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Las escaleras eran simples trozos de roca socavados, y descendían en espiral de forma tan pronunciada que prácticamente cada tres pasos se encontraban en dirección opuesta a la anterior.

Tom no alcanzaba a vislumbrar más allá del siguiente escalón aun con la ayuda de la luz de su varita, la oscuridad reinante parecía impenetrable, incluso el sol de la tarde no les proporciono claridad más que para iniciar su marcha, como si la luz se rehusase a ingresar a ese lugar.

El cuerpo de Loria había quedado a buen resguardo bajo un hechizo desilusionador recargado contra uno de los pilares de roca, Hugo había insistido en que debían conservarla.

Tras lo que parecieron cientos de escalones Tom empezó a vislumbrar una pequeña luz a escasos metros por debajo de ellos, la luz provenía de dos velas colocadas sobre una especie de altar de piedra, apenas más pequeño que Hugo, las velas parecían nuevas y no se apreciaban gotas de cera escurriendo por sus lados.

Detrás del altar existía un pequeño espacio hasta llegar a una pared lisa de alabastro, sin adorno alguno a excepción de las vetas del mineral, una corriente de aire entro por alguna parte haciendo recorrer un escalofrío por la espalda de Tom. Su garganta pareció cerrarse durante el camino, por lo que tuvo que carraspear antes de preguntar.

-¿Ese es el lugar?

-Sí, detrás del muro encontraremos lo que hemos estado buscando.

-El Grimorio- murmuro Tom, Hugo le dirigió una mirada sonriente.

-Vaya que los chicos de hoy son conformistas, pero allá tú- Hugo paso por detrás del altar y recorrió el muro con sus manos, con los ojos cerrados. –Acércate- le dijo a Tom.

 –Toca, siéntelo.

Tom recorrió el muro con sus manos, la piedra era dura y fría pero ahí donde entraba en contacto con la piel absorbía calor, la piedra misma parecía respirar y latir bajo su mano.

-Hay que hacer un pago- dijo Hugo –Pero no se aun como- bajo su varita y con ella hizo un corte en la palma de su mano, intento acercarla al muro pero la herida cicatrizo inmediatamente, ni una sola gota de sangre salió de ella.

-Déjame intentar a mí- Tom repitió la operación, esta vez de la muñeca y el resultado fue el mismo, la sangre se negaba a salir por la herida.

-Su casa, sus reglas -dijo  Hugo- Apoyo ambas manos contra el muro y Tom lo imitó

-Queremos entrar- el muro pareció leer su pensamiento, varios pinchos de la piedra se materializaron directamente contra sus palmas, la sangre escurrió, generosamente esta vez,  y fue absorbida por el muro, las vetas del mineral se retorcieron dando la apariencia de enfurecidas serpientes, se enroscaron y estiraron hasta formar un contorno que se fue contrayendo sobre sí mismo hasta dejar un hueco suficiente para permitirles el paso.

El pasillo era corto y conducía a lo que parecía una cueva, un círculo de piedra se encontraba en el centro de la misma, y destacaba por su blancura casi cegadora. Mediante un tácito acuerdo ambos se colocaron en el círculo bloqueando sus mentes y preparándose para lo que venía.

Un sonido como de garras sobre madera sonó a la distancia, parecía acercarse ya que cada vez el sonido aumentaba y parecía rebotar en las paredes hasta que termino convirtiéndose en una autentica cacofonía. Una fina lluvia de polvo y guijarros cayó desde el techo de la cueva, aunque este no se podía adivinar a que altura se encontraba debido a la oscuridad reinante, y el suelo tembló ligeramente bajo sus pies, sin embargo los magos permanecieron serenos con la mirada fija al frente.

Súbitamente el suelo desapareció bajo sus pies y cayeron en un pozo profundo y helado, la temperatura disminuyo de golpe, no hubo temblores sin embargo ni quejas por la repentina perdida de la solidez debajo de ellos, el miedo estaba perfectamente guardado en capas más subterráneas de su mente, cayeron por lo que se les antojo interminables minutos hasta que fueron depositados en una sala muy amplia.

Los tesoros apilados a ambos lados se elevaban hasta perderse de vista en las alturas, el sonido de las garras volvió a hacerse presente, esta vez de forma más pausada, al final un enorme ciempiés apareció por el fondo del pasillo, la criatura traía montado un hombre gordo en cual aparentemente carecía de cabeza. Sin embargo ello no parecía ser una limitante para comunicarse, la voz que sonó no fue dura, por el contrario, era melodiosa y embriagadora, y tenía el tono de un anfitrión contento por recibir a sus invitados.

-¡Ya están aquí, han tardado mucho!

Los magos no contestaron, Hugo hizo una ligerísima inclinación de cabeza a modo de saludo y Tom lo imitó.

-Ya veo, pueden hablar con confianza, ahora son mis invitados- el ciempiés inclinó su cuerpo dejando que el hombre gordo resbalara sobre su lomo hasta caer aparatosamente.

Una vez en el suelo el ser rodó grotescamente hasta quedar recostado sobre unos almohadones, unos rastros de baba color azulado, que probablemente le ayudaban a desplazarse quedaron sobre el suelo.

-Vamos no sean tímidos, pero que mal anfitrión soy los tengo de pie- movió ligeramente sus manos y pudieron notar que en sus palmas tenia bocas repletas de colmillos, dos sillas se materializaron tras de ellos- Por favor tomen asiento y cuéntenme ¿Quiénes son?

