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Posts Tagged ‘Dumbledore’

-Sirius, despierta, despierta de una maldita vez.- El continuo zarandeo sobre su hombro y la voz que lo conminaba a despertarse fueron sacando de su estupor poco a poco a Sirius.

Esta vez la pesadilla había ido muy lejos, y había sido tan vivida, tan real. Profirió un prolongado bostezo mientras estiraba ambos brazos cuando reparo que se encontraba acostado sobre una superficie dura y fría, estaba dormido en el suelo y la voz, era de..

-Rápido, ya hicimos lo que pudimos Bucky y yo, ahora solo queda esperar, la chica está muy mal Sirius, pero el producto tiene bastantes posibilidades si mantenemos viva a su madre artificialmente.

-La chica,… producto… las palabras entraban en los oídos de Sirius pero algún defecto en la maquinaria lograba que pareciese que lo escuchaba todo en otro idioma, y de pronto la verdad le cayó como un balde de agua fría, terminando con su adormecimiento, la chica era Sam y… -¡James!- exclamó, lo deje solo contra ese maldito, debo ir.

El brazo de Tom lo sujeto de manera firme pero no agresiva, y clavó sus ojos en Sirius, unos ojos que no transmitían buenas nuevas.

-No hay nada que puedas hacer ya. Bucky tráelo.

El elfo acudió solicito y dejo sobre las manos de Sirius un ejemplar del Profeta de ese día, el rostro sonriente de James Potter taladró la vista se Sirius, leyó varias veces el titular de la nota sin poder dar crédito a lo que decía.

-¡VOY A MATAR A ESE MALDITO!- e hizo ademán de desaparecerse, sin lograrlo, el aire parecía solidificarse a su alrededor.

-¿Qué demonios pasa con este lugar?

-Hechizo de anti desaparición,- dijo tranquilamente Tom.

-Pues levántalo, que  me voy a cargar a ese maldito auror, le voy a arrancar el hígado y le voy a obligar a comérselo.

-No puedo.

-¿Cómo que no puedes? Hazlo, ¡AHORA!- Sirius había tomado a Tom por las solapas de su túnica.

-No puedo, nadie puede desaparecer y aparecer en Hogwarts, excepto los elfos.

-¿Estamos en Hogwarts? Tengo que ver a Harry, pobrecillo, mi ahijado debe estar destrozado, ¿Cómo salgo de aquí?

La mirada de Tom, mitad exasperación, mitad pena se mantuvo unos segundos sobre Sirius antes de dirigirse a Bucky.

– Dile lo que escuchaste esta mañana.

-El ministerio está en Hogwarts, tienen la varita del señor Black en su poder, con ella hicieron el conjuro que acabó con el Sr. Potter, yo mismo lo escuche del ministro, están preparando todo  para salir a cazarlo por el asesinato del Sr. y la Sra. Potter. Solo esperan que el chico Potter identifique la varita del Sr. Black.

Sirius reparó en la varita que tenía en la mano, era la de james, James se la había dado para desparecerse con Sam, ¡Sam!

-¿Cómo esta ella?- preguntó a Tom, momentáneamente olvidando su idea de desaparecer en busca de Harry.

-Mal, no te voy a mentir, las heridas que tiene son heridas malditas, incluso con la magia de Bucky y la mía apenas hemos podido contener la hemorragia y mantenerla estable, pero necesitaremos suerte si queremos salvar al bebe.

-¿Bebe?

-Tiene 4 meses de embarazo, ¿no lo sabias?

-Yo, no… – Sirius solo atinaba a balbucear, las cosas se sucedían una tras otra sin darle respiro sus amigos muertos, su novia moribunda, su ahijado en peligro sin duda, quizás su hermana también, Remus, el maldito asesino de Sam, y el maldito auror que los había metido en este embrollo, y ahora iba a ser padre, era demasiado, se sujetó la cabeza presionando duramente las sienes sintiendo que le iban a estallar.

Tom conjuró una silla y lo obligo a sentarse, con otra floritura apareció una copa rebosante de una poción azul brillante. –Toma, te hará bien- Sirius la bebió de un solo sorbo, como un sediento en un oasis.

La habitación pareció iluminarse un poco y los pensamientos parecieron sujetarse, de repente se sintió más sereno, más fuerte y decidido.

-¿Qué haremos ahora?

-Creo que llegó el momento de hacerle frente a Dumbledore de una vez por todas- dijo Tom.

-Pero James…

-James conocía las consecuencias, vamos Sirius ¿Qué esperabas que hiciera Dumbledore cuando nos descubriera? Menearía la cabeza y diría “Vaya que han sido traviesos muchachos, ya no lo vuelvan a hacer” Esto es una guerra, y en las guerras hay bajas ahora lo que debemos hacer es estar unidos y contraatacar. Tengo una idea en que puedo ganar y es factible lograrlo, pero necesito irme del país un tiempo para poder encontrar lo que busco.

-¿Y que excusa darás en Hogwarts?

-Creo que no te has puesto al tanto de todo, ayer tuve un enfrentamiento con una legión de aurores afuera de nuestro cuartel, lo demolieron con algún artefacto muggle, yo conseguí escapar, pero…- La voz se le quebró a Tom por un instante –Pero no estoy seguro de la suerte que corrió Bella, quizás si se desapareció a tiempo y está escondida, asustada en algún lado. Varios de ellos me identificaron, asi que mi regreso a Hogwarts está descartado. Saldré y encontraré lo que necesito, tú puedes quedarte aquí  al cuidado de Sam, Bucky les proveerá para ustedes lo que necesiten y se encargara de los cuidados de Sam. Tu vendetta personal deberá esperar un poco, piensa que si eres atrapado o eliminado, no tendrás tiempo de poner a salvo a tu hijo.

 -Yo… no lo sé, creo que lo pensaré, tendré tiempo para pensarlo.

-¡NO! -Tronó Tom enojado, desconcertando a Sirius, una mota de rojo había cubierto sus ojos por un instante.

-No más quizás, no más indecisiones, estoy por arriesgarlo todo y pido, no, exijo que tu hagas lo mismo, no quiero que te capturen y me delates.

-Yo no haría eso, no soy un soplón.

-Hay muchas formas de obligar a un hombre a que hable, ¿Qué harías si tienen al hijo de tu amigo capturado, que harías si tienen a Harry?

La sombra que cruzó el rostro de Sirius lo delató totalmente, el adoraba a su sobrino, daría su vida por él, del mismo modo que la hubiese dado por su padre.

Tom se acercó a Sirius y coloco una mano sobre su hombro, su enojo parecía haber desaparecido y hablo con voz tranquila pero firme.

-Entiéndeme, nos estamos jugando todo, no te pido que no te vengues, solo que me des el tiempo suficiente para tener las cartas del triunfo en nuestras manos, no estamos luchando solo por nosotros, ¿lo comprendes, verdad?

Sirius asintió con la cabeza un par de veces, Tom tenía razón, lanzarse al ataque como un toro de lidia era un grito para que lo mataran, y ahora iba a ser padre…

-Creo en ti Sirius, pero necesito estar seguro. Te pido que hagas el juramento inquebrantable.

Sirius vio sus opciones por unos instantes y despues exclamó

-De acuerdo.

Bucky sirvió como testigo mientras Sirius de rodillas le daba la mano a Tom.

-¿Juras jamás delatarme ante ninguno de mis enemigos?

-Lo juro

Una fina cuerda de fuego surgió de la varita de Tom entrelazando ambas manos

-¿Juras no levantar tu varita para traicionarme o lastimarme?

