecerse hacia la casa de Sam, pero a veces un minuto es demasiado tiempo.

En cuanto oyó el ruido Sirius se desapareció directamente hacia la sala de Sam a tiempo para ver una garra ensangrentada, a Sam de rodillas mientras un brazo humano yacía tirado en el suelo y un olor acre a carne quemada llenaba el ambiente.

El de Lily sonó cuando James oyó la advertencia desde fuera de la casa y le dio tiempo para desaparecerse junto con Ellie hacia la casa de Severus, al cual no vio por los segundos de precaución que Snape tomo al ver el resplandor que predominaba en su casa debido al patronus convocado por Lily, apareció en la sala de Sirius justo detrás de su marido el cual se movía en un ágil salto para esquivar una maldición asesina dirigida a él, la maldición impactó en Lily justo cuando Snape ingresaba a su casa, y a Lily le dio tiempo aun de pensar en que había dicho “adiós” en su mensaje a Severus, aún se preguntaba si debió haber dicho “volveré pronto” mientras caía ya privada del halito de vida.

***

Sam empujó el estante en el momento en que el lobo se abalanzó sobre ella, alcanzó a tener un momento de júbilo rabioso mientras veía como el lobo se retorcía de dolor al contacto con las estatuillas de plata, de dos saltos llego hasta el escudo, la espada salió fácilmente, pero el escudo parecía estar sujeto sobre algún gancho, si hubiera tenido más tiempo o si hubiese sido unos centimetros mas alta (como Sirius) lo hubiese podido descolgar con facilidad, pero no tenía tiempo asi que empuño la espada y volteo hacia el lobo que ya se había desembarazado de las estatuillas y se impulsaba con su garra izquierda dispuesto a partir en dos a su enemiga, la hoja de la espada centelleo en un movimiento contrario al de la garra del lobo, cortando de tajo por encima de donde un hombre tendría el codo el brazo del lobo, el grito – aullido fue desgarrador, Sam giro para intentar huir… y ese fue su error, la garra derecha del lobo con uñas filosas cual cuchillas giraron de lado a lado sobre la espalda de la chica desgarrando carne y músculos, alcanzando la más larga de ellas a romper parte del hueso de alguna vertebra de la espalda baja, un –Oh- de sorpresa se dibujó silenciosamente en el rostro de Sam, el cual fue perdiendo su color mientras caía de rodillas y despues se desmadejaba dejando caer la espada con un golpeteo mudo contra la alfombra mullida, no hubo dolor, solo una sensación de vacio, el aire, la luz, la vida se le escapaban en forma de sangre a través de unos tajos en su espalda, y a cambio le traían el vacio y la oscuridad.

***

El rostro de Sirius se contrajo en una mueca furiosa, su llegada antecedió a la de James por segundos, segundos que bastaron para que dejara salir el furor en forma de hechizos contra el lobo mutilado que lamia ahora la sangre de la garra, ahora el muñón cauterizado por la plata.

-Desmaius- grito Sirius, temblaba de pies a cabeza de rabia e indignación, la cual aumento cuando vio que el lobo intentaba huir.

El lobo razonaba lo poco que su entendimiento le daba, su enemiga estaba eliminada, y si le había causado dolor, en ese momento en que sintió su brazo desprenderse su instinto decidió que si daba oportunidad a su enemiga ella culminaría su obra y lo eliminaría definitivamente, por lo que haciendo un esfuerzo logro atacarla con su otra garra.

Ahora que ya no había peligro, aparecía otro ser, pero de este no sabía nada, excepto que estaba furioso de alguna forma contra él, pero él no era su enemigo, y él se encontraba lastimado por lo que era mejor huir, sabía que huyendo el peligro quedaría atrás.

-De mi huyes cobarde- grito Sirius- pero a ella si pudiste matarla monstruo asqueroso. Voy a hacer lo que debí hacer hace mucho tiempo.

Levantó su varita apuntando cuidadosamente para no fallar. –Avada Kedabra– un sonoro “crack” a su lado lo distrajo en el último segundo y la maldición no impacto al lobo por milímetros.

-Detente Sirius – grito James.

-Apártate James o vas a correr la misma suerte- gritó un enloquecido Sirius que nuevamente apuntaba su varita al lobo.

Avada

Expelliarmus– gritó James y la varita de Sirius se arrancó de sus manos describiendo un arco y yendo a caer junto a la repisa que había volcado Sam.

El lobo no espero explicaciones y rompiendo una ventana escapó hacia la calle.

-¡Nooo!– Gritó Sirius –tu maldito lo dejaste escapar- se dirigió hacia James que estaba arrodillado junto a Sam

-Aún está viva, tiene pulso y respira aún al menos- dijo James mientras intentaba con su varita sellar las heridas de Sam.