-Mi nombre es Hugo, y el de mi compañero es Tom- dijo el más joven de ellos despues de tomar asiento, su voz sonaba alegre pero su cara permanecía dura como roca.

– Y ¿a qué debo el honor de su visita?- el ser se dio un fingido golpe en la inexistente frente- Pero que torpeza la mía, ni siquiera me he presentado, aunque… Por supuesto ustedes ya saben mi nombre.

-Por supuesto que lo sabemos- dijo esta vez Tom su cara no dejaba traslucir ninguna emoción.

-Lo saben ¿eh?- el tono adulador había desaparecido de su voz. – ¿Y que buscan aquí?- la voz se tornó un poco más grave esta vez.

-Sabiduría y conocimiento- dijo Hugo.

-Pues yo no los tengo. – Dijo el ser, el ciempiés había vuelto y con sus tenazas echo encima de su lomo nuevamente al hombre gordo- Adiós, siéntanse libres de tomar lo que gusten cuando salgan, mis tesoros están a su disposición.- dio media vuelta y empezó a alejarse de ellos.

-No nos interesan sus tesoros.- dijeron Tom y Hugo al mismo tiempo, hasta ahora todo había salido como habían practicado.

El ciempiés se detuvo y el hombre gordo bajo por su propio pie esta vez, el cuello surgido firme y poderoso detrás de los hombros, el cuerpo se ensanchó, una armadura y un hacha de guerra se materializaron sobre el ser, que arremetió violentamente contra ellos blandiendo el hacha mientras gritaba.

-¿Se atreven a rechazar mi generosidad?

-Si- dijeron nuevamente al unísono.

El hacha se detuvo a milímetros del cuello de Tom, sin que el mago alterase ni un ápice su rostro.

-¿Qué buscan aquí? –Trono el ser, convertido ahora en un gigante de más de dos metros y con una voz atronadora.

-Sabiduría y conocimiento- dijo Tom esta vez.

– ¿Y porque habría de dárselos?, ¿por un alma mutilada? o ¿por un trozo de alma que no sirve para nada? ¿Qué me darán a cambio ustedes?

-Nada- dijeron los dos magos.

El guerrero desapareció, y tuvieron enfrente un caballero elegante, un trono alto de oro apareció detrás de él, o quizás estaba ahí desde el principio. Una vez estuvo sentado en el preguntó a los magos.

-Si no voy a tener sus almas, y no me van a dar nada a cambio, no veo el motivo por el que deba darles conocimientos o sabiduría, he vivido eones y he negociado con los de su especie desde que aparecieron en este miserable planeta, pero a menos que haya cambiado el concepto de transacción en los últimos tiempos, creo que debo obtener a cambio algo por mis “servicios”.

– Oscuridad – dijo Hugo.

– Caos – añadió Tom.

El caballero se puso de pie – Bien, si pueden exponer los conocimientos que solicitan en tres preguntas accederé a sus deseos, ¿quizás quieran unos minutos para decidir quien hará las preguntas y como las dividirán?

-No es necesario- respondió Tom,- solo necesitamos dos preguntas una para cada uno.

El rostro del caballero palideció levemente y apretó los puños fuertemente, sin embargo recuperó su control de inmediato.

-De acuerdo. Empecemos por el remedo de alma.

-Los primigenios, el cierre y la llave ¿dónde lo encuentro? –pregunto Hugo.

El caballero extendió la mano y un pergamino apareció Hugo lo tomo con una leve reverencia y sin decir palabra dio media vuelta y empezó a alejarse a los pocos pasos una puerta se materializó frente a él, sin ninguna duda la cruzó.

-El Caos reptante y los diez mil vástagos, ¿Dónde los encuentro?- preguntó Tom

De igual manera otro pergamino apareció sobre las manos del caballero, Tom se acercó a tomarlo, pero justo antes de asirlo el caballero cerro el puño sobre el pergamino.

-¿Sabes? Yo te puedo ofrecer un trato más jugoso que el de tu compañero, he visto tu alma Lord Voldemort, he visto lo que has hecho y lo que puedes llegar a ser si te lo propones, diez mil vástagos sangre de tu sangre con tu alma atada a cada uno de ellos en los que vivirás diez mil vidas es algo muy tentador para quien tanto teme a la muerte, pero las diez mil vidas se agotaran, las diez mil vidas verán su ocaso jóvenes o viejas, pero sin duda lo verán en algún momento, yo te ofrezco inmortalidad plena, juntos podemos dominar el universo, podemos controlar al estúpido omnipotente que sigue a la flauta y regir el universo, y a cambio yo te daré este planeta exclusivamente para ti.- un halo rojizo brillo momentáneamente en los ojos de Tom.

-Tardaste un poco- le dijo Hugo una vez que se reunió afuera del altar con él, a diferencia de su ingreso la puerta que aparecía llevaba directamente al exterior, la noche había caído ya afuera.

-El muy idiota aún quiso hacer un último intento- Tom soltó una risita, sus ojos parecían brillar en la oscuridad, sin duda estaba contento.

Hugo caminó hasta adonde habían dejado el cuerpo de Loria, levanto el hechizo desilusionador, con un movimiento de varita el cuerpo floto junto a ellos mientras caminaban alejándose del circulo de piedra.