-Lo juro

Una segunda cuerda de fuego surgió de la varita de Tom aumentando el grosor del lazo.

-¿Juras seguir todas mis órdenes?

Sirius titubeo, ¿todas sus órdenes? Seguro se refería a lo que le había dicho de no abandonar la cueva y no emprender una venganza en su ausencia, pero… ¿y si no?  La sensación de decisión que le había dado la poción se hizo manifiesta de nuevo y argumento de forma poderosa, Es el mago que salvó a tu novia y a tu hijo, es el mago que conquistara a Dumbledore y acabara con este maldito régimen. Sirius ya no dudo más.

-Lo juro.

Una última lengua de fuego mucho más gruesa ató ambas manos, sellando el juramento y el destino de Sirius Black.

***

La celda era estrecha y fría, los recuerdos se agolpaban continuamente, los ojos de Molly cuando lo inmovilizaron en la entrada de su casa, la tristeza mezclado con el horror que había en ellos. El fantasma de la puerta del departamento de misterios abierta saliendo de su varita, el detonador que había desaparecido de su escritorio, y que creía estaba en el cajón de sus “tesoros”, como le llamaba al cajón donde guardaba todos sus artefactos muggles. Una leve sonrisa apareció en su rostro al rememorarlo e inmediatamente una niebla se introdujo por las rejillas trayendo de nuevo el pesar y el desconsuelo. ¿Cómo había podido ser tan tonto para confiar en Robards? Había dado su varita. “Aquí tienes la mía Arthur, ¿ves como no hay desconfianza? Solo es una pequeña travesura insignificante pero que me conseguirá un puesto más alto y cuando yo esté ahí, no me olvidare de ti Arthur, yo te ayudo, tú me ayudas, y asi sucesivamente ¿Qué te parece eh?”

La niebla desapareció de repente y Arthur tuvo tiempo para reconfortarse un par de segundos antes que los aurores entraran a su celda. Sin mediar palabra lo sujetó cada uno por los brazos y lo condujeron fuera de la celda

-¿A dónde me llevan?

-Silencio- dijo el hombre apuntándole con su varita acallando al instante a Arthur.

Las cadenas de la silla se enroscaron en sus muñecas y tobillos lastimándolo, el pleno del Wizengamot se encontraba frente a él y sobre su estrado el Mago Blanco le miraba detrás de sus espejos de media luna.

-Arthur Weasley, se encuentra aquí acusado de vandalismo en una localidad muggle, ¿Cómo se declara?

-Inocente. Pronunció claramente  Arthur, se sentía mucho mejor fuera de las celdas y lejos de los dementores aunque tuviese a todo el Wizengamot sobre él, como dicen los muggles “la verdad surgirá”

El ministro extrajo una varita de una caja y se la mostró a Arthur.

-¿Es esta su varita Sr. Weasley?

-Si- Respondió Arthur, su voz sonó un poco menos firme esta vez.

-¿Está consciente de que la varita demostró que con ella se abrió la puerta del departamento de misterios?

-Si-. Ahora Arthur temblaba visiblemente.

-Brujas y magos del Wizengamot, creo que podemos pasar a una votación, los que estén a favor de liberar al acusado levanten su mano- el pleno del Wizengamot permaneció inmóvil un par de segundos mientras el ministro los recorría con la vista.

-Los que estén a favor de que el acusado es culpable.- las manos se elevaron al unísono sentenciando a Arthur.

-Bien, originalmente esta corte había pedido para el acusado que fuese Besado ya que no deseamos practicas tan aberrantes como las que los muggles practican, Arthur no pudo evitar estremecerse ante la mención del castigo, pero como su infortunado ataque tuvo la inesperada casualidad de descubrir una guarida de rebeldes disidentes se ha decidido atenuar los cargos. Arthur suspiró relativamente aliviado, uno o dos años serian duros, pero no el fin del mundo.

-Al acusado se le condena a 15 años en la prisión de Azkaban, sentencia que cumplirá de inmediato.

Arthur quiso protestar pero fue acallado nuevamente por uno de los aurores que lo habían escoltado, lo condujeron fuera de la corte entre sollozos y quejidos mudos.

-Silencio, deja de lloriquear como bebé, Robards nos dio un mensaje.

“Tranquilo, No me he olvidado de ti”.

***

-Ya le dije que mi padre no sería capaz de hacer algo asi.- Dijo Fred

-Además  ¿Qué ganaría con ello?- Secundo George.

-Aquí las preguntas las hago yo jovencitos, asi que más vale que moderen su lenguaje.- El auror levanto su varita ligeramente orientada hacia los gemelos, estos entonaron los ojos, desafiantes ante lo que consideraban una injusticia.

-No creo que la Directora o el Ministro aprueben que al regresar encuentren a dos estudiantes hechizados por un auror- dijo Snape de manera lenta.

-Severus tiene razón. –Dijo Frank tomando el brazo de su compañero,- Déjame esto a mí.

-No hará ninguna diferencia, no hay nada que contar, dijo Ron, el cual mantenía su cabeza baja y no había hablado desde que la directora se había llevado a Harry.

-Bien, te creo. Pero quiero que piensen esto, su padre está detenido por que todas las pruebas indican que él es el causante o en su defecto el autor intelectual de la explosión. No descartamos que haya tenido un cómplice, y si ese cómplice aparece y él fue el que detono la bomba, lo cargos más graves serian para él y no para su padre, ¿comprenden?

-Mi padre no tiene un cómplice, porque él no es responsable de esto.

-Su varita probó haber hecho los hechizos y él estaba en posesión del detonador de la bomba, y ya ha sido descartado que este bajo el influjo de algún Imperius, esas son las pruebas del Wizengamot, y ¿crees que con simplemente negarlo lo vas a ayudar? No los juzgo, como no juzgo a su padre, no es mi responsabilidad. Mi deber es averiguar que pasó, si eso exonera a su padre, bien, y si lo inculpa, también. Pero se habrá hecho con justicia ¿de acuerdo?, siguiendo las leyes que nos rigen y en las que se basa nuestra sociedad, asi que si ustedes creen que hay algo que no hayan tomado en cuenta, cualquier cosa que de momento no se acuerden, háganmelo saber.

-Está bien- dijo Ron, los gemelos no contestaron.

Los aurores se encaminaron a la puerta, Frank se detuvo y dijo a su compañero.

-Adelántate un momento.

-Sabes que el interrogatorio debe ser con ambos, Frank.

-Sí, pero no te necesito para regañar a mi hijo porque saco una mala nota ¿de acuerdo?- dijo Frank mientras hacia una seña a Neville para que fuera hacia él

-Oh, eso. Bien te espero en la salida. No tardes.

-Será solo un momento.

Una vez que estuvieron a solas, Frank hizo una floritura con su varita para evitar que los oyeran.

-Necesito tu ayuda hijo, quiero que averigües si hay algo más en este caso, con los chicos de acuerdo.

-No seré tu soplón.- dijo Neville enojado.

-Sí, lo serás, porque aquí hay algo muy raro, estoy seguro que le tendieron una trampa a Weasley y cayó como conejo.

-Entonces ¿Crees que es inocente papá?

-No lo aseguraría, pero tengo una corazonada y mis corazonadas suelen ser buenas, asi que ¿Qué dices? ¿Me ayudas?

-Si es por esa razón, con mucho gusto.

-Se cuidadoso, no quiero que ellos piensen lo contrario y se cierren más aún, están lastimados y heridos, asi que ve con tiento.

