Quedaban todavía algunas horas del día mientras James paseaba por el Londres Muggle, el día en el ministerio había sido bastante tedioso y su humor distaba mucho del usual buen humor de James Potter, no tenia intenciones de preocupar a Lily así que un paseo parecía lo mas adecuado, cierto que no era el mejor momento para exhibirse entre los muggle, pero su innata calidad para pasar desapercibido y la maestría que había adquirido para utilizar las prendas muggles lo hacían confundirse como cualquier otro paseante en aquella tarde de verano.
Deambuló por algunas tiendas deteniéndose eventualmente en algún escaparate sin prestar mucha atención a los artículos que mostraban, evidentemente con su pensamiento puesto en otra parte.
Los minutos pasaron rápido y James decidió regresar a casa cuando un raro anuncio llamó su atención, el lugar era más bien austero, una bola de cristal encima de una mesa color púrpura eran el único adorno encima de la puerta un letrero viejo y desgastado rezaba “Madame Carsens. Conoce tu f turo”, obviamente la “u” parecía haberse perdido en el tiempo y nadie había reparado en el detalle o bien nadie se había tomado la molestia de corregirlo, lo curioso era que James no recordaba que ese establecimiento estuviese antes ahí, estaba seguro de haber pasado varias veces por esa parte del Londres muggle y jamás lo había visto, sin meditarlo mucho se encamino hacia el local sintiendo en el pecho el retumbar de sus latidos como si hubiese corrido una maratón.
James entró provocando un tintineo al abrir la puerta, la iluminación estaba a cargo de unos cuantos candelabros con velas a medio consumir que hacían que el lugar estuviese plagado de sombras.
-Buenas tardes- llamo James después de un carraspeo, la sensación en el pecho no se había ido y por inercia saco su varita y la mantuvo apretada por lo bajo.
-Pase, pase- dijo una voz hacia su izquierda en una puerta cubierta por tiras de colores que hacían las veces de cortina.
-Tome asiento- dijo nuevamente la voz, la habitación estaba aun mas oscura que el resto del lugar y la mujer se hallaba detrás de una mesa por lo que solo se adivinaba su silueta.
-Yo, solo pasaba por aquí y…-James escondió su brazo con su varita sin tomar asiento
-Vamos, pase no hay por que tener pena, ¿quizás buscando la respuesta en el amor, o lo que le depara el destino?- la mujer se incorporo y encendió las velas que se encontraban en el centro de la mesa con una cerilla lo que iluminó la habitación y su rostro.
-¿No es usted una bruja?- pregunto James sin dejar de notar el detalle de la cerilla
-Claro, pero la magia se deja para cosas mas importantes que para encender la luz, pero eso no es importante dígame que desea saber y yo le revelare lo que el destino le depara.
-No, la verdad no, solo entre por curiosidad.
-Vamos, ya se leeré tu mano gratis y si te interesa lo que las líneas del destino han escrito para ti podemos seguir adelante ¿Qué te parece?
James accedió más por complacer a la vidente que por verdadero interés.
-Mmh, interesante, eres un joven soltero y muy solicitado por las mujeres por lo que veo.
-Algo hay de eso- contestó James divertido por el error de la adivina.
-Hay una mujer, una rubia, bastante bonita y muy joven su destino se encontrara con el tuyo y la felicidad esta a la vista pero…- el rostro de la adivina se ensombreció –Algo no esta claro, la visión se torna confusa y desaparece, quizás si intentáramos con otra cosa, la lectura del té suele ser muy efectiva en estos casos ¿que te parece? Solo un galeón y te revelare el resto.
-No, creo que no- James se levanto y depositó dos galeones sobre la mesa, la sonrisa había vuelto a su rostro y dos galeones le parecían un bajo precio- De todos modos me ha alegrado la tarde, seguiré buscando a esa rubia y le dejaremos el resto al destino.
-Te un buen día hijo-contesto la adivina con la felicidad reflejada en sus pequeños ojos color miel y regresa cuando quie… ahhg.
James se detuvo al escuchar el grito de Madame Carsens y la encontró recostada contra su silla presa de una violenta convulsión sus ojos parecían brillar y romperse, trozos de vidrio brotaron de ellos impelidos por un destello revelando debajo de los pupilentes unos ojos verdes brillantes, mientras el pelo, antes meticulosamente peinado, se erizaba y se enrollaba sobre si mismo, Madame Carsens quedó quieta después de una convulsión especialmente violenta y empezó a hablar con voz de ultatrumba erizando los cabellos de la nuca de James.
-El guía se acerca, nacido bajo la casa del león protegido por la inmortalidad del fénix, sacrificará su niñez para ser investido por los más recónditos secretos de Hogwarts, el futuro quedará en sus manos mientras la oscuridad ocupará la tierra como nunca antes se ha visto y como nunca mas se verá, solo el guía prevalecerá acompañado de los guerreros de la luz, ellos se opondrán al ejército de las sombras, pero para obtener la victoria, deberán perderlo todo, su luz misma deberá extinguirse para darle luz a otros.
El guía se acerca, y el fin de la magia se acerca con el.
Madame Carsens cayó desmayada sobre la mesa dejando a James paralizado por la sorpresa, se acercó despacio para intentar reanimarla, la sacudió un par de veces por el hombro sin obtener respuesta.
-No te responderá, no despertará dentro de un rato.
La silueta resplandeciente, blanca aperlada de un fantasma bastante conocida para James era la dueña de aquella voz.
-¿Quien eres?- preguntó James.
-Soy…o mejor dicho fui en vida Cassandra Trelawney, esa que vez ahí es la última de mis descendientes.
-Trelawney, ¿la Trelawney del Hogwarts medieval?
-La misma James Potter, no te sorprenda- agrego rápidamente con una sonrisa al notar el rostro de James.
-Sabría tu nombre aun sin contar con la extensa sabiduría del otro mundo, pero eso no es importante, lo que he venido a decirte si lo es.
-Lo primero que debes saber es que no eres la primera persona que escucha esta profecía, yo fui quien te conduje aquí, he poseído por un momento a la pobre Sybil para forzarla a repetirla, debes saber también que habrá grandes poderes en pugna una vez que esta se desencadene, será muy difícil entender quien esta del lado del bien y por lo tanto debes tener cuidado en quien confías esto que te digo, se receloso hasta de tu sombra pero mantén a tus amigos cerca.
El fantasma de Cassandra empezó a desvanecerse, James preguntó antes de que desapareciese.
-¿Porque yo, porque acudiste a mi?
-Lo entenderás en su momento.- la voz llego casi como un susurro y la habitación se sumió nuevamente en penumbras.
James salió con paso presuroso tomando bocanadas de aire una vez que llegó a la calle, reflexionó por un momento lo que acababa de pensar sacó de entre sus ropas un collar sujeto a su cuello y lo tocó con la punta de su varita.
Tom se encontraba en su departamento a las afueras de la ciudad, sumergido entre un mar de pergaminos y lo que parecía un mapa de la Europa oriental cuando sintió el frío en el pecho producto del collar que llevaba, a regañadientes enrolló los pergaminos nuevamente, tomo su abrigo y abrió la ventana, voló unos cuantos metros hasta el siguiente tejado donde con un toque de su varita se desapareció.
Reapareció nuevamente en la azotea de un edificio en construcción donde James Potter ya lo esperaba.
-Más vale que sea importante James.