-¿Para qué nos la llevamos?- Tom no había dejado de notar el ligero movimiento en el pecho de Loria, probablemente sus últimos halitos de vida.

-Siempre he querido tener una hermanita- respondió Hugo, mientras continuaba su camino hacia el campo fúnebre.

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Cuarto tomo del Fic

HP y la Guerra de las Almas
Cuarto y ultimo tomo del Fic

 

Ultimo tomo del fic, la imagen refleja mucho de los planes de Lord Voldemort.

Loria

Hugo y su padre caminaban por el pueblo a unos pocos kilómetros al poniente de Salisbury en el condado de Wiltshire, Amesbury que era como se llamaba la localidad, de pequeña población, era perfecta para sus planes inmediatos. Decidieron colocarse en un hostal a las afueras del pueblo, del lado opuesto de su destino real donde pasaron por turistas de vacaciones, el señor Tom era un medico retirado que con su risa amable, y una consulta gratuita sobre la calvicie del hostelero se ganó rápidamente la confianza de este.

Al día siguiente de su llegada se dedicaron a recorrer las ruinas de un campo fúnebre de la edad de bronce, según palabras de Hugo, nadie conocía de su paradero. El, le explico a Tom, valiéndose de algunos experimentos, lo ubicó en su “otra vida” como solía referirse a cualquier cosa de su pasado.

Estaba compuesta por escasamente dos tumbas pero la gran cantidad de objetos valiosos dentro de la cámara mortuoria revelaban que los ahí enterrados eran de la realeza o como mínimo pertenecientes a la alta aristocracia, caminaron hasta llegar a la que sin duda era la más importante de las dos, los grabados  a pesar del paso del tiempo y de las enredaderas que se habían apoderado del lugar, eran exquisitos y en su mayoría se encontraban ribeteados de oro, lapislázuli y algunos engastes de piedras finas.

-Muy interesante, pero lo de turistas es solo una pantalla por si no lo recuerdas, estamos aquí por asuntos más importantes que ver un par de estúpidas tumbas.- tronó Tom alzando cada vez más la voz.

Hugo lo ignoró olímpicamente adentrándose más en la tumba.

-Antes pensaba que cuando muriera me hubiese gustado que mis restos descansasen aquí.

-Todavía se puede- dijo Tom con mordacidad.

-Ja, ja que divertido- Hugo se detuvo frente a lo que parecía un altar con varias copas de oro adornadas con rubíes.

-He vuelto- gritó de repente.

Como respuesta las copas se tambalearon hasta caer al piso donde el sonido se acrecentó por el eco de la tumba.

-Excelente- pensó Hugo para despues dirigirse a Tom.

-Debemos conseguir el tributo para abrir el portal, despues regresaremos aquí, para conseguir un nuevo aliado.

***

Lentamente vació la poción en los labios inertes de Sam, su piel había perdido bastante color y se notaba marchita y traslucida. Ya habían pasado varios días desde que Tom lo había dejado, Bucky le llevaba puntualmente alimento para él y la poción restauradora para Sam.

El Profeta también era parte de la entrega diaria, donde cada mala noticia lo apuñalaba arteramente. El cazador había sobrevivido, aunque su rostro había sufrido bastantes estragos, probablemente causados por James, todavía era reconocible.

La gente lo tomaba como un héroe que había intentado rescatar al jefe de aurores y su esposa del enloquecido Sirius.

Peter había fungido como testigo, “James me llamó y yo solo atine a avisarle al segundo al mando en la oficina de aurores” Aquello era mentira por supuesto, James no había mandado ningun mensaje, ahora le quedaba bien claro quien había sido el traidor a la resistencia, y solo el recuerdo del juramento que había hecho a Tom le impidió lanzarse a la caza de Peter, pero lo peor llego dos días despues, ya bastante malo era saber que Ellie había desaparecido sin rastro, pero saber que Harry y algunos de sus compañeros de curso habían desaparecido de igual forma y dentro del castillo donde se suponía que debían estar a salvo acabó por desmoralizarlo. Desde entonces solo se había dedicado monótonamente a cuidar a Sam, permaneciendo horas a su lado, hablándole esperando una respuesta que sabía que no iba a llegar, hasta que el cansancio lo sucumbía y era despertado por Bucky, ansiaba el momento que regresara Tom y salir a luchar, a destrozar al maldito cazador y al traidor Peter, y sobre todo a intentar encontrar a Ellie y a Harry.

***

La habitación estaba exactamente igual a como Harry la recordaba, Ron y Neville habían aceptado de inmediato, cuando Harry y Hermione les propusieron acompañarlos para ver que había detrás de la puerta. La figura permanecía en las sombras aun, para Harry le parecía bastante raro que no se hubiese movido del mismo lugar donde se había quedado hace dos días, luego recordó que el tiempo no transcurría igual en esa habitación y que probablemente para el no habían pasado más que unos segundos desde que habían salido.

-Hola, hemos vuelto con las personas restantes como nos había pedido – dijo Hermione.

-Ya veo- dijo la sombra- ¿y los restantes están dispuestos a aceptar el pago que hay que hacer?

-Si nos explica esa parte del pago, estaríamos más tranquilos- dijo Neville.

-Bien, debo advertirles que una vez crucen esa puerta no habrá marcha atrás, una vez iniciada esta aventura deberán llevarla hasta el final, les guste o no.- la sombra hizo una pausa, como si intentase aclarar su ideas.