-Sí señor.- dijo Neville, la frente de Frank se arrugó un poco al verlo, ya no era el niño aquel que cargaba y sentaba sobre su rodilla, pronto estaría en la adolescencia y seguro que sería un galán entre las chicas, sin pensarlo Frank abrazó a su hijo estrechándolo fuertemente.

-Te quiero hijo.

-Y yo a ti papa.- dijo Neville desconcertado, las demostraciones amorosas con su hijo no eran comunes en Frank Longbottom.

En muy poco tiempo Frank agradecería haber tenido ese gesto amoroso con su hijo.

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El momento de duda pasó, Sam corrió hacia la sala intentando volcar las cosas que estaban en su camino para obstaculizar el paso a la bestia que se había introducido en su casa, sentía su corazón acometer furiosamente su pecho, como si le hubiesen salido pies e intentase escapar a la carrera de la bestia, dejando sola atrás a la pobre Sam, la idea le hizo soltar una carcajada histérica mitad sollozo mitad grito al momento de cruzar la puerta batiente de la sala.

Un reflejo le hizo, de un manotazo, encender la luz de la sala mientras el lobo soltaba otro aullido poderoso, la puerta batiente fue arrancada de sus goznes gracias a un poderoso empuje del lobo, el cual no bien puso un pie en el dintel retrocedió aullando mientras un olor acre como a carne quemada inundaba el ambiente.

El lobo se había quemado con el piso de alguna forma, y parecía haber perdido todo su instinto asesino mientras se encorvaba a oler la puerta, el dintel parecía brillar de forma extraña, según le pareció a Sam y eso había hecho que se quemara el lobo, una serie de pensamientos cruzaron a la velocidad de la luz por la mente de Sam, recordó las películas de serie B que había visto sobre hombres lobo, la plata dañaba a los hombres lobo, y el dintel parecía de plata. ¿Había gastado ella en colocar dinteles de plata en sus puertas? Lo dudaba, pero… parecía brillar tanto, un rápido recorrido por la sala le envio mas destellos a sus ojos, varios marcos para fotos, un jarrón, una estantería llena de pequeñas figuras, de repente parecía la sala de un chiflado coleccionista de artículos de plata y, a pesar del peligro, pugno por recordar cuando había adquirido esos artículos… Nada, no recordaba en absoluto, pero maldita la importancia que tenía aquello ahora, tomo uno de los marcos con fotos, donde estaba ella sentada en una moto, (Vaya parece que también manejaba motocicletas) y lo lanzó con un estilo de frezzbe, el marco impactó sobre la ceja del lobo dejando la marca de una quemadura en diagonal sobre esta, haciendo un sonido seseante, como el de un trozo de carne especialmente jugoso que es restregado contra el fondo de una sartén caliente, el lobo aulló de dolor, pero el golpe, más que lastimarlo, pareció eliminar su indecisión, traspasó el umbral de la puerta teniendo especial cuidado en no rozar el dintel de plata, el gruñido surgió bajo desde su pecho pero iba ganado fuerza a cada paso, mientras el vello detrás de su nuca se erizaba cada vez más haciéndole ver más grande de lo que era.

Desesperada Sam lanzo una estatuilla, pero el nerviosismo hizo que su tiro saliese desviado, el lobo ni siquiera se inmutó manteniendo fija la vista en ella y enseñando los brillantes colmillos, la señal de amenaza era inminente, y Sam decidió que si no hacía algo estaba perdida, detrás de ella estaba un estante con varias de las estatuillas quizás podría echárselo encima al lobo y quizás podría aprovechar su distracción para… ¿Para qué?, no creía que pudiera ganar corriendo contra esa bestia, la distracción le daría unos pocos segundos pero nada más, sus ojos se movieron frenéticos alrededor de la habitación y se permitió un microsegundo de alivio cuando vio un escudo de armas atravesado por sendas espadas en cruz, apostaría su vida, (de hecho la iba a apostar) a que también eran de plata.

Entonces era un plan, echaría el estante encima del lobo, lo que le daría tiempo para coger el escudo y la espada (gracias a quienquiera que lo haya puesto ahí) y hacerle frente a la bestia, lo peor de estar hasta el cuello en una mala situación, era estarlo y además no tener un plan. Hizo un mohín divertido y su carácter, el carácter que le hizo a Sirius acercarse a ella, salió a relucir.

-Ven por mí… Hijo de loba.

***

Ambos chivatoscopios sonaron de forma estridente, lo hicieron con una diferencia de unos pocos minutos, minutos que decidirían el resto de sus vidas, (o el resto del tiempo que les quedara de vida), pero respondían al mismo hechizo, estaban conectados con personas específicas, el de Sirius le alertaba de cualquier peligro que amenazara a Sam y el de Lily le avisaba cuando su marido se metía en un grave peligro, al menos más grave de lo que suponía su trabajo como auror, eran los avisos de peligro de muerte.

El de Sirius se activó justo cuando Sam encendió la cerilla y giraba la manivela de gas, para su infortunio tomo a Sirius en la segunda planta lo que le quito un minuto de tiempo al desaparecerse hacia la casa de Sam, pero a veces un minuto es demasiado tiempo.

En cuanto oyó el ruido Sirius se desapareció directamente hacia la sala de Sam a tiempo para ver una garra ensangrentada, a Sam de rodillas mientras un brazo humano yacía tirado en el suelo y un olor acre a carne quemada llenaba el ambiente.

El de Lily sonó cuando James oyó la advertencia desde fuera de la casa y le dio tiempo para desaparecerse junto con Ellie hacia la casa de Severus, al cual no vio por los segundos de precaución que Snape tomo al ver el resplandor que predominaba en su casa debido al patronus convocado por Lily, apareció en la sala de Sirius justo detrás de su marido el cual se movía en un ágil salto para esquivar una maldición asesina dirigida a él, la maldición impactó en Lily justo cuando Snape ingresaba a su casa, y a Lily le dio tiempo aun de pensar en que había dicho “adiós” en su mensaje a Severus, aún se preguntaba si debió haber dicho “volveré pronto” mientras caía ya privada del halito de vida.

***

Sam empujó el estante en el momento en que el lobo se abalanzó sobre ella, alcanzó a tener un momento de júbilo rabioso mientras veía como el lobo se retorcía de dolor al contacto con las estatuillas de plata, de dos saltos llego hasta el escudo, la espada salió fácilmente, pero el escudo parecía estar sujeto sobre algún gancho, si hubiera tenido más tiempo o si hubiese sido unos centimetros mas alta (como Sirius) lo hubiese podido descolgar con facilidad, pero no tenía tiempo asi que empuño la espada y volteo hacia el lobo que ya se había desembarazado de las estatuillas y se impulsaba con su garra izquierda dispuesto a partir en dos a su enemiga, la hoja de la espada centelleo en un movimiento contrario al de la garra del lobo, cortando de tajo por encima de donde un hombre tendría el codo el brazo del lobo, el grito – aullido fue desgarrador, Sam giro para intentar huir… y ese fue su error, la garra derecha del lobo con uñas filosas cual cuchillas giraron de lado a lado sobre la espalda de la chica desgarrando carne y músculos, alcanzando la más larga de ellas a romper parte del hueso de alguna vertebra de la espalda baja, un –Oh- de sorpresa se dibujó silenciosamente en el rostro de Sam, el cual fue perdiendo su color mientras caía de rodillas y despues se desmadejaba dejando caer la espada con un golpeteo mudo contra la alfombra mullida, no hubo dolor, solo una sensación de vacio, el aire, la luz, la vida se le escapaban en forma de sangre a través de unos tajos en su espalda, y a cambio le traían el vacio y la oscuridad.