Todo sentido de pelea murió en Sirius al instante para correr al lado de Sam y James.

-Tienes que llevarla con Tom, rápido, sin tiempo que perder- le dio su varita y una mirada de Sirius le indicó que parecía querer hablar.

-Despues, sálvala, yo tomare tu varita.

Sirius desapareció con Sam cuando tronó la voz en el exterior.

-Por orden del ministerio de magia quedan los presentes en esta casa quedan arrestados.

-El- James cubrió de una zancada la distancia hacia la varita de Sirius y la apuntó hacia la bombilla del techo con lo que la habitación quedo en penumbras, débilmente iluminada por la luz de la luna que parecía sonreír desde la ventana rota.

-Soy James Potter jefe de la oficina de aurores y esto es una escena del crimen, quienquiera que sea (por supuesto que sabía quién era) puede entrar caminando (hizo énfasis en esta palabra) con las manos en alto y sin varita.

-Lo siento James- dijo una voz a su izquierda, -pero esta vez no pondrás tú las condiciones.

La maldición asesina y el “crack” que sonó detrás de James al lanzarse fuera de la trayectoria de la primera fueron simultáneos.

Haciendo gala de su flexibilidad James volvió el rostro en el aire justo a tiempo para ver a la recién llegada Lily recibir el impacto de la maldición asesina, el tiempo pareció detenerse mientras el cuerpo de Lily caía como flotando hacia el suelo como un títere cuyas cuerdas han sido cortadas.

El grito mudo de dolor permaneció marcado en su rostro mientras una sonrisa baja se oyó.

Parecía llegarle a James desde muy lejos, en forma inconexa, el mundo no podía seguir girando si Lily había caído sin posibilidad de volver a levantarse, una sola lagrima cayo de sus ojos deteniéndose parcialmente en el arco inferior de sus anteojos como negándose a caer y morir de la misma forma que James se negaba a aceptar lo ocurrido, la voz llego más clara esta vez y le quemó los oídos cual acido corrosivo aumentando una rabia, que hasta ese momento, James Potter no había conocido.

-No te lamentes, en pocos segundos te reunirás con ella.- apuntó cuidadosamente su varita a James mientras se acercaba un poco, James parecía fuera de este mundo y muy pronto lo estaría reprimió la sonrisa que pugnaba por salir en su rostro, era más prudente esperar hasta haber finiquitado el asunto, lo que no era prudente fue el haber esperado tanto, James reaccionó con velocidad desplazo su pierna al ras del suelo desequilibrando al cazador a la vez que con la varita de Sirius lo desarmaba.

El cazador cayo golpeándose el torso contra la estantería privándole del aire de los pulmones por un momento y haciendo que en su vista estallaran millones de luces brillantes, para cuando recupero el control de sus ojos James le apuntaba la varita a la cara, su propia varita parecía haberse perdido en algún lugar de la desordenada sala, una espada sobresalía a unos metros pero James podría matarlo cuarenta veces antes de que pudiese alcanzarla, bien esto era el fin.

-La mataste, maldito- dijo James con una voz baja y peligrosa- Y ahora lo vas a pagar- acercó su varita a la cara del cazador de la cual salieron chispas iluminando la cara del cazador… y haciendo estallar el gas que se colaba ahora libremente desde la cocina.

La explosión envió a James volando hasta el otro lado del salón y haciéndole una fea quemadura al cazador en la parte derecha de la cara, la sangre escurría libremente y el colgajo en que se había convertido su parpado parecía fundirse con la mejilla, del ojo ni rastro había quedado.

El cazador se levantó pesadamente, el impacto había hecho a James perder la varita y el conocimiento.

-Eres afortunado James Potter, pasaras al otro mundo en el dulce sueño de los inocentes, te despertaría para que sufrieras algo más, si no fueras tan peligroso. El cazador tomo la varita (la de Sirius) y sin ceremonia alguna escupió de ella una luz verde que atravesó el cuerpo de James Potter.

***

Los dioses o quienquiera que se encargara de regir el universo parecían haberse puesto de acuerdo para fastidiar a Sirius Black esa noche, con Sam en brazos y con los ojos atónitos contemplo el edificio donde se asentara el cuartel general de la resistencia… demolido hasta sus cimientos, apenas una montaña de escombros llameantes. La esperanza se fue de su mente y las fuerzas abandonaron su cuerpo, la negrura de la locura probablemente vendría en su ayuda, ya la sentía sobre el. Solo que la negrura estaba acompañada de un rostro y de unos brazos que lo sujetaban.