-Detrás de esa puerta hay cuatro habitaciones, que deberán ir sorteando una a la vez, lo que ahí encontrarán es producto de los muchos viajes de una de las fundadoras de Hogwarts, en cada habitación habrá una puerta idéntica a esa que lleva a la siguiente habitación, pero de igual forma que esas perillas son de humo para sus compañeros restantes, aquellas lo serán mientras no se ganen el derecho de pasar a la siguiente habitación. Cada habitación está equipada de diferente manera y está habitada por una persona elegida especialmente para instruir al guia que nos ayudara en esta cruzada.

-¿Que cruzada?- pregunto Ron.

-¿No los has puesto al tanto de todo?- preguntó la sombra dirigiéndose  a Harry.

-Yo, omití lo de los enemigos… creo

-¿Que enemigos?- pregunto esta vez Neville.

-No importa- dijo la sombra- solo deben saber que tiempos oscuros se acercan y que deberán estar listos para enfrentar a enemigos poderosos si quieren salir triunfantes de esto.

-¿Y porque nosotros? -Preguntó Ron- Digo no es que me asuste- agrego rápidamente despues de mirar discretamente a Hermione.

-¿No eres tu un Gryffindor? – dijo burlona la sombra, las orejas de Ron se mimetizaron con el rojo de su cabello- Sepan que la alternativa es esperar a que esos enemigos lleguen y los tomen desprevenidos, si ese es su gusto adelante.

La sombra dio tiempo para esperar una respuesta pero ninguna otra protesta apareció.

-Bien, como les decía, cada persona les ira dando un poco de ayuda e instrucción para salir bien librados de esto, deben recordar una cosa, no importa el tiempo que duren en cualquiera de las habitaciones, el tiempo no se moverá, pero en cuanto crucen una puerta, automáticamente habrá pasado un año en el mundo exterior, es igual si duran un milenio o quince minutos en lograr su objetivo, de igual forma habrá pasado un año.

-¿Quiere decir que tendremos -Harry hizo una pausa para contar mentalmente- quince años en cuanto salgamos de las habitaciones?

-Dieciséis, olvidas la puerta que debes cruzar para regresar aquí, en la cuarta habitación, encontrarán una puerta que los traerá de regreso hasta mí, y también encontraran el reloj.

-¿Reloj? –preguntaron todos al mismo tiempo, Ron soltó una risita nerviosa que no tuvo eco en sus compañeros, asi que mejor guardo silencio.

-Sí, el reloj que corre hacia atrás, es un artefacto muy raro y que solo puede ser usado una sola vez, puede regresar en el tiempo a una persona hasta donde esta lo desee y en el lugar que esta elija.

-De esa forma recuperaríamos el tiempo perdido- Dijo Hermione- pero eso no afectará a las demas personas.

-Sera como si nunca se hubieran ido- contestó la sombra.

-Entonces hagámoslo- dijo Ron.

Las perillas se materializaron en las manos respectivas, Harry conto hasta tres para sincronizar el movimiento, la puerta cedió y ellos entraron en la siguiente habitación.

***

Loria era una pequeña niña de 10 años, con un pelo platinado que le llegaba por debajo de los hombros. Le encantaba pasar el tiempo cazando mariposas y recolectando flores en el amplísimo prado a espaldas del convento, ahí fue donde conoció a Hugo un niño algunos años mayor que ella, el cual estaba de vacaciones con su padre que era doctor, pronto trabo amistad con él, Hugo era un chico especial, sabía hacer cosas sorprendentes, podía poner a bailar a las hormigas y lograr que las mariposas la cubrieran por completo haciéndole cosquillas. Hugo le dijo que su padre y el estaban planeando una excursión a las grandes rocas a la salida del pueblo por si quería acompañarlos.

-¿Excursión?, pero si las rocas están a quince minutos del pueblo y eso a paso lento.- dijo la niña –eso no es una excursión.

-Pero pondremos un mantel en el suelo y comeremos bocadillos además de quie te enseñare unos trucos nuevos, ¿Qué dices?

-Claro, mis papas me dejan ira a donde sea, siempre y cuando regrese antes de que anochezca, Amesbury es un pueblo muy chico y casi todos nos conocemos.

Quince minutos despues, en compañía del papa de Hugo “llámame Tom” había insistido, subían la pendiente que los conduciría el montón de rocas. Para Loria las rocas no eran ninguna novedad, las veía más de tres veces por semana, asi que espero afuera del círculo mientras Hugo y su padre se dirigían a lo que llamaban “el altar”

De reojo vio que Tom sacaba un palito, a lo lejos un trueno retumbo en el cielo, por alguna razón Loria se empezó a sentir inquieta. Decidió que iría a decirle a Hugo que se iba a casa, amenazaba tormenta y su madre no quería que ella estuviese fuera. Se acercó y descubrió que Hugo y su papa habían desaparecido, se fue acercando más y más hasta el altar que es donde los había visto por última vez, quizás estuviesen tendiendo el mantel, a lo mejor y hasta le daba tiempo de tomarse un bocadillo, la sonrisa de este pensamiento se quedó grabada en su rostro mientras sintió que caía sobre el altar, algo pegajoso y caliente escurría de su cuello y manchaba el altar el cual empezó a brillar y a moverse lentamente revelando una escalera y un agujero negro y profundo, y a pesar que los ojos de Loria estaban fijos en el Loria en realidad ya no veía.