***

El rostro de Sirius se contrajo en una mueca furiosa, su llegada antecedió a la de James por segundos, segundos que bastaron para que dejara salir el furor en forma de hechizos contra el lobo mutilado que lamia ahora la sangre de la garra, ahora el muñón cauterizado por la plata.

-Desmaius- grito Sirius, temblaba de pies a cabeza de rabia e indignación, la cual aumento cuando vio que el lobo intentaba huir.

El lobo razonaba lo poco que su entendimiento le daba, su enemiga estaba eliminada, y si le había causado dolor, en ese momento en que sintió su brazo desprenderse su instinto decidió que si daba oportunidad a su enemiga ella culminaría su obra y lo eliminaría definitivamente, por lo que haciendo un esfuerzo logro atacarla con su otra garra.

Ahora que ya no había peligro, aparecía otro ser, pero de este no sabía nada, excepto que estaba furioso de alguna forma contra él, pero él no era su enemigo, y él se encontraba lastimado por lo que era mejor huir, sabía que huyendo el peligro quedaría atrás.

-De mi huyes cobarde- grito Sirius- pero a ella si pudiste matarla monstruo asqueroso. Voy a hacer lo que debí hacer hace mucho tiempo.

Levantó su varita apuntando cuidadosamente para no fallar. –Avada Kedabra– un sonoro “crack” a su lado lo distrajo en el último segundo y la maldición no impacto al lobo por milímetros.

-Detente Sirius – grito James.

-Apártate James o vas a correr la misma suerte- gritó un enloquecido Sirius que nuevamente apuntaba su varita al lobo.

Avada

Expelliarmus– gritó James y la varita de Sirius se arrancó de sus manos describiendo un arco y yendo a caer junto a la repisa que había volcado Sam.

El lobo no espero explicaciones y rompiendo una ventana escapó hacia la calle.

-¡Nooo!– Gritó Sirius –tu maldito lo dejaste escapar- se dirigió hacia James que estaba arrodillado junto a Sam

-Aún está viva, tiene pulso y respira aún al menos- dijo James mientras intentaba con su varita sellar las heridas de Sam.

Todo sentido de pelea murió en Sirius al instante para correr al lado de Sam y James.

-Tienes que llevarla con Tom, rápido, sin tiempo que perder- le dio su varita y una mirada de Sirius le indicó que parecía querer hablar.

-Despues, sálvala, yo tomare tu varita.

Sirius desapareció con Sam cuando tronó la voz en el exterior.

-Por orden del ministerio de magia quedan los presentes en esta casa quedan arrestados.

-El- James cubrió de una zancada la distancia hacia la varita de Sirius y la apuntó hacia la bombilla del techo con lo que la habitación quedo en penumbras, débilmente iluminada por la luz de la luna que parecía sonreír desde la ventana rota.

-Soy James Potter jefe de la oficina de aurores y esto es una escena del crimen, quienquiera que sea (por supuesto que sabía quién era) puede entrar caminando (hizo énfasis en esta palabra) con las manos en alto y sin varita.

-Lo siento James- dijo una voz a su izquierda, -pero esta vez no pondrás tú las condiciones.

La maldición asesina y el “crack” que sonó detrás de James al lanzarse fuera de la trayectoria de la primera fueron simultáneos.

Haciendo gala de su flexibilidad James volvió el rostro en el aire justo a tiempo para ver a la recién llegada Lily recibir el impacto de la maldición asesina, el tiempo pareció detenerse mientras el cuerpo de Lily caía como flotando hacia el suelo como un títere cuyas cuerdas han sido cortadas.

El grito mudo de dolor permaneció marcado en su rostro mientras una sonrisa baja se oyó.

Parecía llegarle a James desde muy lejos, en forma inconexa, el mundo no podía seguir girando si Lily había caído sin posibilidad de volver a levantarse, una sola lagrima cayo de sus ojos deteniéndose parcialmente en el arco inferior de sus anteojos como negándose a caer y morir de la misma forma que James se negaba a aceptar lo ocurrido, la voz llego más clara esta vez y le quemó los oídos cual acido corrosivo aumentando una rabia, que hasta ese momento, James Potter no había conocido.

-No te lamentes, en pocos segundos te reunirás con ella.- apuntó cuidadosamente su varita a James mientras se acercaba un poco, James parecía fuera de este mundo y muy pronto lo estaría reprimió la sonrisa que pugnaba por salir en su rostro, era más prudente esperar hasta haber finiquitado el asunto, lo que no era prudente fue el haber esperado tanto, James reaccionó con velocidad desplazo su pierna al ras del suelo desequilibrando al cazador a la vez que con la varita de Sirius lo desarmaba.

El cazador cayo golpeándose el torso contra la estantería privándole del aire de los pulmones por un momento y haciendo que en su vista estallaran millones de luces brillantes, para cuando recupero el control de sus ojos James le apuntaba la varita a la cara, su propia varita parecía haberse perdido en algún lugar de la desordenada sala, una espada sobresalía a unos metros pero James podría matarlo cuarenta veces antes de que pudiese alcanzarla, bien esto era el fin.

-La mataste, maldito- dijo James con una voz baja y peligrosa- Y ahora lo vas a pagar- acercó su varita a la cara del cazador de la cual salieron chispas iluminando la cara del cazador… y haciendo estallar el gas que se colaba ahora libremente desde la cocina.

La explosión envió a James volando hasta el otro lado del salón y haciéndole una fea quemadura al cazador en la parte derecha de la cara, la sangre escurría libremente y el colgajo en que se había convertido su parpado parecía fundirse con la mejilla, del ojo ni rastro había quedado.

El cazador se levantó pesadamente, el impacto había hecho a James perder la varita y el conocimiento.

-Eres afortunado James Potter, pasaras al otro mundo en el dulce sueño de los inocentes, te despertaría para que sufrieras algo más, si no fueras tan peligroso. El cazador tomo la varita (la de Sirius) y sin ceremonia alguna escupió de ella una luz verde que atravesó el cuerpo de James Potter.

***

Los dioses o quienquiera que se encargara de regir el universo parecían haberse puesto de acuerdo para fastidiar a Sirius Black esa noche, con Sam en brazos y con los ojos atónitos contemplo el edificio donde se asentara el cuartel general de la resistencia… demolido hasta sus cimientos, apenas una montaña de escombros llameantes. La esperanza se fue de su mente y las fuerzas abandonaron su cuerpo, la negrura de la locura probablemente vendría en su ayuda, ya la sentía sobre el. Solo que la negrura estaba acompañada de un rostro y de unos brazos que lo sujetaban.

-Vámonos Sirius atenderemos a tu amiga, Bucky.

-No se preocupe amo-chilló una voz de elfo- yo los llevare.

***

La mañana estaba radiante, había disfrutado de una cena opípara y un festejo espectacular, incluso el ministro de magia había estado presente en la cena del colegio, con una sonrisa en su rostro todo el tiempo, y ahora amanecía a un día esplendoroso y en unas horas estaría asombrando a todos en el campo de quidditch, Harry estaba seguro, este seria uno de los mejores días de su vida.

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El sol estaba a minutos de ocultarse y sus rayos luchaban una batalla perdida contra las sombras de la noche, James Potter se relajaba en su despacho con una copa de vino tinto y jugando con una vieja snitch, a pesar de nunca haber aceptado las ofertas de varios equipos sus reflejos seguían siendo excelentes, quizás si no hubiese… un picoteo en la ventana lo saco de sus pensamientos y pudo ver la lechuza recortada contra la luz de las primeras farolas que se encendían en el Valle de Godric, abrió la ventana y su clásica sonrisa fácil se dibujo en su rostro al reconocer la lechuza.