-Vámonos Sirius atenderemos a tu amiga, Bucky.

-No se preocupe amo-chilló una voz de elfo- yo los llevare.

***

La mañana estaba radiante, había disfrutado de una cena opípara y un festejo espectacular, incluso el ministro de magia había estado presente en la cena del colegio, con una sonrisa en su rostro todo el tiempo, y ahora amanecía a un día esplendoroso y en unas horas estaría asombrando a todos en el campo de quidditch, Harry estaba seguro, este seria uno de los mejores días de su vida.

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El sol estaba a minutos de ocultarse y sus rayos luchaban una batalla perdida contra las sombras de la noche, James Potter se relajaba en su despacho con una copa de vino tinto y jugando con una vieja snitch, a pesar de nunca haber aceptado las ofertas de varios equipos sus reflejos seguían siendo excelentes, quizás si no hubiese… un picoteo en la ventana lo saco de sus pensamientos y pudo ver la lechuza recortada contra la luz de las primeras farolas que se encendían en el Valle de Godric, abrió la ventana y su clásica sonrisa fácil se dibujo en su rostro al reconocer la lechuza.

-Gracias Selene- ofreció a la lechuza uno de los canapés que estaba comiendo y retiro el rollito de pergamino leyendo rápidamente el mensaje.

Fuimos a la montaña.

Anochecía cuando regresamos.

Caían gruesas gotas de lluvia.

Todos corrimos a la cabaña

Oíamos el rugido del viento.

Rogamos que la tempestad pasase pronto.

Gracias dimos cuando termino.

Nos identificamos para ver si estábamos todos:

Susan, Gustav, Gabriel, Gary, Rose y Reese si, pero Helen no estaba.

Nos reunimos ante las llamas a llorar su perdida

James río, la nota le traía un montón de buenos recuerdos, caminó hasta su escritorio y dio un toquecito con la varita al pergamino mientras repetía:

“Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas”

Las letras sufrieron un cambio y las iniciales además de unas cuantas palabras empezaron a cambiar su color y a reordenarse.

 Fuimos a la montaña.

Anochecía cuando regresamos.

Caían gruesas gotas de lluvia.

Todos corrimos a la cabaña

Oíamos el rugido del viento.

Rogamos que la tempestad pasase pronto.

Gracias dimos cuando termino.

Nos identificamos para ver si estábamos todos:

Susan, Gustav, Gabriel, Gary, Rose y Reese si pero Helen no estaba.

Nos reunimos ante las llamas a llorar su perdida

Al final el texto se quedo quieto y James pudo leer el párrafo:

“Factor G identificado S, G, G, G, R, R, H No.  Llamaré”

-Bravo lunático, siempre fuiste el mejor en esto- dijo James, mas que nada pensando en voz alta -Así que tres Gryffindor, dos Ravenclaw y un Slytherin, lástima que la lealtad de los Hufflepuff no se haya manifestado en nuestro favor, en fin es tiempo de actuar. Tomo su capa del perchero y salió.

***

-Es increíble la cantidad de cosas que puede uno desconocer de los muggles cuando no se esta acostumbrado a vivir con ellos,-el profesor Ryddle se dirigía a la clase con el montón de pergaminos delante de sus ojos- por ejemplo, los muggles no usan las escobas para barrer porque sean malos para el quiditch.- Las orejas de Ron se pusieron rojas.

-Y mucho menos los muggles son “nuestros criados naturales” “tontos” o “semihumanos” -el rostro del chico rubio de Slytherin se regodeaba en una sonrisa satisfecha como si estuviesen anunciando que había ganado su propia orden de Merlín.

El maestro retiro sus lentes con aspecto cansado dándose tiempo para volver a dirigirse a sus alumnos.

-El hecho es que los muggles tienen muchas desventajas respecto a nosotros y en los últimos tiempos esas diferencias se han acentuado drásticamente, todos los antiguos profesionistas muggles han sido remplazados por magos, las antiguas fuerzas del orden, policías, ejércitos y demás fueron remplazados por los aurores de los diferentes gobiernos mágicos, los medios de comunicación no son lo mismo, no pueden competir con magos que pueden aparecerse en instantes en el lugar donde ocurren los hechos que son noticia equipados con chivatoscopios de radar amplio y con fotógrafos mágicos que ofrecen una perspectiva dinámica en su noticia y no solamente una simple fotografía, además después que las radiocomunicaciones pasasen a manos de los gobiernos mágicos muchos de los empleos que anteriormente se ocupaban por muggles lo cubrieron los magos, y si tenemos en cuenta que un mago medianamente entrenado puede hacer el trabajo de dos o tres muggles pues la situación se agrava.