Cuna de Oro

Desde lo alto de la almena observo como los sirvientes salían con sus pertenencias, sabía que otros vendrían a reemplazarlos en cuanto el encargado del establo regresase del pueblo, pero sin duda le esperaba una reprimenda y por la cara que había visto poner a su padre cuando la cocinera hablo a nombre del resto de la servidumbre para exponer al duque su deseo de abandonar el palacio.

Ya antes habían tenido episodios parecidos, el recipiente para el azúcar que en lugar de azúcar contenía una legión de arañas de todo tipo, la silla de montar con clavos por debajo de su instructor de montura, el ganso que repentinamente graznó cuando lo sacaron del horno, este recuerdo en especial le sacaba una carcajada cada que recordaba a la cocinera desmayándose de la  impresión pero esta vez la risa no llegó, la nueva cocinera, que pronto seria sustituida por otra, no tuvo problema en llamarlo “intento de asesinato” cuando el cuchillo salió de la mesa disparado por si solo para intentar atravesarle la garganta por haber utilizado más sal de la debida en la comida del señorito del castillo.

Los rumores ya habían llegado a él, incluso su padre los había escuchado sin darle más importancia, lo que su padre ignoraba era el origen del, cada vez más frecuente frase del “niño demonio”. Para su padre solo eran travesuras de adolescente, cosa nada rara entre los herederos de la realeza, pero él sabía que su origen no era algo tan mundano como esto.

Había más, mucho más, el azúcar había sido azúcar hasta que se enfureció con el panadero por no regalarle un poco y no hubo necesidad de juntar arañas, ya que estas se materializaron dentro del recipiente en forma inmediata, el ave cocinada había graznado porque le pareció divertido y respondió a un impulso de su imaginación el no había fingido el graznido yendo de puntillas detrás de la cocinera como pensaba su padre, su instructor de montar le había golpeado ligeramente con la fusta para enderezar su postura “Debes ir gallardo como un rey, aunque no estés destinado a serlo” y despues el fuetazo, leve pero suficiente para hacerle ver puntos rojos de ira en su campo de visión, cuando su instructor recupero su montura los clavos ya estaban ahí y la cojera que había tenido desde entonces evidenciaba el daño que le habían causado.

Esa fue la primera vez que realmente se asustó de  lo que él llamaba “sus cualidades”, pero nada se comparaba con lo último, esta vez había perdido el control por completo y a punto había estado de matar a la cocinera, si esta no hubiese volteado la cara en el momento justo, el fino arañazo que aparecía en su cuello hubiese sido un brutal degollamiento.

La historia que escuchó de labios de la cocinera no era nueva, ya la había oído en varias ocasiones, quince años atrás la casa del hijo menor del rey se regocijaba en la espera del nuevo heredero, pero el tiempo de espera fue haciéndose mayor hasta que finalmente el duque de la casa de Slytherin llevó en brazos a su primogénito, Salazar.

Luego, la mala noticia corrió como reguero de pólvora, víctima de una hemorragia, la duquesa luchaba por su vida, lucha que finalmente perdió al cabo de unas horas, mal augurio, dijo el pueblo y el estigma permaneció.

Aun asi, el pequeño Salazar poco o nada le importaban esas murmuraciones, no sería rey porque su tío, quien ya había sido coronado, gozaba de gran salud y tenía una docena de hijos que se pelearían la sucesión, pero aun asi era parte de la realeza, era el sobrino del rey lo que lo hacía intocable para el pueblo.

Pero los mordaces comentarios de la cocinera, los calificativos de “mala semilla” y “asesino desde el vientre”  calaron hondo en el corazón de Salazar y el cuchillo, aparecido también de la nada y dotado de un inaudito filo, surco veloz el aire hacia la garganta que pronunciaba insultos tan monstruosos. Remordimiento quizás, suerte tal vez, la cocinera evito el ataque y había acudido al duque para poner su renuncia y la del resto de los sirvientes que siguieron su ejemplo.

Apenas el coche dobló el camino la voz de su padre trono por el pasillo inferior, con paso lento pero decidió el pequeño Salazar acudió al llamado.

-Bien, bien, bien, bien.- dijo su padre, en un arranque de imprudencia Salazar pensó en decir “¿Y bien qué?”, pero no quería poner a prueba tan rápido la paciencia de su padre, debía dejarlo desahogarse si quería llevar a cabo su plan.

-¿Tienes algo que decir?- le pregunto el duque.

-¿Sobre qué padre?- respondió Salazar.

-¿Sobre qué? Sobre el cuchillo que le lanzaste a la cocinera, pudiste haberla matado, ¡Y con testigos! Salazar eres de la realeza, pero solo el Rey está por encima de las leyes, pudiste haber hecho caer nuestra casa en vergüenza por una imprudencia.

-Me insultó- dijo Salazar primero quedamente pero despues alzando la voz- Me llamo asesino de mi madre, asesino desde el vientre, ¿Qué querías que hiciera?

Su padre se sentó en la silla ceremonial con aspecto abatido, Salazar reprimió una sonrisa de triunfo había ganado el primer asalto.

-¿Porque no lo dijiste?, pude haberla arrestado por insultarte de ese modo, pude condenarla a todo tipo de trabajo forzado.

-¿Quién escucha semejantes insultos y permanece impávido?