-Gracias Selene- ofreció a la lechuza uno de los canapés que estaba comiendo y retiro el rollito de pergamino leyendo rápidamente el mensaje.

Fuimos a la montaña.

Anochecía cuando regresamos.

Caían gruesas gotas de lluvia.

Todos corrimos a la cabaña

Oíamos el rugido del viento.

Rogamos que la tempestad pasase pronto.

Gracias dimos cuando termino.

Nos identificamos para ver si estábamos todos:

Susan, Gustav, Gabriel, Gary, Rose y Reese si, pero Helen no estaba.

Nos reunimos ante las llamas a llorar su perdida

James río, la nota le traía un montón de buenos recuerdos, caminó hasta su escritorio y dio un toquecito con la varita al pergamino mientras repetía:

“Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas”

Las letras sufrieron un cambio y las iniciales además de unas cuantas palabras empezaron a cambiar su color y a reordenarse.

 Fuimos a la montaña.

Anochecía cuando regresamos.

Caían gruesas gotas de lluvia.

Todos corrimos a la cabaña

Oíamos el rugido del viento.

Rogamos que la tempestad pasase pronto.

Gracias dimos cuando termino.

Nos identificamos para ver si estábamos todos:

Susan, Gustav, Gabriel, Gary, Rose y Reese si pero Helen no estaba.

Nos reunimos ante las llamas a llorar su perdida

Al final el texto se quedo quieto y James pudo leer el párrafo:

“Factor G identificado S, G, G, G, R, R, H No.  Llamaré”

-Bravo lunático, siempre fuiste el mejor en esto- dijo James, mas que nada pensando en voz alta -Así que tres Gryffindor, dos Ravenclaw y un Slytherin, lástima que la lealtad de los Hufflepuff no se haya manifestado en nuestro favor, en fin es tiempo de actuar. Tomo su capa del perchero y salió.

***

-Es increíble la cantidad de cosas que puede uno desconocer de los muggles cuando no se esta acostumbrado a vivir con ellos,-el profesor Ryddle se dirigía a la clase con el montón de pergaminos delante de sus ojos- por ejemplo, los muggles no usan las escobas para barrer porque sean malos para el quiditch.- Las orejas de Ron se pusieron rojas.

-Y mucho menos los muggles son “nuestros criados naturales” “tontos” o “semihumanos” -el rostro del chico rubio de Slytherin se regodeaba en una sonrisa satisfecha como si estuviesen anunciando que había ganado su propia orden de Merlín.

El maestro retiro sus lentes con aspecto cansado dándose tiempo para volver a dirigirse a sus alumnos.

-El hecho es que los muggles tienen muchas desventajas respecto a nosotros y en los últimos tiempos esas diferencias se han acentuado drásticamente, todos los antiguos profesionistas muggles han sido remplazados por magos, las antiguas fuerzas del orden, policías, ejércitos y demás fueron remplazados por los aurores de los diferentes gobiernos mágicos, los medios de comunicación no son lo mismo, no pueden competir con magos que pueden aparecerse en instantes en el lugar donde ocurren los hechos que son noticia equipados con chivatoscopios de radar amplio y con fotógrafos mágicos que ofrecen una perspectiva dinámica en su noticia y no solamente una simple fotografía, además después que las radiocomunicaciones pasasen a manos de los gobiernos mágicos muchos de los empleos que anteriormente se ocupaban por muggles lo cubrieron los magos, y si tenemos en cuenta que un mago medianamente entrenado puede hacer el trabajo de dos o tres muggles pues la situación se agrava.

-¿Por qué? ¿Que no hace eso que los muggles se esfuercen mas y se preparen mejor? – se aventuró a preguntar Harry.

-Mmmh, veamos, eso es discutible- dijo el profesor Ryddle aparentemente contento de que los alumnos participaran.

-Desde el inicio la competencia no es justa, primero por la obvia razón que la magia conlleva, segundo para un muggle existen reglas y limitaciones que no hay para un mago y tercero nadie en sus cabales pagaría tres sueldos en vez de pagar uno, usemos un ejemplo, en mis viejos tiempos de medí mago antes de retirarme cuando aun no se abatía el estatuto de secreto solía ver dos o tres pacientes en San Mungo, cuando el estatuto se abolió las consultas aumentaban por docenas, toda la gente quería remedios mágicos, por lógica los precios de los tratamientos empezaron a aumentar, muchos gastaron sus fortunas muggles en pagar su salud, cambiaban su dinero muggle por dinero mágico, los duendes- el maestro hizo un mohín de disgusto- fueron subiendo el tipo de cambio y apropiándose de fortunas enteras, cuando estos muggles regresaron sanos no encontraron economía para levantarse de nuevo por que todas las empresas solicitaban ayudantes mágicos y el resto es historia conocida, ahora un muggle se puede considerar afortunado si tiene un trabajo remunerado que no le absorba mas de la mitad del día.

El profesor Ryddle se levanto y empezó a caminar en de un lado a otro del aula de clases mientras su rostro adquiría lo que cualquiera llamaría “apasionamiento” por el tema.

-Esto con el paso de los años nos ha llevado a un círculo vicioso, la educación ahora no es primordial para un muggle, nadie quiere estudiar veinte años de su vida para terminar cargando bultos en los muelles, barriendo calles o siguiendo las ordenes de un elfo domestico en casa de algún mago, lo que hace que el índice de cultura muggle haya caído bastante, los científicos muggles son una especie en peligro de extinción, su tecnología es obsoleta ante la magia y aquellos afortunados que aun tiene vestigios de alguna fortuna propiedad de sus antepasados, solo necesitan esperar algunas generaciones para estar en la misma situación.

-Suena como si los muggles no tuviesen futuro- opinó Ron con preocupación reflejada en su rostro.

-Así parece y ni siquiera hemos empezado el curso- agrego con una media sonrisa triste el profesor Ryddle.

–Existen un sinfín de cuestiones que debemos analizar para notar el impacto que ha sufrido la población muggle, su religión, sus costumbres, su cultura, deportes, relaciones interpersonales, aumento en la criminalidad, etcétera, etcétera, etcétera y lo que nos corresponde, la responsabilidad que debemos asumir ante ellos por los dones que nos fueron dados.- concluyó el profesor con un suspiro y agachando la cabeza.

-Pero me parece que por hoy ha sido suficiente, quiero por favor que lleven a cabo los ejercicios comprendidos de la pagina dos a la ocho, son una serie de actividades que deberán medir en tiempo y dificultad haciéndolo con magia y al estilo muggle, quiero todo en un resumen para nuestra próxima clase del miércoles, pueden retirarse.

La clase se levantó para dirigirse a sus salas comunes, Hermione se retrasó unos segundos respecto al resto y no sin cierta timidez se dirigió al profesor.

-Se…ñor, este, profesor Ryddle.

-Si señorita…

-Granger, profesor.

-Bien señorita Granger ¿en que puedo ayudarla?

-Sobre la clase de hoy, todo lo que dijo acerca de los muggles, yo…

-Déjame adivinar, hija de muggles ¿verdad?

-Si.

-No hay de que preocuparse querida, tu eres una bruja, y me imagino que no piensas  abandonar a tus padres cuando salgas de aquí ¿cierto?

-Por supuesto que no señor- contesto de manera determinante Hermione.

-Buena chica, ahí tienes tu solución, solo es cuestión de tiempo, de hecho esa es la única solución en el horizonte, que los muggles y los magos estén tan relacionados unos con otros que los nuevos jefes de las familias sean aquellos que tienen alguna propiedad mágica, descuida, todo saldrá bien.