-¿Por qué? ¿Que no hace eso que los muggles se esfuercen mas y se preparen mejor? – se aventuró a preguntar Harry.

-Mmmh, veamos, eso es discutible- dijo el profesor Ryddle aparentemente contento de que los alumnos participaran.

-Desde el inicio la competencia no es justa, primero por la obvia razón que la magia conlleva, segundo para un muggle existen reglas y limitaciones que no hay para un mago y tercero nadie en sus cabales pagaría tres sueldos en vez de pagar uno, usemos un ejemplo, en mis viejos tiempos de medí mago antes de retirarme cuando aun no se abatía el estatuto de secreto solía ver dos o tres pacientes en San Mungo, cuando el estatuto se abolió las consultas aumentaban por docenas, toda la gente quería remedios mágicos, por lógica los precios de los tratamientos empezaron a aumentar, muchos gastaron sus fortunas muggles en pagar su salud, cambiaban su dinero muggle por dinero mágico, los duendes- el maestro hizo un mohín de disgusto- fueron subiendo el tipo de cambio y apropiándose de fortunas enteras, cuando estos muggles regresaron sanos no encontraron economía para levantarse de nuevo por que todas las empresas solicitaban ayudantes mágicos y el resto es historia conocida, ahora un muggle se puede considerar afortunado si tiene un trabajo remunerado que no le absorba mas de la mitad del día.

El profesor Ryddle se levanto y empezó a caminar en de un lado a otro del aula de clases mientras su rostro adquiría lo que cualquiera llamaría “apasionamiento” por el tema.

-Esto con el paso de los años nos ha llevado a un círculo vicioso, la educación ahora no es primordial para un muggle, nadie quiere estudiar veinte años de su vida para terminar cargando bultos en los muelles, barriendo calles o siguiendo las ordenes de un elfo domestico en casa de algún mago, lo que hace que el índice de cultura muggle haya caído bastante, los científicos muggles son una especie en peligro de extinción, su tecnología es obsoleta ante la magia y aquellos afortunados que aun tiene vestigios de alguna fortuna propiedad de sus antepasados, solo necesitan esperar algunas generaciones para estar en la misma situación.

-Suena como si los muggles no tuviesen futuro- opinó Ron con preocupación reflejada en su rostro.

-Así parece y ni siquiera hemos empezado el curso- agrego con una media sonrisa triste el profesor Ryddle.

–Existen un sinfín de cuestiones que debemos analizar para notar el impacto que ha sufrido la población muggle, su religión, sus costumbres, su cultura, deportes, relaciones interpersonales, aumento en la criminalidad, etcétera, etcétera, etcétera y lo que nos corresponde, la responsabilidad que debemos asumir ante ellos por los dones que nos fueron dados.- concluyó el profesor con un suspiro y agachando la cabeza.

-Pero me parece que por hoy ha sido suficiente, quiero por favor que lleven a cabo los ejercicios comprendidos de la pagina dos a la ocho, son una serie de actividades que deberán medir en tiempo y dificultad haciéndolo con magia y al estilo muggle, quiero todo en un resumen para nuestra próxima clase del miércoles, pueden retirarse.

La clase se levantó para dirigirse a sus salas comunes, Hermione se retrasó unos segundos respecto al resto y no sin cierta timidez se dirigió al profesor.

-Se…ñor, este, profesor Ryddle.

-Si señorita…

-Granger, profesor.

-Bien señorita Granger ¿en que puedo ayudarla?

-Sobre la clase de hoy, todo lo que dijo acerca de los muggles, yo…

-Déjame adivinar, hija de muggles ¿verdad?

-Si.

-No hay de que preocuparse querida, tu eres una bruja, y me imagino que no piensas  abandonar a tus padres cuando salgas de aquí ¿cierto?

-Por supuesto que no señor- contesto de manera determinante Hermione.

-Buena chica, ahí tienes tu solución, solo es cuestión de tiempo, de hecho esa es la única solución en el horizonte, que los muggles y los magos estén tan relacionados unos con otros que los nuevos jefes de las familias sean aquellos que tienen alguna propiedad mágica, descuida, todo saldrá bien.

-Gracias profesor- la sonrisa de Hermione se veía ahora relajada.

-Anda, creo que ya es hora de la comida y los jóvenes deben alimentarse bien.

Hermione se dirigió al comedor con la esperanza renovándose dentro de ella.

Ryddle subió las escaleras hacia su despacho aun le quedaba una hora antes de su siguiente clase y se reclino en su silla mirando hacia el exterior, los rayos del sol adquirían tonos rojizos al atravesar el vitral reflejándose en sus ojos, sonrió mientras murmuraba.

-Estúpida niña.

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