-Tienes razón- contestó el duque sin esconder el tono de orgullo al hablar, Salazar no disimulo la sonrisa esta vez, había ganado el segundo asalto, todo sería cuesta abajo en este momento, había lanzado el golpe en la grandísima vena de orgullo de su padre.

-De todos modos, hay que moderarse hijo, pronto aprenderás que existen “métodos” para librarnos de alimañas desagradecidas sin poner en riesgo nuestro buen nombre.

-Yo podría haber hecho que olvidasen todo.- dijo Salazar intentando controlar la emoción en su voz.

-¿Tu? ¿Y cómo habrías logrado eso?

-Yo puedo hacer cosas que nadie más puede padre, cosas increíbles, cosas terribles y magnificas- y uniendo la palabra a la acción, los cristales se oscurecieron, cientos de arañas y serpientes surgieron entre las piedras del castillo y rodearon al pequeño Salazar, mientras los objetos en la habitación levitaban y ejecutaban una especie de danza a su alrededor.

-Basta- grito el duque- Basta demonio, ¿quién eres y que has hecho con mi hijo?

-Yo soy tu hijo- dijo Salazar al instante los bichos desaparecieron, los objetos cayeron al suelo y la luz retornó al interior del castillo.

-Tú no eres mi hijo, demonio, mi sangre real, mi sangre pura no corre por tus venas, largo de mi presencia, largo de mi castillo o te echo yo mismo- gritó el duque desenvainando la espada.

-Si eso es lo que deseas- Salazar descargo su rabia contra su padre el cual salió despedido hacia atrás.

Este era el último recuerdo que tenía Salazar de su padre era yaciendo inconsciente sobre los restos de su silla ceremonial, ese mismo día había recogido unas pocas de sus pertenencias y había salido de ese castillo y de esa tierra para no volver jamás. Ahora dos años despues un nuevo pueblo asomaba en el horizonte. Solo uno más en su larga travesía.

Tercer Tomo del Fic

HP y la Sombra de la Muerte
Tercer Tomo del Fic

Todavia ni siquiera empezamos el segundo tomo y ya estoy anunciando el tercero.

¿La razón?

Ambos Tomos ocurren de manera simultanea, solo que con protagonistas diferentes desencadenando una espiral que los llevara a unir sus historias en el Cuarto y ultimo tomo del Fic.

Saludos.

Daiko.

Harry Potter y Los Guerreros del Tiempo
Segundo Tomo del Fic

El fin de la primera parte esta muy cerca e iniciaremos inmediatamente con la segunda parte.

Espero que llene sus expectativas.

Un saludo.

Daiko.

La habitación parecía estar completamente a oscuras, apenas traspasaron ambos la puerta, esta se cerró a sus espaldas y desapareció fundiéndose con la pared. Hermione saco su varita proyectando una débil luz, se dieron cuenta que en realidad estaban en un pasillo el cual era estrecho y largo, muy largo, a Harry se le antojo que media varios kilómetros, al final un punto señalaba lo que parecía una luz.

-La puerta desapareció- dijo Hermione con una nota de preocupación.

-Parece que haya hay luz, quizás de ese lado está la salida, será como las escaleras que cambian de lugar, quizás saldremos en el comedor o en el atrio o algo asi.- y empezó a caminar por el pasillo.

Hermione, que no había olvidado su experiencia subterránea en Ravenclaw titubeo un momento antes de seguir a Harry, pero entre la idea de caminar a lo desconocido y quedarse sola… -Bueno preferiría estar en la biblioteca leyendo un libro.-se dijo más para sí misma ya que Harry había adelantado unos metros, casi corrió el espacio que los separaba hasta alcanzarlo, la luz parecía hacerse más grande conforme avanzaban. No había distracciones puesto que el pasillo solo ofrecía paredes desnudas sin ninguna decoración.

-Ojala tuviésemos más luz- dijo Hermione estremeciéndose ligeramente, al instante como si un genio hubiese decidido conceder cada capricho de la niña varios orbes de luz aparecieron sobre ellos iluminando varios metros hacia el frente y hacia atrás de donde se encontraban.

-Wow, que buen hechizo- exclamó Harry.

-No he sido yo- contesto Hermione.

-¿Entonces quién? Porque yo tampoco he sido dijo Harry mostrando su varita que aun llevaba empuñada en la mano.

-No lo sé, no… no tienes la sensación como de que alguien nos observa.

-Uuuhh, Uuuhh – dijo Harry, intentando imitar un fantasma pero se detuvo al ver la expresión de Hermione. Despues de todo, la chica era de origen muggle y para el que había vivido varias experiencias con fantasmas y que cualquier muggle saldría corriendo al verlas, aquello no tenía nada de especial, pero al parecer para la chica era diferente.

-Mira si alguien quisiese perjudicarnos le sería más provechoso dejarnos a oscuras.

-Sí, tienes razón- Hermione no se veía del todo convencida pero Harry decidió no insistir en el tema, se habían detenido y detenerse le daba oportunidad de pensar y justo ahora no quería pensar, quería llegar a la luz y ver que había ahí.

Caminaron varios minutos, en los cuales la luz se fu haciendo más y más grande hasta que descubrieron el contorno de una entrada en forma de arco, no más alta que la puerta por donde habían entrado, el cuarto al que conducía era enorme, quizás del tamaño del gran comedor, o quizás daba ese aspecto por el hecho de estar increíblemente vacio.