-Gracias profesor- la sonrisa de Hermione se veía ahora relajada.

-Anda, creo que ya es hora de la comida y los jóvenes deben alimentarse bien.

Hermione se dirigió al comedor con la esperanza renovándose dentro de ella.

Ryddle subió las escaleras hacia su despacho aun le quedaba una hora antes de su siguiente clase y se reclino en su silla mirando hacia el exterior, los rayos del sol adquirían tonos rojizos al atravesar el vitral reflejándose en sus ojos, sonrió mientras murmuraba.

-Estúpida niña.

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El abrazo se prolongó por algunos segundos hasta que Santi pregunto con voz alegre.

-¿Tienes hambre? He traído unos bocadillos.

-Si muchas gracias, ¿cuanto tiempo esta vez?

-Tres años, mis padres no habían querido regresar a España hasta concluir algunos negocios.

-Tres años, eso quiere decir que ahora tienes doce años.

-Si, ya estoy por cumplir los trece en unos meses más, justo después de navidad, sabes, he estado pensando en tu situación, quizás si hablásemos con mis padres ellos podrían conseguir alguien que ayudase con tu problema y…

 -No -la cara de Hugo mostraba una expresión horrorizada- me encontraría y acabaría conmigo como lo hizo con mi familia.

-Pero ha pasado ya tanto tiempo.

-Tu sabes que los magos son mas longevos que ustedes los muggles, mi padre ofreció su vida para asegurarme que podría sobrevivir, aunque fuese solo por las noches y con la ayuda de alguien mas… – las palabras se fueron perdiendo junto con la voz cada vez mas baja de Hugo.

-Pero no hay nadie que pueda enfrentarlo quizás ese Dumbledore del que hablan en las noticias.

-¿Dumbledore?- pregunto Hugo con renovado interés.- ¿Quién es el?

-Es el líder de los magos, mi padre dice que fue el que tomo el control de los gobiernos del mundo junto con los otros magos de los diferentes países hace ya algunos años, según lo que he leído en periódicos y lo que dicen los otros magos no hay mago mas fuerte que el, aunque ya esta bastante viejo.

-No se, suena bien, si el lograra derrotar a ese mago oscuro que asesinó a mi familia podría librarme de mi maldición y entonces…-Hugo elevó su vista, sus ojos se perdieron en la inmensidad del espacio mientras observaba la noche estrellada- Marte – murmuró.

-¿Y entonces? -Pregunto Santi trayendo de vuelta a Hugo de sus cavilaciones.

 -Seria libre, podríamos ser hermanos de verdad.

Ambos niños sonrieron y Hugo apuro el último de los panecillos junto con el resto del jugo que Santi le había llevado.

-Pero antes necesitamos planearlo cuidadosamente, no puedo simplemente aparecerme enfrente de tus padres y decirle, “hola soy la estatua que ha estado viviendo en su jardín estos últimos años, ¿pueden adoptarme?”

Santi rió. -Si tienes razón, ¿pero entonces que haremos?

-Necesitamos jugar con el tiempo, los muggles son muy supersticiosos y la noche les trae malas ideas y yo no puedo permanecer como humano en el día, de modo que…

Hugo caviló por un rato y después corrió hacia donde había dejado su libro y lo hojeo febrilmente hasta detenerse en una página.

-Aquí esta, es un hechizo antiguo, necesitamos elementos mágicos que nos sirvan de soporte, ya que yo no tengo una varita.

-¿Elementos mágicos? ¿Y donde demonios los vamos a conseguir?-pregunto Santi con desilusión.

-En tu cocina, necesitamos sal, vinagre y velas, necesito que los traigas todos mañana y un cuchillo.

-¿Para que el cuchillo?- pregunto Santi por primera vez receloso.

-Con el romperemos el libro que me ata a ser una estatua y así podré ser humano durante el día, creo que es hora que vuelvas a tu casa, descansa y duerme bien, necesitaremos fuerzas mañana.

Se fundieron nuevamente en un abrazo, Santi se dirigió a su casa sin volver el rostro hacia atrás, así que no pudo ver la sonrisa de satisfacción en la cara de Hugo, el cual siguió viendo las estrellas.

***

Estaba de un humor de perros, lo cual dada su condición ya era bastante risible, ¿como era posible que todo hubiese ido tan mal de manera tan rápida? ¿Qué acaso solamente el veía las conexiones? Y ¿como se atrevía James a confiarle su plan a él después de lo que había hecho?

Caminó unas calles en el Londres muggle hasta llegar a un viejo bar donde entró y se sentó en el rincón mas apartado, pidió una cerveza y la empezó a beber con el rostro hundido entre los hombros y la mirada fija en el desgastado acabado de la barra, pensando en lo que había dicho a su amigo, no notaba la discusión que tenían dos borrachos a su lado la cual iba subiendo de tono.

-Ellos tienen la culpa, yo no de…debería estar aquí, debería te… tener mi amplia… oficina y una linda secretaria llevándome café, solo porque no puedo agitar un…maldito palo y hacer algo de hocus pocus.

Sirius adivinó más que comprendió la conversación que se traía el borracho, sin duda un muggle más de los desempleados, después de todo- ¿quien necesita profesionistas muggles cuando tienes un mago? –pensó con una mezcla de orgullo y pesar, tomó el resto de su cerveza y pagó dispuesto a retirarse, dejo una moneda sobre la barra y ese fue su error, la esplendidez Black había aflorado y había dejado un galeón sobre la barra para cubrir el importe de la cerveza.

El hombre que estaba discutiendo con el otro miró fijamente la moneda por unos instantes, el borracho captó la mirada fija de su amigo y observo la moneda, su mano se dirigió al bolsillo de su chaqueta mientras gritaba a la espalda de Sirius

-TÚ, Eres uno de esos malditos magos.

-¿Y que si lo soy?- Sirius ni siquiera volteo a ver al hombre pero su mano derecha se tenso dentro del bolsillo de su chamarra.

-Transforma esto anormal- el estampido fue ensordecedor y Sirius sintió un dolor lacerante sobre su hombro izquierdo, extrajo su varita y la apuntó directo a la cabeza del hombre, un latigazo de color plata impacto en el rostro al borracho estrellándolo contra las mesas del fondo, Sirius sentía el calor de la sangre recorrer su brazo mientras los compañeros del desmayado se aproximaban desde varios flancos intentando cercarle la huida.

-Un paso mas y no seré tan benévolo la próxima vez- advirtió Sirius, chispas rojas volaban de su varita amedrentando a sus atacantes, ganó con pasos calculados la salida y la atravesó hacia la calle.

La muchedumbre se abalanzó en tropel pero cuando salieron el mago se había esfumado, quizás alguno advirtió el perro que doblaba la esquina pero no le dio importancia, tampoco advirtieron el rastro de sangre que iba dejando tras de si.

***

El día había transcurrido lento, las guarniciones estaban guardadas en la mochila y los elementos necesarios estaban preparados, el cuchillo incluido, la noche llego y todos en la casa acudieron a su cita con Morfeo mientras Santi se deslizaba por los arriates hacia la fuente del bosque, repitió el conjuro empapando de agua la estatua, esta vez Hugo acudió mas rápido que la noche anterior.

-Aquí esta lo que pediste.

-Gracias hermano, falta poco, muy poco. -dijo Hugo sin poder contener una sonrisa en el rostro.

Hugo puso manos a la obra y dibujo un pentagrama con la sal en el suelo, dibujando óvalos encontrados en el centro del pentagrama y colocando las velas en cada esquina del mismo, escribió unos símbolos raros entre los espacios de las puntas y prendió fuego a las velas. Estudio un momento el libro y después lo entrego a Santi.

-Entrare con el cuchillo y realizare el ritual, en algún momento te entregare el cuchillo y deberás rasgar las paginas del libro ¿de acuerdo?

Santi se limito a mover la cabeza de arriba abajo, bastante impresionado con el espectáculo.

Hugo se colocó en el centro del pentagrama y ungió sus manos con el vinagre restante e hizo lo mismo con el cuchillo, empezó a entonar un canto en tono grave, era bastante repetitivo y provocaba ecos, involuntariamente Santi empezó a temblar, de repente Hugo se llevo las manos al pecho y su mirada se torno vidriosa por la forma en la que gesticulaba parecía faltarle la respiración y con mucha dificultad pudo articular dos palabras.

-A…yudame… her…man…o.

Santi arrojó el libro y se introdujó en el pentagrama para intentar ayudar a Hugo que había caído al suelo, lo tomó de las manos e intento levantarlo, entonces las manos de Hugo se convirtieron en garfios poderosos que aprisionaban sus muñecas y el cántico volvía a resonar, mas fuerte, mas profundo, Santi lo sentía retumbar dentro de su cabeza mientras el cuchillo cobraba vida y hacia cortes en las muñecas de ambos entremezclando su sangre, roja como una rosa la de Santi y algo parecido al alquitrán emergiendo de Hugo.

Se miraron un instante de frente uno al otro intercambiando sus miradas por un instante, Santi dos cabezas mas alto que Hugo y cayeron de rodillas ambos sin soltarse con la cabeza baja.

Instantes después la lucha comenzó de nuevo ambos se pusieron de pie pero esta vez Santi aprisionaba las manos de Hugo y lo obligaba a ponerse de rodillas de nuevo y juntar sus manos, el libro voló hacia ellas y su consistencia cambio lentamente tornándose dura como la piedra, Santi se apartó y dejo a Hugo de rodillas convirtiéndose centímetro a centímetro en estatua.

Santi en el cuerpo de Hugo alcanzó a suplicar.

-Por… f…av…or.

-De verdad lo siento Santi, me empezabas a caer bien, pero mi destino es mucho mas grande de lo que tu estúpida mente muggle pueda imaginar, gracias por cuidar de este cuerpo para mi. Adiós.

Hugo se retiró del bosque a paso rápido, no dirigió siquiera una mirada a la estatua que había dejado atrás, subió los arriates y se recostó sobre la cama, mucho tiempo había transcurrido desde que había estado en una, el primer paso estaba dado y debía ser muy cuidadoso de ahora en adelante, pero estaba seguro de salir victorioso, si a Dumbledore le gustaban los cuentos para niños, a el le gustaban las historias de terror.

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-Nadie agitara su varita ni hará ridículos encantamientos en esta clase- el profesor se dio una pausa para cruzar sus brazos por dentro de su túnica, dándole un aspecto de una momia mal embalsamada.

-Es por ello que quizás la mayoría de ustedes no creerá siquiera que esto sea magia, pero aquellos que lo entiendan, y serán pocos, puedo enseñarles a embotellar la fama, a embotar los sentidos, e incluso ponerle un alto a la muerte.

-Por supuesto, eso solo lo podrán lograr si son mejores que la mayoría de los alcornoques a los que suelo enseñar.

-Sin embargo por ser el primer día hoy seré benevolente e iniciaremos con algo sencillo- dio un golpecito a una pizarra y en ella aparecieron una lista de ingredientes y las instrucciones para una poción- los ingredientes los pueden tomar del armario, una poción por banca, tienen una hora.

La poción era simple y los ingredientes pocos, pero su preparación requería concentración y seguir los pasos de manera ordenada y en el tiempo adecuado o los resultados podrían ser desastrosos.

Harry llevaba más de diez minutos revolviendo la poción en el sentido de las agujas del reloj y empezaba a aburrirse, a su lado Ron se dedicaba a dar vuelta a su cabeza cada diez o quince segundos hacia las bancas de atrás.

-¿Qué tanto miras?- pregunto Harry.

-Quiero ver como lo hacen los demás, a nosotros no nos ha ido tan mal ¿no crees?- Su poción era bastante acuosa aunque las instrucciones decían que debía tener una consistencia espesa, pero al menos tenia un color aguamarina bastante parecido al verde esmeralda que, de acuerdo a las instrucciones, debía tener.

-No, no esta mal- Harry se tomo el tiempo para dirigirse a las otras mesas, Neville y el chico rubio tenían una sustancia espesa pero de un color verde hoja, un par de gorilas de Hufflepuff dos filas atrás estaban pasando problemas para extraer la cuchara de lo que parecía cemento gris, finalmente reparó en la chica que había compartido el bote con ellos, a su lado estaba otra Ravenclaw con idéntico peinado aunque con un cabello oscuro y una cabeza mas bajita, su poción era de una consistencia semilíquida y la superficie del caldero parecía una esmeralda en bruto de cantos redondos.

-Wow, mira la poción de la chica de anoche.

-Se llama Hermione- agrego rápidamente Ron.

-Como sea, es genial.

-Les quedan diez minutos- anuncio Snape.

Las chicas interrumpieron su labor de revolver la poción para agregar el último ingrediente y Harry volvió su mirada y concentración a su poción.

-Bien ahora solo falta agregar las espinas de erizo revolver tres veces en sentido contrario a las agujas del reloj y listo.- y uniendo la palabra al hecho tomo las púas de erizo para agregárselas…

… y en cuanto las púas hicieron contacto con la poción los resultados desastrosos llegaron, la poción empezó a burbujear mientras amenazaba con desbordar su contenido del caldero, Ron intento revolverla como decían las instrucciones pero una burbuja estalló yendo a caer una gota de la poción en sus manos, Ron dio un grito de dolor y al intentar cubrirse termino empujando el caldero hacia el frente bañando por la espalda al chico rubio compañero de Neville con el resto de la poción.

Los gritos de dolor no se hicieron esperar y el profesor Snape se acerco a pasos rápidos, con un hechizo desapareció los restos de la poción de encima del muchacho y del suelo, convoco una botella con un líquido verde de olor penetrante, lanzo la botella encima del muchacho rubio pero curiosamente el liquido se transformo en un gas blanco al contacto con el aire y los gritos del muchacho cesaron de inmediato, el gas parecía haber reparado el daño en la túnica y en la piel del muchacho.

-¿Quién fue el estúpido que agregó las púas de erizo al caldero sin retirarlo del fuego?

Oh oh. -Una mirada rápida de Harry al tablero basto, ahí claramente se observaba “retire la poción del caldero, agregue las púas de erizo hasta que la poción se torne roja y revuelva tres veces en el sentido contrario a las agujas del reloj, después cuele la…” en fin, el daño estaba hecho, James se lo había dicho un día y había sido bastante claro:

Un Gryffindor asume sus errores con valentía-, después había agregado quedamente cuando Lily se había retirado -Si te atrapan-, pero esta vez Harry estaba atrapado.

Tímidamente alzo la mano, los ojos de Severus Snape se posaron en el con lo que parecía el preámbulo a una severa reprimenda, repentinamente al hacer contacto visual algo cambió en la mirada de Snape y la tormenta se vació  encima de Ron.

-Eres un estúpido Weasley, ¿Por qué permitiste que Potter agregara las púas sin revisar las instrucciones? Cinco puntos menos para Gryffindor y quiero un ensayo de un metro sobre los errores que cometiste hoy. Tú y Potter pasaran la hora restante cortando raíces de ajenjo para los demás grupos tómenlas del armario, el resto coloque una muestra de su poción en mi escritorio y quiero un resumen de lo que acaban de hacer y quiero silencio.