-¿Dónde crees que estamos?

-No lo sé, déjame ver, entramos por el sexto, no el séptimo piso, y no he sentido que descendamos en el pasillo, tampoco ascendimos puesto que no costaba esfuerzo caminar, y a juzgar por las ventanas yo diría que estamos en una de las almenas del castillo, en una donde nunca he estado antes, pero es un castillo grande y tenemos poco tiempo asi que no lo hemos podido explorar todo, dudo que alguien haya podido explorarlo todo asi que…

-Sssh- la interrumpió Harry, Hermione le caía bien, pero cuando se ponía a explicar algo más complicado que una mesa no había quien la callase, además algo había llamado su atención, a pesar de la luz que entraba en las ventanas había una parte de la habitación que estaba completamente a oscuras, aunque algo se alcanzaba a notar ligeramente, era un especie de silueta, si definitivamente era una silueta y tenía puesto un sombrero de mago.

-¿Hola?- dijo Harry intentando sonar amable pero con su varita en ristre.- Mi amiga y yo estamos un poco perdidos, la escalera nos desvió y terminamos aquí.- Hermione levanto una ceja, Vaya que el chico mentía con facilidad.

-Quizás si usted pudiera orientarnos como regresar al comedor o alguna parte conocida del castillo se lo agradeceríamos. –ahora que se acercaban más, el tipo parecía estar de espaldas.

-Por supuesto- dijo al fin el hombre- si desean salir solo deben pedirlo.

-¿Perdón? Es lo que le estamos diciendo queremos salir.

Como si hubiese sido un conjuro en una de las paredes apareció una puerta.

-¿Lo ven? Hogwarts siempre ayuda a quien lo pide, ahí tienes tu salida Harry Potter.

-Gracias, ya nos… ¿Cómo sabe mi nombre?

-Conozco a todos y cada uno de los alumnos de este colegio, de igual forma que conozco a la señorita Granger, de igual forma que conocí a tus padres. Desde que ingresaron supe que terminarían juntos y que el resultado sería espectacular.

-No quiero hablar de mis padres en este momento, asi que mejor nos marchamos, le agradezco la ayuda.

-No te la he dado yo,  tú lo has hecho, pero el punto no es porque vas a salir de aquí sino ¿porque has entrado?

-Ya le dije, nos desviamos y…

-Esta es una habitación especial- dijo la sombra interrumpiéndolo- Si yo pido flores- y al instante un puñado de flores apareció entre ellos y la sombra- Si pido que haya más luz- y Harry pudo identificar los orbes que los habían acompañado todo el camino. –Ahora la cuestión es, ¿Qué has pedido tú para poder entrar a este sitio en específico?

De momento la puerta de salida había quedado olvidada, Harry consulto con Hermione con la mirada y un ligero encogimiento de hombros le indico que ella estaba tan perdida como él. Retrocedió hasta el punto donde entraron, no, más atrás, cuando apareció la puerta, ¿Qué había dicho?, sentía mucho dolor, quería que el dolor se fuera, que desapareciera… No, él quería desaparecer. Si la habitación concedía todo.

-La habitación ¿puede conceder absolutamente todo?- pregunto Harry a la sombra, no pudo dejar de incluir una nota de miedo en la pregunta.

-Absolutamente todo, aunque no siempre del modo que lo imaginan las personas que piden.

-Entonces nosotros no hemos…

-No, no han desaparecido- respondió la sombra, Hermione dio un pillido de sorpresa.- Al menos no todavía, veras, cuando pasaron esa puerta el tiempo se detuvo para ustedes, podrian pasar años, siglos, milenios aquí y jamás cambiarían su aspecto y al salir sería exactamente el mismo instante siguiente de cuando entraron.

-Pero eso es imposible- dijo Hermione de pronto- el tiempo es…

-Impermutable, incontenible y muy peligroso de manejar, si lo se.- dijo la sombra- Pero debes creerme cuando te digo que he estado en contacto con las mejores hechiceras en cuanto a manejar el tiempo ha habido en la historia, ellas construyeron esta habitación, justo despues de terminar el castillo. Y lo hicieron por una razón en específico, esperaban el momento en que alguien desease borrar su propia existencia, ese alguien eres tu Harry Potter.

***

La botella despidió una luz azul, el hombrecillo coloco un dedo sobre ella y unos instantes despues sintió salir despedido hacia arriba por un gancho, nunca se había acostumbrado a los trasladores, prefería aparecerse pero la distancia que debía recorrer era demasiada, tenía una buena pista y la casa que debería estar sobre esa colina había desaparecido misteriosamente de los registros hacia bastante tiempo casi junto con él. Sin duda el chico había sido un mago prometedor, pero un día simplemente había desaparecido y no se había oído nada más de él, un mago de ese calibre no pasa desapercibido en ninguna parte del mundo, sobre todo para alguien que sabe dónde buscar.

Restiró el cuello de la camisa mientras descendía en una ciudad del tipo burgués, mostro sus documentos, o los del muggle que representaba, un muggle mucho más bajo que él y con un abdomen voluminoso y con un grave problema de sudoración.

Afortunadamente la poción multijugos duro exactamente el tiempo que le tomo llegar a la casa del muggle que le había servido de disfraz y que ahora estaría criando gusanos en un lote baldío de Surrey, transformado en una simple lata, Frank Young se había llamado, con una sonrisa recordó que tenía el mismo nombre que aquel jardinero.