Tres pasos le bastaron a Snape para colocarse de nuevo tras su escritorio dejando a Ron colapsado de terror y a un Harry confundido, para colmo los ojos de Ron encontraron los del chico al que había bañado con la poción, no parecía contento con lo que había pasado, a pesar que el daño había sido mínimo, y si el chico hubiese tenido puñales en la mirada Ron Weasley habría caído fulminado en ese momento.

***

El resto de la clase transcurrió sin mayores incidentes, al terminar se dirigieron directamente y al trote hacia lo que seria su segunda clase, llegaron con quince minutos de anticipación y el salón se encontraba vacío, el aula de DCAO no podía ser mas diferente de la de pociones, los amplios ventanales dejaban que la claridad de la mañana iluminase el salón a pesar de que el cielo se encontraba bastante nublado, (algo muy común para esa época del año), daba una sensación liberadora después de estar dos horas en la claustrofóbica mazmorra.

El aula estaba libre de bancas así que los alumnos simplemente se fueron amontonando en corrillos conforme fueron llegando, los minutos pasaban y el maestro brillaba por su ausencia los murmullos subían cada vez mas de volumen e incluso algunas carcajadas ocasionales se oían Harry, Ron y Neville discutían lo que había pasado en la clase de pociones.

-¿Por qué no te dijo nada?

-Es amigo de mi mamá, nos lo encontramos en el Callejón Diagon cuando fuimos a surtir la lista, parece que se llevan muy bien. Que suerte ¿no?

-Suerte, para ti, para mi no, tengo que escribir el ensayo- agrego Ron con una cara de angustia como si lo hubiesen condenado a lavar urinales.

-Fue mi culpa, ya lo haremos entre los dos, además no tenemos pociones hasta el viernes.

-¿Porque tardara tanto el profesor?, ya debería estar aquí – intervino Neville.

-Quizás se enfermo, así podremos ir a almorzar temprano- agrego Ron con una sonrisa en el rostro.

-Tu solo piensas en com…- empezó Harry pero se interrumpió al escuchar un ruido justo a sus espaldas, sonaba como si alguien estuviese rascando el suelo desde abajo y ganaba intensidad, sea lo que fuese que hiciera ese sonido se estaba acercando.

Ubicaron el sonido junto a una pared detrás de lo que parecía un armario el cual se empezó a estremecer de repente con sacudidas cada vez mas violentas que terminaron finalmente por tumbarlo pero el sonido no cesó, y ahora no solo Harry, Ron y Neville estaban al pendiente del sonido sino que toda la clase.

La porción de piso que había estado debajo del armario empezó a retumbar nuevamente y estalló en una explosión de guijarros cubriendo con una nube de polvo a la clase, la cual se fue disipando poco a poco.

-Primero lleno de una poción hecha por estúpidos- Harry reconoció al que vociferaba como el chico rubio de Slytherin que Ron había bañado con su fallida poción- Y ahora lleno de tierra por un edificio en mal estado, si mi padre se enterara de…- el chico siguió moviendo su boca pero súbitamente el sonido parecía haberse esfumado de su garganta dejando a Harry perplejo.

El grito de una chica lo hizo volverse para ver como una mano enorme emergía del hueco en el suelo, a esa mano le siguió otra y después una cabeza calva, pequeña para las proporciones del tronco que le siguió y por ultimo unas piernas poderosas impulsaron de un salto hacia los alumnos un monstruo con unos comillos babeantes y unas garras de apariencia letal.

Casi por inercia algunos esgrimieron sus varitas, pero la mayoría corrió hacia el extremo opuesto del salón incluido el chico rubio el cual hubiese arrancado una carcajada a cualquiera con su silenciosa mímica de un patético grito grabada en su rostro, esto claro si no hubiese problemas mayores que atender.

El monstruo dio dos pasos gigantescos y la distancia entre los alumnos que intentaban enfrentarlo y el se redujo a la mitad

Impedimenta– un rayo de luz roja salio de la varita de Neville el cual, para asombro de todos fue desviado por la criatura sin hacer un solo movimiento sus compañeros lo imitaron y cinco rayos mas se dirigieron hacia el, sin causarle el mas mínimo daño, parecía que el aire alrededor de el formaba una especie de escudo invisible, eso o el monstruo era indestructible, pensó Harry.

Indestructible, la palabra le trajo a la mente el recuerdo de sus vacaciones en el lago, una roca obstruía un excelente tobogán natural, Lily insistió pero al final James voló en pedazos la roca y al fin hubo diversión.

Harry esgrimió su varita mientras gritaba

Confringo– una onda de choque se liberó y la criatura así como Harry y sus compañeros fueron lanzados ligeramente en direcciones opuestas la criatura lanzo un aullido lastimoso y gruesas gotas de agua corrieron por su cara.

-Anda- dijo Harry.

-Pero si esta llorando- dijo Ron.

-Así es, creo que le dolió esa caída- dijo una voz más grave desde el fondo del salón.

–Buenos días muchachos, soy el profesor Lupin y voy a ser su maestro de Defensa contra las artes oscuras, para ser su primera vez no creo que haya sido un intento tan malo, de hecho se quedaron a enfrentar a la criatura mas de los que yo había esperado, veamos, diez puntos para Slytherin por el señor Longbottom por atacar primero, diez puntos para Gryffindor al señor Potter por derribarlo y diez puntos por la señorita Granger y el señor Thomas por quedarse, de igual manera otros diez para Gryffindor por el señor Weasley y el señor Finnigan, ahora si me permiten.

El maestro se acercó al monstruo y lo acaricio levemente con lo que este dejo de llorar retiro el hechizo de escudo que rodeaba a la criatura, esgrimió su varita una vez mas y desaparecieron los colmillos, las garras los músculos en el tórax y las extremidades y un amplio y bonachón abdomen se desplegó encima de lo que, como ahora todos podían ver, solo era un ghoul.

-Quiero un ensayo para el miércoles sobre las acciones que debieron haber tomado para repeler el ataque de una criatura desconocida, y una investigación de por lo menos diez hechizos de ataque y diez de defensa que podrán encontrar fácilmente de las paginas seis a la veinte de su libro de texto, pueden retirarse.

-Pero profesor solo ha pasado una hora- agrego tímidamente una chica de Ravenclaw.

-Y han aprendido más de lo que hubieran logrado en una semana leyendo libros- dijo el profesor mientras subía las escaleras hacia su oficina, cerrando la puerta detrás de si.

Apenas estuvo solo en su oficina escribió un mensaje en un trozo de pergamino le dio un golpecito con su varita y lo ató a la pata de una lechuza se aproximo a la ventana y se quedo observándola hasta que se perdió en el horizonte.

Felizmente para Ron la comida se centró más en la interesante clase de DCAO que en los desastres de pociones y con ánimos renovados acudieron a su clase de la tarde, esta vez ubicada en uno de los salones del segundo piso junto al lago. El maestro en turno ya se encontraba ahí cuando los alumnos llegaron al salón.

-Por favor tomen asiento, encontraran un cuestionario al cual le dedicaremos nuestra primera clase, tomen su tiempo, no hay respuestas correctas o incorrectas solo quiero saber que tan familiarizados están con las costumbres muggles, pueden comenzar.- el maestro dio un golpe a la pizarra con su varita y la tiza escribió en letras bastante visibles:

Estudios Muggles, Primer Curso.

Profesor: Tom S. Ryddle.

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