–Nombres comunes para hombres comunes- dijo en voz alta.

Los últimos vestigios de la poción le dieron tiempo de desprenderse de las ropas y colocarse su nueva túnica. Estaba cerca, Sirius cuidaba su escondite y lo tenía justo donde quería, y sin saberlo cuidaba uno de sus tesoros más valiosos. Por la mañana saldría a la colina, algo le decía que el grimorio estaba ahí, y si no lo estaba al menos ahí encontraría la siguiente pista en su busqueda. Pronto, muy pronto podría enfrentarse a Dumbledore y eliminarlo, no importaba que tuviese que intentarlo cien veces, muy pronto él sería inmortal.

***

-¿Yo? Yo no quiero desaparecer, lo siento pero se equivoca de persona.

-Nunca me equivoco, he juzgado a más personas de las que podrías contar y jamás he errado mi juicio en ninguno, y tan cierto es lo que digo como que aquí estas, junto a mí, y llegaste porque solicitaste desaparecer, y me alegra informarte que tu petición ha sido aceptada.

-Usted está loco, yo no he pedido nada, y no quiero nada de usted, me largo de aquí ahora mismo- y con paso decidido Harry se encamino a la puerta seguido por Hermione.

-Lastima, ya que el desaparecer no fue la única petición que se te concedió.

-Olvídelo- dijo Harry- lo que hay para mi quédeselo.

-¿El poder para traer de vuelta a tu hermana y para derrotar a los asesinos de tus padres?, ¿el poder de darle esperanza a todo el mundo mágico?, lo siento pero esa es una carga que solo tú puedes llevar.

Harry se detuvo con la mano en el picaporte, lo apretó con rabia hasta que sintió que su mano temblaba, aun asi su voz salió bastante calmada.

-El asesino de mis padres es solo uno y ya me las arreglare para enfrentarlo.

-Te equivocas, es cierto que tus padres fueron asesinados solo por un hombre. Pero detrás de ese hombre hay una variedad de enemigos que no imaginas. Enemigos que conspiraron contra tu padre y que mantienen el puño de hierro sobre la sociedad, enemigos que engañaron a tu padre haciéndose pasar por sus amigos y que regresaran de manera temible y más allá del mar un enemigo que tu padre ni siquiera imaginaba se acerca. Pronto muy pronto esos enemigos entraran en pugna por la supremacía y el vencedor de tan terrible lucha tendrá un nuevo objetivo. Tú.

-Está mintiendo ¿cómo puede usted saber eso? –Harry volteo hacia la sombra y olvido por un momento la puerta.

-Lo sé desde hace siglos, esto fue profetizado Harry, el destino se está cumpliendo y tu padre junto con algunos otros sabía que esto pasaría.

-¿Mi padre lo sabía? ¿Y porque no me lo dijo?

-Tu padre sabía que pronto habría un niño en Hogwarts que buscaría esta habitación, pero desconocida la identidad de ese niño, yo sabía que alguien me encerraría aquí en algún momento, y el inicio del fin de las cosas empezaría con un niño negando su existencia, un niño que absorbería uno de los secretos mejor guardados de Hogwarts… un secreto hecho hace más de un milenio exclusivamente para ti.

La habitación pareció dar vueltas alrededor de Harry, lentamente se sentó en el suelo respirando de forma trabajosa e intentando no desmayarse.

-¿Porque yo?

-Lo desconozco, mi misión consistía en informarte en cuanto ingresaras a esta escuela, o al menos eso creí, ahora lo comprendo mucho mejor, debía ser de este modo para que creyeses.

-Y qué debo hacer.

-Eso creo que tú ya lo sabes.

Harry cerro los ojos intentando concentrarse, permaneció unos minutos hasta que se dio cuenta que no había respuestas incorrectas, si esa habitación estaba hecha para él, si realmente era asi…

-Muéstrame lo que debo hacer.

Una puerta apareció en la pared contigua a donde había aparecido la salida, era una puerta circular con cuatro perillas, Harry se acercó e intento tomar la primera y le pareció que tenía la consistencia del humo.

-Qué raro- exclamo Hermione, Harry casi dio un salto, se había olvidado que Hermione estaba ahí con él. Ella se acercó e intento tomar la perilla, para su sorpresa la perilla permaneció rígida y Hermione pudo cerrar su mano sobre ella.

Intento girarla pero estaba cerrada firmemente, Harry comprobó con la siguiente y nuevamente la atravesó al igual que con la tercera, finalmente la cuarta perilla se mantuvo sólida en su mano.

-Parece que vamos a necesitar dos más… tres y cuatro – conto para sí misma en voz baja, mientras todas las perillas excepto la primera fueron de humo para ella.

-Cuatro deben ser los que traspasen esa puerta, y un pago deberán hacer.

-¿Pago?- pregunto Hermione.

-Vuelvan con las personas restantes y entonces les explicare, para volver a entrar deberás hacer lo mismo en el mismo lugar ¿de acuerdo?- pregunto la sombra a Harry.

-De acuerdo, volveremos, solo una cosa más, hay alguna forma de que pudiera traer de vuelta a mis padres si… si hago esto.

-No hay magia capaz de revivir a los muertos Harry Potter, yo solo te ofrezco… esperanza.